Anoche me hablaban de una iglesia que fue cerrada y que se llamaba "Fe es la Victoria". Hace unos días en aquella iglesia estaban vendiendo los instrumentos musicales que se usaban en el altar. Es triste, esto sucedió porque el que era pastor de esa iglesia decidió dejar lo que tenía para buscar otra esposa que no era la de Él, otros hijos, otra casa, otro pueblo y al fin al cabo, otro Dios. Ahora, allí la fe no es Victoria para él, porque ya la fe en Dios no existe en su vida. Cuando la fe deja de existir y se deja de creer, por ende se deja de esperar en los milagros y en las maravillas que hace el poderoso Dios en uno. Cuando no hay fe se vive al filo y caída de un barranco, hundidos en un gran hoyo. Cuidemos con todo el corazón y con todas nuestras fuerzas nuestra fe que es por el Señor Jesucristo.
Para aquel tiempo de los apóstoles los milagros sucedían en la calle y en todo lugar. Pedro y Juan subían a las tres de la tarde caminando hacia el templo a orar. Ellos oraban diariamente porque Jesús era la vida y motivación de ellos. En aquel tiempo del comienzo del cristianismo todavía no se había roto el enlace que había entre los nuevos creyentes y el judaísmo. Era el comienzo de la formación de la Iglesia. La separación del judaísmo para ajustarse al Camino de Cristo, aquella transición no se hizo de forma brusca ni rápida. Todavía ellos no podían ver las cosas tan claras como tú y yo las podemos ver ahora en este tiempo que tenemos la revelación plena del Nuevo Testamento.
Mientras Juan y Pedro caminaban a orar unos hombres llevaban cargando a un cojo de nacimiento haciéndole el favor de llevarlo al templo a pedir limosna. Así que Pedro y Juan se toparon con aquel hombre necesitado en el lugar donde acostumbraba a mendigar. Él se contentaba con pedir la limosna; ya había perdido toda esperanza de caminar y vivir una vida mejor. Así fue, hasta que llegaron a su lado hombres con fe. El apóstol Pedro le fijó los ojos, lo hizo porque en él Dios quería hacer un milagro. Cuando vives por el Espíritu, como lo hacían Pedro y Juan, sabrás también cuando Dios quiere hacer un milagro a través de ti, en la calle, en tu trabajo, en la escuela, en tu vecindario, etc. Fijarás tus ojos sobre aquellos a los que Dios quiere bendecir; no es a lo loco que miramos, no es a la deriva, sino que Dios tiene preparadas para nosotros a las personas que el bendecirá mediante nuestra fe. Pedro le dice: "¡Míranos!" Quería la plena atención del mendigo. Dios tenía para él más que una limosna, era una curación completa. Para todos los que presenciaron aquello, el milagro fue lo grande, pero Pedro quería más que nada que conocieran a Jesús. Un Jesús que ya muerto y ahora resucitado fue el que dejó de herencia, para todo el que cree en Él, de la fe que es por Él. Esta fe obtenida por todos los que creemos ha sido para bien de aquel lisiado y de los muchos que han recibido también sus milagros.
Vemos que Pedro habla de: ¡LA FE QUE ES POR ÉL! Cuando lo necesitamos Él está ahí. No es aquel cojo que fue sanado quien debe llamarnos la atención sino aquel ¡JESÚS, DE QUIEN NOS LLEGA LA FE! Lo importante es conocer la fe. Es vivir en esa fe para todas las cosas en nuestras vidas. Cuánta desesperación, ¿por qué?, si Él llegó para que venciéramos en nuestras vidas. Había que quitar la total atención hacia el cojo porque los aplausos, el testificar y todo lo demás se lo iban a dar a él y no al Señor, de quien es el poder y la grandeza y fue quien hizo el milagro. Así que, Pedro tenía que llevar a todos aquellos que presenciaron la sanidad del cojo al verdadero autor del milagro: a Jesús, a quien ellos habían rechazado. Así pasa; se nos llenan los ojos con lo que está frente a nosotros sin ver al gran autor y dador de la fe, igual que le sucedía a aquel pueblo. Entonces, por la dureza de los corazones se rechaza al Señor, se le niega y se le lleva a la muerte. ¡Que no sean duros de corazón y ciegos los que ven y oyen estas cosas que Dios hace!
Jesús es glorificado en el cielo. Por la fe en su nombre es que llega el milagro que se le pide a Dios. Ahora había un milagro porque había un gran nombre: ¡Jesús de Nazaret! Pedro le hace reproche al pueblo judío porque no recibió a Jesús como Mesías. En estos tiempos, muchos tampoco lo reciben. Entregaron a Jesús a los gentiles, a los impíos para que lo burlasen, le tiraran piedras, lo maltrataran y lo ensuciaran. Así pasa cuando dejamos al Señor por no darle el primer lugar que Él merece. Los judíos lo negaron delante de Pilatos. Pero, ¿cuántas veces lo niegas delante de tus amigos, de tu familia y de todos, luego lloras y te lamentas? Negaron al Santo y al justo y pidieron que soltaran a Barrabas, un homicida. Ahora digo yo, ¿cuántas veces traicionamos al Señor y defendemos al homicida, quedando libre el malo y a Jesús lo volvemos a llevar a la cruz acusándole? ¿Qué es? ¿Que la santidad que Él pide es muy fuerte? Mataron al Autor, al Príncipe de la vida, al que hizo todo para darles salvación y por quien se puede obtener la fe. Aceptemos sus milagros y su doctrina y mandamientos igualmente.
Nuestra fe es en SU NOMBRE. El que dio la sanidad a aquel hombre fue el mismo que ellos habían crucificado. Su nombre tiene poder para hacer milagros. Dios usa al que tiene fe en el nombre de Cristo. La fe existe en nuestras vidas porque nos es dada por Él para que podamos mover montañas, sanar, libertar, abrir puertas y cerrar. La fe te ha llegado por Él. Como había ignorancia en el pueblo Pedro tenía que hablarles del bien que había en la fe para que ellos comenzaran a disfrutar de todo el bien que trae la fe en medio de tantas dificultades. Pedro vio lo exaltado que quedaría Jesús por la sanidad de aquel hombre, de forma tal que se multiplicaría la fe en Él por todo el mundo y así llegaría también hoy a nuestras vidas. La fe que es por Él, esa fe es nuestra, Cristo tiene todo el poder: pues nada lo derrotó; ni que lo entregaran, ni que lo negaron y aunque pidieron un homicida a cambio; nada de esto lo detuvo. ¡Él hizo, hace y siempre hará para ti! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
