Jesús plantó la iglesia en la tierra desde hace muchos años. Por lo tanto, tenemos una gran historia. La historia de la iglesia se puede comparar con el grano de mostaza, el cual comienza muy pequeño cuando se siembra, pero luego llega a crecer hasta hacerse un árbol. Así ha crecido a través de los años la Iglesia del Señor. El diablo ha intentado destruir la iglesia, pero no ha podido. La iglesia es del Señor. El interés de Dios es poner de su fuego en alguien que esté dispuesto a llevar el mensaje. En alguien que esté dispuesto hasta morir y amar las vidas como a sí mismo. Dios busca una buena tierra donde poner la buena semilla de mostaza. Nunca ha dejado de funcionar ese grano de mostaza. A nuestras vidas llegó el cielo como un grano de mostaza que se hace grande como un árbol frondoso. Hay cosas que no se entienden hoy, pero mañana las entenderemos.
El reino de los cielos tiene un comienzo muy humilde, pero nadie sabe hasta dónde y cómo culminará. El evangelio vino de la boca de los más humildes pescadores. Hoy día se ha pensado que el evangelio vino de los más sabios y no es así. Todo debe comenzarse muy pequeño. Una iglesia se levanta desde algo pequeño y con mucho esfuerzo, ganando las almas que están perdidas y que nos pertenecen. La iglesia se establece de acuerdo al estilo del cielo y no al estilo de nadie acá abajo en la tierra. El reino no es sino una pequeña semilla que nos ha sido sembrada y lo que nos corresponde a nosotros es hacer que crezca. El reino de los cielos no es para que nos hagamos orgullosos. Se nos olvida que levantar y desarrollar la iglesia no nos pertenece a nosotros sino a quien lo estableció, a Jesucristo.
El reino del cielo entró a nuestras vidas y nadie lo puede detener. Éste no deja de ser porque alguien se aparte. Ahí es donde está el peligro para los que titubean y se aflojan en la fe. El reino ha seguido creciendo y siempre lo seguirá haciendo. Por lo tanto, el reino de Dios en nuestras vidas es sagrado y por eso lo debemos cuidar. La obra del reino comenzó con Jesús en Nazaret. Dios lo trajo por amor a nuestras vidas. Él es quien da todo a una iglesia, la bendice, se manifiesta en el altar, sana, liberta, rompe cadenas. A pesar de la pequeñez del grano de mostaza al fin y al cabo es una semilla que tiene que brotar y crecer como le es propio. Así también, el evangelio es como una semilla pequeña e insignificante pero que brotó para dar vida, aunque mataron al que la trajo. Pero, Jesucristo resucitó e intercede delante del Padre por nosotros, gloria a Él. El que ha sido siempre el principio y semilla de este evangelio debe preservarse en nuestras vidas y en el reino.
El evangelio no requiere de alardes de oratoria y puede ser entendido aún por aquel que no tiene conocimiento de letras. A los ojos de los hombres del mundo el evangelio les parece insignificante, despreciable, pero como la mostaza que tiene un sabor picante y fuerte, éste produce impacto para cubrir las más profundas necesidades que podamos tener. El evangelio de Jesucristo ha producido un bienestar en todo. Nuestra sed personal solamente la ha podido saciar el evangelio y nada más. Nada puede llenar nuestras vidas como lo ha hecho este reino. La mostaza ha crecido, se ha desarrollado y se ha convertido hasta más que una hortaliza. Es un crecimiento fuera de lo normal. La planta normal de la mostaza es como un matorral, no como un árbol. No podemos ser árboles sino matorrales, pero el poder de este reino es establecernos como un árbol. La semilla siempre ha de verse como el humilde comienzo del reino.
Este árbol del reino creció y ahora, al parecer todo el mundo es cristiano. Como la planta creció y ahora hay altura en el árbol, las aves pueden depositarse en sus ramas y dejar nidos. Cuando la mostaza era un matorral, ella no podía cargar sobre sus ramas ningún nido porque éstas todavía eran flojas. El reino ha crecido tanto que ha llegado a alcanzar vastas proporciones. Pero, lamentablemente el renio, que es el árbol de mostaza, se ha llenado de malas aves. Esas aves son los impíos y hasta los cristianos "sabios" de hoy día, mientras que sabemos que el evangelio es para los simples. Todo el que viene a Cristo tiene que morir al yo, para que crezca la semilla del reino en su vida. El gobierno es uno de los que quiere ahora ayudar a la iglesia, pero eso no es bueno para el reino. El que estableció su reino es el que la bendice. Como iglesia debemos abrir bien los ojos. Nuestras vidas las tenemos que perfeccionar en este reino. Nos tenemos que levantar en santidad, pureza y búsqueda con Dios.
El reino ha llegado a ser en parte corrompido y a convertirse en uno donde se hace el nido de Satanás. Nos toca a nosotros cuidar este reino con fuerza. Lo que sucede es que hay muchos cristianos que le ponen poco interés al reino. Ha venido un crecimiento nada sano que no es para bien del reino, porque muchos de los enemigos de Dios han puesto sus nidos en las ramas del árbol del reino y para provecho propio buscan la sombra y los frutos del árbol. Hermano abre los ojos, somos una manada pequeña en medio de lobos. Tengamos cuidado de no participar de lo atractivo del lobo, porque éste trae la malicia con él. Cuidemos el reino, lo que Cristo nos encomendó y advirtió. Velemos y no estemos nunca más ajenos a esta verdad. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
