Igualmente, Balaam sale, como antes, a encontrar a Dios. Dios mismo le sale al encuentro por segunda vez y pone palabra en su boca, no para que se retracte de la primera, sino para que la ratifique (reafirmar, afirmar, confirmar) (no es rectificar o que fue equivocado y corrige). Dios cambia la maldición en bendición y más amplia y más fuerte que la primera.
Balac le dice y ahora: ¿Qué ha dicho Jehová?
Balac, levántate y oye (V. 18)
De dos cosas va a informar Balaam a Balac en su discurso.
(V. 14) De que no hay esperanza alguna de arruinar a Israel.
No tenía (fin), porqué intentarlo.
Primero: Porque Dios es inmutable (no se puede cambiar). Nunca cambia de opinión y, por tanto, nunca se vuelve atrás en Sus promesas.
Segundo: Porque Israel es ahora irreprochable ante Dios. No ve allí idolatría, que es la iniquidad principal; "esto solo podía separar a Israel de Dios".
Tercero: Porque Balaam veía a Israel "como Dios lo veía" desde la altura.
Dios veía a Israel hermoso sobremanera por la gracia, el amor misericordioso y la elección soberana que en él había depositado; de ahí su fuerza y su poder invencible.
El Dios Omnipotente estaba en medio de Su pueblo (V. 21).
Como Balaam hablaba la palabra que Dios había puesto en su boca, no tenía más remedio que ver a Israel como Dios lo veía, "a pesar de todos sus defectos".
Sus artes mágicas no podían hacer ningún mal a Israel.
Con las bendiciones del Cielo ninguna maldición del infierno puede cumplirse.
(V. 14) Balaam le dejó ver a Balac, que lejos está de poder aniquilar a Israel, tiene muchos motivos para temer que sea Israel quien arruine a Moab (V. 24).
Tanto Balac como Balaam repiten (V. 25) sus palabras y sus acciones. Balac le dice a Balaam que, ya que no quiere maldecir a Israel, por lo menos no lo bendiga.
(V. 26) Balaam no tiene más remedio que hacer lo que Jehová le diga.
Otro intento más (V. 28). A la cumbre de Peor, el más alto del país.
(24:1-9) Ahora Balaam vio que parecía bien a Jehová que el bendijese a Israel, no fue en busca de agüero y deja a un lado los encantamientos, porque nada de lo que hizo funcionó.
Y el Espíritu de Dios vino sobre él.
Ahora se elevó desde el carácter de un vidente gentil al de un verdadero profeta.
Ya no un lugar solitario: Pone (V. 1) su rostro al desierto, donde acampaba el pueblo de Israel.
Llegó el Espíritu de profecía (V. 2).
(V. 4) Caído, pero abiertos los ojos, por la invasión del Espíritu Divino, que (torna) vuelve débil al recipiente e incapaz de sostenerse sobre sus pies.
Es el éxtasis (admiración de alegría) espiritual cuando los sentidos corporales quedan nublados, aturdidos y solo los ojos de la mente quedan abiertos para completar la visión divina y comprender el mensaje profético.
Esto no quiere decir que Balaam fuese santificado por esta invasión del Espíritu.
"Hay muchos que tienen abiertos los ojos, pero tienen cerrados el corazón; están iluminados, pero no están santificados".
(Mateo 7:21-23) Los dones espirituales más elevados pueden coexistir (convivir) en una persona con el pecado y la perdición.
Balaam es un ejemplo y el Señor Jesús dejó bien claro que el echar demonios en Su nombre y hacer milagros no es señal de salvación.
(Gálatas 5:6) La fe que obra por el amor, no hay otra prueba que es la obediencia, la que produce frutos.
(1 Corintios 13:1-3) El amor de una vida auténticamente cristiana.
Varias cosas que Balaam admira en Israel.
(Números 24:5) Su hermosura: ¡Cuan hermosas son tus tiendas, oh Jacob!
Aunque no moraban en palacios de mármol, sino en vulgares tiendas de campañas, con pocas comodidades y muchas molestias ambientales, Balaam ve una peculiar hermosura en esas tiendas, a causa de su admirable orden y distribución.
Su fertilidad e incremento (aumentar, mayor extensión).
Era como ver fertilidad de un terreno abundantemente con un buen riego.
Era como que Dios les riega con Sus más ricas bendiciones, para que su "descendencia (Números 24:7) se extienda como las muchas aguas".
Su gran honor y poderío.
Así como la multitud del pueblo es el honor del príncipe, así la magnificencia del príncipe es el honor del pueblo.
Por eso, dice Balaam que enaltecerá su rey más que Agag (Números 24:7).
Es una metáfora (comparación entre dos cosas que no están relacionadas de otro modo) para indicar poder y fuerza, pues Agag era el título común de todos los reyes de Amalec, como faraón lo era de Egipto.
Sus éxitos victoriosos (Números 24:8).
Va al pasado para alabar lo que Dios ha hecho por ellos: Dios los sacó de Egipto (Números 24:8).
Esto lo había dicho anteriormente (Números 23:22).
Se fija después en su fuerza presente: Tiene fuerzas como el búfalo.
Desde el principio aún casi llegando: como consecuencia de lo que Dios hace con Israel y de Su presencia en medio de Su pueblo, Israel es irresistible (que no se puede rechazar, resistir) como el búfalo.
(Números 24:8) Devorará a las naciones enemigas, fija sus ojos en el futuro.
Su seguridad: Se encorvará para echarse como león y como leona ¿Quién lo disputará?
Es una imagen de la majestad de Israel en tiempo de paz, así como en Números 23:24 describe su tremenda fuerza en tiempo de guerra.
Los leones no se retiran para dormir a lugares de refugio, sino que se acuestan en cualquier lugar, seguros de que nadie se atreverá a meterse con ellos.
Su influencia en la felicidad o desgracia de quien les quería hacer daño.
Lejos de ser afectados por las bendiciones o maldiciones que le vengan de fuera, Israel será una fuente de bendición o de maldición para los demás, de acuerdo de la forma en que le traten.
Esto es una advertencia para Balac como lo había de ser en el transcurso de los siglos para todos los enemigos de Israel. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
