Abraham era un hombre obediente y manso, así pudo serle un cumplidor a Dios. Se le pidió el hijo y lo entregó porque su confianza era en Jehová y no en ningún hombre en la tierra. Abraham era obediente, manso, un hombre de fe; la altivez ni el orgullo tenían ningún espacio en su corazón. En el Capítulo 26:5 dice: "Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes…" Jehová mismo le habla a Isaac de su padre Abraham. Dios le dice que Isaac no iba a perecer porque de la descendencia de Abraham sería llena la tierra. No había nada que temer. Dios hizo pacto con Abraham. Un pacto es una mutua obligación de dos o más partes comprometiéndose cada una de las partes a cumplir sus obligaciones y compromiso. En este caso, del divino Dios con el hombre. Así que si Abraham escuchó la voz de Dios y obedeció al pacto que Dios hizo con él nosotros debemos conocer que estamos también bajo el pacto de la sangre de nuestro Señor Jesucristo y también debemos cumplir nuestra parte. Si nos descuidamos y tomamos por poco lo que Dios ha hecho por amor y destrozamos este pacto perdemos la eternidad y perdemos todo lo que es divino, las promesas, todo. El pacto con Dios es para siempre honrarlo, conservarlo y no romperlo nunca. Mediante aquel pacto Dios le daría a Abraham toda promesa de prosperidad. Sería padre de muchedumbre de gentes. Se multiplicarían las naciones y también los reyes que saldrían de Abraham. Dios mismo establecería el pacto, como le dijo: "entre mí y ti", para ser su Dios y Dios de su descendencia.
Canaán sería la tierra de la descendencia de Abraham. Entonces, la circuncisión fue adoptada por Dios como señal física del pacto entre él y su pueblo salido de los lomos de Abraham. Tan importante fue esa señal que todos los descendientes de Abraham fueron conocidos como: la Circuncisión. Moisés es un ejemplo y lo vemos en Éxodo 4:24 cuando Jehová salió a su encuentro y quiso matarlo. ¿Por qué? Moisés iba a dar el mensaje al pueblo sobre la ley de Jehová, pero él mismo tenía que aprender la obediencia. Moisés había fallado al pacto de Dios con Abraham al no haber hecho la circuncisión de su propio hijo. Él tenía que seguir el pacto de Abraham y cumplirlo. Tal vez Séfora, la esposa de Moisés no quería porque a ella posiblemente no le interesaba ese pacto. Pero, fuera así o no, Moisés sabía lo importante que era el pacto. Dios quiso matar a Moisés por la desobediencia. Cuando se alberga el pecado de la negligencia, que fue justo lo que le pasó a Moisés no queriendo circuncidar a su hijo, trajo para sí el peligro de la muerte. Claro, había entre Moisés y su esposa un yugo desigual, Séfora era una madianita (nacida en Madián). No había interés en ella de obedecer la voz de Dios hablada a Abraham. El yugo desigual hace que se quiera complacer primero a la pareja y no se guardan los pactos con Dios. Dios siempre va a dejar ver su desagrado pues las omisiones son: pecado. Somos hijos, eso era Moisés. Quien ofendió a Dios al no obedecer el pacto y no circuncidar a su hijo fue Moisés, no Séfora. El hombre rompe los pactos, Dios no.
En Mateo 26:27-28 dice: "Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del NUEVO PACTO, que por muchos es derramada para remisión de los pecados." Antes, la señal del pacto era la circuncisión, ahora es la sangre de Jesús derramada en la cruz, la cual recordamos en el jugo que tomamos en la santa cena. Cuando rompemos el pacto con nuestro pecado, ¡Ay Dios! Cuando Moisés falló al no cumplir con la circuncisión, quizás tuvo una influencia de Séfora que era una madianita, una extranjera ajena al Dios de Abraham. Si ahora en nuestros días tú también lo rompes con el impío; recuerda que a pesar de los impíos, ese es tu pacto. Que si bailas, ríes, cantas lo de ellos, fornicas, adulteras, etc. destrozas el pacto que Dios hizo contigo mediante la sangre del Cordero. Cristo tomó el pan y lo partió. Así fue roto su cuerpo, fue algo muy grande y doloroso como para que venga cualquiera y lo desprecie destrozando ese pacto. ¡Qué dolor! Es muy dolorosa la forma en que obtenemos el perdón de nuestros pecados. Cuando se rompe este pacto es porque se volvió a pecar.
Él fue herido por nuestras transgresiones (Isaías 53:5). Jesús dio su cuerpo para ser molido a favor de sus discípulos y de todos los creyentes. Nos toca a nosotros obedecer y cumplir con nuestra parte del pacto tal como lo hizo Abraham. Jesús dijo: "Tomad, comed, esto es mi cuerpo…", así recibimos la redención. Damos consentimiento al recibir el pan y la promesa de vida eterna. Entonces, no podemos romper el pacto. Estamos apartados para Dios y su reino, separados del mundo pecador. Se recibe el pan y lo comemos, esto deja ver la muerte de Cristo a nuestro favor. La copa de la gracia fue preparada para que la bebamos, entonces si rompo el pacto menosprecio esa sangre. Jesús dice: "Porque esto es mi sangre del nuevo pacto." Todo beneficio y privilegios que tenemos se deben a los méritos de la muerte de Cristo, su sangre derramada por muchos. Este pacto es de perdón para alcanzar la reconciliación entre Dios y los hombres. De dos es el pacto: Dios y tú.
I Corintios 11:27 Cuando se rompe el pacto de la sangre y el cuerpo de Cristo, será culpado del cuerpo y la sangre del Señor. Pruébese cada uno dice la Escritura, mira tú mismo si has roto el pacto. La santa cena no es una comida más, es una solemne cena ordenada por el Señor. El cuerpo de Cristo fue dado para que el pecado fuera quitado. Si no juzgamos sobre nosotros mismos y persistimos en vivir en pecado a la vez que participamos de la Cena del Señor vivimos una gran mentira rompiendo el pacto de sangre. Tomemos la cena entendiendo que el cuerpo del Señor fue entregado para que el pecado fuese quitado. Según I Corintios, alguna de esta gente no quisieron reconocer su pecado. Romper el pacto, con la ley, con los mandamientos es terrible, entonces les llega el juicio como les llegó a ellos. Caen enfermos y débiles. No juzgaron su pecado, no fueron enfrentados con tanto mal que había entre ellos, lo pasaron por alto y les llegó la muerte. El Señor se ve obligado a llevar disciplinas contra quienes rompen el pacto de sangre. Dios en su gran amor no rompe pacto con ninguno de nosotros, somos nosotros los que en carne destrozamos el pacto. Seamos fieles como Abraham lo fue, guardemos el pacto en la sangre del Señor. Cuidemos nuestro andar y todo lo que se nos ha dado. Son muchas las promesas y la vida eterna. Perseveremos en la fe y en el amor a Dios mediante la oración, el ayuno, congregándonos para nuestra edificación, sirviendo a Dios y siendo humildes y dóciles con nuestros pastores. Así cumpliremos el pacto y nunca perderemos las promesas dadas a Abraham y a su descendencia. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
