Todo lo bueno en nosotros viene de Dios. Pero, si nos descuidamos y en nosotros ya no está lo de Dios nos
vendrá el llanto y el dolor. Por eso, lo único que hay que hacer es bajar los lomos y hacer la voluntad de nuestro
amado Dios. Lo primero es obedecer al Señor. No nos podemos resistir a su voluntad, a lo que Él quiere para
nuestra vida. En este camino quien gana es el dócil, el manso. La Biblia dice que el manso hereda la tierra.
Salmos 37: 11 Hacer la voluntad de Dios no es fácil porque muchos se oponen y esto nos trae mucho quebranto,
pero es mejor estar en paz con Dios y ser bendecido por Él. Todo aquel que vive resistiéndose a la voluntad de
Dios no vive en paz aun cuando trata de convencer a todo el mundo que si lo está, pues no es capaz de darle la
gloria a Dios. Dios nos da la capacidad a cada uno para hacer su voluntad. El que no se resiste a la voluntad de
Dios camina en tierra con confianza, pero el que no lo hace vive huyendo y sufriendo dentro de un gran pez
como le sucedió a Jonás. Todo hombre y mujer que camina en la voluntad de Dios vive en excelencia. ¿Qué
somos para que Dios tenga memoria de nosotros? Somos sus escogidos. Entonces no nos resistamos a hacer su
voluntad.
A veces pensamos que las cosas tienen que ser como queremos o pensamos, pero lo que sucede es que se
deja de ser espiritual. Tenemos que desarrollarnos como personas espirituales y hacer la voluntad de Dios con
amor y entrega al Señor para ir bien por este camino.
Tenemos un amo que siempre nos mira, que mora en el Tercer cielo. El siervo de Dios es el que sirve, no
nos podemos engañar, no es el que se luce. El hombre de por sí se complace a sí mismo. Hacer la voluntad de
Dios sale del corazón, eso llena, no se espera que nos complazcan porque somos siervos. Un siervo es un
esclavo y como tal hace lo que su amo dice. Somos esclavos del que nos compró con sangre. La tarea del más
humilde esclavo es tener una disposición hacia su amo en todo lo justo, lo amable, es tener una disposición
cordial y un celo de su voluntad que sale del corazón. Tenemos que ser aprobados por Dios. Él mide nuestra
cordialidad. Ojo, hermano, las groserías nunca podrán tener la aprobación de Cristo y dejan ver que no se tiene
celo por la casa de Dios ni por su voluntad. Que sea nuestro hablar sazonado con sal. Colosenses 4: 6
La voluntad de Dios en nuestra vida la tenemos que cuidar y celar. Cuando amamos lo que Dios puso en
nuestras manos, hacemos su voluntad con celo y cordialidad. Lo hacemos dejando ver que somos unas personas
distinguidas, porque de corazón amamos lo que hacemos, no agradando a los hombres ni a nuestra carne.
Cuando entendemos que somos siervos de Cristo lo tenemos que demostrar de corazón. La sangre del Pacto es
la que nos prepara para ser aptos para hacer la voluntad de Dios. No es porque seamos excelentes. Cuando no
hacemos la voluntad de Dios, en un lugar donde se va a reflejar es en la iglesia porque es ésta la que carecerá y
quien lo sufrirá. Llegamos a la iglesia para hacer la voluntad de Dios, equipados para toda buena obra. ¿Cuál es
la buena obra que nos corresponde hacer? Hagámosla, no podemos ser quejosos ni chismosos. No nos
resistamos a la voluntad de Dios, hay que moverse a hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer.
En Mateo 26:42 Jesús comenzó a entristecerse por hacer la voluntad de Dios, su Padre. Teniéndolo todo, lo
dejó para venir a morir a esta tierra. La buena obra de Dios nos la ha entregado en nuestras manos. En su
voluntad hay dolor. Getsemaní significa, la prensa donde se metían las aceitunas para sacarle el aceite. Jesús
llevó quebranto, humillación fue triturado como en una prensa de aceitunas. Nosotros, tenemos que meternos al
Getsemaní para que seamos aceite como el Maestro. Esta carne tiene que ser molida y lo hacemos cuando
aprendemos a tener admiración por el Señor, cuando nos humillamos. Cuando entendemos que hacemos la
buena obra, no por lo excelente que somos, sino porque tuvimos nuestro mejor ejemplo en nuestro Maestro que
entristecido y triturado hizo la voluntad del Padre. Todo nuestro trabajo y mover debe ser por amor. Porque es
para bien de los otros y para el nuestro propio. Jesús no conoció lo que es el pecado, entonces por eso no podía
asimilar aquel castigo inmerecido. Él sintió nuestro pecado en su cuerpo santo, eso era lo que le angustiaba.
Tenemos que decir lo mismo que dijo Jesús: "Padre mío si no puede pasar de nosotros esta copa que se
haga tu voluntad" Entonces hay que quebrantar nuestra carne y quedar desarmados. Abrumado estaba Jesús.
El se dio como ofrenda por todos nuestros pecados. Se sometió a la voluntad del Padre. Tenía que morir por
todos nuestros pecados. Esa fue su buena obra. Continuemos ahora haciendo bien con él como nuestro guía.
Juan 12: 27 A eso hemos llegado a esta hora, para hacer su voluntad. Lo que sucede es que no queremos
recibir sufrimiento, sino aplausos, que es lo que agrada a los hombres. El hombre justo decide vivir en lo santo
no en la charlatanería. El Evangelio no es para acomodar a nadie ni para estar escondiéndonos sino para hacer la
voluntad del Padre. Nuestro cuerpo es para glorificar su nombre. Cristo fue triturado, molido y el nombre del
Señor fue puesto en alto. Vs. 28 Él fue ofrenda por nuestros pecados. Por el Pacto de su sangre es que podemos
hacer la buena obra. Pesemos esto en balanza justa, seamos honorables y respondamos al llamado de Dios a
nuestras vidas.
Tenemos que tomar en serio lo que es la voluntad de Dios en nuestra vida y no vivir nuestros caprichos. En
hacer la buena obra a menudo hay sacrificio y dolor, pero vale la pena hacerla. Salmos 143:10 A veces vivimos
huyendo a la voluntad de Dios, escondiéndonos, buscando nuestros deseos y planes, hasta nuestros caprichos y
en extremo nuestras malas crianzas. No vivamos así. Seamos capaces de decir como dijo David: "Enséñame a
hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios". El hombre escoge para sí mismo. Dios nos puede enseñar a hacer
su voluntad por medio de la Palabra. Leemos en Lucas 12:47 que los hombres que conocen la Palabra y no
viven para hacer la voluntad de Dios recibirán muchos azotes. Debemos nosotros entonces tener un corazón
adiestrado para su voluntad, pues las criaturas obedecen a su Creador, a Aquel que los ama y que tiene mucho
para darles y bendecirles. Haremos la voluntad de Dios con todo el corazón, aunque cueste y sea duro, pero lo
haremos de muy buena gana. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
