Jesús había llegado a la vida de Nicodemo (Juan 7:50); los alguaciles dicen: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! (Juan 7:46) Entonces los fariseos respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados? La Fiesta de los Tabernáculos (cabañas o viviendas temporales en la que los judíos vivieron durante los 40 años en el desierto) había terminado. Algunos encontraron al Salvador personalmente. La mayoría Le había rechazado y los líderes estaban más dispuestos que nunca a librarse de Él.
I. Cada uno se fue a su casa.
A. Más Jesús se fue al Monte de los Olivos.
1. El Monte de los Olivos no estaba lejos del templo.
2. Y por la mañana, muy de madrugada, el Señor Jesús descendió por la ladera (lados de la montaña) del Monte de los Olivos, cruzó el Valle del Cedrón (entre Jerusalén y el Monte de los Olivos) y volvió a subir hacia la ciudad, donde se encontraba el templo.
3. La razón: Todo el pueblo vino a Él; y sentado Él, les enseñaba.
4. (Juan 8:3) Los de nivel superior de religiosidad, los escribas y los fariseos anhelaban inducir (provocar o causar algo) al Señor Jesús a que dijese algo erróneo, razón para acusarle.
5. Lo ideal para acusar a alguien: Una mujer sorprendida en el mismo acto del adulterio y la pusieron en medio de la multitud, lo más seguro donde Jesús estaba, no era la pecadora, era para probar al Señor.
6. Ellos se encontraban más limpios, santos, puros que Jesús y que todos los que estaban allí.
7. Cuando se sabe de religión es fácil caer en un nivel de espiritualidad y se cae en juzgar. Es fácil olvidar la gracia y llegar a la medida de juez, contra nuestro muy amado Jesús.
8. Tentar a Jesús y luego acusarle: razón de pensar que se es mejor en las reglas que Jesús, se olvida que uno tiene la ley, como medir a los demás, Jesús tiene su gracia, su vida para el pecador.
9. (Juan 8:4) La acusación de adulterio se hizo en contra de esta mujer y es indudable que era cierta.
10. No hay razón alguna para dudar de que había sido sorprendida mientras cometía este terrible pecado.
11. El hombre quedó libre, pero ella fue libre por el perdón del gran "Yo soy".
12. (Juan 8:5) Era trampa, ahora queda claro.
13. Querían que el Señor contradijese "la ley de Moisés".
14. Si llegaban a avergonzar a Jesús, por la ley de Moisés los comunes del pueblo estarían en contra de Jesús y Su obra quedaría en entredicho de los religiosos.
15. Le quieren hacer memoria a Jesús que Moisés había mandado en la ley que las personas tomadas en acto de adulterio debían ser apedreadas.
16. Querían saber qué diría y se manifestara en desacuerdo y por ello le preguntaron qué tenía que decir acerca de esto.
17. Ellos exigían que la justicia y la ley de Moisés fuese puesta como ejemplo público.
18. (Juan 8:6) No tenían ninguna verdadera acusación contra el Señor e intentaban fabricar una.
19. Sabían que, si Él dejaba ir libre a la mujer, se estaría oponiendo a la Ley de Moisés y podrían "acusarle" de ser injusto.
20. Si condenaba a la mujer a muerte, podrían entonces emplear esto para demostrar que era enemigo del gobierno romano y podrían además decir que no era misericordioso.
21. Mi amado Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.
22. (Juan 8:7) De modo que Jesús repuso sencillamente que se debía aplicar la pena impuesta por la ley, pero que deberían hacerlo los que "no hubiesen cometido pecado alguno".
23. No defendió a la mujer, pero lo que sí hizo fue acusar a cada uno de aquellos hombres de haber pecado ellos mismos.
24. No es excusar el pecado; lo que hace es condenar a los culpables, aunque nunca hayan sido descubiertos.
25. (Juan 8:8) De nuevo, el Salvador se inclinó hacia el suelo y siguió escribiendo en tierra.
26. (Juan 8:9) Ellos, los que habían acusado a la mujer, se sintieron acusados por su conciencia.
27. Nada más que decir.
28. Comenzaron a salir, uno a uno.
29. Todos se consideraban culpables, desde los más viejos hasta los más jóvenes.
30. Quedó solo Jesús con la mujer que estaba cerca.
31. (Juan 8:10) Jesús le observó a la mujer que aquellos que la acusaban se habían desaparecido.
32. No hubo nadie que se atraviese a condenarla.
33. (Juan 8:11) Ni yo te condeno; vete y no peques más.
34. Su consejo: no peques más; en ella estaba: pecar o no pecar.
35. Jesucristo es Dios y Su norma es la perfección absoluta.
36. El pecado no se aprueba en ningún grado.
37. Y por ello pone delante de ella la norma perfecta del mismo Dios.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
La Adultera Perdonada por Jesús
Juan 8:1-11
“Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.”
Los escribas y fariseos no traían a la mujer por ella: la usaron para tentar a Jesús y tener de qué acusarle. Donde ellos tenían la ley como medida para los demás, Jesús tenía su gracia y su vida para el pecador, sin aprobar el pecado en ningún grado. Estos son los puntos para la semana.
- Terminada la fiesta, cada uno se fue a su casa y Jesús al Monte de los Olivos. Muy de madrugada volvió al templo, todo el pueblo vino a Él, y sentado les enseñaba.
- Los escribas y fariseos se creían más limpios, santos y puros que Jesús y que todos. Cuando se sabe de religión es fácil caer en juzgar, olvidar la gracia y llegar a la medida de juez.
- La acusación era cierta: la mujer había sido sorprendida en el acto. Pero era una trampa: si la dejaba libre, lo acusarían de oponerse a la ley de Moisés; si la condenaba, dirían que no era misericordioso.
- Jesús, inclinado, escribía en tierra con el dedo, y respondió que se aplicara la pena, pero que la aplicara el que no tuviera pecado. No excusó el pecado: condenó a los culpables, aunque nunca hubieran sido descubiertos.
- Acusados por su conciencia, salieron uno a uno, desde los más viejos hasta los postreros. No hubo nadie que se atreviera a condenarla, y quedó solo Jesús con la mujer.
- «Ni yo te condeno; vete, y no peques más.» Con su consejo, la decisión quedó en ella: pecar o no pecar. Jesucristo es Dios, y su norma es la perfección absoluta.
- El pecado no se aprueba en ningún grado. La mujer quedó libre por el perdón del gran «Yo soy», pero Jesús no la despidió igual: puso delante de ella la norma perfecta del mismo Dios.
Cada vez que esta semana te veas señalando el pecado de otro, suelta la piedra: examina primero tu propia conciencia delante de Dios.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Nadie Tira la Piedra
Juan 8:1-11
Para leer en voz alta con los niños
“Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: cuando todos se fueron, Jesús le dijo a la mujer que Él tampoco la condenaba, pero que se fuera y no pecara más. Unos hombres muy religiosos la habían traído para que la apedrearan, y Jesús les dijo que tirara la primera piedra el que no tuviera pecado; uno a uno se fueron, sin tirar ninguna.
- Jesús estaba en el templo enseñando a mucha gente. Entonces llegaron unos hombres muy religiosos con una mujer que había hecho algo malo, y la pusieron en medio de todos.
- En verdad no les importaba la mujer: querían tenderle una trampa a Jesús para poder acusarlo. Se creían mejores que todos los demás.
- Jesús se agachó y escribió en el suelo con su dedo. Después dijo: «El que de ustedes no tenga pecado, que tire la primera piedra».
- Cada uno se acordó de sus propios pecados, aunque nadie los hubiera visto. Empezando por los más viejos, se fueron uno a uno. Dios ve lo que nadie ve.
- Es fácil señalar lo malo de otros y olvidar lo malo que uno hace. Antes de acusar a tu hermano o a tu amigo, mira tu propio corazón.
- Jesús la perdonó, pero no le dijo que lo malo estaba bien. Le dijo: «Vete, y no peques más». Su perdón es para empezar de nuevo y obedecer.
¿Por qué crees que nadie tiró la piedra?
Esta semana, cuando quieras acusar a alguien, primero pídele perdón a Dios por algo tuyo.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
