María era la joven comprometida de José, pero todavía la boda no se había celebrado. Era una joven que había sido pedida para el matrimonio, así estaba desposada con José. El desposorio era todo una ceremonia. Mateo 1: 18 La infidelidad por parte de los desposados era considerada como adulterio y pagada con la muerte. El estar una mujer embarazada solo tenía para la gente una posible explicación. Pero, esto se pensaba así porque nadie sabía el día en que iba a llegar el Redentor a la tierra a salvar a los pecadores de sus pecados. Así, tampoco hoy se sabe cuál será el día del regreso del Señor a buscar su Iglesia. Así que en aquellos gloriosos días nadie sabía que todo esto que ocurría en la vida de María y José era obra del Espíritu Santo. Eran muy pocos los seres que eran espirituales en aquel tiempo y que podían entender las cosas del Espíritu. Así que José tendría que hacer frente a todo esto en medio de su soledad, de su lucha con la incredulidad, enfrentándose a las grandes persecuciones del gobierno, de los religiosos, de sus amistades y de su familia. Además, tenía que luchar por conservar su honor.
José se entera en el tiempo del desposorio que María estaba embarazada. Entre ellos estaba el compromiso y luego vendría el matrimonio. En aquella época el compromiso se podía hacer aún cuando fueran niños y aunque nunca se hubiesen visto. El desposorio no se podía dar por concluido de ninguna manera, más que por el divorcio. Así que una nube de sospechas y escándalos flotó sobre María. Así que, para José lo mejor era darle el divorcio.
¡Qué gran misterio le tocó vivir! En ese misterio él no tenía nada, tan solo murmuraciones, sospechas y vergüenza. Así que, José no se podía sentir orgulloso por nada. Para los ojos del hombre común José era un hombre al que María le había sido infiel, pero para Dios era el hombre en silencio que Él había escogido para defender y cuidar a Jesús en su niñez. José, aún no tenía la verdadera explicación de la condición de María. Tal vez tendría indignación con María por dos cosas: primero por la evidente infidelidad contra él y segundo, aunque era inocente casi inevitablemente sería acusado de complicidad. Su amor por María y su deseo por la justicia le llevaron a la decisión de disolver el desposorio mediante un divorcio discreto. Mientras este hombre noble y amable hacía sus planes para proteger a María (porque él no sabía lo que el Espíritu Santo estaba haciendo en la tierra para bien del hombre) se le revela el ángel.
José, era descendiente del rey David, era hijo de David. Ese era su linaje. Se despertaría en él su linaje y entendería que de su linaje llegaría el Mesías, el rey de Israel. No había ninguna duda de la pureza de María. Su embarazo era un milagro del Espíritu Santo. Era la visitación de Dios para un hombre justo y piadoso. Por tal razón, a Dios se le hacía fácil revelársele y que él le creyera. La misión y el nombre de aquel niño que venía le fueron dados: Jesús, que significa: Jehová es salvación. Eso le decía a José lo que Jesús iba a hacer para su nación. Este niño del destino era el mismo Jehová visitando la tierra para salvar al pueblo de la pena de muerte, del poder del pecado y finalmente de la misma presencia del pecado. ¡Qué bien para José ser el escogido bajo las circunstancias que fueran! Como tuvo la intervención del ángel José abandonó su plan del divorcio. Su compromiso es hasta el final y se une a María para luchar lo que le tocara luchar. Al José tomar a María como esposa también tomó a su niño como su hijo adoptivo. Así fue como Jesús vino a ser heredero legal del trono de David.
Hay que fijarse en la forma en que José se entregó a cuidar a Jesús y a María. A él no le importó su propia vida. El nacimiento de Jesús fue donde Dios quería que fuera, en Belén de Judea. Miqueas 5: 2 Dios hace y mueve todo; no hay de qué preocuparse, hay que dejarse llevar hacia Su voluntad. Augusto César, el emperador romano, (Lucas 2:1) llevó por su decreto del censo a José y a María de Galilea a Belén, precisamente en el tiempo oportuno para que el Mesías naciese allí para el glorioso cumplimiento de la profecía. Belén estaba abarrotada cuando llegaron desde Galilea. El único lugar era el establo de un mesón, el establo de una pequeña hospedería. Solo una persona como José era capaz de ser tan manso como para seguir el camino de Jesús. No era un guerrero de ambición, ni tenía exigencia alguna, era tan manso que fue capaz de cumplir lo que se había escrito por más de 700 años sobre lo que sería el Mesías. Él cuidó las Escrituras para su cumplimiento con su humildad.
Mateo 2: 12, 13 Todo aquel que anda en la voluntad de Dios es inmortal hasta que haya acabado su trabajo. Jesús había de morir pero aún no era la hora. Un ángel vuelve a revelarle a José que vaya a Egipto. Al igual como se cumpliría su nacimiento siendo llevado a Belén, también sería llamado a ir a Egipto. Oseas 11:1 "De Egipto llamé a mi hijo." A consecuencia de enterarse del nacimiento del Mesías, el rey Herodes mandó a matar a todo niño de dos años para abajo. Mateo 2:16 Jeremías 31:15 "Raquel" tipifica a Israel y Ramá era un lugar cerca de Belén donde tuvo lugar la matanza. Vemos que José por su humildad cumplió palabra por palabra todo lo que le fue encomendado por Dios. (En cambio, hubo hombres como el rey Saúl que no cumplieron lo ordenado por Dios, como fue el caso cuando no quiso matar al rey y a los animales de los amalecitas y todo por su orgullo.) Luego de la matanza de los niños un ángel se le revela nuevamente a José para que vuelva a Galilea a establecerse en Nazaret. Los profetas habían dicho que sería llamado Nazareno. Así se cumple otra profecía porque vivió en Nazaret. José era un carpintero manso, humilde, dispuesto a ser guiado por la voluntad de Dios. Hasta cuando Jesús llegó a cumplir los doce años se sabe de José. Luego no se vuelve a mencionar. Así es que conocemos de uno que le gusta hacer la voluntad de Dios en silencio. Un gran ejemplo para cada uno de nosotros. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
