"Algo sé es que Dios oye." Pero para oírle tienes que buscarlo, y entonces lo encuentras, y te atenderá. La (Génesis 21:31,33) historia de la fe es así: Abraham, el rey va donde Abraham, y le dice: "Dios está contigo en todo lo que haces." Ellos lo notaron. Hacen pacto de amistad, eran temerosos de Dios. Se hacen amigos. Aquel lugar se le llama entonces Beerseba (pozo del juramento). Allí hizo su religión no solo una práctica constante, sino una confesión manifiesta (que es evidente, se ve con claridad): Allí invocó el nombre de Jehová, Dios eterno. Su tamarisco que había plantado se le hizo la casa de oración. Isaac (Genesis 26:23,25) buscando agua toma ruta para Egipto, pero se detiene en Beerseba, y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: "Yo soy el Dios de Abraham tu padre, no temas, porque yo estoy contigo. Allí edificó altar, e "invocó (pedir en llanto) el nombre de Jehová, allí Dios le dio el agua, y no tuvo que ir a Egipto. Y así, Jacob tiene una siembra en su vida de fe.
I. Ahora Israel, el hombre, pero ese nombre lo llevará una nación de Dios.
Jacob reconoce a Dios de camino a Egipto.
No podía solo necesitaba que Dios lo llevara, no sabía si era falso, además estaba cansado, y lleno de angustia y dolor.
Claro conocía de su padre la oración, y su encuentro con Dios.
Antes de emprender el camino, para ver su querido y amado hijo tenía mucho que agradecer.
Ya no sería derrotado, ahora quería agradecer a Dios, ya dejaba todo, entre lo que dejaba era Beerseba donde ofreció sacrificio al Dios de su padre Isaac.
Con la libertad que lo más posible en Egipto no lo podía hacer.
José estaba acostumbrado ya a Egipto.
La vejez de Israel quedaba ahora sometida a unas costumbres diferentes a lo de ellos, aunque José los dejó en Gosén, separado de la nación con prosperidad.
Aunque lo vivido en sufrimiento por su hijo, y demás como lo fue con la astucia de su suegro Labán, con su hermano Esaú, lo llevó a vivir en una constante vida de batalla.
Israel tenía la mirada puesta en Dios como el Dios de su padre Isaac, esto es, el Dios que pactó con él.
Podía oír la voz, las revelaciones de Dios en oración y búsqueda; Allí en Beerseba era para poder seguir con el pacto; ¿Y tú amas la iglesia, el lugar del pacto con Dios?
Ofreció sacrificios: En prueba de agradecimiento por el bendito cambio operado recientemente en el rostro espiritual de su familia, ya había salido la verdad sobre José, el cual le tenía sus vidas atadas, por las buenas noticias que había recibido respecto a José, y por la firme esperanza que abrigaba el volver a verlo.
En la iglesia es el hogar donde puedes adorar con libertad y agradecerle el bien que te ha hecho.
Para implorar que Dios le acompañe con su presencia en el viaje que iba emprender.
Quería consultar la voluntad de Dios.
Jacob tampoco quería marchar sin obtener el consentimiento de Dios
Llevar tu vida en oración para saber el consentimiento de Dios, en todo o puedes pensar que tú puedes.
(V. 2) Dios habló a Israel en visiones de noche.
Si le hablamos a Dios como es debido, El no dejará de hablarnos a nosotros.
¿Qué tenía Dios que decirle a Jacob?
(V.3) Le renueva el pacto con estas palabras: Yo soy Dios, el Dios de tu padre.
Le da el permiso de marcharse con su familia: "No temas descender a Egipto."
Cuando oramos, y oímos lo que Dios nos habla, y si hay algún temor el gozo debe sustituirlo.
Jacob estaba muy preocupado por este viaje, y "Dios lo tenía todo en cuenta."
Él era viejo y el viaje era largo.
Tenía preocupaciones, eso lo llevaba a los temores de que sus hijos se contaminasen con la idolatría de Egipto y se olvidasen del Dios de sus padres, o que quedaran entrelazados de los placeres de Egipto, se olvidasen de la tierra prometida.
Estaban en áreas sin ningún lujo, ni placeres y Egipto era lo más grande, y si fuera poco José era su hermano y él era el señor de la tierra de Egipto.
(V.4) Le consuela y le ayuda para el traslado: Que se multiplicaran grandemente en Egipto.
Que Su presencia le acompañaría durante el viaje: "Yo descenderé contigo a Egipto."
Yo haré de ti una gran nación, Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos; esto es para el hombre que busca a Dios para su vida y los suyos, y le ora en todo lo de su vida.
Que los suyos no se iban a perder en Egipto, Dios iba al frente, la fuerza de Moisés era tan grande como lo era Abraham.
Su cadáver fue traído desde Egipto para ser sepultado en Canaán.
Dios se había provisto de Moisés, y de Josué que le llevó a tocar la tierra de Canaán, y se la repartió a aquellos que se multiplicaron, eran setenta (V.27) los que entraron de Jacob (430 años luego salen), salieron de un total de unos dos o tres millones de personas.
Cuando Dios nos llama cuán terrible parezca: de seguro que nos acompaña, cuando descienda con nosotros hasta el sepulcro, de cierto que nos hará ascender después hasta Su gloria.
José, su amado hijo "cerrará tus ojos", sería su apoyo y consuelo.
¿Quieres ser bendecido por Dios?: búscalo como Israel. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
