Jesús, tiene una conversación con una mujer en el pozo. Ella delante de este Hombre, le discute donde se debe adorar: En Jerusalén los judíos, de donde Jesús era, por quien venía la salvación, mientras que los samaritanos adoraban en el monte Gerizim. Ella discute religión con Jesús, donde eran los puntos de adoración. Ella se ha de sentir incómoda cuando el Señor le señala su pecado. Hace el momento para decirle a Jesús: "Señor, me parece que tú eres profeta." Ella pretende ser una mujer sin pecado, Jesús le dice: Ve, llama a tu marido y ven acá. Ella está con Jesús y si lo va a adorar es en espíritu y en verdad. Le señala su carne de pecado, astucia, lista y con mirada de pecadora. Jesús sabía de sus muchos pecados, por sus muchos maridos. Y con el que estaba no era su marido, se le acabó la defensa con la religiosidad y se establece la verdad. Así es que Jesús ha llegado a nuestras vidas con la verdad.
Esta mujer tendría que creer en Dios con la verdad.
Creer en Dios en la carne y seguir en ella (la carne) no es conocerlo.
Se dice que creer en Dios en la carne es mentira y enseñanza del diablo.
Dejemos el cuento y saquen de sus pensamientos que yo voy a ceder a tal pensamiento del Dios de la tierra, el diablo.
Los actos de aquella mujer eran de adúltera, cuando se encuentra con Jesús, cambia su tono a la religiosidad y pareciera que reta a Jesús en religiosidad. Jesús la mira y dice: Más la hora, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en "espíritu y en verdad."
Se ha acabado el conocimiento de la religiosidad y Jesús le establece a una adúltera la verdad y ella libre entonces puede adorar al Padre porque es lo que el Padre busca tales adoradores que le adoren.
Creer en Dios en la carne no es visto bien en el cielo, ni en la tierra, ni aquel que es sincero.
La verdadera adoración debe ser "en espíritu", que involucra todo el corazón.
A menos que haya pasión por Dios, no hay adoración en espíritu.
La adoración debe ser "en verdad", debidamente fundamentada (la razón, fundamento, establecer, asentar, tomar como base, partir de ciertos principios iniciales para establecer la adoración).
Jamás, jamás puedes adorar si tú eres carnal.
Tu alabanza será nada para permitirla en el cielo.
Ya el lugar no era donde la mujer le decía donde adorar, ahora ella le iba a adorar en espíritu y verdad, ya no en la carne.
Ahora la adoración al Padre sería en espíritu y en verdad.
No era la letra de la ley que tan fiel cumplen ciertos rituales, ahora estaban adorando al Padre.
El cuerpo puede que esté en una cueva, en una cárcel, en un campo, "pero tu espíritu" puede presentarse ante Dios en el santuario celestial por medio de la fe.
Jesús anunció a la mujer que desde ahora la adoración al Padre sería "en espíritu y en verdad."
El pueblo judío había reducido el culto a las formas y ceremonias externas.
En el tiempo de la gracia, el culto se ha reducido en adorar, hablar y vivir en la carne y se piensa que ahí hay salvación; Jesús dijo: Más la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores, "adorarán" al Padre en espíritu y en verdad; porque también "el Padre tales adoradores busca que Le adoren.
Los judíos redujeron el culto en ceremonias externas, pero no era un culto del espíritu: Era externo, no interior.
Sus cuerpos podían estar inclinados hasta el suelo, pero sus corazones no eran rectos para con Dios.
¡Meditemos esto!
"El Padre busca tales adoradores que le adoren."
Dios está interesado en la adoración de Su pueblo.
Te preguntas: ¿La recibe de mi parte?
Dios es Espíritu en una definición del Ser de Dios.
Él no es un mero (simple, insignificante) hombre, sujeto a todos los errores y limitaciones de la humanidad.
Tampoco está limitado a un lugar en cada ocasión.
Es una Persona invisible que está presente en todas partes al mismo tiempo, que es omnisciente y todopoderoso.
Debemos entender, los que le adoran, es necesario que le adoren "en espíritu y en verdad."
No debe haber ficción ni hipocresía.
No debe haber pretensión de ser religioso cuando interiormente "la propia vida es corrompida."
No ha de darse el pensamiento de que, cumpliendo una serie de rituales, Dios quedará complacido.
No creas en carne.
Es en espíritu y en verdad.
Nuestra adoración de Dios es dirigida por nuestro amor hacia Él; "cuando amamos, adoramos." (Marcos 12:30)
Con la mente, con todo lo que eres.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
