Mega Zoé
Estudio #0474Iglesia en las casas

David Dio Lugar a Su Carne y Desagradó a Dios

David Dio Lugar a Su Carne y Desagradó a Dios enseña a huir de la tentación y vivir en santidad.

Antiguo Testamento2 Samuel6 min lectura

En la carne, en esa condición humana que quiere estar desligada de lo espiritual si no velamos y si no tememos a Dios en ella está la destrucción. A veces pensamos que nuestra destrucción podría estar en alguien, por eso siempre buscamos a quien acusar por lo que nos sale mal, pero la realidad es que algunos dejan de buscar a Dios por lo que hay dentro de ellos, las pasiones impuras, la concupiscencia que está dentro. Hay que buscar que nuestra carne sea destruida. Si no lo hacemos ella nos destruirá, hay que abrir los ojos. Eso le sucedió a Sansón (Jueces 16: 16,20). Debemos preocuparnos en cuidarnos nosotros mismos para que la carne no sea la que nos destruya y poder alcanzar la vida eterna. Hay una realidad de que hay un infierno. Las Escrituras son avisos. La Palabra es muy precisa, hay que examinarla y estar pendientes de cómo caminamos.

David fue un hombre que según dice la Palabra tenía un corazón conforme al de Dios. Nuestra vida es una guerra constante, pero tenemos que entender los avisos que nos dan las Escrituras para que nos cuidemos constantemente observando y vigilándolo todo. Cuando nos descuidamos y no podemos cumplir los propósitos de Dios entonces se tendrá que sufrir y padecer mucho. En el sentido espiritual, todos tenemos que ir a la guerra. Pero, para David era el tiempo de ir a la guerra terrenal con su ejército, tenía que estar batallando por un pueblo, por Jehová su Dios. Nuestra vida no solo se compone de trabajo, comer, respirar, batallar es parte de esta vida y es hasta gastarnos. De qué nos vale poseerlo todo y finalmente perder la vida eterna. Nuestra estabilidad y firmeza no es por la fuerza que tengamos, sino por cultivar nuestra relación con Dios.

Si David hubiese estado en la guerra no se hubiese expuesto, no hubiese tenido ningún momento ocioso. Nosotros conquistamos cuando estamos haciendo lo de Dios y nos olvidamos del ocio. David cayó en la trampa del pecado, cayó postrado sobre el pecado del adulterio. Todo por ser negligente en los asuntos del gobierno de Israel, encargando a otros que hicieran su trabajo de estar al frente de la batalla. No te descuides nunca.

Se dice que, "La cama de la pereza resulta con frecuencia la cama de la impureza" El ocio se convierte en todo lo que es impuro y el peligro es que cuando se comienza en eso, nos gusta, nos acostumbramos a esto y lo aceptamos como si nada. Job había hecho pacto con sus ojos para no mirar la mujer ajena. Job 31:1 Así que unos ojos sin control, saltones van a mirar lo que no deben mirar. David no había hecho pacto con sus ojos y un hombre, una mujer santos hacen pacto con sus ojos que no han de mirar lo que no corresponde. El pecado, la condición del hombre va degradándose por etapas y en un momento se deja a Dios. Lo que nos puede alejar de Dios es el pecado y la etapa final es el infierno. Escapemos por nuestras vidas y seamos diligentes.

Cuando David vio a aquella mujer, como no había hecho pacto con sus ojos, concibió inmediatamente el pecado por su concupiscencia. De ahí que como resultado, David degeneró su descendencia, la deformó con su impureza. Su única ventaja fue que se humilló delante de Dios, pero su castigo lo siguió hasta el final de sus días. Nuestro caminar habla por sí solo, si somos inocentes o no. La tentación está ahí, siempre presta para buscarnos y hacernos presa suya, si nos descuidamos y cedemos a ella nos echa lazo y se da a luz el pecado.

Urías era uno de los mejores soldados del rey. Se había expuesto por el honor y la seguridad del reino. Cuando caemos en la tentación es una vergüenza y ensuciamos también a los que están a nuestro alrededor y contaminamos lo puro. Buscamos como limpiar nuestra conciencia con alguien, pero mejor busquemos donde están nuestros pies metidos. Urías se había tenido que enterar de lo que estaba pasando. Tal vez su corazón se cerró para decir que le tocaba la muerte. A aquella mujer le tocaba ir a un tribunal por su adulterio, pero fue muy astuta y le envió mensaje al rey de que estaba embarazada. Lo que le fue a David un momento de placer se le convirtió en grandes preocupaciones. ¡Qué triste, decidió acabar con un inocente, con Urías!

Joab era el general del ejército del rey David, pero era un hombre severo y malo. David para cubrirse del mal que había hecho usó todo método bajo hasta el punto de embriagar a Urías, pero esto no pudo destruirle sus principios ni su convicción de la verdad que había recibido. Cuando David vio que no pudo con su plan entonces decidió eliminarlo. Cuando el plan del pecador no se cumple, busca cómo destruir y lo más fácil es destruir lo que le redarguye, hoy día lo que es pastoral para quitar la esencia de la Palabra. Urías era tan inocente, valiente, dispuesto a morir por el honor del rey. Sin embargo, el mismo rey planificó matarlo de la forma más sutil. Urías llevó su sentencia en sus manos, se abusó de su valentía, de su lucha fiel por su nación y por su rey. Urías murió a consecuencia de un momento de placer del rey. Cuando no hemos podido dominar nuestra carne sino que ella se apodera de nosotros se engendra la maldad y se llega a extremos de matar. A Urías se le había terminado el tiempo, sabía lo que David quería. Con esta vivencia bíblica se deja una clara marca de cuan ruin y depravados podemos ser cuando somos dominados por la carne.

Betsabé había contaminado su cuerpo con el rey, pero Urías demostró su integridad y valentía. El honor es algo violento; pararse frente a la batalla aunque se perezca. David perdió guerreros valientes gracias a su carnalidad, concupiscencia y ocio. ¿Qué dejamos ver qué hay dentro de nosotros? Urías dejó ver que amaba la Iglesia, al pueblo de Dios. David hipócritamente escondió su culpabilidad. Fue desagradable delante de los ojos de Jehová por su adulterio con Betsabé, sus falsedades, el asesinato de Urías. El hombre y la mujer que no han amado la rectitud no pueden llevar a sus hijos a la rectitud. Cuando no hemos amado la rectitud se peca y se llega al homicidio. En la vida se piensa lo que se quiere pensar, pero hay realidades que se cumplen. Cuando no conservamos la pureza contaminamos la casa, la que tendríamos que tener limpia.

Para que fuéramos salvos se pagó todo nuestro pecado por Cristo, entonces porqué no conservar la pureza y cuidar lo que tenemos que cuidar. El valiente es el que se para en el muro. Si no somos valientes no nos podemos parar frente al muro para ganar la guerra por la justicia. Un hombre íntegro sobrepasa delante de todos. Jesús perfecciona sus mandamientos en nuestras vidas. Seamos fieles a Dios. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz