Mega Zoé
Estudio #0687Iglesia en las casas

Mi Alabanza A Dios Será En Todo Tiempo

Mi Alabanza A Dios Será En Todo Tiempo llama a perseverar en la oración y discernir la batalla espiritual.

Antiguo TestamentoSalmos5 min lectura

David escribió este salmo cuando sus enemigos estaban quietos. Los filisteos, constantes enemigos del pueblo de Israel, estaban tranquilos. Por ese lado todo estaba bajo control. Su hijo Absalón, quien le había hecho la guerra, también había muerto. Así que había calma para David. Por eso decía: Salmos 30:6 "En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido." Uno piensa que cuando todo está quieto es que todo estará bien. Vienen las felicitaciones, las grandes exclamaciones a favor de uno. ¡Qué próspero se está! Todos están maravillados del bienestar de uno. Por el contrario, cuando hay problemas, cuando hay luchas, cuando hay tristezas, cuando parece que todo está mal hasta se nos acusa y se nos dice: ¡Algo hiciste mal! Así se nos mide. Pero, lo que sucede es que en muchas ocasiones somos probados. Somos unos guerreros y no sabemos muy bien nuestra función sobre la tierra. Debemos aprender lo que el Señor nos quiere enseñar.

David estaba prosperado y todo parecía que le iba bien. Pero, en esa prosperidad era que estaba el momento del peligro, cuando todo parecía estar bien. Nos pasa a nosotros igual. Uno se congrega y todo está bien, se hace el trabajo para el Señor, las visitas, el trabajo de diácono, de líder, enseñamos a otros, etc. En el trabajo secular también todo está bien, en la casa hay prosperidad, ¡qué mucho bien tenemos! Cuando tenemos ese mucho bien, en esa calma, entonces puede surgirnos el momento del peligro. Ninguna tentación puede ser peor que estar en la tranquilidad. Nunca estaremos en mayor peligro que bajo la caricia del sol de la prosperidad. Por eso, me cuidaré y no seré zarandeado.

David se hallaba a salvo de todo peligro. Pensó que su prosperidad estaba tan fuerte y segura como una montaña. Decía en el salmo: "Me afirmaste como monte fuerte." Salmos 30: 7 David veía que nada lo podía estremecer, ya todo estaba sumamente seguro. Pero, ese monte no dejaba de ser de tierra. Dios ha fundado el mundo sobre las aguas para mostrar lo endeble, mudable e inconstante que es lo terrenal. Pobrecito el que edifica sus fortalezas sobre esta tierra. Pensar así el rey David era algo muy vano y engreído, es algo común en todos. Se encontraba en una absoluta confianza en esta tierra y en su prosperidad. Pero, de pronto se termina todo eso y cuando sucede se dice: "Escondiste tu rostro (y quedé desconcertado) quedé turbado". Le llegó la aflicción, nadie le golpeó al rey, solo bastó para David con que Dios le escondiera el rostro.

David necesitaba del rostro de Dios y eso deja ver que era un genuino siervo. Al impío no le turba que el rostro de Dios le sea escondido porque no lo conoce y como pecador eso no le turba. El gozo de los santos depende de la presencia de su Señor. Su alivio y socorro era que Dios estuviera y por eso le llamó. Salmos 30: 8 "A ti, oh Jehová, clamaré, y al Señor suplicaré." El monte había sido sacudido y Dios había escondido su rostro para David quedar desconcertado.

Los goces engendran confianza, la confianza da lugar al descuido y el descuido hace que Dios se retire. Eso da oportunidad para que Satán obre a escondidas. El porciento alto de los creyentes después de progresar espiritualmente somos derribados. Viene el descuido por causa del bienestar y de la calma espiritual. Por eso, ojo para no caer en ese error otra vez. Si Dios es nuestra porción, entonces no hay una pérdida en todo el mundo que nos sea tan dura y tan pesada como la pérdida de Dios. Somos turbados en gran manera cuando Dios no está a nuestro lado.

Pero, la oración es el recurso infalible del pueblo de Dios. Cuando un terremoto hace temblar nuestra montaña el trono de la gracia sigue firme y podemos ir allí. No te olvides de orar aunque te sea lo más duro. No dudes nunca del buen resultado de la oración. La mano que hiere puede curar, acudamos al que nos da el golpe, porque Él quiere oírnos. La oración triunfa donde todo lo demás falla.

"¿Qué provecho hay en mi muerte?" Salmos 30: 9 ¿Qué provecho había en su sangre? No había ningún problema con su muerte si trajese algún beneficio. Era mejor morir en el lecho del honor. "¿Te alabará el polvo?" En el sepulcro no se le puede alabar. Ni se puede declarar la verdad de Dios a los muertos. Cuando Dios nos libera y nos ayuda recibe muchas alabanzas. No es de alegría para Dios el vernos oprimidos por los enemigos, ni es ningún deleite para Él vernos fundiéndonos y desmayando bajo la terrible presión, pero todo esto nos lleva a la oración. Al debido tiempo Dios nos saca del aprieto.

A David le restauró el Señor a su anterior prosperidad. Sus oraciones fueron respondidas y su lamento fue cambiado en danza. Salmos 30: 11 y 12 Ahora había alegría después de toda la gran lucha que tuvo. Todo esto era para que el alma de David le cantara al Señor y no estuviera callada. Cuando vemos sus maravillas por las contestaciones a nuestras oraciones diremos: "Jehová, Dios mío te alabaré para siempre." Mi lengua, mi alma puede cantar alabanzas a Jehová y no estar en silencio. Sería un crimen vergonzoso si después de recibir las misericordias de Dios nos olvidáramos de alabarle. Dios no quiere que nuestras lenguas estén ociosas cuando hay tantos temas de gratitud a nuestra disposición. Él no quiere que sus hijos estén mudos en la casa. Han de cantar en el cielo y por tanto deben cantar en la tierra.

¿Que es alabanza? Es el arriendo que pagamos a Dios y cuanto mayor es la finca mayor debe ser el arriendo. Las quejas por el dolor se han convertido en alabanzas para Dios con la intención de que éstas continúen por siempre. De todo esto debemos aprender para acomodarnos a las diferentes circunstancias en que nos pone el Señor. Seamos constantes en nuestras alabanzas al Señor, que sean siempre y en todo tiempo. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz