Era un gran invierno muy frío y Jesús caminaba en Jerusalén para seguir enseñando a los que había sido enviado. Llegó el día de la Fiesta de la Dedicación. Esa era la fiesta que luego fue llamada Fiesta de las Luces. Se le conoce hoy día como La Janucá (Hanukkah). Se celebra durante ocho días para el mismo tiempo en que nosotros celebramos la Navidad. Su origen data de la guerra de los Macabeos contra Antíoco Epífanes de Siria (175 a 164 antes de Cristo), quien les quería prohibir sus cultos y costumbres religiosas. Los judíos Macabeos aun siendo muy pocos frente a los numerosos enemigos ganaron la guerra. Cuando los judíos regresaron a Jerusalén para purificar el Templo el candelabro de los siete brazos había sido profanado y solo le quedaba aceite para solo un día de encendido. Milagrosamente el aceite que solo podía durar un día llegó a durar ocho días sin acabarse. Desde ahí cada año los judíos celebran el milagro de los ocho días de duración del aceite. Le añadieron otro brazo a los candelabros que usan para rememorar aquel día (el octavo brazo se enciende primero viniendo a ser un brazo piloto que se usa para encender los otros siete brazos, encendiendo uno cada día de la fiesta).
A Jesús se le acercan los judíos para seguir acusándole. Otros de aquellos hombres querían saber por la propia boca de Jesús si él era el Mesías. Eran duros de corazón, se les hacía difícil creer. La fe había muerto en ellos, todo lo que era fe había muerto en aquellos judíos, no había en ellos fe para creerle a Jesús. Algunos querían entramparlo y otros solo estaban anhelantes de saber. Jesús ya había presentado sus credenciales de Mesías en privado. A la mujer samaritana se le había revelado como EL MESÍAS. (Juan 4:25, 26) "Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo." Al que había nacido ciego se le dio a conocer como EL HIJO DE Dios. (Juan 9:35-37) "Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es." Pero hay algunas declaraciones que no hay por qué hacerlas de palabra, especialmente a una audiencia cualificada para percibirla. Había dos cosas acerca de Jesús que le colocaban como el Mesías más allá de toda duda, sus palabras y sus obras. Juan 10:25 "Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí." En Isaías 35:5-6 se menciona de la gran visión que había tenido el profeta: "Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos y lo oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo y cantará la lengua del mudo…" Cada uno de los milagros de Jesús era una prueba de que había venido el esperado Mesías.
Así que sus obras y sus palabras son suficiente evidencia. (Deuteronomio 18:15) "Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis." Moisés había anunciado que Dios levantaría a un Profeta al que el pueblo tendría que oír. El mismo acento de autoridad con que hablaba Jesús, la manera regia en que abrogó (dejar sin vigor la ley, suspender) la Antigua Ley y puso en su lugar sus enseñanzas eran una prueba fehaciente (que prueba o demuestra algo de forma clara e indudable) de que Dios hablaba por medio de Él. Ya no había nada que decir, ya estaba todo visto. Las palabras y las obras de Jesús eran una demostración de que Él era el Ungido de Dios. Fíjate, así es cuando Él habla a nuestras vidas; no hay nada que razonar, nada que dudar.
Aquellos hombres incrédulos no eran del rebaño de Jesús. (Juan 10:26, 27) "Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen." Allá en la Palestina, en Israel todos sabían muy bien que una oveja cuando escucha a su pastor reconoce su voz. No hay que dejarle saber a la oveja: "soy tu pastor", ya ella lo conoce. Los que estaban escuchando no habían sido escogidos; pobrecitos, se condenarían. Así lo quisieron.
