Como creyentes sabemos que tenemos que cuidar y conservar en fuego la obra que el Espíritu comenzó en nuestras vidas. Efesios 4: 22-24 Pero podemos ver que según pasa el tiempo en algunos se van apaciguando los anhelos y esa palabra "tibios", que tanto detestamos porque no puede ser parte de la iglesia, se les torna muy natural. Es muy fácil dejar la vida del Espíritu, pues antes éramos de la carne y sabemos lo mucho que el mundo nos quisiera volver a dominar. Así que, no hay que trabajar mucho para enfriarse y ser tibio, sino que con solamente "conformarse uno", ya sucedió y nos alejamos de lo espiritual. Muchos se conforman con poca cosa, con vivir una vida cristiana tibia y fácil, sin mucho compromiso con Dios ni con la iglesia. Podemos ver a cristianos que según pasa el tiempo toman todo muy suave, entonces el viento sopla y los lleva conforme se le antoja. (Efesios 4: 14) Si no andan la vida en el Espíritu llegará el momento que se convertirán en tibios y después en pasivos y luego todo, cualquier cosa que escuchen del mundo o de los falsos maestros, les convencerá más que servir al Señor. El tibio, no solo se hace daño a sí mismo viviendo de esa manera mezquina hacia Dios, sino que también le hace mucho daño a otros viviendo dominado por la carne. Pero "andad" te dice la Escritura. Prosigue andando en el Espíritu, no te detengas. Como creyentes que no queremos que la tibieza nos tome, nuestro caminar tiene que ser de gloria en gloria, andando conforme al Espíritu de Dios. Efesios 6: 18 El hombre y la mujer que viven en el Espíritu, viven una vida sólida, y si aún estuviesen solos sin que nadie les ayudare, solos harían la voluntad de Dios y moverían al mundo entero para su Señor. 2 Timoteo 4: 16,17 Porque cuando alguien vive en el Espíritu y le oyes hablar, sus palabras atraviesan nuestro corazón y nos cambia el pensamiento y nuestra voluntad. ¡Vive tú en el Espíritu y experimentarás lo que es mover a Dios! El que vive en el Espíritu trasciende esta Tierra y traspasa los Cielos. Es lamentable ver que muchas veces se comienza la vida en el Espíritu y luego como no nos cuidamos, la carne es la que entonces comienza a dirigirnos para mal. Cuando se vive en la carne nada es bueno, se vive en frustraciones, en quejas, con despechos, se vive en plena guerra. Entonces, se hiere al Espíritu Santo y éste se retira y se ofende porque se le tiene en poco. (Efesios 4: 30) Porque en la carne aunque todo parezca bueno y aceptable su fin es destrucción. A los que coquetean con ella les parece que les ofrece "más tranquilidad", pero lo que en verdad les da es libertinaje y un escape para no obedecer al Espíritu. Por eso, uno ve que nada llega a inquietar al carnal que se ha acostumbrado a vivir cada día en esa condición de vida. En cambio el que vive en el Espíritu vive batallando y a la batalla no le tiene miedo. A lo que debemos tenerle pánico es a la carne, porque por ella muchos pierden dejando la vida en el Espíritu. El Espíritu sostiene a la tierra, la cuida, la ordena, es el que hace que haya en nosotros un avivamiento, el que trabaja en nuestras vidas, el que nos redarguye, el que nos dirige, el que nos pone a clamar y a gemir en la oración. Sabemos que para el que quiere vivir y andar en el Espíritu no le es fácil vivir en esta tierra donde todo es un chiste, un relajo y un vacilón. Donde todo tiene un doble sentido y todo se habla con malicia. Vivimos en un mundo donde ya nadie se acerca a otro si no es porque trae una doble intención, siempre en busca de algo que le beneficie. Por tal razón, el Espíritu Santo espera que nosotros nos abandonemos totalmente a Él y vivamos de una manera diferente al mundo no haciendo lo que le desagrada. Santiago 4: 4,5 Cuando el Espíritu Santo está en nosotros, Él comienza a santificarnos y por eso anhelamos separarnos para Dios. Con el Espíritu Santo podemos distinguir cada día el bien del mal, cosa de que nuestros pies no se metan en todo lugar. Porque el Espíritu te lo prohíbe ya que en un mal lugar te vas a ensuciar. Él nos cuida y nos cela porque hace la obra de santificación en nosotros, nos separa del mundo. El mundo es traicionero, pues te trae muchos aplausos pero en tu caída se burla. ¡Cuídate! 1 Juan 2: 15-17 Cuando la carne es la que mueve la vida, se vive a medias y en peligro de peores cosas. La carne tiene muchas tendencias, es rebelde y vanidosa. Pero si te decides a vivir en el Espíritu ella morirá. La carne sólo conduce a malas inclinaciones como el adulterio, fornicación, inmundicia, ira, enojo, etc. (Gálatas 5:19-21) En esa dirección se inclina a ir el mortal, esa lista de cosas es lo suyo por costumbre. Pero el Espíritu que está en ti lucha contra esa carne que ha dominado al hombre por siglos desde que pecó en el Jardín del Edén. ¿Qué haríamos si el Espíritu nos abandonara? ¿Cómo podríamos combatir sin sus fuerzas y sin su poder? Por eso, el Espíritu, que nos ama, lucha para que nuestra carne no nos domine anhelando y deseando esa lista de maldad que nos lleva a la condenación. Hay muchos que viven en la carne y no sólo mueren ellos sino que, como dije al principio, llevan a otros a morir espiritualmente. 2 Pedro 2: 14 El que vive en la carne vive dudando, en ira, en contienda, vive en la lista de Gálatas 5: 19-21. Si te sales del Espíritu te advierto que la carne te va a destruir. Porque el asunto es que la vida en el Espíritu no se deja de golpe, sino que se comienza a dejar lentamente, hoy un poco, mañana otro poco y así sucesivamente hasta estar insensible. Miserable del que Dios llama para vivir una vida abundante y darle un buen destino y luego convierte su vida en quietud y carnalidad, donde no se logra nada bueno, donde no existe el reto espiritual ni el buscar hacer la voluntad de Dios. Por eso, no permitas que la carne llegue a destruirte, a matarte. ¡Anda hermano! ¡Anda en el Espíritu! Renueva tu vida en el Espíritu Santo. Iglesia, no te detengas y verás el bien que vas a hacer a otros y verás tu bendición y más que todo verás a Dios. Andad, el Espíritu no fatiga, la carne sí. Cuando la carne es complacida trae dolor con ella al que la complace, le trae fracaso, pero el Espíritu le trae vida. Anda en el Espíritu hermano y verás que no es latoso este Camino, sino que es deleitoso, no tendrás pérdida sino ganancia y todo será para tu bien. ¡Esfuérzate! ¡Anda en el Espíritu! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Digo, Pues: Andad En El Espíritu, Y No Satisfagáis Los Deseos De La Carne
Gálatas 5:16
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
Como creyentes tenemos que cuidar y conservar en fuego la obra que el Espíritu comenzó en nosotros. No hay que trabajar mucho para enfriarse: basta con conformarse, y la carne vuelve a dominar. Por eso la Escritura dice «andad». Estos son los puntos para la semana.
- Con el tiempo, en algunos se apaciguan los anhelos y la tibieza se les vuelve natural. El tibio se hace daño a sí mismo y a otros, y termina convencido por cualquier cosa del mundo o de los falsos maestros.
- El que vive en el Espíritu vive una vida sólida: aunque estuviera solo, haría la voluntad de Dios. Cuando habla, sus palabras atraviesan el corazón y cambian el pensamiento y la voluntad de los que lo oyen.
- Cuando se vive en la carne se vive en frustraciones, quejas y guerra, y se hiere al Espíritu Santo. La carne parece ofrecer más tranquilidad, pero lo que da es libertinaje, y su fin es destrucción.
- El Espíritu nos redarguye, nos dirige y nos pone a clamar y a gemir en la oración. En un mundo donde todo es relajo y doble intención, Él espera que nos abandonemos totalmente a Él.
- El Espíritu nos santifica y nos separa del mundo, que es traicionero: te trae muchos aplausos, pero en tu caída se burla. Con Él podemos distinguir cada día el bien del mal.
- La carne es rebelde y vanidosa, y lleva al adulterio, la fornicación, la inmundicia, la ira y el enojo. El Espíritu que está en ti lucha contra ella, porque te ama y no quiere que te domine.
- La vida en el Espíritu no se deja de golpe, sino poco a poco, hasta quedar insensible. El Espíritu no fatiga; la carne sí. Anda en el Espíritu y verás que este Camino no es latoso, sino deleitoso.
Revisa esta semana en qué te has conformado o enfriado, y renueva ese punto con oración cada día antes de que la tibieza avance otro poco.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Mantén la Brasa Encendida
Gálatas 5:16
Para leer en voz alta con los niños
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: camina cada día con el Espíritu Santo y no le hagas caso a lo malo que tu cuerpo quiere hacer. El estudio dice que lo que el Espíritu empezó en nosotros hay que guardarlo encendido como un fuego, porque si uno se descuida, se enfría.
- Para enfriarse no hay que hacer mucho: basta con conformarse y dejar de buscar a Dios. Así uno se vuelve tibio sin darse cuenta.
- El Espíritu Santo te enseña a orar, te avisa cuando algo está mal y te ayuda a saber qué es bueno y qué es malo.
- El mundo te aplaude cuando haces lo que todos hacen, pero cuando te caes, se burla de ti. El Espíritu Santo sí te cuida de verdad.
- Hay una parte de ti que quiere cosas malas: enojarse, pelear, decir malas palabras. La Biblia la llama «la carne», y si le haces caso, te lastima a ti y a otros.
- Nadie deja a Dios de golpe. Se deja poquito a poco: hoy un poco, mañana otro poco. Por eso hay que cuidarse todos los días.
- Andar con el Espíritu no cansa; lo que cansa es hacerle caso a lo malo. Con Él la vida es buena y hasta ayudas a otros.
¿En qué cosa te has puesto tibio con Dios?
Esta semana ora cinco minutos cada mañana antes de salir de tu casa.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
