Mega Zoé
Estudio #0626Iglesia en las casas

Mediante Mi Fe, Jesús Calmará Toda Tempestad Que El Diablo Levante

Mediante Mi Fe, Jesús Calmará Toda Tempestad Que El Diablo Levante enseña a huir de la tentación y caminar en fe.

Nuevo TestamentoLucas6 min lectura

Siempre en el ser humano hay mucho temor. Cuando vemos que nuestra barca peligra y parece que estamos yéndonos a pique, hay una solución para nuestras vidas y esa es llamar a nuestro Señor Jesús para que nos socorra. Cuando leemos aquí en Lucas 8:22-25, podemos ver que mediante aquella tempestad el diablo quiso destruir al Señor y a sus discípulos con él. Si eso pasaba entonces se detenía la obra de Dios. De igual manera pasa con nosotros. Nosotros estamos en esta tierra con la encomienda de hacer la voluntad de Dios, hay muchas cosas que tienen que suceder y deben suceder por manos nuestras. Nosotros, al igual que Jesús y sus primeros discípulos le causamos problemas al diablo, por eso éste nos quiere destruir. Estemos claros en que el diablo puede venir en contra de nuestra persona, pero si lo resistimos tiene que huir. Santiago 4:7 Él está constantemente acusándonos delante de nuestro Dios. Apocalipsis 12:9, 10 La manera en que nosotros podemos alejar los juicios de Dios es invocando el nombre de Dios. Todo juicio debe pasar por encima de nuestras cabezas y no tocarnos. Si el enemigo lograba destruir a Jesús en aquel momento, entonces había que levantar a otro mesías. Pero, Jesús lo hizo huir con toda autoridad. Por eso, nosotros también necesitamos la voz de Jesús en nuestros oídos.

Hay momentos en nuestras vidas en los cuales no sabemos qué hacer. Pero, entendamos que nuestras vidas ya están escritas y lo escrito se tiene que cumplir todo. Claro, que eso depende de nosotros. Está en nosotros cuanto podemos invocar el nombre de Dios y estar firmes en el llamado. Nosotros somos los que en esta tierra dejamos ver quién es el que vence. Le demostramos al mundo entero que la fe está activa en nosotros aunque nos sentimos que nos vamos a pique. Aunque vengan muchas circunstancias que quieran apagar la fe, no permitamos que nadie nos la apague. 2 Timoteo 4:7 Cuando vivimos en mucha queja no nos damos cuenta de cómo Satanás se levanta en contra nuestra. Muchos se envuelven en las bobadas de esta vida presente y no ven aquello por lo que deben luchar.

Todo lo creado obedece a la voz de Dios. Esa voz de Jesús es la que resuelve todo, por eso la necesitamos para que nos saque de todo apuro. La fe viene por el oír la palabra y por eso el diablo no quiere que la escuchemos, para que no crezcamos en fe. Si eso nos sucede y retrocedemos en el creer con fe, entonces la caída es peligrosa. Cuando Jesús hablaba todo lo que estaba a su alrededor le obedecía. Solo el hombre rebelde rehúsa obedecerle y el mal es para sí mismo por no creer y no obedecer al Señor. El hombre mismo se echa sobre sí cadenas y muy malo es contender con Dios.

Para Jesús no había receso. En aquel momento estaba dormido y a los discípulos le correspondía cuidarlo. Comenzó una repentina tormenta y el terror se apoderó de ellos. Esta tormenta vino de parte de Satanás. Tenemos que saber cuando es que viene el diablo a atacarnos. Es necesario, que cuando una tempestad viene por parte del diablo sea detenida con el poder de Dios, porque sino perecemos. Quiere nuestro enemigo ahogarnos en lo profundo de la desesperanza y la falta de fe. Quiere robarnos la fe y sin fe no podemos servir. Con falta de fe somos inútiles porque no podríamos alcanzar las promesas de Dios ni hacer lo que nos manda. Sin fe no podemos oír la voz de Dios a favor nuestro. Es nuestra fe la que mueve a Jesús para detener a Satanás y echarlo fuera.

Los discípulos estaban en medio de la tempestad y se llenaron de terror. Cuando estamos llenos de terror lo que debemos hacer es invocar el nombre de Dios. La angustia es un sinónimo de la falta de fe y eso es lo que quiere el diablo que nos ocurra. Nada nos puede paralizar, nosotros somos luchadores. Hoy que llamar al Señor creyéndole que es poderoso para hacer maravillas. Es mejor que busquemos el momento de invocar el nombre del Señor y Él nos escuchará. Jesús toma nuestra tempestad, le habla con autoridad y ésta se tiene que calmar. La voz de Jesús tiene toda la autoridad para enmudecerla. Mateo 28: 18

El problema que tenemos es que cuando la angustia se nos apodera nos llegan los temores. Pero, el Señor nunca nos ha dejado desamparados. Cuando las angustias nos vienen, el Señor nos pregunta: ¿dónde está tu fe; qué ha sucedido? El por qué no actuamos y nos movemos en fe es porque, sencillamente estamos dando vueltas y vueltas en la barca. ¿Por qué como nos enseña Jesús, no le hablamos a la tempestad y la tranquilizamos? ¿Qué ha sucedido con la fe?

Cuando se invoca el nombre del Señor también las tentaciones tienen que huir. Si nos enfrentamos solos a la tempestad de la tentación perecemos, pero si lo hacemos con Cristo Él hace que éstas pierdan la fuerza y se vayan. El amor nuestro hacia el Señor debe ser mayor que a cualquier tentación. Bienaventurados los que no han conocido pecado. Nosotros nos enfrentamos a algunas cosas que no podemos conquistar, pero Jesús sí lo puede hacer. Por eso lo invocamos a Él y tenemos la fe de que Él lo hará en nosotros y por nosotros. Él conquista por nosotros lo que no podemos conquistar con los recursos terrenales que tenemos. Mientras más morimos a nosotros más Él puede hacer con su poder. Cuando Jesús conquista nuestro corazón las llevamos todas a ganar. Batallar por nosotros mismos con nuestros medios humanos es una batalla perdida, a menos que sea a Jesús a quien invoquemos y nos de la calma de la victoria. A todos nos llega la tempestad del dolor, porque es siempre el dolor el precio que pagamos cuando amamos. Lo que nos sostiene en el dolor es la mano poderosa de Jesús. Nuestra fe es solo en Él. No tenemos entonces por qué preocuparnos.

Hebreos 7:25 Jesús vive para interceder siempre por nosotros a la diestra del Padre. Entonces, ¿por qué en la tempestad echarnos a morir y por qué la falta de fe? Él vive pendiente de nuestras oraciones hasta que obtengamos la victoria en todas. Ninguna agua de tempestad puede hacer que nosotros naufraguemos. Estar en la barca con Cristo es vivir seguros. Los discípulos no valoraron suficientemente la magnitud del poder de Cristo. A veces vivimos atribulados mientras que Cristo está en nuestra barca, solo que no lo sentimos porque está dormido. Pero, una vez le despertamos cuando clamemos, no habrá tempestad que se resista a su reprensión. Así que las tempestades que nos llegan no son para perecer sino para aprender. Igual que los discípulos de Jesús, en la tempestad nos agarra el temor, pero cuando vemos que Jesús viene a nuestra ayuda entonces nos espantamos y maravillamos viendo el poder de Dios. Vivamos mediante la fe en nuestro poderoso Maestro. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz