El Dios a quien le servimos es un dador alegre. Nosotros tenemos la necesidad de tener un Dios que sea así, dador, porque eso nos conviene. Como Dios es dador pues nos da, ¡Él nos da en abundancia! Nosotros somos limitados y por eso necesitamos a un Dios que sea dador. Por tal razón, como Él lo es, imitémosle y seamos también nosotros unos dadores alegres (2 Corintios 9:7). Se dice que había un gran hombre que en su tiempo había sido muy generoso, pero al pasar el tiempo comenzó a restar de lo que daba. Sucedió, entonces, que su vida fue ¡en decadencia! ¡En el reino de Dios nos irá mejor siendo dadores!
El diablo busca engañarnos en esto y en muchas otras cosas y por eso trata de que no lleguemos a la iglesia. Lo hace para que no haya conocimiento en nosotros y muramos espiritualmente y nada nos vaya bien. Cada uno dé cómo propuso en su corazón dice la Palabra. Aguadilla es uno de los pueblos que más ha recibido del evangelio, pero aún Dios bendiciéndolo como lo hace, aun así, muchas personas están siempre llorando y quejándose de lo que tienen y de lo que no tienen. ¡Esto no debe ser así! Es que un justo no puede ver las cosas igual que los demás. Cuando nosotros hemos tomado la decisión de convertirnos al Señor tenemos que entender que el Dios que nos ha dado, de igual manera pide de nosotros que demos tal como hemos recibido. Nosotros nos adoctrinamos de acuerdo a la Palabra porque ella nos enseña, ella nos dirige y nos llena de conocimiento para no perecer. Si carecemos del conocimiento perecemos lentamente. Hay muchos temas que pueden ser placenteros y hermosos a nuestros oídos, pero hermano, no vivamos esta vida nada más que para disfrutar. En este camino también se lucha con lágrimas y se recoge con regocijo, no es solo lo placentero lo que buscaremos, sino lo que es provechoso para nuestras vidas. Porque mientras conozcamos todo lo que son las Escrituras lo tendremos todo en nosotros, pues tenemos a un Dios justo; siempre Él obrará en justicia. No podemos dar con tristeza ni por necesidad. Lamentablemente, dar no es lo propio del ser humano sino todo lo contrario.
Nosotros como pueblo tenemos que ser conocedores de todo lo de Dios, incluyendo este aspecto del dar. En las Escrituras encontramos muchos temas hermosos que nos edifican y consuelan, pero no todos ellos son sobre promesas. A veces, se busca en las Escrituras para conveniencia. En muchas de las ocasiones en que leemos la Palabra de Dios ella no está para nuestro consuelo o aliento, sino que está para redarguírnos. Ella es siempre útil, desde Génesis hasta Apocalipsis, porque por su poder nos trae entera claridad a nuestras vidas. Por eso tenemos que aprender de ella. Aprendamos que Dios ama al que da con alegría, pues cuando damos con tristeza no se llega a ningún lado. Si como iglesia rehusáramos a esta enseñanza de la Palabra y no tuviéramos una participación en esto que se está hablando, entonces alguna grave enfermad espiritual brotaría en la iglesia. Y, ¡no se puede permitir tal cosa!
Entendamos que, así Como Dios nos bendice dándonos, así mismo tiene el derecho de quitarnos. Por lo tanto, caminemos como nos es necesario porque el tiempo se acorta. ¡El dador alegre siempre le da a Dios todo lo que es mejor! Cuando nos decidimos por Dios, ¡nos damos por completo! Y nos tenemos que dar por amor no esperando nada a cambio. El que le da a Jehová siempre Él lo va a bendecir, pero el que a Jehová le roba le maldecirá (Malaquías 3:8,9). A veces, algunos se valen de trampas, llenándose de argumentos, que están lejos de las Sagradas Escrituras. Lo hacen buscando excusas y el beneficio solo para ellos. Cuando nosotros nos atrasamos en estas cosas se atrasa la verdad conocida, la verdad que por derecho ¡le corresponde a la Iglesia!
