Los amigos de Job no conocían a Dios, aunque con sus bocas hablaban de Él como si lo supieran todo. Es propio de la gente hablar de Dios como ellos piensan u opinan, pero el pertenecer a Dios es diferente. Hay una gran distancia entre el que habla de Dios y no le pertenece y el que en verdad es de Dios. El asunto importante aquí es, cuánto se conoce o no a Dios. Job tuvo grandes aflicciones. Pero, entendamos que las aflicciones por lo que llegan a nuestro cuerpo es porque hay que destrozar todo lo que hay dentro de nosotros. Nuestro ser interior necesita la aflicción para que seamos transformados y así seamos perfeccionados. A veces, vivimos un sinnúmero de aflicciones que son específicamnete para ir destrozando lo que hay dentro de nuestras vidas. Mientras, nos vamos desgastando para que Cristo venga por nosotros. A veces, esas aflicciones son como locuras que nos atormentan y que no nos dejan estar en paz.
Job tenía todo lo mejor de aquellas cosas que anhelaría cualquier persona en esta tierra, todos enmudecian al verlo. Pero, que nada nos llene los ojos ni el corazón, ¡lo único maravilloso es Dios! A veces pensamos que el éxito es lo que mantiene al hombre en paz, pero el éxito solo deja ver cuán insuficientes somos. Es que nuestra paz viene a nosotros solo por Cristo Jesús. El problema es que queremos manejar el mundo con nuestras fuerzas y conocimiento. Por eso, nos sucede lo mismo que le pasó a Job quien pensaba que podía manejarlo todo tan bien. Job vio que no podía manejar nada a su manera, sino que quien maneja el mundo es Dios. A veces opinamos y decimos, pero a nada llegamos con el mucho hablar. Peleamos con todo el mundo, porque pensamos en cómo deberían ser todos los que nos rodean. Por eso es el coraje, la molestia, el exceso de crítica. Busquemos qué es lo que nos hace actuar y pensar de esa manera. Pensamos que si todo nos va bien todo es tremendo, pero cuando nos llega la aflicción todo cambia y nos quedamos enterrados y le preguntamos a Dios, ¿Por qué? ¡La aflicción es para bajar la velocidad de esta vida que vivimos a la ligera!
Cuando nos llega el problema nos paralizamos. Muchas aflicciones son para hacernos morir a lo que hay dentro, donde hacemos tantos planes. Pensamos que cuando las cosas salen mal es porque estamos metidos en los juicios de Dios, pero Dios nos lleva así para que en nuestra carne recapacitemos y veamos que Dios está allá arriba. A veces, nos creemos que somos Dios y llegamos a conclusiones como si fueran el pensamiento de Dios. En ocasiones, por lo que tanto gritamos en nuestras oraciones, no es en verdad por el amor a eso que pedimos, sino por querer quedar bien ante la gente. Dios lo que quiere es que nos quedemos quietos y esperemos en Él. Lo que Dios hace es para nuestro bien. Y a veces nos queremos salir de ese proceso lo más pronto que podamos. Es que nos gustan las cosas rápidas. Dios quiere bregar en nosotros, pero el detalle es que no queremos parar. Dios quiere con nuestras vidas la humildad y mientras más humildes seamos más Dios trabajará en nuestras vidas y más bendición de Él vamos a tener. Digámosle a Dios que nos vamos a quitar de nosotros mismos para que Él haga. Pero no somos capaces de hacerlo, porque pensamos en ser los más grandes. Esa es nuestra naturaleza, por eso tenemos que vivir muchas aflicciones para ser enseñados por Dios.
Job 38:2, 40:2 ¿Hemos de contender con Dios y su sabiduria? El que tiene sabiduría no contiende con Dios. Es de guapos y de valentones el gustarle contender con Dios. Job 42:1 No nos metamos en esos terrenos de vanidad. Job entró a recapacitar y parece que dijo: "¡Me rindo!", ante el ilimitado poder de Dios y su sabiduría infinita. ¿Quién puede meterse con Dios? Los amigos de Job no lograron entender los procesos de Dios. En nada nosotros nos podemos dejar confundir con lo que oímos. Dios quiere hacernos entender lo que Él está pensando. Job, un hombre tan santo que agradaba a Dios, se enojó con Dios y eso lo hizo contender con Él. A veces, en nuestra aflicción nos enojamos con Dios y comenzamos a contender con Él porque pensamos que somos buenos. Hablar de Dios sin sabiduría es hacerlo por lo que se ha oído y no por lo que se ha visto. Para tener el conocimiento Dios Él nos tiene que llevar en un trato intenso. Dios le quitó todo a Job.
A veces, hablamos de acuerdo a lo que nos conviene o escuchamos, cosas que no son necesariamente verdades. Hay una lucha en nuestras vidas, medimos a Dios. En nuestras aflicciones no somos capaces de decirle a Dios que nos ayude sino que contendemos y lo desafiamos. Nada alterará el plan de Dios para nuestra vida. Él hace en nosotros como hizo en Job. Mejor es rendirnos al poder de Dios. Job era como nosotros, que nos paralizamos. Conozcamos mejor a Dios porque nada alterará su plan con nuestras vidas. Si Dios no trabaja en nuestras vidas no cambiaremos y nos vamos a perder. Job reconoció que Dios todo lo puede. Cuando Dios trabaja con nosotros, en muchas ocasiones no se puede entender. Cada aflicción que tenemos es un examen, una enseñanza que Dios nos da. Él hizo nuestro cántaro, entonces, puede romperlo y volverlo a hacer. A veces, nos turba el por qué tener aflicciones. Job soportó un largo y enloquecedor episodio de desgracia, de humillación, de congoja, de dolor físico y emocional. Fue degradado habiendo sido el hombre más grande de oriente. Lo que Dios tiene para nuesras vidas nadie lo puede quitar, pero nos es necesario morir.
Job 1:1 Job era un hombre perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Al final llegó hasta a aborrecerse a sí mismo. El día que nos aborrezcamos sabremos que no somos nada, nos echaremos a un lado y dejaremos que Dios haga. Aquello que no entendemos Dios nos lo quiere enseñar. Él solo quiere que nos dejemos caer en sus brazos para Él hacer. Los amigos de Job no tenían ninguna sabiduría de Dios. Se puede tener el mejor consejo, pero si no se tiene entendimiento de Dios, queda todo oscuro.
Job decía: "Yo soy el hombre y Él es Dios." El que entiende sabe que primero es Dios. Nuestro problema es que no nos aborrecemos sino que nos amamos cada día más y por eso opinamos. No somos capaces de decir como dijo Job: "Yo me aborrezco." Dios reprendió a los amigos de Job. Le molestó que no hablaron de Él con rectitud. Dios es Dios; no es como nosotros pretendemos. Fue la prueba completa de la inocencia e integridad de Job cuando Dios le concedió orar y hacer holocausto por sus amigos. El discurso de sus amigos era tan falso como malvado. Job 22:5 Los amigos de Job lo acusaron con mentira. Dios quería que Job entendiera que no había porqué contender con Él. Job tenía que perdonar si quería ser perdonado. En su tribulación y en su queja se autojustificó, pero fue liberado y Dios quitó su aflicción. Vayamos a Dios y saldremos como el oro. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