Jesús le promete a los suyos tres cosas. (Juan 10:28) "Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano." Les prometió que si lo aceptaban como Maestro y Señor, si llegaban a ser de su rebaño, toda la pequeñez de la vida terrenal se pasaría y conocerían la Gloria y la magnificencia de la vida de Dios, una vida que no tendría fin. La muerte no les pondría fin sino un nuevo comienzo; conocerían la gloria de una vida indestructible, ¡una vida segura! Nada los podría arrebatar de Su mano. Eso no quería decir que no experimentarían la aflicción, el sufrimiento y la muerte sino que en los más dolorosos momentos y en las horas más oscuras se darían cuenta de que los brazos eternos estarían sosteniéndolos y rodeándolos. ¡Siempre hay la serenidad de Dios para la oveja! El que no es oveja no escucha la voz del Señor. Cuan rebelde se puede ser, pues no pueden escuchar la voz del Señor. El que es oveja la voz del Señor escucha muy claro. ¡Y esa oveja es mansa como su Pastor! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
La Ovejas Conocen Su Voz
Juan 10:22-30
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”
En la fiesta de la dedicación los judíos rodearon a Jesús para que dijera si era el Cristo, pero no le creían porque no eran de sus ovejas. Sus palabras y sus obras bastaban como prueba, y sus ovejas reconocen su voz y lo siguen. Estos son los puntos para llevarlos toda la semana.
- Era invierno, en la fiesta de la dedicación, la que hoy se conoce como Janucá: recuerda el aceite que alcanzó para ocho días cuando purificaron el Templo. Allí se le acercaron a Jesús para acusarlo.
- Eran duros de corazón: la fe había muerto en ellos. Unos querían entramparlo y otros solo estaban anhelantes de oírle decir si era el Mesías.
- Dos cosas ponían a Jesús como el Mesías más allá de toda duda: sus palabras y sus obras. Cada milagro cumplía lo que vio Isaías: los ciegos ven, los sordos oyen, el cojo salta.
- Jesús hablaba con el acento de autoridad del Profeta que Moisés anunció. Así es cuando Él habla a nuestras vidas: no hay nada que razonar, nada que dudar.
- La oveja reconoce la voz de su pastor sin que él tenga que decirle «soy tu pastor». Aquellos incrédulos no creían porque no eran de su rebaño; así lo quisieron.
- A sus ovejas Jesús les da vida eterna, y nadie las arrebatará de su mano. No quiere decir que no sufrirán, sino que en las horas más oscuras los brazos eternos las sostendrán.
- El que no es oveja no escucha la voz del Señor; el que es oveja la escucha muy claro. Y esa oveja es mansa como su Pastor.
Aparta esta semana un rato cada día para leer las palabras de Jesús en los evangelios, y obedece lo que Él te hable.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Una Oveja en Su Mano
Juan 10:22-30
Para leer en voz alta con los niños
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: los que son de Jesús reconocen su voz y lo siguen, y Él los cuida para siempre sin que nadie se los pueda quitar. El estudio dice que una oveja conoce la voz de su pastor sin que él tenga que decirle quién es.
- Era invierno y Jesús caminaba por el templo. Unos hombres lo rodearon y le preguntaron: «Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente».
- Jesús ya se lo había dicho, y además hacía milagros: los ciegos veían, los sordos oían y los cojos saltaban. Esas obras decían quién era Él.
- Pero aquellos hombres tenían el corazón duro y no quisieron creer. No es que no pudieran; no quisieron, y así se quedaron fuera del rebaño.
- Una oveja oye a su pastor y lo sigue, aunque haya otras voces. Tú aprendes a conocer la voz de Jesús cuando lees la Biblia y le obedeces.
- Jesús tiene a sus ovejas en su mano, y nadie las puede arrancar de ahí. Aunque pases por días tristes, sus brazos te están sosteniendo.
- Las ovejas de Jesús se parecen a su Pastor: son mansas, no peleonas. Cuando escuchas su voz, tu corazón se hace manso como el de Él.
¿Qué te ha dicho Jesús en la Biblia que todavía no has hecho?
Esta semana lee con tu familia un pedacito del Evangelio de Juan cada noche.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
