Mega Zoé
Estudio #0788Iglesia en las casas

Viviendo A La Luz Del Tribunal De Cristo

Viviendo A La Luz Del Tribunal De Cristo enseña a servir fielmente al Señor y atender la Palabra de Dios.

Nuevo Testamento2 Corintios5 min lectura

Los versículos que siguen en este capítulo (2 Corintios 5:1-10) están estrechamente vinculados con lo que Pablo ha venido diciendo en el capítulo 4:7-18. Pablo ha estado hablando de sus padecimientos y tribulaciones de entonces y de la futura gloria que se extendía delante de él. Esto lo lleva cara a cara ante el tema de LA MUERTE. En esta sección tenemos uno de los más grandes desarrollos en la Palabra de Dios acerca de la cuestión de la muerte y de la relación que el cristiano tiene con ella (2 Corintios 4:16-18).

El cuerpo presente, el cuerpo mortal, nuestra morada terrestre es "este tabernáculo." Un tabernáculo no es una morada permanente sino portátil, para peregrinos y viajeros. La muerte es designada como la disolución de este tabernáculo o tienda. La tienda se deshace en el momento de la muerte. El cuerpo va al sepulcro mientras que el espíritu y el alma del creyente pasan a estar con el Señor. ¡Pablo comienza el capítulo con la certidumbre de que si su morada terrestre se deshace como resultado de los padecimientos sabe que tiene un edificio de Dios, una casa no hecha de manos, eternal en los cielos! (2 Corintios 5:1 "Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.")

Hay una gran diferencia entre el tabernáculo y el edificio. El tabernáculo, la tienda temporal se deshace, pero hay un edificio, una casa nueva y permanente que espera el creyente en la tierra más allá de las dolencias. Este es el edificio de Dios en el sentido de que Dios es quien nos lo da. Además es una casa no hecha con manos. Lo que Pablo dice es que en tanto que nuestros actuales cuerpos son apropiados para la vida en esta tierra, nuestros cuerpos futuros, glorificados, no serán de esta creación. Estarán especialmente pensados para la vida en el cielo. El futuro cuerpo del creyente es también descrito como eterno en los cielos. Es un cuerpo que no estará más sometido a las enfermedades, al deterioro y a la muerte, sino que permanecerá para siempre en nuestro hogar celestial. ¡Gloria a Dios!

Esta morada, nuestro presente cuerpo mortal, nos lleva a gemir debido a la forma en que nos limita y estorba a nuestras vidas espirituales. Lo que deseamos con anhelo es ser revestidos de nuestra morada que es del cielo. Los que estamos en este cuerpo queremos no ser desnudados sino revestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida. ¡Qué seamos transformados no desnudados! ¡Nos vamos desgastando de la morada terrestre y luego la casa eternal será para el cielo!

El cuerpo muere y va a la caja, pero tenemos el cuerpo nuevo para el cielo, mi nuevo cuerpo. Vestidos con la nueva ropa, ya no con esta carne sino revestidos con un cuerpo glorificado, inmortal. Lo mejor será el arrebatamiento, pero si no nos llega antes, sepamos que de todas maneras estaremos vestidos de esa casa nueva. Pasemos por lo que pasemos, por el rapto o por la muerte, cuando venga Cristo seremos transformados o resucitados tal y como Él lo fue; es una promesa, un compromiso del Espíritu. Muchos no quieren morir y estar presentes en el arrebatamiento; claro, ¡qué bueno sería!, pero de no ser así tendremos en la resurrección un edificio que de Dios viene. Muchos anhelan el rapto, pues teniendo un cuerpo mortal les será absorbido por el inmortal sin pasar por la muerte. ¡Los que mueran antes también lo tendrán!

La fe no nos quita todo nuestro sentimiento natural sino que lo subordina al sentimiento más elevado. Dios nos dispuso para la redención del cuerpo. Será la culminación de sus gloriosos propósitos para nosotros. Somos hoy redimidos por lo que respecta a nuestro espíritu y alma, pero luego la redención incluirá también el cuerpo. Solo piensa acerca de esto, Dios nos hizo con esta meta a la vista, el estado glorificado y una casa no hecha con manos sino eternal en el cielo. La seguridad es que Dios nos ha dado las arras o garantía del Espíritu (2 Corintios 5:5). El hecho de que cada creyente posee el Espíritu de Dios morando en él es prenda de que se cumplirán todas las promesas de Dios en él.

Es por fe que creemos al Señor aunque no lo veamos. Si Pablo estaba ausente de su cuerpo en la tierra entonces era que estaría presente ante el Señor, estaría allí descarnado, es lo que existe entre la muerte y el arrebatamiento. El alma y el espíritu morando ante la divina presencia del Señor. Hay que ser agradables al Señor porque la recompensa será directamente proporcional a tu fidelidad al Señor, no es que la salvación dependerá de tus obras. La fe está vinculada con la salvación y las obras están vinculadas con la recompensa. Pablo anhelaba serle agradable fuese ausente o presente. Lo que hacía en la tierra tenía el propósito primero de agradar el corazón de su Señor. La razón para agradar a Cristo es que todos nosotros debemos comparecer ante su tribunal. El Tribunal de Cristo revelará nuestras vidas de servicio para Cristo de manera exacta como han sido. Se pasará revista no solo a la cantidad de nuestro servicio sino también a la calidad e incluso a los mismos motivos que lo impulsaron. Aquella ocasión será cuestión de recompensa o de pérdida. Velemos y cuidemos nuestros pasos para que al final no perdamos la recompensa. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz