Tengamos muy claro del cuidado que debemos tener luchando siempre contra el pecado para que seamos obedientes al Señor. Nadie que quiere pecar puede ser obediente. Solo el que ya no quiere pecar es aquel que puede ser obediente. Puedes estar escuchando, hasta congregarte, pero si quieres pecar nadie podrá convencerte a ti de nada. En Cristo somos liberados del reino del pecado y presentados vivos para Dios (Romanos 6: 11). No puedo entender entonces que reine algo de la carne en el nuevo cuerpo de Cristo que está en uno. No puede estar en uno el pecado si Cristo está en uno. No puedo entender tampoco que le sea a algunos una razón de peso el separarse de la carne. Porque no podemos perder de vista que corremos en esta nueva carrera de vida dada por Dios, que nos movemos por el camino de la vida eternal.
Hay dentro de mí el deseo de la salvación más que cualquier otra cosa aquí en la tierra. Sé de cosas que tengo que hacer para Dios. Hay una eternidad que no puedo perder de vista, por eso no camino a mis anchas en los deseos de la carne. Dice la Escritura en Romanos 6:12, "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal." ¿Será que solo yo predico este mensaje? Pienso, que aquellos que quieren la eternidad hablan también tales palabras.
Cuando hay lujurias en alguien, eso quiere decir que no ha sido totalmente desarraigado el pecado del cuerpo mortal. En esta vida la preocupación del cristiano debe ser la de resistir las indicaciones del pecado. Hay que luchar con fervor para que por medio de la gracia divina no prevalezca el pecado en este cuerpo mortal. Si dejas el pecado en tu cuerpo vas a tener que obedecer a la concupiscencia (que son los deseos impuros y malos). No se puede llegar delante de Dios de frente y con la cabeza en alto cuando la concupiscencia tiene el dominio sobre uno, entonces se teme mirar a Dios de frente. No permitas que la concupiscencia te domine, ella es la que tanto daño te hace, la que te puede destruir y te puede separar de Aquel que te ha amado.
Si eres un verdadero cristiano, el pensamiento tuyo debe ser que ese estado pecaminoso y carnal (en el que reina el pecado y se obedece a las concupiscencias) pronto terminará. Dilo a tu cuerpo día tras día hasta que tu espíritu se entere y se convenza completamente de esa verdad y así tenga que morir a la carne. Sí, hay que morir a esa lujuria que tan a menudo deja confundido al hombre. ¡Cuánta turbación hay en aquel que no vence su carne! No puede vivir tranquilo y en paz. ¡Cuántos pasos de locura! ¡Cuántas decisiones mal tomadas! ¡Cuántas ruinas! Y lo peor, ¡la pérdida de la eternidad! No presentes tu cuerpo al pecado. Presentemos nuestros miembros como armas o instrumentos de justicia a nuestro Dios (Romanos 6: 13).
Mi hermano, sepamos todos que estamos listos para guerrear por nuestras vidas para la salvación. Estamos al servicio del Señor en esta obra de justicia. ¿A quién es que le servimos? ¿A Dios? A veces me pregunto a quién se ama más, a Dios o al diablo. Entendamos que hay poder para nosotros solamente en el pacto de la gracia. Y al diablo lo vencemos en el nombre del Señor. ¿Cómo entonces dicen algunos que pueden ser vencidos por el diablo? El pecado no tendrá dominio de nosotros si se guerrea, si luchamos en el poderoso nombre de Cristo. Lo que te hace caer es aquello a lo que le abras las puertas. Las promesas de Dios son para nosotros. El pecado puede que te angustie, pero no te puede dominar. Alguien que quiere ir al cielo el pecado no le podrá dominar. Los que se aprovechan de la gracia pero le gusta el pecado, lejos están de conocer la gracia. Lejos están esos pensamientos tan abominables que son contrarios a las perfecciones de Dios y al designio de su evangelio. ¡Cuidado!
Alguien me dijo en cierta ocasión que no podría ser de Mega Zoé porque no podía con tanto fervor para lo santo. Me dijo que fue llamado para otras cosas. ¡Imposible! El evangelio es para todos por igual. ¡Qué motivo puede ser más fuerte contra el pecado que el amor de Cristo! ¿Pecaremos contra tanta bondad y contra una gracia semejante? ¿Cómo entregaría mi cuerpo al pecado cuando tengo tanto amor de Cristo para mi vida? Esta gracia ha llenado mi vida de tantas cosas maravillosas; de salvación, de vida eternal, de una vida limpia separada para ejercer los dones y las bondades de Dios. Dios me ha dado a conocer la verdad, ha traído claridad a mi vida, me ha dado paz, gozo y la oportunidad de vivir junto a Él. Entonces, no puedo negarlo andando en pecados y obedeciendo a las concupiscencias de mi carne. Vivo y viviré para siempre amarlo, considerándome muerta al pecado y viva para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
