Mega Zoé
Estudio #0461Iglesia en las casas

Si En Mi Corazón Hay Bien, El Señor Me Concederá Las Peticiones

Si En Mi Corazón Hay Bien, El Señor Me Concederá Las Peticiones llama a buscar la bendición de Dios y permanecer en la verdad.

Antiguo TestamentoSalmos11 min lectura

Dios concederá las peticiones de nuestro corazón de acuerdo a lo que hay en nosotros, a cómo pedimos.

Si en nuestro corazón hay mal, entonces no hay buenos deseos para otros y no podemos esperar para nuestras

vidas lo bueno que viene de Dios. Tenemos que tener bien en nuestro corazón para que Dios conteste nuestras

peticiones. A los que tienen bien le serán contestadas las peticiones de su corazón. Cuando lo creamos se harán

un hecho. El corazón es silencioso, no habla nada, muy callado lo guarda todo. Pero, es una bomba explosiva y

peligrosa. Cuando se acumula mucho mal en el corazón, lo que se habla es veneno. Por eso en el debemos

acumular todo lo que es bueno, lo que es el reino de Dios establecido. Filipenses 4: 8 En el corazón hay

muchas peticiones de bien para otras personas que están alrededor nuestro y quien único puede contestarlas es

Dios.

Como iglesia tenemos que cuidar nuestro corazón porque éste es perverso, si no se cuida y no nos

deleitamos en Dios nos contaminamos con este mundo. A veces pensamos que podemos poner nuestro deleite

en los placeres de este mundo, pero nuestro deleite debe ser en Jehová porque en lo que nos deleitamos de esta

tierra mañana no será. Debemos deleitarnos en Jehová y no en lo que es terrenal y perece. No debe haber en

nosotros ansiedad y afán. En ocasiones sentimos que Dios no está y comenzamos a sentirnos sobrecargados. Lo

que nunca debemos olvidar es que Dios es siempre nuestro y debemos deleitarnos en Él.

Estamos expuestos a sufrimientos, a penalidades (Hechos 14: 22) y si no nos deleitamos en Dios no

vamos a poder soportarlo. A veces las luchas y sufrimientos parecen más grandes que el deleitarnos en Jehová.

Si nos deleitamos en Él vamos a poder soportar todo lo que venga. Tenemos que deleitarnos en Jehová y que él

nos hable claro. Un día vamos a morir, este cuerpo va a morir, así que nos tenemos que deleitar en Jehová y no

dejar que lo que está a nuestro alrededor nos robe la fe. Un día estaremos con Él, pero sepamos que nos es

necesario aquí en la tierra probar el deleite de que Dios esté con nosotros y sus cuidos como nuestro Padre.

Jehová se preocupa por nosotros. Nos deleitamos en Él porque somos sus hijos. Llegaremos al Cielo y

si en la tierra no aprendemos a deleitarnos en Él, ¿qué vamos a hacer allí? Aquí en la tierra practicamos el

deleitarnos y gozarnos en Él. En todo deleitémonos solo en Jehová y entonces Él concederá las peticiones de un

corazón que le conoce. Él es nuestro deleite, Él es nuestro descanso y hemos aprendido a decir que estamos

vivos y que las penalidades son parte de este reino terrenal. Seamos guerreros, sepamos luchar, batallar. Los

que queremos que Dios sea glorificado debemos deleitarnos así mismo en Jehová porque a su tiempo Él

contestará las peticiones de nuestro corazón.

A veces en vez de deleitarnos en Jehová nos estamos quejando. Enfrentemos la vida como es, luchando.

El gran predicador inglés, Spurgeon decía: "no luches en contra de tus enemigos, la batalla no es nuestra sino de

Dios" Dejemos de vivir angustiados y atribulados sino deleitémonos. Exodo 14:14 Jehová peleará por nosotros

y estaremos tranquilos. Ningún deseo que esté en nuestro corazón que sea malo y perverso se lo podemos

presentar a Dios. Pues, se nos envía a hacer el bien. El poner nuestra delicia en Jehová es un deber, un

mandamiento que nos da una promesa de que Él concederá las peticiones de nuestro corazón. No nos promete

satisfacer los apetitos del cuerpo sino los del corazón. Aspiremos a lo más íntimo, a lo más elevado del espíritu.

A veces el pecado lo tenemos oculto, callado. Encomendemos a Jehová nuestro camino, digamos la

verdad. Vs. 5 Jehová no puede contestar las peticiones de un corazón que no le ha presentado a Jehová su

camino. Nosotros dependemos de Dios. Él es quien nos bendice, entonces si queremos tener bien en toda

nuestra vida seamos transparentes. Que alivio cuando confesamos el mal porque entonces comienza Dios a

moverse a favor nuestro. Debemos confiar siempre en que Jehová será el que hará. Es mejor dejar en sus

manos los resultados, esperemos de Él sus bendiciones. Lo torcido de nosotros es lo que nos saca del camino.

Debemos activar la fe de que las bendiciones van a venir. Cuanto mas nos angustiemos peor nos será. Nuestras

fuerzas consisten en estar quietos porque Dios exhibirá nuestra justicia como la luz. Vs. 6 No nos desesperemos.

Jehová va a dejar en claro al calumniador. Si nos preocupamos en adorarle a Él, a su honor, entonces Él nos

cuidará. Es maravilloso cuando la fe aprende a resistir la calumnia con calma para que la suciedad no

contamine nuestra fe.

Guardemos silencio ante nuestro Dios, seamos mudos. Vs. 7 Pero a nosotros lo que nos gusta es abrir

la boca. Delante de Dios no murmuremos ni nos quejemos y todo lo que sucederá será para bien de sus

escogidos. Jehová es el proveedor (Génesis 22: 14), todo lo que permite es para bien de nosotros. Si

esperamos en Él todo obrará para bien. Debemos guardar silencio de sumisión, no de coraje ni de ira. Tenemos

que determinar en nuestras vidas esperar en Jehová, descansemos en Él. No nos preocupemos por el que

prospera, esto no es nuestro problema, nuestro problema debe ser determinarnos en esperar en Jehová. El que

hace maldades, el tiempo traerá su mejor pago y se descubrirá quién tiene la razón. La lengua mentirosa sirve

solo para un momento y la verdad es hija del tiempo. En nosotros no debe haber ira ni enojo. Vs. 8

Si nos angustiamos por la prosperidad del malo es mal para nuestra salud. La lengua cava su propia

tumba. Los malos serán destruidos. Vs. 9 Que no nos preocupe el ladrón, el adúltero, el mentiroso, porque

éstos se convierten en una nube pasajera que pasa, son borrados por su propio exceso de confianza, etc. Vs. 10

Los espíritus de altanería se mueven para conquistar a los mansos, para azotarlos, darle golpes y arrinconarlos,

pero al fin y al cabo el manso será el que heredará la tierra. Vs. 11 El malvado verá el día de su destrucción.

Por eso, yo me deleitaré en mi Dios y Él me concederá las peticiones de mi corazón. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz