Mega Zoé
Estudio #0695Iglesia en las casas

Conocer Y Enseñar Sus Mandamientos Para Bien De Los Nuestros

Conocer Y Enseñar Sus Mandamientos Para Bien De Los Nuestros llama a atender la Palabra de Dios y cuidar la vida del hogar delante de Dios.

Antiguo TestamentoDeuteronomio6 min lectura

Dice en Mateo 28:20: "…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado." Todos debemos conocer bien los mandamientos del Señor, sus mandatos y hacer lo que se nos instruye. Debemos conocer los mandamientos del Señor para ponerlos por obra. Muchos saben qué hacer pero muy pocos los ponen por obra. No es lo mismo saber y ¡HACER! que saber y ¡NO HACER! Para cumplir con los mandamientos del Señor hay que amarlo y querer estar cerca de Él. ¡Cuánto el pueblo del Señor debe estar unido al Dios al que le sirve! ¡Cuánto debemos estar apegados a Él! Dios quería que en aquellos comienzos el pueblo de Israel viviera en pureza y en justicia. El Señor quería que Israel fuera un pueblo obediente para que pudiera disfrutar a plenitud de la vida con Dios. Pero, para eso hay que vivir separados del mundo de pecado viviendo no para nuestros malos deseos sino para el Señor. Ellos vivían en Canaán, en una tierra llena de gente idólatra y malvada, pero el pueblo tenía muchas bendiciones y promesas de parte de Dios. Tú y yo vivimos en este siglo también rodeados de gente que vive muy lejos de Dios, pero agradecidos de que Dios también nos llamó y nos ha revelado a su Hijo Jesucristo dándonos vida nueva, una vida regalada con tanto amor y bienestares. Por eso, Jesús dijo con mucha claridad y también por boca de los apóstoles cómo es que tenemos que vivir. Así que, amado hermano cuánto más conozcamos los mandamientos del Señor mejor podremos conducirnos y vivir a plenitud nuestras vidas.

Moisés le dio al pueblo israelita instrucciones prácticas para vivir, para que vivieran del modo que Dios quería; deberían ser testigos al mundo entero de la gran verdad: que Jehová es el único Dios verdadero. Deberían amarle sobre todas las cosas y guardar su palabra. Con diligencia debían enseñarles estas cosas a sus hijos. Lo más importante es nuestra fe en Dios, le sigue a la fe la obediencia que le debemos a Él. Debemos aprender que Jehová es nuestro Dios, así crecemos en el temor a Él. Es al mismo Dios de Israel a quien amamos y servimos. ¿Por qué decir que le amamos a Él y luego le servimos a nuestra carne? Así se anula el decir que le amamos. No se ama de esa manera.

Cuando le somos fieles al Señor somos siempre protegidos y cuidados por Él. Si este conocimiento está en nosotros no tendremos en nuestras vidas idolatría de ninguna índole. Si tuvieses al Señor por tu único Dios serías capaz de amarle por encima de todo. No estarías de ninguna forma apegado a la idolatría de este mundo. Al único Dios Todopoderoso es a quien debemos servirle, a nadie más se le debe amar como a Dios. Cuidémonos de lo que amamos como si fuera Dios; mira que se ama con fuerza lo material, que se prefiere el odio antes que amar, que se apega uno a los caprichos, etc. Saca del corazón lo que quiere colocarse primero en tu vida antes que Dios.

Lo que se nos demanda para llegar a nuestra tierra prometida, que es el cielo, es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Ningún rey demanda de sus súbditos que amen, solo nuestro Dios. Otras religiones demandan el amor por sus dioses pero se quedan cortos cuando se trata de amar también a sus prójimos. Nuestro primer mandamiento es amar y todo lo demás también está basado en el amor. Así son todos nuestros deberes, se pueden cumplir mediante el amor. Pero, dejamos ver cuánto amamos a Dios cuando somos capaces de guardar y cumplir sus palabras.

No se puede amar lo que nos rodea más que al Dios que nos escogió. Si tienes deberes con Dios, pásalos a tus hijos para que ellos aprendan de ti y lo vivan. ¿Cómo educas en tu casa? Según has enseñado a los tuyos sobre el amor que dices tenerle al Señor así mismo podrás conservar y ver en tu casa ese amor que se le debe tener a tu Dios. ¡Cuidado! Que se enfría el amor y se marchita la palabra de Dios cuando no la enseñas en tu casa.

La meditación de la palabra es bien importante. Así lo dice Dios en Deuteronomio 6:6 "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón…" Hay que vivir en la palabra. Debemos enseñar las cosas santas a nuestros hijos. No se le deja eso solo a la maestra de la escuela bíblica; eres tú con tu vida y entrega a Dios. Repite a los tuyos lo que aprendes de la palabra. Que oigan de tu boca las cosas santas, no las grandes peleas en tu hogar sino que oigan ¡la palabra de Dios! Al repetir y repetir la palabra crecerá el conocimiento de ella. ¡Cuántas oportunidades tenemos para enseñar y no permitir que la sociedad y los farsantes enseñen a los nuestros lo contrario a la fe! Evitemos que ellos roben la fe a los nuestros para que no obedezcan a Dios. Mientras más nos familiarizamos con la palabra más la amaremos, la admiraremos y nos alimentaremos de ella. Entonces estaremos deseosos de comunicarla a otros, comenzando por nuestra familia. Debemos tener siempre presente la enseñanza de Dios. ¡Cuánto más tengamos y aprovechemos las enseñanzas del Señor nadie nos podrá engañar y sacarnos de la verdad!

Los israelitas tomaron bien literal el siguiente versículo: Deuteronomio 6:8 "Y (estas palabras) las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos;" Se amarraron en la cabeza y en las manos pequeñas cajitas que tenían dentro rollitos de papel con versículos de las Santas Escrituras. Esas cajitas todavía existen entre los judíos y se les llama filacterias. Ellos amarraban la palabra físicamente al cuerpo, pero si tú en tu casa te detuvieras un momento de tus diarias ocupaciones y buscaras en la Biblia, por ejemplo: el Padre Nuestro y así mismo otros pasajes bíblicos y los leyeras con los tuyos, eso te llevaría a ver Sus promesas y llenarías tu vida y la de los que amas. Dios quería que las vidas de los hombres fueran controladas por la ley para que nada los separara de Él y siempre tuviesen su favor. Lo que los judíos tenían amarrado en sus manos y entre sus ojos era la ley. Entre los ojos está el centro de la frente, refiriéndose el Señor a la mente para que la cabeza del hombre esté controlada por la ley. Las manos tendrían también la palabra amarrada a ellas para que así sean ligeras hacia lo puro y bueno, no tocando ni haciendo lo sucio, o lo deshonesto, ni lo perverso. También la palabra entre los ojos evitaría así lo malo de lo que miran los ojos, para que no fueran descarados sino controlados por los mandamientos de Dios, para que hubiese pureza y el amor los detuviera de hacer cosas deshonestas. Todo esto tan gráfico lo hacía Dios con su pueblo Israel, su pueblo escogido, para educarlo y encaminarlo hacia lo bueno y lo justo. Preparaba el Señor un pueblo para buenas obras, un pueblo digno y elocuente en conducta, en justicia y pureza. Hoy Dios hace igual con nosotros, somos su pueblo y Él nos instruye día a día en justicia y santidad para que seamos luz en medio de las tinieblas, sal de la tierra, su pueblo único y escogido para su gloria. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz