Cuando la mente no puede hallar palabras, este Salmos nos puede ayudar. David lo escribe cuando ya ha llegado al trono. Se puede dar a entender que el Salmos David lo escribió durante su exilio forzado del tabernáculo, que le era a David "la visible residencia de Dios"; si es así, se ha sugerido que el tiempo que corresponde a su creación es el de la rebelión de Absalón. Rebelión que lo llevó a una muerte trágica dada por Joab, David no quería tal desgracia. El justo que alguien lo expulsa de lo santo regresará al trono de la gracia.
Oye, Oh Dios mi clamor.
David estaba en una necesidad extrema: clama, levanta su voz.
No se puede hacer silencio, por la amargura en el día que se es despreciado por los amados y cercanos.
Los falsos fariseos o supuestos creyentes pueden descansar en sus oraciones; los verdaderos creyentes están "deseosos de obtener una respuesta a las suyas".
Los que hacen lo suyo en rituales pueden estar satisfechos cuando han "dicho y cantado" sus letanías (algo que se repite breve, orden) y demás rituales, pero los hijos "vivos" de Dios nunca van a "reposar" "hasta que sus súplicas hayan entrado en los oídos del Señor Dios."
"A mi oración atiende".
Tu oración son cánticos a gritos a los oídos de Dios, que se Le hacen agradables y deleitosos.
(V.2) Desde el cabo (principio extremo o punta) de la tierra clamaré a ti…
Ningún punto es demasiado árido "ninguna condición demasiado deplorable (desastroso, detestable); sea el fin del mundo o el fin de la vida, "la oración siempre está disponible". ¡Hermoso Jesús!
El orar en ciertas circunstancias requiere resolución (resolver, solución) y el Salmista lo expresa aquí: "Clamaré".
Era una resolución sabia, porque "si hubiera cesado de orar" "habría pasado a ser una víctima de la desesperación", "el hombre llega a su fin cuando pone fin a sus oraciones".
Cuando mi corazón desmaye.
Es difícil orar cuando el mismo corazón está ahogándose; pese a todo, el hombre que tiene gracia suplica mejor en estas ocasiones.
La tribulación nos acerca a Dios y acerca a Dios hacia nosotros.
Los grandes triunfos de la fe son conseguidos en medio de las pruebas más difíciles.
Sabes hermano: cuando todo se te ha caído encima, la aflicción está sobre uno; me rodea como una nube, se me traga como el mar, me encierra en su espesa oscuridad; con todo Dios está cerca, "bastante cerca para oír mi voz y yo clamaré a Él". C.H.S.
Cuando la actividad del corazón se paraliza, aunque sea temporalmente, todos los miembros lo sienten, hay un escalofrío que hace vibrar cada miembro; Satanás lo sabe bien y así todos sus ataques son ataques al corazón, esfuerzo para paralizar la misma "fuente de la vida".
Entonces David dice: llévame a la roca que es más alta que yo.
Llévame a ti, aunque me parece imposible por Tu grandeza.
Hubo un tiempo cuando estábamos tan asombrados por causa del pecado en nuestra alma, que, aunque sabíamos que el Señor Jesús era la salvación segura de los pecados, con todo, no podíamos acudir a Él por causa de nuestras dudas.
La imagen que presenta es la de uno que ha sido sorprendido por la marea y que se apresura por llegar a un punto más alto y, no obstante, a cada paso ve que las olas se le están acercando; oye su rugido y la arena se hunde bajo sus pies, unos minutos más y las olas le habrán alcanzado; la desesperación se apodera de su corazón; cuando en la misma profundidad de su agonía, "ve una roca por encima de las olas."
"¡Oh, si pudiera alcanzar esta roca estaría a salvo!"
Y entonces viene el clamor agonizante a Aquel que puede salvarle: llévame a la roca que es inaccesible (B.C.), (imposible) para mí.
(V.3) Porque Tú eres mi refugio y torre fuerte delante del enemigo.
La experiencia alimenta, nutre la fe.
Lo que vivimos nos da experiencia y hay un crecimiento en la fe, escondido no crece la fe.
Es inefablemente dulce (no se puede describir ni explicar, es algo tan fuera de lo normal que las palabras no logran explicarlo) recordar la bondad del Señor en nuestros días pasados, porque Él es inmutable: por tanto, sigue guardándonos de todo mal.
(V.4) Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre.
Los que residen en las tiendas de Jehová han de ser "más enviados", "que los príncipes que viven en los pabellones de los reyes"; ¿Dónde vives?
Lo mejor de todo es que nuestra residencia con Dios no es para un periodo limitado, sino para siempre; sí, por los siglos de los siglos, para el tiempo y la eternidad; este es nuestro privilegio más alto y más celestial: "Habitaré en tu tabernáculo para siempre".
"Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas".
Oh, si tuviéramos más confianza; "no puede quedar más claro: bajo una protección así nuestro reposo será ininterrumpido (que no ha sido interrumpido, que es continuo).
(V.5) Porque tú, oh, Dios, has oído mis votos.
Dios es testigo de todos nuestros votos (promesas), de todos nuestros buenos propósitos y de todas nuestras solemnes (grandioso, majestuosos) promesas de obediencia.
Lo que Le he dicho o prometido a Dios lo cumpliré, no puedo pasar por alto las promesas que le he hecho a Dios porque si prometemos, en el día malo nada me avergonzará.
Dios escuchó su clamor y obediencia, sus votos y Dios le ha dado respuesta favorable, pues me has dado la herencia que otorgas a los que temen tu nombre.
Al no temer no cumples tus votos no tienes nada: no necesitamos desear mejor herencia que la de "aquellos que temen a Dios".
(V.8) Así cantaré tu nombre para siempre.
Jamás, jamás pensó David apartar su corazón de su agradecimiento a Dios.
Entre nuestras súplicas y nuestros votos debe haber un paralelismo.
No podemos saltar en la oración y cojear en nuestros votos.
Cada día cumplir en el pacto que hemos hecho a Dios. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Es Una Perla
Salmos 61
“Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo”
Cuando la mente no halla palabras, este salmo nos ayuda. David, despreciado por los suyos, clama desde el cabo de la tierra, pide que Dios lo lleve a la roca más alta que él y promete pagar sus votos cada día. Estos son los puntos para la semana.
- En necesidad extrema, despreciado por los suyos, David levantó la voz. El que vive de rituales se conforma con haberlos dicho; el hijo vivo de Dios no reposa hasta que su súplica llega a los oídos del Señor.
- Ningún lugar es demasiado árido ni ninguna condición demasiado desastrosa: sea el fin del mundo o el fin de la vida, la oración siempre está disponible. El hombre llega a su fin cuando pone fin a sus oraciones.
- Es difícil orar con el corazón ahogándose, pero la tribulación nos acerca a Dios. Satanás lo sabe, y por eso todos sus ataques son ataques al corazón, para paralizar la misma fuente de la vida.
- «Llévame a la roca» es el clamor del que la marea va alcanzando: la arena se le hunde bajo los pies y, en su agonía, ve una roca por encima de las olas y clama al único que puede subirlo.
- La experiencia alimenta la fe; escondida, la fe no crece. Es dulce recordar la bondad del Señor en los días pasados, porque Él no cambia y sigue guardándonos de todo mal.
- Habitar en el tabernáculo de Dios es mejor que vivir en los pabellones de los reyes, y no es por un tiempo, sino para siempre. Bajo la cubierta de sus alas nuestro reposo no se interrumpe.
- Dios es testigo de todos nuestros votos. Entre nuestras súplicas y nuestros votos debe haber un paralelismo: no podemos saltar en la oración y cojear en lo que le prometimos a Dios.
Recuerda una promesa que le hiciste a Dios y que has dejado a un lado, y cúmplela esta semana, pagando tus votos cada día.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Una Roca Sobre las Olas
Salmos 61
Para leer en voz alta con los niños
“Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: desde el lugar más lejano del mundo, cuando David se sentía sin fuerzas, le clamaba a Dios que lo subiera a una roca más alta que él. Es como alguien en la playa a quien la marea va alcanzando, que ve una roca alta sobre las olas y grita pidiendo ayuda.
- David estaba muy triste porque gente que él quería lo despreció. No se quedó callado: levantó la voz y le habló a Dios con todo su corazón.
- No hay lugar donde no puedas orar: en tu cuarto, en la escuela o en un hospital. Dios siempre te oye, aunque estés en el fin del mundo.
- Cuando el corazón está triste, cuesta orar. El enemigo quiere que te desanimes y dejes de orar. Por eso mismo, en ese momento, ora más.
- Cuando los problemas crecen como las olas, pídele a Dios que te suba a su roca alta. Ahí arriba, las olas no te alcanzan.
- Bajo la cubierta de las alas de Dios estás seguro, como un pajarito bajo las alas de su mamá. Ahí nadie te puede hacer daño.
- Dios oye lo que le prometes. Si le dijiste a Dios que ibas a hacer algo bueno, cúmplelo, porque Él se acuerda aunque tú lo olvides.
¿Cuándo te has sentido sin fuerzas y Dios te ayudó?
Esta semana, escoge una promesa buena que le hiciste a Dios y cúmplela cada día.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