El grandioso Dios pesa nuestro servicio y si lo hacemos sin interés de sacar beneficio personal Él lo considerará como oro, plata y piedras preciosas, que son cosas de gran valor que no perecen. Pero, si nuestro servicio lo hacemos solo por obligación o para aprovecharnos y sacar ventaja, Dios lo verá como madera, heno y hojarasca, que con el fuego desaparecen (1 Corintios 3:12). Al altar debemos traer lo que a Dios le corresponde. Un dador alegre no da con tristeza ni por necesitad, Dios nos llama a dar con libertad, con alegría. También, Dios nos ha mandado a dar en proporción a lo que poseemos, según el Señor nos haya prosperado (1 Corintios 16:2, Números 35:8). No demos conforme a lo que otras personas pretenden que demos sino bajo la mirada de Dios (Marcos 12:42-44). Tenemos que abrir los ojos como iglesia y ver que Dios nos ha dado mucho y con alegría. Al sol, que Él colocó en este universo, le ha tocado darnos un regalo de luz. Nosotros tenemos que dar lo que como seres creados nos toca dar. Cuando se carece de fidelidad a Dios será por la falta de amor que se le tiene.
La excelencia de la tierra consiste en todo lo que ella produce para nosotros. Vemos que tenemos en nuestra isla de Puerto Rico mucha bendición, por eso lo que nos corresponde dar, eso daremos. Un Dios dador tiene un pueblo dador, porque entonces ¿cómo le vamos a pedir a Él si no sabemos dar? (Filipenses 4:15). No hay nada en este mundo que no exista para dar. En el cielo todo es para dar algún servicio. Todo lo que Dios nos ha dado es para llenarnos plenamente. Así es todo lo creado, excepto el hombre codicioso, que es como arena en el motor de una máquina. Al codicioso Jesús vino a enseñarle justicia (Lucas 12: 21).
El gran predicador Spurgeon decía que dar el diezmo es un deber cristiano que nadie deberá cuestionar ni por un instante. Es sabido que el judío daba mucho más que los diezmos. Le daba al sacerdote, daba a la casa de Dios, etc. Ellos, los judíos, daban ¡un tercio de lo que tenían al servicio de Dios! Vemos que Dios busca y buscará siempre a alguien que quiera pertenecerle solo a Él. El sacerdote bendice al pueblo en el nombre del Señor (Deuteronomio 10:8,9). Nosotros hemos poseído, obtenido, adquirido para bendecir en su nombre hasta hoy. Levi no tuvo heredad; pues Jehová era su heredad. En Deuteronomio12:19 Dios establece que el pueblo tenía que sostener a los levitas y no desampararlos. El Señor tomó las precauciones de que los sacerdotes no se tuvieran que enredar en los negocios de la tierra, por eso no tenían heredad como los demás. Dios es la herencia del levita y hoy día del ministro. Dios es espíritu, pero el sacerdote que Él pone es un hombre que no se puede alimentar del aire. Dios bendice, cuida y protege al pueblo, pero, a veces de lo que Dios les da y los bendice, todo lo quieren y lo toman solo para ellos. Aquello que tomamos y que no nos corresponde es una deuda que será de tropiezo en el cielo, porque dar el sustento al sacerdote es el deber de parte del pueblo, ese es un derecho de los sacerdotes. No pensemos que es por generosidad que lo hacemos, no; es porque ese es el derecho del sacerdote por ley divina. ¡El Señor es la porción de nuestra alma, por eso no tenemos heredad! ¡Todo ministro de Mega Zoé tiene ese derecho por ley! Los ministros no reciben heredad, sino que es el pueblo quien los debe cuidar (Hageo 1:9,10; Malaquías 3:10). Debemos ser fieles a Dios en esto así como en todo lo demás. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
