Habita Cristo por medio de la fe en nuestros corazones. Cristo llegó porque llegó la fe para "vivir en fe, no con maldad, odio, contienda y cosas deshonrosas. El corazón hay que tenerlo limpio: porque de él mana la vida (Proverbios 4:23). Cristo merece una casa limpia, en la santificación entonces hay pureza, ya Jesús vino a la tierra que está llena de pecado y aguantó por amor.
El Señor Jesús toma Su residencia personal en tu vida en el tiempo de la conversión (Juan 14:23) (Apocalipsis 3:20).
Pero este no es el tema de esta oración.
No es cuestión de que Él habite en el creyente, ¡sino de que esté cómodo ahí!
Él es el Residente permanente en cada persona salva, pero esta es una petición de que Él tenga pleno acceso a cada espacio y lugar.
Que Él no sea contristado (triste) con palabras, pensamientos, motivos o acciones de pecado; que pueda gozar de una comunión que nada la pueda interrumpir (suspender) con tu vida.
De esta forma tu corazón se hace hogar de Cristo, porque es el lugar que a Él le gusta estar.
Un corazón claro anuncia, expresa el centro de la vida espiritual; controla "cada aspecto de la conducta."
Tanto más Él "se acomodará" y se sentirá totalmente como en casa en nuestros corazones.
Cuanto más nos llenamos del Espíritu Santo, tanto más seremos como el mismo Señor Jesús.
Cuanto más pensamos como Él, tanto más Él se acomodará y se sentirá totalmente como en casa en nuestros corazones.
Entramos en el goce de Su morada en nosotros "por medio de la fe".
Esto involucra un constante depender de Él, una constante redición a Él y un constante reconocimiento de Su "acomodamiento en "Su hogar."
Es "por medio de la fe" que practicamos "Su presencia."
El resultado del acceso sin restricciones de Cristo es que el cristiano queda arraigado (hacerse muy firme, permanente de echar raíces) y cimentado (fundar, edificar, encuentro debajo de la tierra y viene a servir de base) "en amor."
El amor es el terreno en el que nuestra vida ha de tener sus raíces; y es la roca sobre la que nuestra fe ha de reposar en todo momento.
Estar arraigado (echar raíces, hacerse muy firme, permanente) y cimentado (parte de un edificio que se encuentra debajo de la tierra y viene a servir de base para la construcción) en amor es estar establecidos "en amor" como forma de vivir.
La vida del "amor" es una vida de bondad, desprendimiento, quebrantamiento y mansedumbre.
(18) Los versículos anteriores es un bosquejo del crecimiento espiritual: arraigado y cimentado y de desarrollo que prepara al hijo de Dios.
Que sea plenamente capaz de comprender con todos los santos cual es la "anchura", "la longitud", "la profundidad" y la "altura".
Comprender con todos los santos: Así se explica el amor del Señor:
Anchura = "El mundo" (Juan 3:16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna".
Longitud = Para siempre (1 Corintios 13:8) El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
Profundidad = Hasta la muerte de cruz (Filipenses 2:8) y estando en la condición de hombre, y muerte de cruz.
Altura = El cielo (1 Juan 3:1-2) Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es.
Las dimensiones son generalmente consideradas como referidas al amor de Cristo.
Si así se quiere expresar es el amor de Cristo, entonces así es.
F. B. Meyer lo expresa: Hay siempre tanto horizonte (junta el cielo y tierra) delante de nosotros como detrás. Y cuando hayamos estado contemplando el rostro de Jesús durante milenios, Su hermosura será tan exuberante (abundante, rico), fascinante e insondable (profundo, no se puede encontrar su fondo, impenetrable) como cuando lo vimos por primera vez desde la puerta del Paraíso. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
La Oración Del Justo Pablo Por La Iglesia (Parte II)
Efesios 3:15-19
“para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,”
Pablo ora para que Cristo habite por la fe en nuestros corazones: no solo que viva ahí, sino que esté cómodo, como en Su casa. Un corazón así queda arraigado y cimentado en amor, y comienza a comprender la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo. Estos son los puntos para la semana.
- El corazón hay que tenerlo limpio, porque de él mana la vida. Cristo merece una casa limpia; vivir en fe es vivir sin maldad, odio, contienda ni cosas deshonrosas.
- El Señor toma residencia en el creyente en la conversión, pero esta oración pide más: que Él tenga pleno acceso a cada espacio, y que no sea contristado con palabras, pensamientos, motivos o acciones de pecado.
- Cuanto más nos llenamos del Espíritu y pensamos como Él, tanto más Cristo se acomoda y se siente en casa en nuestro corazón. Esto se goza por la fe: dependiendo de Él y rindiéndonos a Él constantemente.
- El fruto de ese acceso sin restricciones es quedar arraigado y cimentado en amor. El amor es el terreno donde echan raíz nuestras vidas y la roca donde reposa la fe: una vida de bondad, desprendimiento y mansedumbre.
- Anchura: el mundo, porque de tal manera amó Dios al mundo. Longitud: para siempre, porque el amor nunca deja de ser. Profundidad: hasta la muerte de cruz. Altura: el cielo, donde seremos semejantes a Él.
- Siempre hay tanto horizonte delante como detrás. Aun después de milenios contemplando el rostro de Jesús, Su hermosura será tan abundante e insondable como la primera vez que lo vimos.
Pregúntate qué cuarto de tu corazón le tienes cerrado a Cristo —una palabra, un pensamiento, una contienda— y esta semana límpialo y ábreselo.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Una Casa Limpia para Jesús
Efesios 3:15-19
Para leer en voz alta con los niños
“para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Pablo oró para que Jesús viva en tu corazón por la fe y para que estés plantado en su amor como un árbol con raíces fuertes. Imagina tu corazón como una casa donde Jesús vive, bien limpia para que Él se sienta a gusto.
- Jesús merece una casa limpia. Las peleas, el odio y las malas palabras son como basura regada en el corazón.
- Cuando le das tu vida a Jesús, Él viene a vivir contigo. Pero quiere entrar a todos los cuartos de la casa, no solo a la sala.
- Lo malo que dices, lo que piensas y lo que haces a escondidas pone triste a Jesús. Él lo ve todo, aunque nadie más lo vea.
- El amor de Dios es como la tierra donde un árbol echa raíces. Si tus raíces están en su amor, el viento fuerte no te tumba.
- El amor de Jesús es ancho, porque es para todo el mundo; largo, porque es para siempre; hondo, porque llegó hasta la cruz; y alto, porque te lleva al cielo.
- Aunque mires a Jesús por miles de años, nunca vas a dejar de maravillarte. Su amor es más grande de lo que cabe en tu cabeza.
¿Qué cosa hay en tu corazón que a Jesús no le gustaría encontrar?
Esta semana, cada noche, pídele perdón por eso y sácalo de tu casa.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
