"Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, y también han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres." Cuando se siente desagradar a Dios es porque hay señales; y hay que aprender a no quejarse de Dios, sino a llevarle la queja a Dios. El estudio sigue a Josué desde la derrota inexplicable ante Hai -una ciudad pequeña y sin murallas, después de que Jericó cayera sola- hasta descubrir que el campamento estaba turbado porque un solo hombre había tomado del anatema. Recorre la advertencia clara de Josué 6:18-19, la omnisciencia de un Dios que ve desde el más pequeño hasta el más adulto de la congregación, el dolor de Josué por el honor de Jehová, la pregunta del versículo 9 que da título al mensaje, las suertes que van estrechando el cerco tribu por tribu para darle a Acán la oportunidad de entregarse, y su silencio hasta el final. Termina en el manto babilónico, los doscientos siclos y el lingote: tres cosas sin las cuales podía vivir felizmente, y por las que perdió a su familia. Cada uno sabe cuál es su caída; por eso hay que hacer pacto con nuestros ojos, porque si los dejamos vagar, de seguro ha de ser para después llorar.
I. No te quejes de Dios: lleva tu queja a Dios.
A. Cuando se siente desagradar a Dios, es porque hay señales.
1. Josué está compungido: acababa de pasar algo que él no entendía.
2. Moisés ya no estaba; él era el que se tenía que levantar como líder.
3. Dios no le dijo "no te pongas así": Dios estaba viendo todo desde el tercer cielo.
4. "¿Por qué tú estás llorando, si ellos desobedecieron?"
II. La advertencia era clara (Josué 6:18-19).
A. "Guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema."
1. Lo que ustedes toquen del anatema turba a todo el campamento.
2. La plata, el oro, el bronce y el hierro se consagraban a Jehová y entraban en su tesoro.
3. Ese era el botín que acumulaban para hacer después el tabernáculo y el templo.
4. Esas reglas siguen aplicando hoy: no toquemos nada que se nos prohíba.
III. Jericó y Hai.
A. Jericó era gigantesca y amurallada; Dios dijo: de la muralla me encargo yo.
1. Entraron con la mínima estrategia, porque quien peleaba era Jehová de los ejércitos.
2. A la séptima vuelta las murallas se hicieron polvo: no aguantaron la presencia de Dios.
3. Lo que Israel hizo en Jericó corrió como pólvora por toda la región.
B. Hai era pequeña, sin murallas, y enviaron solo tres mil hombres.
1. Pudieron con Jericó, pero no pudieron con Hai: fueron derrotados en una vergüenza inesperada.
2. Con esa situación es con la que Jehová turba el campamento de Israel.
3. Josué rasgó sus vestidos y estuvo horas ante el arca, porque no entendía lo que había pasado.
4. Por el pecado de un solo hombre, todo Israel fue derrotado.
IV. Dios lo ve todo.
A. Ninguna cosa que el ser humano hace sobre la faz de la tierra pasa desapercibida.
1. Crees que la gente no sabe, y a lo mejor todo el mundo lo sabe.
2. Lo que diga el hombre no importa tanto; por lo que Dios vea, por eso sí hay que preocuparse.
3. Del más pequeño al más adulto de la congregación, Dios ve con qué intención se hacen las cosas.
B. La derrota era la medida necesaria para que ellos vieran lo que estaba pasando.
1. Si Dios los dejaba ganar otra vez, se creerían que todo estaba bien.
2. Aunque no pecaran todos, sí afecta a todo el pueblo: por eso lo que pasa en la iglesia afecta a todos.
3. Israel debía santificarse, y esa contaminación había que sacarla con llanto y sufrimiento.
4. "El corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua."
V. Lo que más le dolía a Josué.
A. Josué estuvo con Moisés, estuvo a mitad del Sinaí: sabía quién era Dios.
1. Que bajo su mandato hubiera desagrado de parte de Dios le resultaba intolerable.
2. Le preocupaba el honor de Jehová y el destino de Israel.
3. Le torturaba el pensamiento del desagrado a Dios; y a nosotros también nos debe torturar.
B. La ruina de la iglesia afecta desfavorablemente a la gloria de Dios.
1. Nada entristece tanto a una persona espiritual como ver deshonrado el nombre de Dios.
2. Dios quería que Israel fuera la nación más poderosa: nunca los quiso mediocres.
3. Si a mí me toca el treinta, él quiere el treinta, no el quince; si es un cien, el cien.
4. Él no quiere darnos migas: quiere darnos lo mejor que ha preparado en el tercer cielo.
VI. "¿Qué harás tú a tu grande nombre?" (v. 9).
A. ¿Qué vas a hacer, Jehová, para que tu nombre sea exaltado y la tierra lo sepa?
1. Dios quería que Josué dijera: hubo pecado, vamos a bregar, ¿cuál es la consecuencia?
2. "Levántate": hay que sacar el anatema, el mal tiene que salir del medio de la congregación.
3. Dios no se deleita en ver a Josué destrozado: quiere que le presentemos la queja.
4. Él te va a decir: aquí estoy, cálmate, yo estoy para ti.
B. En nuestros hogares estamos a cargo, y también nos toca trabajar.
1. El que esté de cabeza del hogar tiene la responsabilidad de sacarlo adelante para con Dios.
2. No podemos hacer como Adán: "la mujer que me diste". Las excusas no van.
3. Josué estaba dolido y con el corazón hecho pedazos, y así tuvo que trabajar.
VII. Hurtaron, mintieron y lo guardaron (v. 11).
A. Tomaron del anatema, hurtaron, mintieron, y lo guardaron entre sus enseres.
1. Si usted tomó algo prestado, devuélvalo en la misma condición o mejor.
2. "Aquí no ha pasado nada": pero Dios no nos va a dejar contar el cuento.
3. Se les olvidó que había un Dios omnisciente: todo lo ve, todo lo sabe, todo lo escudriña.
4. "Yo no sabía que Dios quería eso de mí": ¿no leíste la Biblia? Excusas no hay.
B. Dios vio hasta lo más mínimo.
1. Dios vio cuando se copió un examen; vio cuando se cogió un lápiz prestado y no se devolvió.
2. Vio cuando lo partiste y no fuiste a decirle "se me partió el tuyo, te doy dos".
3. ¿Tontería? Dios todo lo ve.
VIII. Acán entre los inocentes.
A. Josué debía investigar; Dios lo sabía, pero ellos tenían que verlo con sus propios ojos.
1. ¿Dios sabe lo que tenemos que arreglar? Sí; y espera que nosotros investiguemos nuestro corazón.
2. Que estemos dispuestos a bajar el lomo, a la oración, a la lectura de la palabra.
B. Acán se unió a los que decían que eran inocentes.
1. Entre los que preguntaban "¿quién robó?" estaba él, tranquilito, sin inmutarse.
2. No confesó, no se arrepintió, no dijo "miserable de mí": y tuvo la oportunidad.
3. Quizás las cosas hubieran sido diferentes para él y su familia.
4. "Yo hago lo que me dé la gana; si me dicen algo, me arrepiento": eso es ser Acán.
IX. Las suertes y la confesión.
A. "Santificaos para mañana… anatema hay en medio de ti, Israel" (v. 13).
1. No podrás estar delante de tus enemigos hasta que quitéis el anatema de en medio.
2. Anatema quiere decir maldito; quien toma del anatema, la paga es muerte.
3. Primero la tribu, luego la familia, luego la casa, luego la persona.
4. La convicción caía de forma gradual, para darle oportunidad de entregarse a sí mismo.
B. Y en ningún momento tuvo la valentía de decir "fui yo".
1. Salió Judá, salió la familia de Zera, salió la casa de Zabdi, y fue tomado Acán.
2. Lo pudo haber dicho el día antes, para que por lo menos los suyos se salvaran.
3. El Dios justo tiene muchos medios para sacar a la luz las ocultas obras de las tinieblas.
4. Lo hizo David; Pedro lloró amargamente. Podemos llevar nuestros errores a un Padre amoroso.
X. "Hijo mío, da gloria a Jehová" (v. 19).
A. Josué deja de ser líder y se convierte en juez de Acán.
1. Tampoco era alegría para Josué: "ay, hijo mío", se lo habrá dicho en ese tono.
2. Tenía que confesarlo delante de todos, porque le iba a servir de enseñanza al pueblo.
3. Cuando ya no le quedó otra: "verdaderamente yo he pecado contra Jehová".
XI. Lo que le llenó el ojo (v. 21).
A. Un manto babilónico, doscientos siclos de plata y un lingote de oro.
1. Lo escondió bajo tierra en medio de su tienda: no fue que se le zafó.
2. Si lo hubiera mirado con ojo de fe, habría visto que eran cosas malditas; las vio como buenas.
3. No todo lo que brilla es oro: que sea Dios cuidando y santificando nuestros ojos.
B. Cada uno sabe cuál es su caída (Santiago 1:14-15).
1. "Cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido."
2. Si yo sé cuál es mi caída, tengo que presentarme siempre a Dios para que me cuide de ella.
3. Si cedemos a nuestra caída, dará a luz un pecado, y ese pecado nos llevará a la muerte.
4. Hay que hacer pacto con nuestros ojos: si los dejamos vagar, será para después llorar.
XII. El valle de Acor.
A. "¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día" (v. 25).
1. Los llevaron fuera del campamento y todos los israelitas los apedrearon.
2. Sus hijos fueron ejecutados con él por ocultar su robo.
3. El pecado causa desgracia no solo al pecador, sino a sus prójimos más cercanos.
4. Hoy no nos apedrean; pero la muerte espiritual es una de las muertes más terribles.
B. Por eso tenemos que guardarnos en santidad.
1. Nuestros hijos nos ven y nos examinan, y después de cierta edad nos hablan.
2. Y si cometemos algún error, que sepan que nos hemos postrado y que Dios nos ha levantado.
3. Porque no es caer: es cómo nos levantamos delante del Dios poderoso.
4. No podemos prosperar hasta que lo maldito sea destruido de nuestros corazones y de nuestra familia.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
