Mega Zoé
Estudio #1527Iglesia en las casas

Yo Haré la Voluntad de Dios

Perseverar en la oración y atender la Palabra de Dios sostienen el llamado central de este estudio.

Nuevo TestamentoMateoDomingo, 10 de agosto de 20259 min lectura

En la oración que Jesús nos enseñó y que dejó como modelo está esta petición: hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El objetivo de este estudio es que, en la vida, desear hacer la voluntad de Dios está primero que llenar el ego. Muchas veces se dice que se quiere hacer la voluntad de Dios pensando en algo grande, en ministerios y en dones, en algo que sobresalga y que todo el mundo aplauda; pero barrer la casa de Dios está dentro de su voluntad, y servir a otro también. ¿De qué nos valdría vivir toda la vida haciendo lo que se nos antoja, si al final no hacemos lo que nuestro Creador esperaba de nosotros?

I. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Mateo 6:10).

A. Primero la voluntad de Dios, no el ego.

1. La voluntad de Dios es aquello que Él ha planificado para cada uno. En la oración tú le dices: ¿cuál es tu voluntad para mí en el día de hoy? Guíame hoy a hacerla.

2. No es la tensión de levantarse con la agenda llena. Y si dices yo oro cuando me acueste, al tirarte a orar te vas a dormir, porque el cuerpo está drenado del cansancio del día.

3. Por la mañana, con el cuerpo descansado y la mente fresca, se entra de lleno a esa oración; y al terminar sientes que hablaste con Dios y que ya puedes salir.

4. No es lo grande que yo pueda lograr hoy para que me vean en el trabajo o en los estudios. Lo primordial de nuestra vida como cristianos es la voluntad de Dios.

5. Barrer la iglesia está dentro de su voluntad, porque es ver la casa de Dios linda. Y si a alguien se le cae algo a tu lado y te doblas a recogerlo, eso también lo es.

6. ¿Y cómo te sientes al terminar? No con el ego, sino satisfecho, y callado, en silencio, dentro de ti; porque hiciste algo que sabes que a Dios le agrada.

B. ¿Por qué no hiciste lo que yo esperaba de ti?

1. ¿De qué vale ganar la buena fama, o lo que lograste en tu trabajo y en tus estudios, si al fin y al cabo lo que Dios quería para tu vida no lo hiciste?

2. Él nos preguntará, con todo el derecho que tiene como Creador. Y estando delante de su presencia, uno caería postrado; no habría respuesta, quedaríamos mudos.

3. Porque eso es lo que hacemos: buscamos justificar el no hacer su voluntad. No pude por esto, no pude por aquello; siempre una justificación para no hacer lo que nos toca.

4. Pero mira cómo nos va a contestar: te di las Escrituras, donde te di por escrito mi mente. No hay justificación, porque la palabra está.

5. Y te dirá: no la aprovechaste. No aprovechaste la mente de Dios, que nos la dejó completa para que fuéramos guiados por ella.

II. La palabra es viva, y en ella está escrita la mente de Dios.

A. Veinte veces que la leas, veinte veces Dios te habla.

1. Hoy tú no puedes decir: ya yo leí ese libro, ¿para qué lo voy a leer de nuevo? Eso lo podrás decir con cualquier otro libro, porque la palabra de otro libro no es viva.

2. ¿Cuántas veces hemos leído un versículo que en el pasado no entendimos, y hoy Dios nos deja ver claramente lo que tenía?

3. Aquí hay para todo: no importa el problema, ni la situación, ni el desánimo. Léela con deseo de verdad, y te aseguro que la palabra te va a hablar y va a obrar en tu vida.

4. Nuestro mapa de vida cristiana está en las rodillas. Cuando coges el Padre Nuestro y lo vives y lo haces parte interna de tu vida, verás el mapa clarito.

5. ¿Cuántos están turbados? ¿Cuántos no saben cuál es la voluntad de Dios para su vida? Y el Señor la tiene ahí, al lado tuyo, escrita.

B. El hombre es voluntarioso por naturaleza.

1. ¿Han visto niños voluntariosos? Pues los mayores, en muchas ocasiones, nos convertimos en esos niños, fuera del marco de lo que Dios quiere para nuestra vida.

2. Es debido a la carne: se le ha dado más lugar a la carne que al espíritu. Y le das más lugar a la carne cuando no oras; porque la oración es diaria, día tras día.

3. ¿Cómo vas a conocer su voluntad si no sacas tiempo para hablar con Él? Y a lo mejor puedes estar dos o tres horas viendo televisión.

4. Señor, ¿me quedo o me voy? Pero ya compré el pasaje. Porque esos doscientos sesenta dólares valen más que la voluntad de Dios.

5. Una cosa he aprendido: a mí me bendice Dios, no me bendice el hombre. Nos desesperamos en la carne y le damos lugar al pensamiento y a lo que yo quiero hacer.

6. Cuando no sabéis lo que será mañana, deberíais decir: si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Y al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado (Santiago 4:13-17).

III. Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne (Gálatas 5:16-17).

A. El vivir en la carne da lugar a lo que pensamos y queremos.

1. ¿Qué es lo que nosotros queremos, o qué es lo que Dios quiere? ¿Son tus deseos o es la voluntad de Dios?

2. El vivir en el Espíritu desecha nuestro pensar y todo lo que haya en nuestro corazón que no sea agradar a Dios. Porque el detalle es ese: que agrade a Dios.

3. Cuando uno desagrada a Dios, uno es el que tiene las consecuencias, porque se aleja de lo que Dios quiere para nuestra vida.

B. El diablo roba la obediencia.

1. Cuando tú aceptas a Cristo, Dios siembra en ti la buena semilla, la palabra. ¿Y qué hace el diablo? Quiere robarnos lo que Dios sembró.

2. Muchas veces le abrimos la puerta un poquito: por la duda, por el comentario que escuchaste, o porque no hay en ti una vida de oración completa.

3. Muchos comenzaron muy bien: leyendo la Escritura y orando todos los días, asistiendo a los cultos, hablando del mensaje de salvación, ofrendando y diezmando con gozo. ¿Y qué hizo el diablo? Les robó la obediencia.

4. ¿Qué me toca hacer como cristiano? Está claro en la palabra: no dejar de congregarnos, orar sin cesar, leer la palabra y traer a los alfolíes los diezmos y las ofrendas. Cada punto es cuestión de obediencia.

5. No escuches voces ajenas: yo me mato trabajando para dar el diezmo. Le estoy dando el diez, ¿y con cuánto me quedo? Con el noventa; y Dios me devuelve más aún.

6. Lo primero que te va a poner es el dinero. Pero la obediencia es por fe: es creerle a Dios que Él me va a bendecir por otro lado.

C. Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó? (Gálatas 5:7).

1. Lo único que puede permitirlo eres tú. Abrirle la puerta al diablo es permitírselo uno: el dejar de orar, el dejar de leer la palabra.

2. Pero dice: resistid al diablo, y huirá de vosotros. ¿Y sabes lo que es resistir? Cuando tú te paras firme y fuerte, ahí vas a resistir lo que viene contra ti.

3. Como en el fútbol: el que viene corriendo fuerte a tumbarte cae, si tú estás firme. Párate firme en el Señor y dile: aquí yo no te voy a abrir la puerta.

4. Y que él sepa que tú eres hijo de Dios y que quieres hacer su voluntad. Déjaselo ver buscando a Dios, congregándote y leyendo la mente de Dios todos los días.

IV. El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado (Salmo 40:8); enséñame a hacer tu voluntad (Salmo 143:10).

A. A David le agradaba hacer la voluntad de Dios.

1. ¿Y sabes lo que es agradar? Cuando te sientes alegre porque hiciste algo que te tocaba hacer. Y en ti hay una satisfacción personal; personal, no ego.

2. Que a ti te sea de agrado hacer la voluntad del Padre más que la tuya. Morir a ti, morir todos los días: es necesario que yo mengüe para que Él crezca en mí.

3. Nadie te obliga; nadie obligó a David, lo hizo voluntariamente. Que cuando vayas a hacerla sea voluntariamente, porque en ti hay un deseo de agradar a Dios.

4. Ni lo hagas por aparentar con los demás, ni lo hagas por cumplir. No va a estar escrito en el cielo lo que hiciste por obligación.

5. Y tu ley está en medio de mi corazón: todo lo que es ley de Dios lo hacemos con agrado y no con desagrado, porque ahí Dios la pone, para que la hagamos.

6. Uno hace la voluntad de Dios en cualquier sitio, y no deja de hacerla cuando sale por esas puertas.

B. Enséñame, y no busques agradar al hombre.

1. Somos estudiantes, y un estudiante va a la escuela a escuchar para aprender. Si no sabes cuál es su voluntad, ahí está la oración: Señor, enséñame.

2. Tu buen espíritu me guíe. El Espíritu Santo está para guiarte; si se lo pides, está dispuesto a revelarte la buena voluntad de Dios para tu vida.

3. Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano (Mateo 12:50). No es por el mucho tiempo que lleves en la iglesia.

4. No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres (Efesios 6:6). Buscar agradar al hombre te va a llevar a una gran decepción.

5. Muchos desconocen su voluntad porque se pasan llenando el ojo del hombre; si les aplauden, eso les basta. Pero Dios no quiere aplausos para nosotros: quiere que toda la gloria sea para Él.

C. Padre mío, hágase tu voluntad (Mateo 26:42).

1. A Jesús le era difícil hacer la voluntad del Padre, pero se rindió completamente ante ella. Qué momento aquel en Getsemaní, cuando su sudor era como gotas de sangre.

2. Y eso es lo que nosotros tenemos que hacer día tras día: mi ego me lleva a esto, pero yo quiero hacer tu voluntad, Padre.

3. Cuando Dios ve nuestro corazón en esa humillación, Dios nos va a ayudar y va a salir a favor nuestro.

4. Jesús sabía lo que le tocaba: los clavos, los azotes, la corona de espinas. Y no solo morir: iba a cargar todos tus pecados en la cruz, los que has dicho y los que tienes callados.

5. ¿Qué te preocupa más a ti: tu dolor, o hacer la voluntad de Dios? ¿Tu orgullo y tu imagen delante de la gente, o hacer la voluntad de Dios?

6. Si la carne tú no la quebrantas todos los días, ella te va a quebrantar a ti, porque le permitirá al diablo robarte lo que Dios puso en tu corazón. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz