Mega Zoé
Estudio #0745Iglesia en las casas

Ya Jesús Ha Sido Glorificado

Ya Jesús Ha Sido Glorificado llama a vivir con la mirada puesta en la vida eterna y buscar la bendición de Dios.

Nuevo TestamentoJuan5 min lectura

Se estaba celebrando en Jerusalén la fiesta judía de los Tabernáculos. Esta fiesta anual había sido dada a Israel desde los tiempos de Moisés (Núm. 29:12). Se celebraba la fiesta haciendo memoria del pueblo de Israel cuando salieron de Egipto y moraban en el desierto en tabernáculos o tiendas. Ahora, en el tiempo de Jesús, se le había añadido una nueva costumbre a la fiesta, aunque la misma no se menciona en el Antiguo Testamento. Los judíos hacían una ceremonia de llevar agua desde el estanque de Siloé y derramarla en un cuenco de plata junto al altar del holocausto en el templo de Salomón. Esto lo hacían durante cada uno de los primeros siete días de la Fiesta de los Tabernáculos. Pero, al octavo día, que era el último de la fiesta, ese rito no se hacía. Por tal razón, les resultaría sorprendente a los que estaban allí el ofrecimiento de Cristo del agua de la vida eterna precisamente en ese día. Luego de la fiesta de los Tabernáculos se hacía la otra gran fiesta solemne de la Pascua que se celebraba aproximadamente unos seis meses después. Allí, durante la fiesta de la Pascua sería cuando llegaría el fin de Jesús, muriendo en la cruz para pagar el precio por nuestros pecados. Pero, Jesús quería que los que estaban en la fiesta de los Tabernáculos lo conocieran antes de que pereciera en los próximos seis meses que vendrían.

Dice en Juan 7: 37 que Jesús se puso en pie y alzó la voz para hablarles. ¡Cuánto anhelo el del Señor para que los hombres conozcan la verdad! Esa fue la postura que asumió Jesús para saciar a los que tenían sed del alma. Ese último y gran día de la fiesta Jesús se puso en pie y alzó la voz para dirigirse a los judíos que allí habían asistido. Los invitó para que vinieran a Él y hallaran la plena satisfacción espiritual. Decía, "… Si alguno tiene sed…". Les hablaba de esa necesidad espiritual que tiene el hombre. Sin embargo, no todos aquellos lo conocieron ni le recibieron. Es que sabiendo el hombre que está mal, aun así vive huyendo. Muchos que saben que son pecadores nunca quieren ser salvos. Aunque se den cuenta que están perdidos no quieren ser hallados por Dios. Están conscientes de una gran carencia espiritual en sus vidas, pero no quieren acudir al Señor para que le sea suplida su necesidad. ¡Esa es la triste realidad!

Aun cuando Jesús conoce al hombre cómo es, se ofreció Él mismo a Dios en sacrificio para darle la oportunidad de arrepentimiento y salvación. ¡Cuánto amor! El Salvador invita al alma sedienta para que acuda solo a Él, no es a la iglesia ni al predicador, ni a las aguas del bautismo, ni a la mesa del Señor, sino a Él. Dijo claramente: "Venga… A MÍ… y beba." Beber significa aquí, apropiarse uno mismo de Cristo. Significa confiar en Él como el Señor y Salvador. Significa, tomarlo, beberlo en nuestras vidas como tomaríamos en nuestros cuerpos un vaso de agua. Acudir a Cristo y "beberlo" es lo mismo que poder "verlo." Todos los que creen en Él tendrán todas sus necesidades cubiertas y lo que correrá dentro de ellos será como un río de agua viva. Esto habla de la frescura y de la limpieza que hace el agua en uno. Esa agua de vida va corriendo todo el tiempo por nuestro ser. ¡Así es Cristo en mí y en ti! Del interior del creyente corren y corren ríos de agua viva. No hay peligro de que se acabe y nos vuelva la sed. Con ello se muestra que las gracias y dones del Espíritu Santo no son para permanecer inertes como en la quietud de un estanque, sino para moverse todo el tiempo y ser usados para el beneficio de uno mismo y de los demás. ¡Cuán grande, bondadoso y amoroso es nuestro Dios!

El río se conoce por sus corrientes como el árbol se conoce por sus frutos. ¿Cómo está tu corriente del río de Dios que debe estar fluyendo para ti y para otros? ¡Allí donde está el Espíritu su poder fluye! Si no hay fluencia ¡Él no está allí! Uno puede beber agua en pequeños sorbos o tragos, pero esto que el Señor nos ofrece queda multiplicado a una poderosa confluencia de corriente que fluye. Nadie puede ser habitado por el Espíritu de Dios y guardarse para sí este Espíritu. Jesús les hablaba a aquellos hombres de los que luego habrían de creer en Él. Les decía que cuando Él fuera glorificado esos creyentes recibirían el Espíritu Santo y fluirían en su interior, ¡como ríos de agua viva! (Juan 7:39) Nosotros, sí lo disfrutamos, porque… ¡YA JESÚS FUE GLORIFICADO! ¡FUE AL CIELO, FUE PUESTO EN ALTO DÁNDOLE A ÉL LA GLORIA! ¡RECIBIÓ DEL PADRE EL ESPALDARAZO PARA SER VENCEDOR Y PARA REPARTIR EL BOTÍN DERRAMANDO EL ESPÍRITU SANTO CON SUS DONES! De la misma manera que los creyentes no pueden convertirse en la mayor bendición posible para el mundo mientras no hayan recibido el Espíritu Santo con poder (Hechos 1:8), así tampoco el Espíritu Santo podría ser derramado mientras Jesucristo no fuese glorificado. Desde que Cristo fue glorificado todos los que nos arrepentimos de nuestros pecados y le aceptamos como nuestro Salvador tenemos la bendición de ser perdonados y bautizados y llenos del Espíritu Santo ¡con poder! En el Espíritu Santo es que hay poder para vencer las tentaciones del pecado y al diablo y para quemar la escoria en nuestras vidas. Así que, ¡no lo apagues nunca en tu vida! ¡Déjalo que arda en ti como fuego todos los días! ¡Déjalo que siempre fluya en ti como ríos de agua viva! Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz