Cuando un creyente peca es como si se desgarrara ese miembro del cuerpo del cual él es parte. Es muy malo pecar, porque el que peca corrompe la unidad de los santos y nosotros somos la iglesia santa, el pueblo de Dios. Cuando no se está unido al cuerpo, que es la Iglesia, no se conocen los secretos ni el sentir de Dios en ella. Eso es cuando cada cual trabaja para sí. Cuando la unidad de la iglesia se rompe hay mucho mal, dolor, hay engaño. Un ejemplo de división en la iglesia es cuando un individuo piensa que tiene más pantalones que nadie, es decir se cree mejor que nadie y es porque se olvida quien es Dios. Personas así asumen unos riesgos grandes para sí mismos y causan muchos problemas al cuerpo, a los hermanos que componen la iglesia. Nosotros no podemos prestarnos para producir ninguna división en la iglesia del Señor, sino que debemos procurar ser mujeres y hombres espirituales poderosos en Dios. Pablo aconsejaba a Tito que al que causara división después de una y otra amonestación fuera desechado. Tito 3: 10 Una persona pervertida es aquel que se atreve a tocar lo puro, lo santo de la iglesia. A veces queremos trabajar con alguien así que nos está destrozando y haciendo daño. Tengamos cuidado. El tal se ha hecho un serio problema en la congregación. Personas así pretenden ser llamados a ser pastores. Pero, alguien que en verdad es llamado por Dios a un encargo pastoral tiene que tener un oído que nada le afecte. Hay que saber ver el peligro y donde está sin hacernos de la vista larga. Pablo califica a esa persona que busca lo suyo, traicionando al cuerpo, como un pervertido. Ese individuo pervertido peca habiéndose condenado a sí mismo. Su conducta es una perversión en la versión cristiana. Al pecar de esa manera se convierte en una secta en la misma iglesia. Se condena a sí mismo porque se aferra a su maldad después de ser advertido por los hermanos. A veces, ambiciones que no valen la pena las almacenamos en nuestro corazón para producir corazones pervertidos. Todo lo que causa división es como brazos y manos fracturadas en la iglesia, la cual se postra y no sirve para hacer la obra de Dios. No podemos permitir nada así en la iglesia del Señor. 2 Corintios 13:1-10 Nosotros los creyentes en Cristo somos una revolución en este mundo. Pablo deja ver muy claro que Jesús fue crucificado en debilidad, pero vive en poder. No nos podemos olvidar del poder que hay en Cristo y acordarnos siempre que están las personas atrevidas que vienen a la iglesia buscando lo suyo y si no lo logran vienen entonces por venganza. En lo que parezca débil de nosotros pues el problema y la situación nos pueden afligir, pero también sabemos que hemos resucitado en poder. Como iglesia debemos prepararnos y respetar el poder de Dios que está en nosotros. Debemos desechar lo que Jehová desecha. Pablo aclara su conducta, su comportamiento cuando va en contra de los obstinados pecadores. 2 Co. 13: 10 Cuando hay una obstinada tendencia de alguien a querer pecar, debe estar claro que si lo hace donde está Dios hay un gran peligro para su vida. Pablo dice que va a usar de severidad, va a ser fuerte con el que peca. Dejó advertencia clara y precisa de que habría una confrontación aunque haya pérdida. Hay situaciones que se hacen crónicas, por eso las cosas se tienen que trabajar a tiempo. Somos una iglesia que a través del mensaje nos vamos preparando. Hay ocasiones en que hay que dar cara a las situaciones desagradables lo antes posible. A veces, no nos gusta darle cara a las cosas difíciles. Nuestras victorias están al final, no pretendamos tenerlas todas ahora. Pablo quería hacerle ver claro a la iglesia que Cristo murió en su debilidad, pero resucitó con mucho poder. El apóstol quería mostrar a los Corintos que el poder que él disfrutaba era la unión con el Cristo resucitado. Hay cosas malas y que hacen mucho daño que nosotros como iglesia debemos estar en contra y no aceptarlas. Por ejemplo, Pablo tenía difamadores, gente que lo difamaba, que lo desprestigiaba. Lo ponían en balanza como apóstol. Lo querían someter a examen y pretendían que diera una prueba de lo que era como ministro de Dios. Pablo lucía ser un hombre que pareciera ser débil, pero era poderoso en lo que era haber conocido al Salvador. El detalle es que le servimos al Poderoso, al que pareció débil en una ocasión porque llevó todo nuestro pecado y condenación. Nosotros estamos en Él y le servimos a Él. Pablo le servía a Dios y no a los hombres, por eso nadie lo pudo persuadir a hacer otra cosa. Cuando somos sometidos a prueba para ver si Cristo está en nuestras vidas o no, lo mejor es examinar nuestra fe. Si ellos habían creído en la misma fe, ¿por qué le daban lugar a los perversos para traer división? Alguien que tenga fe no puede destruir al pueblo de Dios ni a ningún hermano. Pablo nunca fue derrotado, ni reprobado y ni mucho menos suspendido de este Evangelio. Pablo oraba por ellos y les amonestaba que no hicieran nada malo. Pablo, en el ejercicio de su ministerio siempre se apoyó en la verdad. Todo su afán era que los hermanos creyentes, aquellos que se llaman siervos de Dios fuéramos gratos delante de los ojos de Dios y que le seamos fieles. El empeño de Pablo era que los hermanos progresaran en madurez espiritual y llegaran a la perfección. Para llegar a la madurez espiritual no se logra en una mecedora sino con la verdad. Para nosotros poder ser personas maduras hay muchas cosas a las que darle cara y hablarle y reprender. Cuando Dios nos llamó comenzamos el camino y este camino santo y glorioso es hasta el final. Lo mejor para nosotros es la perfección. Pablo lo que deseaba era poder usar lo que el Señor le había dado para construir y no para destruir. Pablo tenía autoridad y quería que los hermanos de Corinto se levantaran como una iglesia poderosa. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
