Mega Zoé
Estudio #0899Iglesia en las casas

Inculcar La Caridad

Inculcar La Caridad llama a atender la Palabra de Dios.

Antiguo TestamentoEclesiastés6 min lectura

Eclesiastés 11:1-6

INCULCAR es hacer que una persona piense y actúe de un modo distinto al habitual por propio convencimiento o por la influencia de "razones" y "motivos' dados por otros. Cuando llegas al Señor el Espíritu Santo te quiere llevar a lo que es el sentir del Padre, y es necesario que a través de la Palabra de Dios tú te dejes educar para que puedas ser llevado por el camino de la perfección. Dios NOS INCULCA LA CARIDAD. TE TOCA AYUDAR A LOS NECESITADOS, PRIMERO AMAR Y ASÍ NO SERÁ DIFÍCIL. La Biblia nos enseña el gran principio de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

LA CARIDAD es un sentimiento que impulsa a interesarte por los demás. Así queremos ayudar a los más necesitados. Es cuando tu vida se llena de compasión. Aquí en Eclesiastés, cuando dice: "Echa el pan sobre las aguas…", se habla del deber de ser caritativos. Echar el pan sobre las aguas se refiere a echar la semilla o grano del trigo sobre las aguas. En la antigüedad se usaba esta técnica de sembrar cuando se navegaba en botes por las aguas desbordantes de los ríos. Desde los botes se echaba la semilla sobre las aguas desbordantes, para que cuando se retiraran las aguas se quedaran plantadas las semillas y luego germinaran, crecieran y dieran su fruto. Quedaba sembrada la semilla en el terreno pantanoso. Los granos eran arrastrados por la corriente de agua y tras el retiro de las aguas se quedan depositados en el terreno y entonces el grano brotaba. El que echa el pan sobre las aguas tendrá provisión para su necesidad. El día que necesites el pan te estará esperando el fruto de lo que sembraste para cubrir tu necesidad. Si das te será dado. Gálatas 6:7 "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará." Según se siembra se recoge. Nuestra caridad dentro de nuestras posibilidades no ha de tener límite. No puedes dar lo que no tienes, pero que te quede claro, que si todo lo gastas para ti ya es otra cosa, eso se llama maldición. ¡Hay que dar! ¡Reparte de tu pan! ¡Es un mandato! A todos les gusta repartir del pan del otro, no del suyo. Puedes verlo en los maratones de recaudación de fondos; los que encabezan el evento te venden a ti una velita o pulserita, ponen a otros a comprar. Luego, los encargados de esos maratones usan la mayoría del dinero recaudado para "costear el evento y otros gastos." Ellos piden, comprometen a los demás y al final lucen ellos como los dadores. No nos engañemos, demos nosotros sin ampararnos en otros.

Eclesiastés 11:2 "Reparte a siete y aun a ocho..." Siete es el número perfecto. Ocho es más que siete, eso es a muchísimos, sí, a los muchos necesitados. "…porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra." No sabes cuando llega la calamidad y con ella la oportunidad de seguir haciendo el bien. Puede que esté cerca el día cuando tú necesites el socorro de aquellos que han sido ligados a ti por tus bondades. ¡Qué podamos ser librados del mal que viene sobre la tierra porque somos generosos en dar! Maduran los tiempos del mal y lo podemos ver hoy, llegó el mal a nuestra pequeña isla. ¿Hemos sembrado? ¿Hay cosecha? El mal es necesario para estremecernos y ver si hemos dado o no al necesitado. Mira y asegúrate hoy si has sembrado la semilla de la liberalidad (de la ayuda, del dar). Eclesiastés 11:3 "…y si el árbol cayere al sur, o al norte, en el lugar que el árbol cayere allí quedará." El árbol una vez cae queda hacia el norte o al sur, según haya caído. Así es el carácter del hombre que es inmutable, que no puede ser cambiado o alterado, ya sea para ir al infierno o para el cielo el día en que la muerte le alcance. Lo único que puede librarle del infierno es aceptar a Cristo como Salvador. Así Dios le cambia al hombre la vida y el corazón para que sea un dador amando a su prójimo.

Eclesiastés 11:4 "El que al viento observa no sembrará; y el que mira a las nubes no segará." Así que no temamos; aunque estuviere el huracán tumbándolo todo no dejemos de sembrar; ni temas a los aguaceros, pues si no siembras te quedarás sin cosecha. SI CIERRAS TU MANO PARA NO DAR porque las nubes, los vientos y aun la lluvia parecieran derribar todo en la tempestad, te equivocas. ¡SIEMBRA! porque el tiempo malo pasará y luego podrás recoger la cosecha. Si no lo haces tendrás los graneros vacíos. ¡Tú dejarás ver cómo harás y si le creerás a Dios en esto! Si te quejas, lloras y lamentas pues serás como los demás; tendrás la falta de creer, estarás falto de la fe en Dios. No te quejes, no te lamentes, cree a Dios y cosecharás. ¡Siembra hasta que no tengas fuerzas! No observes el viento porque entonces no sembrarás y al no sembrar tampoco tendrás nada para recoger. ¡TU CARIDAD, ES LA SIEMBRA DE TU FE! Hazlo sin vacilación acerca de los resultados. Mal saldrá el agricultor que en vez de sembrar o segar pase el tiempo mirando al viento y a las nubes. Se manda al hombre a echar su grano para el pan sobre la aguas. Esta promesa no parece lucir tan obvia pues en ninguna agua se puede sembrar; es sobre la tierra según el orden que Dios dio. Pero, lo dice Dios, así que deja de mirar lo que te quiere detener y actúa para que tengas cosecha, no pierdas el tiempo velando las nubes, la lluvia y los vientos. ¡Siembra! ¡Usa de tu caridad!

Eclesiastés 11:5 "Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas." El viento aquí es como el espíritu que da vida al cuerpo. Así la transición a la idea de la formación del cuerpo en la matriz. El hombre es incapaz de dominar los fenómenos atmosféricos sobre los que Dios tiene el control. Vemos nuestra dependencia de Dios en cosas que escapan a nuestro control. Así que como ese grande y soberano Dios es quien nos instruye no faltemos en NUESTRO DEBER DE APROVECHAR TODAS LAS OPORTUNIDADES PARA HACER EL BIEN. Nosotros las criaturas ignoramos la grande y compleja obra de Dios y desconocemos el camino del Espíritu de Dios, por lo tanto dejémonos llevar por Él creyéndole lo que nos promete y lo que nos manda.

Vivamos y siempre hagamos el bien. Este mensaje es para el joven y para el viejo. Hagámoslo temprano o tarde, no importa hagámoslo siempre. Hay que sembrar hasta que nos lo permitan las fuerzas sin esperar a que sople el viento para un lado o para el otro. Pues, no sabemos qué semilla prosperará más, la de la mañana o la de la tarde o ambas. Sea bajo el Sol o bajo las nubes, que tus obras sean piadosas, siendo un SEMBRADOR FIEL. No mires a quien, ni midas tú nada, solo te toca sembrar. No es pensar cual prosperará o cual no, éste o el otro, pues puede ser que ambos lleven buen fruto; el sembrador fiel llevará sin dudas la semilla y la sembrará. No te inquietes en mirar los rostros, inquiétate en echar la semilla en las aguas, no nos toca buscar la seguridad de la tierra. ¡Tranquilo, que Dios es quien te lo encomienda! Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz