Mega Zoé
Estudio #1624Iglesia en las casas

Derramar el alma ante Dios

Perseverar en la oración y permanecer firmes en las pruebas sostienen el llamado central de este estudio.

Antiguo Testamento1 SamuelMiercoles, 2 de septiembre de 202613 min lectura

"No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová." El estudio parte de la respuesta de Ana al sacerdote Elí para enseñar una sola cosa: el alma se derrama delante de Dios, no delante de otro mortal. Sigue el hilo por el Salmo 62:8 -derramad delante de él vuestro corazón-, por 1 Samuel 1:18, donde la oración produce descanso antes de que llegue la respuesta, y por las tres promesas que sostienen al que carga: el Salmo 55:22 ("él te sustentará"), Isaías 46:4 ("hasta la vejez yo mismo") y 1 Pedro 5:7 ("echando toda vuestra ansiedad sobre él").

I. El alma se derrama delante de Dios

A. "Yo tengo un amigo con quien hablo siempre, le digo todo." Pero lo que hay que aprender es a derramar el alma delante de Dios, no delante de otro mortal.

B. Como mortales, todos tenemos que derramar nuestra alma. Todos.

C. Hay días buenos y días regulares, pero toda una vida difícil. Si un día te reíste mucho, hasta dices "déjame cuidarme, que no sé qué pasa mañana" - hay una chispa de superstición.

D. Pero sabemos que va a volver a salir el sol y que la vida sigue.

II. Ana, la mujer atribulada de espíritu

A. Ana quería tener un hijo y no podía. Es una sensación bien violenta no tener hijos, y que todo el mundo pregunte cuándo vas a tenerlos.

B. Y el que tiene esa dificultad no se atreve a decir por qué no ha podido. La expositora habla desde su propia experiencia: tardó casi seis años, y era un tema que no tocaba porque le afectaba.

C. "Desde el día en que me convertí, mi afán siempre fue servir al Señor con todo mi corazón. No han sido días buenos, aunque lo parezca: han sido muchos días de lucha."

D. Ana lloraba mucho y estaba muy conmovida delante del altar. Y es extraño, porque ninguna mujer podía ir al altar: esas peticiones eran de los hombres.

E. Tenía una necesidad que nadie le podía suplir, y estaba profundamente afligida.

III. No invadir el alma de otro

A. Cuando uno va a tocar temas con las personas, deben ser a flor de piel: ni porque eres padre, ni madre, ni hermano. Solamente la persona decide si lo dice.

B. Ir y tocar lo que no debemos tocar es invadir el alma de alguien.

C. Y casi siempre las personas que invaden de esa forma no permiten que a ellas se les invada.

D. Hoy hasta la ley lo protege: no se puede ir a un hospital a preguntar qué tiene una persona, porque es privado. Antes se visitaba y se ofrecía oración; ya no.

E. No hay problema: lo que nos toca hacer, Dios nos abrirá la puerta - la puerta que debemos abrir, porque amamos.

F. Y eso quiere decir que tienes dolor, porque el amor es dolor. Por eso nada de esto se hace como fiesta: se hace por dolor.

IV. La oración de Ana y el error de Elí

A. Fue al templo y oró con tanta intensidad que solamente movía los labios y no se escuchaba su voz.

B. Si Dios le daba el hijo, ella se lo entregaría; por eso su hijo se crió en el templo y fue el gran profeta de aquellos tiempos. Luego ella tuvo más hijos.

C. De lo que lloró, con lágrimas y dolor, le dijo a Dios "es tuyo", y se lo entregó al sacerdote. Así fue como ella llegó a pactar con Dios: ella lo conocía, y Dios le tomó el pacto.

D. El que conoce al Señor está basado en milagros. Muchos milagros.

E. Elí, al verla, pensó equivocadamente que estaba ebria: habló equivocadamente de una mujer que estaba en una búsqueda y en mucho temor de Dios.

F. Por eso Ana le explicó: "no estoy ebria; he derramado mi alma delante de Jehová".

G. Si uno llora en oración y tiene un porqué, está clamando y gimiendo delante de Dios, y siente que esa conversación es entre él y Dios.

H. "Si alguien te pregunta qué te pasa, que te escuchó llorando… Yo nunca le voy a preguntar eso a nadie. Nunca. Jamás." Porque ningún mortal puede aliviar el clamor que solo se le puede dar a Dios.

I. El alma puede estar abatida, y la razón la sabe el alma. Ahí ya se ha entrado a un ambiente espiritual: la guerra, la lucha, el desprender la carne y entrar a esa vida íntima con el soberano Dios.

V. Qué es derramar el alma

A. Cuando vamos en oración debemos hacernos entender a nosotros mismos que queremos derramar el alma delante de Dios.

B. "No se puede, no se debe, no se merece" derramar el alma delante de otro mortal, porque nadie va a entender por qué la estás derramando.

C. Cuerpo, alma y espíritu: el alma es la que se abate. Y como tu alma está desesperada, se la presentas a Dios para que Dios te escuche.

D. Ana no estaba simplemente diciendo una oración: oraciones simples habría hecho antes. Al ir al templo, es una acción más violenta de fe.

E. Es como una osadía: algo que no se acostumbra a hacer, que no era lo propio. Pero ese día ella dijo "lo voy a hacer".

F. El alma es muy vulnerable: hoy está contenta, mañana está triste; hoy tira y mañana opina. Por eso hay que trabajar con el alma de uno y llevársela a Dios.

G. "He derramado mi alma": si nosotros derramamos la nuestra, vamos llevando a ganar. Si es un no, es un no; si es un sí, es un sí. Pero tiene que ser derramada.

H. Como cuando se cae un balde de agua: se derramó, y hasta allá llegó el agua. Así es cuando uno entra en verdadera comunión con Dios.

I. El asunto de religión es comunión con Dios, vida con Dios, búsqueda con Dios. No es con el hombre: es con Dios. "Tú vienes a la iglesia ¿por qué? Porque es con Dios."

J. La expresión habla de vaciar delante de Dios todo lo que uno lleva por dentro, con sinceridad.

K. No es a las personas a quienes se les hacen los cuentos de la tribulación, de los problemas y de los conflictos: es a Dios.

L. Y después que la derramas, te vacías; y como la derramaste, ya no es tuya: ya le pertenece a Dios, para que Él la trabaje a favor de tu vida.

M. ¿Qué lleva uno por dentro? Dolor, preocupación, deseos, lágrimas, preguntas y esperanza.

N. A veces hasta los nervios se toman: se cierra el estómago, uno se confunde en el día y se pregunta "¿qué me pasa hoy?" - porque se lleva demasiado por dentro.

O. Ana llegó cargada, pero no escondió su dolor: lo convirtió en una oración. "No hay nada mejor que ir donde Dios."

VI. Salmo 62:8 - "derramad delante de él vuestro corazón"

A. "Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio".

B. Tú piensas "después, Dios lo sabe". No: Dios quiere que tú derrames tu corazón, que lo saques, que se lo digas en oración.

C. ¿Y qué hace Dios? Eso se recoge y se lleva hasta el tercer cielo y se le presenta a Dios. Y ahí está la contestación.

VII. 1 Samuel 1:18 - el descanso llega antes que la respuesta

A. "Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste".

B. Todavía Samuel no había nacido: la respuesta aún no había llegado, pero la oración ya había producido descanso en su corazón.

C. Ya su corazón se encontraba satisfecho, porque ella había derramado su alma delante de Dios.

D. El diablo te entretiene para que no ores: muchas preocupaciones, muchas dudas, el tiempo muy ocupado, hay que producir mucho.

E. "Miserablemente perdemos nuestra vida de milagro a consecuencia del afán de la tierra." Y en ausencia de oración, el cielo no te conoce.

F. Toda oración se lleva al Padre en el nombre de Jesús, que está a su diestra. Por eso siempre hay que decir "en el nombre de Jesús", y por eso hay que ir en oración en propiedad.

G. No venimos a la iglesia a pasarla bien si se nos antoja: el asunto es llegar a Dios, porque hay mucho que luchar y muchos ataques. El diablo busca cómo atacar al que no ora.

H. Por eso no hay milagros, cuando debería haber más milagros y deberíamos ser personas de milagros.

I. Ana entró con angustia, derramó su corazón y salió en paz. Las circunstancias eran las mismas -todavía no estaba embarazada-, pero ella ya no era la misma.

J. Los milagros se piden en oración, en santificación, en conocer la palabra. "¿Cuántos milagros le pides tú a Dios: uno, o ninguno?"

K. Y después vino lo más difícil: entregarlo. Lo tuvo hasta el tiempo de lactar, y luego lo llevó al sacerdote, desgarrándose el corazón. Pero sabía a quién le había rogado.

VIII. Salmo 55:22 - "echa sobre Jehová tu carga"

A. "Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo".

B. Hay días en que te preguntan cómo estás y uno no sabe ni dónde está, con mil cosas en la mente.

C. Si quieres pelear con todo el mundo y echarle la culpa a todo el mundo… el detalle es que cada cual viene con unas cargas en la vida. No es que la gente la tenga contigo.

D. David no dice que no tendremos carga: dice qué hacer cuando lleguen - ponerlas sobre Dios.

E. "Yo nunca he podido quitarte tus cargas. Porque a mí tampoco ha llegado nadie que me pueda quitar las mías."

F. La palabra "carga" abarca aquello que pesa sobre el corazón: preocupaciones, temores, problemas, responsabilidades, situaciones que no podemos resolver y dolores que llevamos por dentro.

G. "No pude dormir", "me desperté con mil cargas". Así no se puede vivir: al otro día uno amanece grave, la ansiedad ataca y no componemos nada.

H. "No es que yo no me acueste con preocupaciones; sí me acuesto. Pero yo caigo y me levanto sabiendo que me toca orar y que tengo que batallar ese día."

I. Fíjate que no dice que Él quitará inmediatamente la carga: primero promete algo maravilloso - "él te sustentará".

J. Dios no nos va a quitar las situaciones, pero nos sostendrá, nos dará fuerza y nos mantendrá en pie mientras las atravesamos.

