Siempre que nos sucede algo que nos es contrario o dificil vamos a buscar quien tiene la culpa. No somos capaces
de decir que de Dios viene el golpe por nuestra negligencia. Siempre que en nuestras vidas suceda algo es porque
Dios quiere enseñarnos, pero nos somos capaces de miramos tal cual somos. El que nos ve sí sabe lo que somos, lo
puede apreciar mejor que nosotros mismos En nosotros hay cosas que están escondidas muy profundo y lo triste es
que le echamos la culpa al que está a nuestro alrededor. De momento, eso sale hacia fuera y nos preguntamos por '
qué hicimos lo que hicimos. Es que Dios quiere que veamos lo que hay en nosotros para que lo aborrezcamos y nos
rindamos. El corazón teje como un hilo de lo que está alrededor de nuestras vidas y hacemos lo que pensamos que es
lo mejor a nuestra opinión. Dios está mirando todo lo que hablamos e insinuamos y de acuerdo a lo que Dios ve es
que vierte la recompensa. Dios nunca se hace el ciego y Él no quita lo que nos es necesario quitar, sino que nos lo
hace ver para que nosotros mismos estemos dispuestos a quitarlo. Cuando nos aprendamos a conocer, entonces Dios
va a comenzar a obrar en nuestras vidas. Sabemos lo que está bien o mal en otras personas, pero no en nosotros.
2 Crónicas 32: 27,29 Ezequías fue bendecido mucho por Dios, pero él pensó que sus fuerzas le habían ayudado.
1 Corintios 3:13 Y hermano, la obra de cada uno el fuego la probará. Se hará manifiesta porque las circunstancias
la revelarán. Santiago 1:12 Cuando soportamos la tentación y nos soportamos unos a otros vencemos, nos
vencemos a nosotros mismos y dejamos ver si amamos a Dios. Nuestra lucha no es para poseer ni para complacer a
nadie sino porque queremos amar a Dios. La tentación la queremos vencer porque amamos a Dios quien es lo
primero. Dios tiene amor para nuestras vidas, no le podemos devolver ni darle nada. Cuando vamos a Él lo que
debemos dar es alabanza, pero lo que vamos es a pedirle. Dios lo que quiere es que le amemos. Dios había levantado
a Ezequías. A veces pensamos que lo que hemos alcanzado es por nuestro esfuerzo, pero es porque de Dios nos ha
sido dado. No nos equivoquemos como se equivocó este renombrado rey.
Como Iglesia estamos llevando un evangelio cuerpo a cuerpo. Luchamos contra todo lo que es la degeneración de
este mundo. Por lo tanto, en nosotros no puede morar el mal. Cuando se lucha cuerpo a cuerpo no podemos dejar
que el enemigo se cuele. Esto es una gran batalla y como Dios envió a Ezequías así nos envía a nosotros. Dios nos
da mucho para vencer y obtener, pero nos lo da Dios. Para eso tenemos que saber que lo que hay que quitar en
nosotros hay que quitarlo. En muchas ocasiones hablamos mucho y creemos que somos fuertes y que podemos
luchar con nuestras fuerzas. Pero, es el amor hacia Dios lo que tenemos que comenzar a vivir. Cuando el orgullo y la
rebelión están sobre nuestras vidas es pensar que podemos y que nadie nos puede corregir, humillar, enseñar y que
con nuestro esfuerzo llegamos a donde estamos. Se nos olvida que tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas y
estar firmes. Al tomar decisiones siempre deben ser en oración.
Isaías 39: 1-8 Vivimos aferrados a lo que tenemos, a lo nuestro, a lo material. Dejemos una herencia, que nuestra
descendencia tenga a Dios, que haya paz y amor para Dios. Los nuestros tienen que ver que en nosotros hay pasión
para amar a Dios. No tenemos tesoros sino que trabajamos para los tesoros de Dios. Hay que alejar de la vida
aquello que satisface nuestra vanidad. Ezequías no pudo sacar de su lado a los que vinieron de Babilonia y por eso la
vanidad comenzó a poseerlo. No nos rodeemos de los que nos halagan porque nos traen mucho mal. Cuando el
orgullo se levanta y se da alarde de aquello que creemos que hemos luchado por nosotros mismos nos creemos que la
gloria es de nosotros. Y después que el orgullo llega es dificil. Por tal razón tenemos que tener cuidado de lo que
dejamos entrar al corazón, porque viene la trampa del diablo para quitamos lo que Dios no ha dado.
Ezequías le enseñó a los babilonios todos los tesoros que él tenía, los que Dios le había dado y por tal razón se le
fue quitado. Por una decisión equivocada la descendencia de Ezequias tuvo que vivir en servidumbre. En aquel
momento, se alegró Ezequías con su enemigo. Parecía que hasta tenían gran amor o una buena unidad. Tengamos
cuidado y tengamos los ojos abiertos. Vivamos pendientes, mirándolo todo. Muchos quieren hacer fiesta con lo que
es nuestra desgracia, pero nadie impío puede venir a hacer fiesta con un justo. No abramos las puertas a los que
vienen a destruirnos, dejemos que sea Dios el que haga en nuestra vida. Desarrollemos nuestros oídos y nuestros
ojos. Tenemos que ver que no seamos simples sino que veamos lo que tenemos que ver, lo que nos puede perjudicar
a nosotros y a los nuestros. Ezequías tenía que ver y oír que lo que venía en su contra. En el caminar de Ezequías
hubo distintas vivencias para probar que le· daba o no le daba la gloria a Dios. Se nos hace fácil olvidarnos lo que
vivimos ayer, no lo aplicamos a nuestra vida y no nos humillamos. Y lo malo que se había ido de algunos regresó
porque no permitieron que el Espíritu Santo hiciera la obra completa. Nosotros mismos decidimos crecer o quedarnos
estancados. Si uno se estanca no es bueno ni para nosotros ni para la Iglesia. Si no decidimos que nuestra vida sea
para crecer entonces no le permitimos al Señor hacer. Dios prueba lo que hay dentro de nosotros. Dios sigue
haciendo, lo que se estanca es lo que está dentro de nosotros.
La tentación viene en silencio y se organiza en el infierno por Satanás, quien busca todo nuestro historial y hace
todo lo que puede para acabarnos. Pero, nuestros problemas son dentro de nuestro corazón. Hermano, que cuando
llegue el momento de la prueba, ya hallamos muerto a la carne y crezcamos. Que podamos decir: ''ya no vivo yo
más vive Cristo en mí" y no cedamos a la tentación. Que no cedamos a lo que va a ser nuestro mal, nuestra vergüenza
o nuestra desgracia.
2 Crónicas 32:24,25 Ezequías había sido sanado por Dios. Las fuerzas vienen de Dios y no de nadie. En Dios
no hay vanidad. Del hombre no salen prodigios. Dios deja al hombre hasta ver a donde le llega el atrevimiento.
Cuando llega, entonces Él comienza a bregar con nosotros. Dios nos da mucha oportunidad, pero nos prueba para
que veamos y reconozcamos lo que hay dentro de nosotros. Hay cosas que hemos pensado que hemos dejado, pero
están profundas y vuelven a salir. En Ezequfas había vanidad y Dios quería que lo viera. Dios nos probará para
ver cual es nuestro nivel de amor por Él. Cuando lo amamos nunca queremos hacer daño a los nuestros. Nunca le
podríamos ser infieles. Hermano, todo lo que pasa a nuestro alrededor es para probarnos, dejará salir lo que hay
dentro de nosotros. No lo disimulemos pues somos carne. Pero, Dios nos quiere perfeccionar, nos quiere andando en
el Espíritu y eso es lo que queremos hacer y vivir para su gloria. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
