¡Cuánto te aflige lo presente! Esta "era" que vivimos no se puede comparar con la "gloria" que se nos va a mostrar (Vs.18). Lo que ahora pasamos y padecemos por Cristo es tanto como nada cuando lo comparamos con lo que recibiremos, nuestra herencia en los cielos y el reino venidero. Llegará ese gran día en que nos llamará el Señor y nos reconocerá en público ante las huestes del cielo. Aún los más crudos dolores padecidos por los mártires parecerán meros alfilerazos cuando el Salvador corone sus frentes con la corona de vida (Santiago 1:12). Será el premio para los creyentes que perseveraron en su fe aún bajo persecución.
I. Somos parte de todo lo creado por Dios, ¿cuán importante te sientes tú?
A. Fíjate cuán importantes somos para Dios.
Pablo deja ver que toda la creación está aguardando con un "anhelo ardiente" el momento en que seremos manifestados como "los hijos de Dios" ante un mundo nuevo y maravilloso (Vs.19).
Esto será cuando el Señor Jesús venga otra vez a la Tierra para reinar y nosotros los creyentes volvamos con Él.
Ya nosotros somos "los hijos de Dios", pero el mundo ni nos reconoce ni nos aprecia como tales.
El mundo está esperando un día mejor para hacerlo, y este día no podrá llegar ¡hasta que vuelva el Rey para reinar con todos Sus santos!
¡TODA LA CREACIÓN ESTÁ DE PUNTILLAS PARA VER EL MARAVILLOSO ESPECTÁCULO DE LOS HIJOS DE Dios ENTRANDO EN POSESIÓN DE LO QUE LES PERTENECE!
(Vs.20) Adán pecó y su transgresión (violación de la ley) corrió también para la creación sujetándola a vanidad, esto sucedió tanto en las cosas animadas (con vida) como en las inanimadas (sin vida). Toda la creación sufrió las consecuencias de aquella primera transgresión (Génesis 3:17,18 "…maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá…").
La tierra está maldita.
Por tal razón, vemos que mueren los hombres, los animales, las plantas; todo es afligido por toda suerte de enfermedades y males.
El pecado del hombre tiene sus resultados; ¡y estos resultados se han extendido por toda la creación!
La creación ha sido sujeta a vanidad, sometida a cosas triviales (no importantes). En ella permea la frustración y el desorden. No ha sido por su propia voluntad, sino por el decreto de Dios a causa de la desobediencia del hombre, quien desde el principio ha sido la primera cabeza que gobierna en este mundo con leyes propias.
(Vs.20) La creación ha sido sujetada en esperanza; esperanza de que también ella misma será liberada de la servidumbre de la corrupción.
¡Para la creación está la promesa de ser libre! (Vs.21)
"La creación mira atrás" a las condiciones "ideales" que existieron en Edén, la creación no olvida a Edén.
Luego contempla los estragos causados por la "entrada del pecado."
Siempre se ha mantenido (la creación) en la esperanza de un regreso a un estado maravilloso.
La creación misma será libertada de la servidumbre de la corrupción para gozar de la libertad de la era dorada en que como "hijos de Dios seremos manifestados en gloria."
¡EL GRANDE Dios NOS DEJARÁ VER SU CREACIÓN SIN PECADO! ¡ELLA SERÁ CON GLORIA, COMO ÉL LA HIZO AL PRINCIPIO!
(Vs.22) Vivimos en un mundo gimiente, sollozante y sufriente.
Sólo veamos cuando el huracán María azotó a nuestra Isla, nos parecía que una bomba nuclear la había quemado.
Toda la creación "gime a una" y sufre dolores como de parto.
La tierra es sacudida por cataclismos (desastres de grandes proporciones que afectan a todo el planeta).
La plaga de la muerte está sobre todo ser viviente.
(Vs.23) No sólo la creación, sino que también nosotros mismos sufrimos, nosotros no estamos exentos.
Aunque "tenemos las primicias del Espíritu, que nos llena con unción y poder", y es quien garantiza nuestra final liberación, aun así "gemimos" porque pronto llegue ese día de gloria.
El "Espíritu Santo" mismo es las primicias de lo que tendremos en la eternidad.
Así como el primer puñado de grano maduro es una prenda de la cosecha entera que ha de seguir, igualmente el Espíritu Santo es la prenda o garantía de que toda herencia será nuestra, el cielo nuevo y la tierra nueva y demás herencia que llevamos a ganar.
De manera específica, Él es la garantía de la adopción venidera, de la redención de nuestro cuerpo (Efesios 1:13,14).
En cierto sentido, ya hemos sido adoptados, lo que significa que hemos sido puestos en la familia de Dios como "hijos."
Esto es, que hemos sido designados (escogidos) para la redención (para ser librados de la deuda o maldición) de nuestro cuerpo.
Nuestro espíritu y almas ya han sido redimidos, y faltan nuestros cuerpos, que serán redimidos en el momento del arrebatamiento (1 Tesalonicenses 4:13-18).
Después (2 Pedro 3:12) los cielos, encendiéndose, serán desechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán (se derretirán). Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