K. Cuando uno va a dormir, la mente registra para atrás y para adelante; y esa preocupación se queda ahí, lenta, para quitarte el sueño - y lo más grande, para quitarte la paz.

L. Él te dará fuerza, te alimentará y no permitirá que te derrumbes bajo el peso de la carga.

M. Quizá la situación no desaparezca inmediatamente, pero Dios promete que no tendrás que sostenerte solo con tus propias fuerzas - que es justamente lo que no se puede.

N. Es como si Dios dijera: "dame tu carga; yo me encargo de sostenerte a ti".

O. Y lo dice desde su propia historia: hubo años de temores y de circunstancias, cuando lo que le importaba era proteger a sus hijos. "Mi estatus no es el carro: es que el cielo se abre para escucharme".

IX. Isaías 46:4 - "hasta la vejez yo mismo"

A. "Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré".

B. Dios da lo necesario para ir atravesando, sin abandonarnos. Cuando uno va caminando no ve lo bueno ni lo malo: está atravesando.

C. La carga puede ser grande, pero más grande es Aquel que te sustenta.

D. Dios le asegura a su pueblo que su cuidado no tiene fecha de vencimiento.

E. El mismo Dios que estuvo contigo al principio seguirá contigo cuando pasen los años. Él no cambia. ¿Y cómo debemos actuar nosotros? En acción de fe.

F. "En la vejez uno es más pleno; en la vejez hay cosas que a mí ya no me escandalizan." En la juventud vienen el desespero, los nervios y los ataques de pánico.

G. "Soportaré" tiene aquí el sentido de sostener, cargar, llevar. Eso ha hecho Dios con nosotros; cuando nuestras fuerzas disminuyen, las de Dios permanecen.

H. "Yo soy vuestro Creador": no somos desconocidos para Él, somos obra de sus manos.

I. "Yo llevaré": hay momentos en que caminamos y hay otros en que Dios tiene que cargarnos y nos lleva en su diestra.

J. Eso no significa que estemos derrotados ni que seamos cobardes: la lucha oprime, y a veces hay que dar un paso atrás y esconderse un tiempo. Y no hay nada mejor que ir en los brazos del Señor.

K. No solamente te lleva: te protege y te preserva. "El Dios que me hizo es el Dios que me llevará, desde la juventud hasta las canas".

L. Cambian las fuerzas, cambian las circunstancias, cambia el cuerpo -no queda hueso que no duela-, pero no cambia el Dios que nos sostiene.

X. 1 Pedro 5:7 - "echando toda vuestra ansiedad sobre él"

A. "Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros".

B. Si siguen siendo carga, es que todavía no has podido echarla sobre Él.

C. "Echando" no dice "aguanta" ni "resiste": la idea es poner sobre otro aquello que tú estás cargando.

D. "Dios, no puedo, ayúdame; abre puertas; líbrame, que el día se hace pesado".

E. Pero no es echarle a Dios cualquier cosa: el piso hay que limpiarlo. Lo que se le echa es todo lo que de verdad se hace difícil, para que Jehová salga por ti y traiga lo que necesitas.

F. Y hay cosas que ni siquiera son carga: si alguien ocupa el estacionamiento que a uno le toca, uno va y habla con la persona, y el problema se resolvió.

G. Echar las cargas no es un acto de abuso: es el acto del que está luchando y hace frente, cuando se toma la madurez de decir "ya somos adultos, no podemos seguir actuando como muchachitos".

H. "Toda" no son solo las preocupaciones grandes: es todo lo que inquieta la mente, roba la tranquilidad o pesa sobre el corazón.

I. Pedro no dice que ignoremos los problemas, sino que los traslademos de nuestros hombros a Dios.

J. Si tienes un hijo que está rebelde y te habla como si no valieras nada, esa es una carga: échasela a Dios y pídele sabiduría. ¿Y qué te dará Dios? Sabiduría, autoridad, fuerza, dominio.

K. "En paz me acostaré, y asimismo dormiré", dicen las Escrituras. Aprendamos las Escrituras.

L. "Porque él tiene cuidado de vosotros": esa es la razón por la cual podemos entregarle la carga. Le importamos a Dios; Él no es indiferente a lo que estamos viviendo.

M. Dios no quiere solamente que le cuentes lo que te pasa: quiere que se lo entregues. Y para eso hay que tener el hábito de la oración, porque la oración del justo obra eficazmente.

N. Podemos orar por algo y seguir cargándolo; pero llega el momento de decir: "Señor, esto ya no está en mis manos; te lo pongo en las tuyas".

O. Y para abrirle la puerta al Señor, le entregamos toda nuestra vida: el día malo y el día bueno.

P. No tenemos derecho a hacer piquete en la vida: tenemos el deber de doblegar el lomo y saber que la vida es una.

Q. La vejez no incapacita: ahí están la madurez, la sabiduría, el conocimiento y la vivencia de cómo llevar las cosas - "tan perfectas, que le podemos ganar a los jóvenes".

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz