Probablemente, tenía unos veinte años y cuando Goliat lo vio, se enfureció porque le parecía un gran insulto que Israel enviara lo que parecía solo un niño para pelear contra él. David no tenía temor absoluto. David había experimentado "el poder de Dios" obrando en él cuando defendió a su rebaño contra el león y el oso. Había probado a Dios en privado; ahora podía depender de Dios en público.
Valiente David
El miedo no lo conocía.
(1 Samuel 17:38) Deshacerse de la armadura con la que Saúl quería se vistiera para llevar a cabo tan difícil enfrentamiento.
Todas las armas que le ofrece Saúl eran impedimentos, que le iban a servir de carga más que de defensa.
Así que echó (1 Sam. 17:39) de sí aquellas cosas.
Él no puede andar con lo que nunca había practicado.
Simple, tomó su cayado (bastón grueso) y escogió cinco piedras lisas del arroyo, esa fue su preparación.
Demostraba que toda su confianza estaba puesta puramente en el poder de Dios.
Los enemigos como Goliat se muestran orgullosos, despectivos (desprecio, indiferencia, poco respeto) fanfarrón (alardea de lo que es y de lo que no es, en especial de valiente o creo que es mejor atrevido).
Cuando se mira como Goliat es con desprecio al que está al frente, cuidado cómo se mira.
Miró (V. 42) y vio que era un muchacho rubio y de hermoso aspecto.
(V. 43) Y maldijo a David (V. 44) Ven a mí y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo; esa carne tan tierna va a ser para ellas un delicioso banquete; esa expresión es a todos aquellos que mi mal desean.
(V. 45) Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre de "Jehová de los ejércitos", "al cual tú has provocado".
David confiaba solamente en el nombre de Dios.
(V. 46) Hace depender de Dios el éxito.
Es su fe la que le hace decir: Jehová te entregará hoy en mi mano y no solo tu carne, sino también (tú) los cuerpos de los filisteos daré a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
Todo lo que hace daño a la iglesia, Dios se hace cargo que no lacere a Su cuerpo: Iglesia.
Todo el mundo sabrá que hay un Dios y que el Dios de Israel es el único Dios vivo y verdadero.
Todo Israel sabrá que Jehová no salva con espada y con lanza.
(V. 48) El encuentro entre los dos guerreros.
Echó a andar para ir al encuentro de David.
David se dio prisa y corrió a la línea de batalla contra el filisteo.
Para el filisteo, David era un hombre enano.
Lleno de metales de bronce y hierro como una montaña de metal era la forma que Goliat demostró que triunfaría.
David avanzó con no menos ánimo y actividad, como quien está más interesado en la ejecución del enemigo.
Iba vestido más ligero, podía ir más de prisa.
Todos estaban llenos de terror, lástima, pobre joven dispuesto para entretener la furia de los gigantes, al joven israelita, para la boca del lobo.
David sabía en quién creía y por quién actuaba.
Así piensa el que tiene a otros por debajo: No tenía prisa, pues no tenía miedo, sino que confiaba en destrozar la cabeza a David al primer golpe de su espada; pero mientras Goliat se preparaba despacio con solemnidad (formalidades, las reglas), David actuó rápidamente y sin aspavientos (demostración excesiva o exagerada): le lanzó con la honda una piedra a la frente la cual, en un abrir y cerrar de ojos, dio con Goliat en tierra. (V. 49).
¿Quién era el fuerte?
Sin tener David espada.
(V. 51) Tomó la espada: corrió David y se puso al frente.
Sacó David la espada del filisteo y con ambas manos, le cortó con ella la cabeza.
La derrota de los filisteos como consecuencia de la muerte de su adalid (jefe, defensor).
Como dependían enteramente de la fuerza de su paladín, (caballero que en la guerra se distinguía, fuerte y valeroso), al verle muerto, no pensaron siquiera en tirar las armas y entregarse por siervos, salieron corriendo. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
