Para conocer esta vida tenemos que amar la palabra. Mientras más capaz eres de entrar a conocer a Dios, más hay que guerrear: no es que las cosas se pongan mejor, es que tenemos que guerrear más. Hay que tener la espada bien afilada, y es el poder de la palabra; y hay que tener una vida de oración, porque es lo que nos sostiene. Nuestro Creador habla: habla por las Escrituras, habla por el Espíritu Santo, habla por las circunstancias y habla en el silencio. Dios no es silencioso, y eso es lo hermoso de Él.
I. Somos guerreros, no personas comunes.
A. La conquista supone una guerra.
1. Cuando uno busca al Señor cada vez más, tiene que hacer el reto de entrar en las áreas espirituales.
2. Y mientras más capaz eres de conocer a Dios, más hay que guerrear; no es una derrota, pero hay que tener más fuerza cada día.
3. Si nos quedamos como niños, nunca vamos a aprender a luchar todo lo que hay que luchar.
4. Si perdemos la vida en tonterías, se nos olvida que tiene que haber justos en la tierra que la libren de tanto mal.
5. Uno piensa que según pasan los años las cosas se aquietan; y es al revés: mientras más años pasan, más tenemos que luchar.
B. La espada afilada y la vida de oración.
1. Hay que tener la espada bien afilada, y es el poder de la palabra.
2. Y hay que tener una vida de oración, porque es lo que nos sostiene cuando hablamos con Dios.
3. Para poder enfrentar todo lo que está alrededor para destruirnos, devastarnos o quitarnos el ánimo.
4. El reino de las tinieblas está en cada esquina, y no hay lugar que más le guste apuntar que a los justos que aman al Señor.
C. El ejemplo de David.
1. Me imagino el cuerpo de David, cuántas heridas tendría.
2. Se dice que murió alrededor de los setenta años porque su cuerpo había padecido tantas guerras y tantas batallas.
3. De tanta guerra y de tanta espada en la mano se le acabó el físico; fue un hombre guerrero.
4. La iglesia no es lo que pensamos: la gente la ve con miedo porque es cobarde y no sabe pelear, y esta batalla es solamente de valientes.
II. Dios no es silencioso.
A. El Creador habla de muchas maneras.
1. Dios habla a través de las Escrituras y habla a nuestra vida por medio del Espíritu Santo.
2. Dios se nos revela en sueños; a veces tenemos un sentir fuerte que sabemos que no es impulso de uno.
3. El Creador es el que salva, el que corrige, el que consuela, el que guía y el que se revela a nuestra vida.
B. A Dios le fascina revelarse.
1. Pensamos que venimos a la iglesia por venir o por compromiso; pero el privilegio es nuestro.
2. Él busca tener una relación contigo, personal, con todo cuidado y con toda perfección, porque a cada uno Dios lo trabaja tal cual es.
3. El asunto es de qué está llena tu vida: ¿de coraje, de molestia, de maldad?
4. Porque lo que hoy te llena, mañana no sabes; lo que hoy te produce contentura, mañana no lo hará.
5. A Dios le interesa ser nuestro consuelo y le interesa corregirnos, porque hoy pensamos que todo es de un modo y mañana de otro.
C. No podemos darnos el lujo de perder días.
1. Si el ministro pierde días de su vida, afecta al pueblo.
2. Vivir veinticuatro horas buscando la voz de Dios y qué quiere Dios es un privilegio.
3. Las grandes recompensas están en el cielo, donde no habrá lágrimas ni dolor; las de aquí te alegran hoy y mañana ya no.
4. Mientras el pueblo duerme tranquilo, el ministro está en plena guerra, no con los ángeles, sino contra las potestades que quieren destruir la obra de Dios.
5. El día en que tengas a Dios en primer lugar de tu corazón, ese día serás bienaventurado.
6. Todo lo que tienes como grande un día lo perderás; a Él nunca lo perderás, y cuando más lo necesites estará contigo.
D. Cómo nos habla Dios.
1. El sistema más espectacular es la Biblia: leer las Escrituras todos los días.
2. Dios siempre está dispuesto a hablarnos; no siempre es con voz audible, pero siempre es claro para el corazón dispuesto.
3. Si vienes a la iglesia con el corazón dispuesto, Dios te habla; si entras como entras y te vas, no hay crecimiento.
4. El que recoge la palabra tiene un crecimiento, y eso se nota: sale por los poros, en el rostro, en la mirada, en el suspirar.
III. Más cortante que toda espada de dos filos (Hebreos 4:12).
A. Penetra hasta partir el alma y el espíritu.
1. Ese es el poder de la espada cuando Dios habla: entra en tu alma y la parte.
2. Cuando esa voz llega a tus oídos, ha de partir tu alma y tu espíritu.
3. Dios no trabaja con nosotros suavecito: Dios va con fuerza.
4. Y mientras más tú lo buscas, con más fuerza Dios va a trabajar con tu vida.
5. Va a llegar un momento en que la atmósfera de tu existencia ya no sea la de esta tierra, sino la de amar a Dios con más fuerza y más poder.
B. Discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
1. Discernir es separar lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto.
2. Dios no discierne lo que aparentamos con lo que hablamos, con una sonrisa o con una mirada.
3. Nosotros podemos montar teatro día tras día, según la circunstancia o según la persona; pero eso es vivir una vida al aire.
4. Dios sabe lo que en ti es verdadero y lo que es falso.
5. Distinguir lo verdadero de lo falso es ver lo que está oculto detrás de las palabras y de las acciones.
6. La palabra no solo mira lo que hacemos, sino por qué lo hacemos: todo lo que se hace es porque se quiere hacer.
C. Las intenciones hablan de nuestra vida.
1. En el cielo hay moradas; Jesús dijo: voy a preparar morada para ustedes.
2. Porque Dios sabe quién va a ser capaz de oír siempre la palabra y de ir acomodándose y apretándose.
3. Al fin y al cabo, los que nos tenemos que apretar somos nosotros.
4. En la tierra, vanidad de vanidades: aquí no hay nada que te vaya a recompensar.
5. Hay conversaciones muy acomodadas; después que uno termina, todo lo que fue acomodado le sale por los poros.
IV. La palabra de Dios es viva y eficaz.
A. Es viva.
1. La palabra no es letra muerta: tiene poder para actuar y sigue hablando hoy.
2. Este sagrado libro es palabra viva; no es la vida, porque la vida es Dios.
3. Cómo nos consuela, cómo nos alienta, cómo nos da fuerza; a veces toca leer justamente lo que necesita el alma.
4. No amanezcas para saber cosas ni para el chisme: que tu amanecer sea ir primero de rodillas a Dios, porque el tiempo no se puede perder.
5. Como es viva, produce un efecto real: te transforma, te guía, te despierta.
B. Es eficaz.
1. Es efectiva, capaz de hacer lo que necesitamos, aun en cosas que no has podido cambiar ni superar.
2. Ser fiel al cónyuge, ser fiel a la iglesia, ser fiel al vecino: palabra fiel.
3. Cuando tus ojos miran, llega al cerebro; del cerebro al corazón; y el corazón lo riega por todo, desde la cabeza hasta la punta del pie.
4. ¿Y de dónde viene la palabra, si no del Creador que habla, del que nos hizo y nos plantó en la tierra en estos tiempos?
C. Penetra sin engaño y sin apariencia.
1. Llega donde nadie más puede llegar, porque es más cortante que espada de dos filos.
2. Cuando lees la Biblia sientes que entra, penetra y va desgarrando tu corazón.
3. Y si algo necesitamos es que Dios desgarre nuestro corazón, porque donde se oculta todo es en el corazón, y es fácil esconder las cosas.
D. El Espíritu Santo discierne lo que pensamos.
1. No vuelvas a decir "yo no quise decir eso": lo que tienes que decir es "perdona lo que dije".
2. Porque entonces el Padre ve que en uno hay humillación, y el Padre tiene que ver nuestra humillación.
3. El acusador dirá: mira lo que hizo, si le has dado vida eterna y salvación.
4. Y Jesús, a la diestra, dice: Padre, yo morí por él, mi sangre está ahí, perdónalo.
5. Por medio de Cristo que intercede constantemente, nosotros tenemos que ser hombres y mujeres de oración.
6. Vivimos en la tierra bajo un juicio, y lo libramos buscando a Dios, congregándonos, orando y leyendo la palabra; porque tú no luchas contra otra persona, luchas contra ti mismo.
V. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino (Salmo 119:105).
A. Lámpara es a mis pies.
1. La palabra nos ilumina paso a paso, en lo cercano y en lo diario.
2. Si abrieras la palabra, serías un conocedor; somos niños cuando ya deberíamos ser maestros.
B. Y lumbrera a mi camino.
1. También ilumina el rumbo completo, el propósito y la dirección de tu vida.
2. Tú necesitas saber si lo que estás haciendo está bien o está mal; si la lees, vas a saber qué hacer con tu vida.
3. Muchas veces lo que tenemos en la boca es lamento y queja.
4. Si decidimos tener oración y palabra, el día malo la oración nos cubre, porque nos fortalece.
5. No hay que hablar con alguien para contar lo que a uno le pasa: vaya donde Dios, que es el mejor lugar; cada cual tiene bastante con lo suyo.
6. Si estás ausente de palabra y ausente de oración, todo lo que venga a la vida vendrá como un embate para llevarte.
C. Conquistar con la palabra.
1. Estamos resolviendo bobadas; lo que hay que aprender es a llevarle a Dios toda la oración y a ser sabios por medio de las Escrituras.
2. Porque tú hablas conforme a tu corazón y conforme a lo vulnerable que estás.
3. ¿Quieres conquistar tu familia? Conquístala con la palabra.
4. En una casa donde cada noche se lee la Biblia en familia, los hijos se van haciendo discípulos.
5. No es discutir el versículo: es dejarlo ver, ponerlo claro; y eso lleva a los que por naturaleza tendrían otro carácter a ser dóciles y mansos.
VI. El Espíritu de verdad os guiará a toda la verdad (Juan 16:13).
A. Para que el Espíritu Santo te hable, tienes que ser persona de oración.
1. Si tú estás en pecado, no pienses que el Espíritu Santo está en ti: no puede estar.
2. Cristo dio su sangre y el Padre dio la orden; pero el Espíritu Santo viene a ti para hacer toda la obra que el Padre quiere para tu vida.
3. Si uno es capaz de ensuciar este cuerpo, el Espíritu Santo no está: por eso no hay nada que te redarguya, no hay revelación y no te interesa orar.
4. Porque quien pone el querer como el hacer, el que lleva nuestras vidas, es el Espíritu Santo.
B. Él os guiará a toda la verdad.
1. Si no se te hace fácil ir a toda verdad, es porque el Espíritu Santo no está, y por eso vas de golpe en golpe.
2. Tocar al Espíritu Santo con una palabra: mejor es no haber nacido. Es el único pecado que no se perdona, que es blasfemar.
3. Cristo promete que el Espíritu Santo vendrá y que Él es el que hará.
4. Mientras más Él trabaja en tu vida, más te va perfeccionando, quitando y haciéndote fuerza.
5. Él nos dirige para entender correctamente la palabra y la voluntad de Dios.
C. No hablará por su propia cuenta.
1. El Espíritu Santo está en completa unidad con el Padre y con el Hijo.
2. El Padre da la instrucción, el Hijo se une al mismo sentir, y la acción va en el Espíritu Santo.
3. Los tres son uno: es la Deidad.
4. El Hijo, a la diestra, intercede por nosotros; el Espíritu Santo está sobre la tierra, trabajando en el creyente lavado con la sangre de Cristo.
5. Porque la manifestación es cuando el Espíritu Santo ve la sangre de Cristo sobre tu cabeza.
6. Leamos la palabra y ella nos da la luz; luego oramos, y entonces el Espíritu Santo nos revela y pone en nuestra vida el querer del Padre.
VII. El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos (Proverbios 16:9).
A. El corazón del hombre piensa su camino.
1. Todos hacemos planes, decisiones, metas y rutas; es natural planificar, es propio.
2. Pero nosotros podemos ser bien diestros para hacer lo que queremos, lo que pretendemos y lo que ambicionamos.
B. Mas Jehová endereza sus pasos.
1. Dios es el que abre y cierra puertas, cuando tú decides que Dios sea el que vaya llevando tu vida.
2. Hay puertas que Dios no debe abrir porque es peligroso, y te las cierra; no la fuerces.
3. Porque cuando esa puerta se abra, primero, Dios no está; y segundo, vas a tener que padecer.
4. Si Dios te cierra puertas, es para que no sufras, porque no vas a poder aguantar.
5. Y si te abre puertas, podrás pasar las pruebas, pero vas de la mano con Él.
6. Deja que Dios sea el que abra y cierre; así te convertirás en un hombre o una mujer de oración y de búsqueda.
C. Él se mueve alrededor de nosotros.
1. Piensas que estás solo; si tú buscas a Dios y lo has amado, Él está ahí contigo.
2. Te toca llorar, Él va a estar; te toca dolerte, Él te alivia.
3. Si Dios es mi Creador, Él sabe de dónde viene mi necesidad, lo que me duele y lo que me entristece.
4. Y sabe que me va a tener que cubrir más porque la lucha va a ser más fuerte.
D. Las circunstancias no gobiernan la vida del creyente.
1. La vida es una guerra: hoy oyes buenas noticias y mañana malas; hoy parecía que lo habías conquistado todo y mañana se fue al piso.
2. ¿Decírselo a alguien? No, porque le vas a producir a otro grandes dolores; entonces uno carga, uno lleva y uno se enfrenta a la vida.
3. Lo que aquí no entendemos, lo entenderemos cuando lleguemos al cielo.
4. A veces no te has dado cuenta de que estás rodeado de una circunstancia, porque la ves natural; pero llega el tiempo en que se acentúa y te ahoga.
5. Las circunstancias pueden ser salud o enfermedad, prosperidad o necesidad, paz o conflicto, trabajo seguro o incertidumbre, gozo o prueba.
6. Lo importante no son las circunstancias, sino quién dirige nuestro camino: nosotros vemos lo que está pasando, y Él ve hacia dónde nos lleva.
VIII. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado (1 Reyes 19:12).
A. Dios habla en el silencio.
1. No en el ruido de la vida del momento, sino en la quietud del alma.
2. Eso es lo grande de Dios: que Él conoce nuestra alma.
3. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle.
4. Cuando tu casa está en calma y tu corazón se humilla, Él te habla.
B. Elías necesitaba escuchar a Dios en la quietud.
1. Estaba cansado, desanimado, huyendo, sintiendo que todo estaba perdido.
2. Había visto milagros grandes, como el fuego del cielo en el monte Carmelo.
3. Dios no siempre habla en lo espectacular, en lo fuerte, en lo que impresiona.
4. No estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en un silbo apacible y delicado.
5. Una voz suave, tranquila, íntima y clara, que le hablaba al corazón.
C. Cuando las circunstancias gritan, Dios habla en voz baja.
1. Con su voz suave calma nuestra fatiga.
2. Y no habla bajo porque esté lejos, sino porque está cerca.
3. Si estás hablando con alguien que está a tu lado, no tienes que gritar; pues Dios está en todos los sitios.
4. No busques a Dios en los estruendos: busca el silencio donde Él susurra.
5. Es fácil ir a Dios cuando uno está en grito, con quejas, rebelde; pero cuando hay un espíritu noble que te sustenta, hablas con Dios en susurro.
6. El milagro no es que Dios hable fuerte, sino que tú puedas hacer silencio para escucharlo. Porque si Él viniera en fuego y en llama, moriríamos todos.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
