Según pasan los años, algunos en vez de vencer, de ir creciendo más en el Señor se acondicionan a este mundo
cediendo a unas cosas que no convienen y al terminar la jornada en vez levantarse como Dios ha querido le ha
venido la tibieza. Por tal razón, cada día tenemos que ir menguando a nuestro yo y a nuestro orgullo. Si alguien
no es capaz de amar, entonces solamente subsiste y va decayendo. Si no nos conmovemos estamos fríos porque
nos hemos separado de Dios completamente. Por eso, hermano, en nuestro caminar diario se ve lo que hay de Dios
en nosotros. Pobre de aquel que deja de creer porque entonces ya no hay santidad que buscar, vive escaso de Dios
y se le acaban los días. Se puede pretender que estamos llenos de Dios, pero no vivirlo. Son dos cosas muy
distintas; lo mejor es creerle a Dios, amarlo y servirle. Jesús es� el pan de vida, hay que comerlo y digerirlo.
P r overb io s 30:4 Grande es este Dios que llama al hombre. El desconocer su grandeza es donde está el problema
de muchos hoy día. El hombre y la mujer que en verdad conocen a Dios, saben que no hay alguien mayor para sus
vidas, saben que Él es el grande. Somos hechos del polvo, en quienes se nos sopló vida, pero en ocasiones nos
creemos grandes, pero un día vamos a morir. Nuestra alma y nuestro espíritu no tocarán tierra sino solamente
nuestro cuerpo. Éste es solamente un estuche para movemos en esta tierra que un día pasará, pero nuestro espíritu y
alma irán a Dios. Ningún ángel ni querubín tienen poder en sí mismos, sino que reciben poder de la fuente del
poder de Dios. Él es muy grande y poderoso. Si queremos tener poder de la única forma que lo podemos obtener
es pidiéndoselo a Dios mismo. Comencemos a ver a Dios como grande, entonces vamos a creerle y amarlo más.
Jesús se llama a sí mismo el pan de vida. Entonces, hay que comerlo. Hay que creer en EL Es Dios quien
controla las nubes y las aguas. ¡Quién puede comprender a un ser tan grande, poderoso y omnipotente! Podemos ir
conociéndolo. Pero, cuando el hombre se aleja de Dios no entiende la vida que vive, los problemas, las
circunstancias y se confunde. Entonces, envuelto en lo complejo de esta vida no puede entender quien es este Dios.
Por eso tenemos que aprender de Dios todos los días. Esa es la manera en que podemos acabar con lo que nos
quiere destruir. Para conocer lo de Dios, para encontrarnos con Él cara a cara, tenemos la palabra de Dios. No
podemos ser tibios ni ignorar lo que Dios ha dicho. Jesús es el pan de vida.
El pueblo de Israel fue el pueblo que Dios llamó para ser la nación con toda bendición en lo que se refiere a
Cristo. Sin embargo, rechazaron todo ese honor y privilegio que el Padre quiso darle; lo más grande. Nosotros no
podemos hacer lo mismo y dejar a Jesús a un lado. Ellos le restaron a Jesús. J uan 6:42 Para ellos Jesús era el hijo
de José y no le recibieron. Si nosotros le hemos conocido creceremos y veremos su grandeza. No podemos
menguar en nuestra relación con el Salvador. Recuerda que en la tierra todo va a terminar. Hay que mirar a qué
cosas nos estamos aferrando en esta tierra, pues antes tenemos que conocer a este Dios que es grande para verlo.
Debe tener el primer, segwido y tercer lugar en nuestras vidas; debemos soltarlo todo para que Él se haga grande
para nosotros. Busquemos a Dios como es necesario que le busquemos.
Vers í culo 43 Mientras más murmuramos más dificil se hace para creer y aceptar a Jesús. Mientas más se
murmura el corazón se endurece y es ahí donde está la derrota en el hombre, porque no cree. Nadie puede llegar a
Jesús si el Padre no lo trajese. Ningún hombre tiene la capacidad de buscar a Dios. Es el Padre el que comienza a
poner inquietud en nuestras vidas para que le busquemos. No es del hombre el querer buscar y servir a Dios. Dios
nos buscó para si mismo, nos escogió para Él. Comenzó a trabajar en nuestras vidas. En el hombre está la elección
de aceptar o rehusarse a Jesús. El Padre es quien ha caminado detrás de nosotros. ¡Gloria a Él!
Isa í as 54:13 Los que hemos acudido a Cristo el Padre nos enseña. Jesús estaba muy claro de lo que era la
voluntad del Padre para con Él aquí en la tierra. Nosotros necesitamos aprender cual es la voluntad de Dios. No
podemos subir al tercer cielo para verlo, por eso tenemos que aprender de su Palabra cada día. Jesús dijo que Él
era el pan de vida. El que busca las cosas que perecen no llega a ningún lado, pero si buscamos lo que no perece
vamos a tener la vida eterna. Si no somos capaces de hacer nada para el Señor, vivimos entonces para lo que
perece. Tenemos que saber cuál es el plato que tenemos que comer. Jesús es el pan de vida.
El pueblo de Israel comió del maná y al fin y al cabo perecieron. El hombre busca el maná que perece. Busca la
sanidad del cuerpo que también perece. Aunque pueda resolver los grandes problemas a la larga también eso
perece. Nos asfixiamos tanto por lo que perece, nos aferramos tanto a aquel o al otro. Nosotros decidimos a que
nos apegamos, si a lo que perece o al Dios grande. Nos podemos quedar solos, sin milagros o sin las revelaciones,
pero Él sigue trabajando en nosotros. El que busca lo de aquí abajo será tan solo para esta vida que perece, pero
Jesús nos ofrece la que es eterna. Si buscamos a Jesús como el pan de vida comeremos del pan que es eterno. Él
es el pan que descendió del cielo, no puede ser menos para nosotros sino más. Jesús vino especialmente del cielo
para que comamos, vivamos y nos entreguemos a Él. Comer a Jesús como el pan de vida no es otra cosa que creer
en Él. De la única forma en que podemos tener fuerzas es creyéndole a ÉL En ocasiones parece que nuestros pies
no quieren correr tras Él, pero si entendemos que tenemos que comer de Él tendremos esperanza y lo haremos.
Entonces demostraremos cuánto amor hemos aprendido, recibido y comido de Jesús, el pan de vida.
No podemos estar toda la vida masticándolo sin digerirlo, hay que llevarlo a nuestro espíritu. Si lo comemos es
porque creemos en Él y al que cree todo le es posible. Con nuestra vida dejamos ver cuanto hemos comido de Él.
¿Nos vino Jesús del cielo para nosotros? Un día vendrá para buscarnos. Por eso tenemos que tragarlo y tener los
pies limpios. Un día nos va a servir Aquel de quien hemos comido. Su sangre es más que suficiente para cubrir al
mundo entero del pecado, pero no todos quieren comer de este pan y muchos dicen comer de este evangelio, pero
solamente lo mastican. En la Iglesia se salvan o se condenan cuando oyen la verdad y la aceptan o no la aceptan.
J uan 6: 60 El creer es sencillo es dejarse llevar por Dios, entonces Él cumplirá lo que dijo de nosotros. No
queramos el maná que nos ofrece el mundo. Si luchamos por la vida eterna los nuestros también la tendrán. La
vida eterna es un acto de Jesús muy íntimo para aquel que responde al llamado de Dios. Jesús quiere permanecer
en nosotros, así mismo tenemos que permanecer en Él. Como Jesús vivió en el Padre nosotros debemos vivir
creyéndole a Jesús y seremos nuevas criaturas. Este pan descendió del cielo. ¿De que pan nos hemos alimentado:
del maná que perece o del eterno? Él es el pan de vida. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
