Sepamos contra quién batallamos. Pablo nos habla como soldados de Cristo. "Cada verdadero hijo de Dios" aprende pronto que la vida cristiana es una guerra. Las huestes, (ejércitos enemigos en acción: tropa) el ejército de Satanás se dedica a obstaculizar (dificultar, estorbar) y "obstruir" (impedir el libre paso por algún camino)" la obra de Cristo y a poner fuera de combate a los soldados individuales. Cuanto más efectivo sea un creyente para el Señor, tanto más experimentará los salvajes ataques del enemigo: el diablo no malgasta sus municiones contra cristianos nominales (solo existe de nombre). Nosotros no podemos con nuestras fuerzas.
El primer mandamiento preparatorio es que seamos fortalecidos en el Señor.
Señor da el mandamiento segundo que trata de la necesidad de la armadura de Dios.
No te olvides de las armaduras de Dios, no las tuyas.
Es para proteger tu cuerpo de tu enemigo el diablo.
Como creyente debes vestirte de "toda la armadura de Dios para que "tú puedas estar firme" contra las artimañas del diablo, es el diablo que te quiere guiar, hablar, lo decides tú.
Si tienes que ser totalmente armado, no será suficiente con una o dos piezas.
Solo toda las "armas" que Dios nos provee "nos mantendrá "invulnerables.
El diablo tiene varias creatividades, astucia, engaño: desaliento, frustración, confusión, fracasos morales y errores doctrinales.
Él conoce nuestro punto más débil y apunta a él.
(Ezequiel 28:13-14, 19) Aparentemente Ezequiel tenía en mente la situación de su época con su atención fija sobre el gobernador de Tiro, la personificación de la altivez y la impiedad. Pero al contemplar los pensamientos y modales del monarca "discernió claramente tras él la fuerza que le motivaba y la "personalidad" que le "empujaba" en su "oposición" (impedir su efecto) a Dios. Resumiendo, vio la "obra" y actividad" de Satanás, a quien el rey de Tiro estaba "imitando" de tantas maneras. Recordemos el incidente de Mateo 16:21-23 cuando nuestro Señor Jesús reprendió a Pedro. Fueron las palabras más duras que Cristo pronunció durante Su ministerio terrenal.
Esta guerra no es cosa de luchar contra impíos, filosofías sectarias que niegan a Cristo ni gobernantes incrédulos.
La batalla es contra fuerzas demoníacas, contra batallones de ángeles caídos, contra malos espíritus que tienen gran poder.
Aunque no los podamos ver, estamos siempre rodeados de malvados seres espirituales.
Aunque es cierto que no pueden habitar en un "verdadero creyente", pueden oprimir y hostigarlo. (atacar o molestar).
El cristiano no debería estar enfermo absorto en el tema que no sea tan solo Dios.
En la armadura de Dios tiene todo lo necesario para mantener el terreno frente a sus ataques.
El apóstol habla de estos ángeles caídos como; principados y potestades, como dominadores de este mundo de tinieblas y como huestes (ejército en campaña) espirituales de maldad en las regiones celestes (del cielo).
Estamos rodeados de formidables (error o gran asombro) adversarios: debemos "tomar" toda la armadura de Dios", para que podamos resistir cuando el conflicto alcance su mayor intensidad, y ser hallados aun de pie cuando se haya desvanecido el humo de la batalla.
"El día malo" se refiere probablemente a cualquier momento en que el enemigo se (abate) caiga sobre nosotros como un torrente (corriente de agua).
La oposición satánica parece ocurrir en oleadas avanzando y retrocediendo (volver hacia atrás).
La primera pieza de la armadura que se menciona es "El cinto de la verdad": Hemos de ser fieles en mantener la "verdad" de la palabra de Dios, pero es también necesario que la "verdad" nos sostenga a nosotros mismos y aplicarla a nuestras vidas diarias; "La coraza de justicia" =manifestar integridad y rectitud en tu vida. Las palabras no constituyen defensa en contra de una acusación, "pero una vida buena lo es"; "Calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz: (apresto=prevención, disposición, preparación para algo). Esto sugiere la disposición a partir con las buenas nuevas de la paz, "y por ello una invasión del territorio del enemigo. Cuando nos relajamos en nuestras tiendas (los soldados) caemos en un mortal peligro. Nuestra seguridad debemos hallarla siguiendo los hermosos pies del Salvador por los montes, llevando las buenas nuevas y proclamando la paz; "El escudo de la fe": De modo que cuando le sean disparados los dardos encendidos del maligno", den contra el escudo y caigan inofensivos al suelo. La fe es la firme confianza en el Señor y en Su palabra; "El yelmo" provisto es salvación. No importa lo enconada (violento) que sea la batalla, el cristiano no se aparta, retrae, volver atrás, por el peligro, porque sabe "que la victoria final es suya." La certidumbre (seguridad) de la final liberación "lo preserva de retirarse o rendirse": "Si Dios por nosotros, ¿Quién contra nosotros? (Romanos 8:31). "La espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Su ilustración clásica es el uso que hizo nuestro Señor de esta "espada" en Su encuentro con Satanás. Tres veces citó la palabra de Dios, no versículos al azar, sino los versículos apropiados que el Espíritu Santo le dio para esta ocasión. (Lucas 4:1-3)." Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
