Job estaba muy resentido de su aflicción. Un gran dolor le abatía por la gran tragedia que le había sobrevenido a él y a todos los suyos. Job le responde a su amigo llamado Bildad, que aunque le estaba hablando para humillarlo, Job no deja de ser un caballero en su respuesta. Pone a Dios en alto, habla de él humildemente. El amigo le quiere hacer ver a Job que está hablando demasiado (Job 8:2), pero Job no le respondió. En Job 9:2 dice: "Ciertamente yo sé que es así y ¿cómo se justificará el hombre con Dios?" Cualquiera puede pensar que es una queja de Job hacia Dios. Podría ser que cualquiera que estuviese en la posición de Job lo diría en quejas. Pero, hay que conocer el espíritu manso de Job y de ahí partir; era una piadosa confusión de la pecaminosidad del hombre y de la suya, él da a entender que si Dios nos tratase como merecen nuestros pecados estaríamos perdidos.
Job entiende que nadie puede contender con su Hacedor. "Si quisiera contender con Él no le podría responder a una cosa entre mil (Job 9:3)." En los capítulos 38 y 39 cuando Dios le habla a Job desde un torbellino y le hizo múltiples preguntas, Job no le pudo responder ni a una sola de ellas. Dios puede acusarnos de miles ofensas y no podemos responderle para excusarnos de una sola de ellas, seríamos culpables de todo. Dice en Job 2: 4 "¿Quien se endureció contra él y le fue bien?" "…El es el sabio de corazón…" No hay nadie que se haya enfurecido con Dios que le haya ido bien porque ha tenido que pagar su insensatez. Él es el sabio y poderoso y no podemos responderle ante su ley ni podemos luchar con Él.
El Diablo quería y por tal razón esperaba que Job fuera capaz de maldecir en su aflicción, pero al contrario Job honró a Dios y habló altamente de Él exaltando el poder y la soberanía de Dios. Este Dios de la naturaleza es poderoso y actúa con poder incontrolable haciendo lo que le place, pues Él lo ha creado todo y todas las cosas creadas dependen de Él. Nada es más firme que los montes, sin embargo Dios los puede mover y trastornar de tal forma y con tal rapidez, que bien pudo decir Job en bella personificación, que no se enteran de quién los trastornó (Vs. 5). Hace temblar la tierra en terremotos hasta sacudirla en sus cimientos (Vs. 6). Oscurece el sol con eclipse y nieblas. Guarda bajo sello en un recipiente cerrado, por medio de las nubes a las estrellas (Vs. 7). ¡Así es el poder de Dios! En rectitud no hay sobre él y su naturaleza es bondad.
Acordémonos que Job lo ha perdido todo y que si Dios puede con las estrellas, la tierra y el sol y todo lo demás, así Job entiende lo que es él. Cuando uno está afligido se siente como muerto. Job está en su gran aflicción, tú y yo leemos la historia y podríamos hablar, pero no es lo mismo cuando uno es el que lo vive. Job lo que quiere es el favor de Dios para pasar aquella copa amarga que estaba bebiendo. En la aflicción se piensa que algo malo se ha hecho y que Dios está en contra de uno. Job entendía que todo se rendía ante el poder de Dios. ¡Qué puede hacer él, un pobre hombre puesto en tan lamentable estado! No quiere justificarse delante de Jehová. Así que va a buscar la clemencia de Dios.
Job se siente estar en el gran juicio de Dios contra su vida. Quiere que Dios escuche su causa. Si Dios le contestara es porque a Dios le ha placido. Job está desesperado y no encuentra aliento para su vida, se siente como un miserable por lo que está viviendo. Él no encontraba causa o razón para tanto castigo de Dios sobre su vida. Pero, lo peor era que Job no podía resistir ni a la fuerza ni a la sabiduría de Dios. ¡Grandes verdades que nos debemos aplicar todos! Aún pudiendo comparecer ante el tribunal de Dios, Job no podía alegar nada (Versículos 19-20) a favor de sí. Su boca no podría hablar palabras para probar que era inocente porque Dios le haría ver que no era intachable, que no era tan inocente como él se creía y que su vida era despreciable.
¡Lo cierto es que toda persona buena que conozca lo engañoso y perverso que es el corazón humano (Jeremías 17:9) ha de sospechar que alberga en su interior más ponzoña de la que él tiene conciencia y por tanto jamás tratará de justificarse ante Dios! Cuando seamos llamados al trono vayamos sin miedo de ser condenados. Sepamos que hay una causa por la cual somos llamados y que por ella podríamos ser condenados, es mejor ir ante Dios ahora en vida, aunque nos duela porque Él hará justicia. Mucho más, en este tiempo Jesús será nuestro Abogado, nos defenderá y nos hará ver de lo que hay que arrepentirnos; nos ayudará a corregir lo que estamos haciendo mal y llegaremos a Dios perfectos. Pero, primero, ¡vivamos las pruebas! Démosle frente sin sorprendernos ni quejarnos. Aprendamos de Job, quien vivió su prueba intensamente, Dios nos enseña sobre él en su Palabra para bien de nuestras vidas. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
