En la carne, en esa condición humana que quiere estar desligada de lo espiritual si no velamos y si no tememos a Dios en ella está la destrucción. A veces pensamos que nuestra destrucción podría estar en alguien, por eso siempre buscamos a quien acusar por lo que nos sale mal, pero la realidad es que algunos dejan de buscar a Dios por lo que hay dentro de ellos, las pasiones impuras, la concupiscencia que está dentro. Hay que buscar que nuestra carne sea destruida. Si no lo hacemos ella nos destruirá, hay que abrir los ojos. Eso le sucedió a Sansón (Jueces 16: 16,20). Debemos preocuparnos en cuidarnos nosotros mismos para que la carne no sea la que nos destruya y poder alcanzar la vida eterna. Hay una realidad de que hay un infierno. Las Escrituras son avisos. La Palabra es muy precisa, hay que examinarla y estar pendientes de cómo caminamos.
David fue un hombre que según dice la Palabra tenía un corazón conforme al de Dios. Nuestra vida es una guerra constante, pero tenemos que entender los avisos que nos dan las Escrituras para que nos cuidemos constantemente observando y vigilándolo todo. Cuando nos descuidamos y no podemos cumplir los propósitos de Dios entonces se tendrá que sufrir y padecer mucho. En el sentido espiritual, todos tenemos que ir a la guerra. Pero, para David era el tiempo de ir a la guerra terrenal con su ejército, tenía que estar batallando por un pueblo, por Jehová su Dios. Nuestra vida no solo se compone de trabajo, comer, respirar, batallar es parte de esta vida y es hasta gastarnos. De qué nos vale poseerlo todo y finalmente perder la vida eterna. Nuestra estabilidad y firmeza no es por la fuerza que tengamos, sino por cultivar nuestra relación con Dios.
Si David hubiese estado en la guerra no se hubiese expuesto, no hubiese tenido ningún momento ocioso. Nosotros conquistamos cuando estamos haciendo lo de Dios y nos olvidamos del ocio. David cayó en la trampa del pecado, cayó postrado sobre el pecado del adulterio. Todo por ser negligente en los asuntos del gobierno de Israel, encargando a otros que hicieran su trabajo de estar al frente de la batalla. No te descuides nunca.
Se dice que, "La cama de la pereza resulta con frecuencia la cama de la impureza" El ocio se convierte en todo lo que es impuro y el peligro es que cuando se comienza en eso, nos gusta, nos acostumbramos a esto y lo aceptamos como si nada. Job había hecho pacto con sus ojos para no mirar la mujer ajena. Job 31:1 Así que unos ojos sin control, saltones van a mirar lo que no deben mirar. David no había hecho pacto con sus ojos y un hombre, una mujer santos hacen pacto con sus ojos que no han de mirar lo que no corresponde. El pecado, la condición del hombre va degradándose por etapas y en un momento se deja a Dios. Lo que nos puede alejar de Dios es el pecado y la etapa final es el infierno. Escapemos por nuestras vidas y seamos diligentes.
Cuando David vio a aquella mujer, como no había hecho pacto con sus ojos, concibió inmediatamente el pecado por su concupiscencia. De ahí que como resultado, David degeneró su descendencia, la deformó con su impureza. Su única ventaja fue que se humilló delante de Dios, pero su castigo lo siguió hasta el final de sus días. Nuestro caminar habla por sí solo, si somos inocentes o no. La tentación está ahí, siempre presta para buscarnos y hacernos presa suya, si nos descuidamos y cedemos a ella nos echa lazo y se da a luz el pecado.
Urías era uno de los mejores soldados del rey. Se había expuesto por el honor y la seguridad del reino. Cuando caemos en la tentación es una vergüenza y ensuciamos también a los que están a nuestro alrededor y contaminamos lo puro. Buscamos como limpiar nuestra conciencia con alguien, pero mejor busquemos donde están nuestros pies metidos. Urías se había tenido que enterar de lo que estaba pasando. Tal vez su corazón se cerró para decir que le tocaba la muerte. A aquella mujer le tocaba ir a un tribunal por su adulterio, pero fue muy astuta y le envió mensaje al rey de que estaba embarazada. Lo que le fue a David un momento de placer se le convirtió en grandes preocupaciones. ¡Qué triste, decidió acabar con un inocente, con Urías!
Joab era el general del ejército del rey David, pero era un hombre severo y malo. David para cubrirse del mal que había hecho usó todo método bajo hasta el punto de embriagar a Urías, pero esto no pudo destruirle sus principios ni su convicción de la verdad que había recibido. Cuando David vio que no pudo con su plan entonces decidió eliminarlo. Cuando el plan del pecador no se cumple, busca cómo destruir y lo más fácil es destruir lo que le redarguye, hoy día lo que es pastoral para quitar la esencia de la Palabra. Urías era tan inocente, valiente, dispuesto a morir por el honor del rey. Sin embargo, el mismo rey planificó matarlo de la forma más sutil. Urías llevó su sentencia en sus manos, se abusó de su valentía, de su lucha fiel por su nación y por su rey. Urías murió a consecuencia de un momento de placer del rey. Cuando no hemos podido dominar nuestra carne sino que ella se apodera de nosotros se engendra la maldad y se llega a extremos de matar. A Urías se le había terminado el tiempo, sabía lo que David quería. Con esta vivencia bíblica se deja una clara marca de cuan ruin y depravados podemos ser cuando somos dominados por la carne.
Betsabé había contaminado su cuerpo con el rey, pero Urías demostró su integridad y valentía. El honor es algo violento; pararse frente a la batalla aunque se perezca. David perdió guerreros valientes gracias a su carnalidad, concupiscencia y ocio. ¿Qué dejamos ver qué hay dentro de nosotros? Urías dejó ver que amaba la Iglesia, al pueblo de Dios. David hipócritamente escondió su culpabilidad. Fue desagradable delante de los ojos de Jehová por su adulterio con Betsabé, sus falsedades, el asesinato de Urías. El hombre y la mujer que no han amado la rectitud no pueden llevar a sus hijos a la rectitud. Cuando no hemos amado la rectitud se peca y se llega al homicidio. En la vida se piensa lo que se quiere pensar, pero hay realidades que se cumplen. Cuando no conservamos la pureza contaminamos la casa, la que tendríamos que tener limpia.
Para que fuéramos salvos se pagó todo nuestro pecado por Cristo, entonces porqué no conservar la pureza y cuidar lo que tenemos que cuidar. El valiente es el que se para en el muro. Si no somos valientes no nos podemos parar frente al muro para ganar la guerra por la justicia. Un hombre íntegro sobrepasa delante de todos. Jesús perfecciona sus mandamientos en nuestras vidas. Seamos fieles a Dios. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
David Dio Lugar a Su Carne y Desagradó a Dios
2 Samuel 11:26,27
“Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.”
En la carne, cuando no velamos ni tememos a Dios, está nuestra destrucción. David, un hombre con un corazón conforme al de Dios, se quedó ocioso cuando le tocaba ir a la guerra, y ese descuido lo llevó al adulterio y al homicidio. Estos son los puntos para la semana.
- Muchas veces buscamos a quién acusar por lo que nos sale mal, pero lo que aparta a muchos de Dios está adentro: las pasiones impuras y la concupiscencia. Si no destruimos la carne, ella nos destruirá.
- Nuestra vida es una guerra constante. Era tiempo de que David saliera a la guerra con su ejército, pero encargó a otros su trabajo; si hubiese estado en la guerra, no habría tenido ese momento ocioso.
- La cama de la pereza resulta con frecuencia la cama de la impureza. El ocio se convierte en lo impuro, y el peligro es que uno se acostumbra y lo acepta como si nada.
- Job hizo pacto con sus ojos para no mirar a la mujer ajena; David no lo había hecho. Unos ojos sin control miran lo que no deben, y de ahí se concibe el pecado por la concupiscencia.
- Para cubrir su pecado, David usó todo método bajo, hasta embriagar a Urías, uno de sus mejores soldados. Como no pudo, lo mandó a matar: así de ruin puede ser el que es dominado por la carne.
- David se humilló delante de Dios, pero su castigo lo siguió hasta el final de sus días. Lo que hizo fue desagradable ante los ojos de Jehová, y el que no conserva la pureza contamina su propia casa.
- Cristo pagó todo nuestro pecado para que fuéramos salvos; por eso conservemos la pureza y cuidemos lo que tenemos que cuidar. El valiente es el que se para en el muro a pelear por la justicia.
No te quedes ocioso: ocupa tu tiempo en lo de Dios y haz pacto con tus ojos de no mirar lo que no te corresponde.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
La Cama de la Pereza
2 Samuel 11:26,27
Para leer en voz alta con los niños
“Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: lo que hizo David le disgustó a Dios. El rey David tenía que ir a la guerra con su ejército, pero se quedó en casa sin hacer nada, y ese día de pereza le abrió la puerta al pecado.
- A veces culpamos a otros cuando algo sale mal. Pero muchas veces el problema está adentro de nosotros: en lo que queremos y en lo que dejamos crecer en el corazón.
- David era rey y tenía un trabajo: ir al frente de la batalla. Mandó a otros en su lugar y se quedó en casa sin nada que hacer. Ahí empezó el problema.
- Job le prometió a Dios cuidar lo que miraban sus ojos. David no lo hizo: miró lo que no debía mirar y tomó a la esposa de otro hombre, un soldado llamado Urías.
- Un pecado trae otro. Para esconder lo que hizo, David mandó a matar a Urías, un soldado fiel y valiente que no había hecho nada malo.
- David le pidió perdón a Dios. Pero lo malo que hizo tuvo consecuencias que lo acompañaron toda la vida. Él quiso esconderlo, pero Dios lo vio todo.
- Cuando estés aburrido, no dejes que la pereza te lleve a lo malo. Ocupa tus manos en ayudar, orar y hacer lo bueno, y cuida lo que miras.
¿Qué cosas buenas puedes hacer cuando estás aburrido?
Esta semana, cada vez que no tengas nada que hacer, escoge una tarea para ayudar en casa.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
