El pecado contamina todo aquello con lo que entra en contacto. Al pecado no se le puede tener tolerancia, pero hoy en día al pecado no se le da ninguna importancia, se le deja y ya. El pecado lo que debe traer es lamentación y tomar medidas para erradicarlo. Ese es nuestro deber, tanto como para no admitir entre nosotros al que ha cometido males como los mencionados por el apóstol Pablo. "Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis." 1 Corintios 5: 11
Los corintios tenían jactancia del mal. ¡Gran cosa era ésta de parte de ellos! ¡Su descaro y atrevimiento era tal! Aquí está el problema de muchos inescrupulosos, los grandes atrevimientos y el descaro, aunque se lleven enredados a quien sea. ¿Qué importa?, dicen ellos.
Que lástima, hoy en día igual que en los corintios hay tanta jactancia en el pecado, tan fácil que se le hace a muchos. Cuando en la iglesia lo que siempre debe haber es la humillación hasta gastar todo ese ser interior que nos quiere echar a perder. ¿Y luego, qué hacen después de pecar a sabiendas? Se mueven a otra iglesia para entonces decir que otros son los que están mal. Así ensucian todo lo limpio del Dios santo. ¡Ay de ellos! ¡Cómo escaparán de la ira del Dios vivo! Si todos los que se llaman cristianos conocemos de la Biblia la misma enseñanza, entonces, ¿Cómo es que se habla distinto?
Se piensa que un poco de pecado es nada. Los de Corinto pensaban que habían pecado una sola vez. Pero, Pablo dice que un poco de levadura fermenta toda la masa. Un poco de pecado cae sobre toda la iglesia del Señor. La levadura aquí es una imagen del pecado. Y un pequeño pecado pronto crecerá y se expandirá hasta que toda la comunión queda gravemente afectada. Dice el teólogo W. Mac Donald, "Se precisa de una recta y piadosa disciplina a fin de mantener el carácter de la Iglesia." No hay ninguna gracia cuando con tu boca dices: "Eso no es nada, todos lo hacen". Las malas influencias pueden corromper a toda una sociedad. Muy bien dice el dicho: Mira con quién andas y te diré quién eres.
La solución para aquel que tiene un poco de levadura en su vida es que tiene que purificarse, nada se puede pasar por alto. Hay que determinarse a ser purificado por Dios. Hay que pensar que si no se saca esa levadura ella sigue fermentándose y leuda toda la masa. ¡Hace daño a toda la iglesia! Hay que hacer una severa acción contra el mal para que seamos una masa nueva. La iglesia de Jesucristo es una masa pura sin levadura, sin corrupción, porque si hay corrupción no seríamos de Dios sino del diablo. Es que el estado espiritual de una persona debe corresponder con su posición ante Dios. Somos su pueblo, así que vivamos como tal. Nuestro Dios nos mira tal como Él es, Él es tres veces santo: entonces espera ver en nosotros lo santo, recto y puro. Dice en I Corintios 5: 7 que somos sin levadura, Dios nos limpió al creer y arrepentirnos. Esa es nuestra posición en Cristo. Así que según "somos" sin levadura en nuestra posición, también en nuestro estado presente, debemos "estar" sin levadura. En nuestra práctica y forma de vivir hay que estar sin levadura, sin pecado. Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificado por nosotros. Así que, teniendo un sacrificio como éste no podemos contaminar nada. Pablo está pensando en la cena de la pascua para traer tal ilustración. En la Pascua se comía el pan sin levadura. En Éxodo 12:15 y 13:7 vemos que la ley estableció unas reglas que los judíos hacían y hacen todavía. El día antes de que empezara la fiesta de la pascua tenían que encender un candelabro o lámpara y buscar la levadura que había en toda la casa y tenían que quitarla toda. Ellos hasta lavaban el lugar donde se guardaba la levadura, para que no quedara ni rastro. ¡Esto da la imagen de la clase de separación del mal a la que está llamado el cristiano en el día de hoy!
Nuestro cordero pascual ya ha sido sacrificado. Es Cristo, cuyo sacrificio nos ha librado del pecado tal como el cordero pascual libró a los primogénitos de Israel de la muerte y de todo la cautividad de Egipto. Si dejamos la mala influencia en la Iglesia se corrompe toda ella, de la misma manera que la pizca de levadura leuda toda la masa. Por eso, hay que imponer una disciplina para bien de toda la iglesia. El cerrar los ojos a las ofensas no es lo más amable que se puede hacer, puede ser muy perjudicial. Hay que quitar el veneno antes que se extienda. Es fácil arrancar una mala hierba, pero si se deja se apoderará de todo el terreno.
Entandamos todos los que laboramos para Dios que el gran principio de la disciplina nunca se debe ejercer para satisfacción del que la impone, sino para el bien de la persona que ha pecado y de la iglesia entera, es la disciplina curativa no vengativa. Para poder tener siempre una fiesta en nuestras vidas no puede ser con levadura de pecado, con levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
