Es muy propio de nuestras vidas velar por otros para reprenderles. Fíjate, uno opina de todas las personas, pero Jesús tan sencillo para saber qué decir y llegar al punto de lo visto en Su esencia de amor, entrega, dolor y bondad. De ahí parte para que viviendo en paciencia por la persona que llega a Él (porque Dios es el que vela por las personas), Él es el que sabe los secretos de las personas y cuán dispuesto está la persona a cambiar, cuánto tiempo le lleva y eso le pertenece a Dios, no al hombre de la tierra.
Jacobo y Juan
Discípulos de Jesús escogidos.
Dios los había escogido en la eternidad.
Por escoger no quiere decir que se llega a la tierra equipado con la perfección: "la acción de dejar algo acabado (lo tiene todo y no le hace falta nada)" esto será el último día de la vida y el último segundo.
Como pastora tengo que saber: Jesús murió, resucitó y llegó sobre las vidas el Espíritu Santo para hacer la obra en el hombre, ya que el hombre es complicado y difícil.
Debemos equipar nuestras vidas para luchar y vencer hasta el último minuto de la vida.
Se estaba aproximando el "tiempo" de la ascensión (arriba ser recibido) de Jesús al cielo.
Él lo sabía bien. (Lucas 9:51; Juan 13:1)
Sabía también "que antes estaba la cruz", por lo que emprendió decididamente el camino a Jerusalén y a lo que allí le esperaba.
Una aldea samaritana en el camino se mostró inhospitalaria para el Hijo de Dios, el Creador.
La gente allí sabía que iba a Jerusalén, era judío, no samaritano y esto era razón suficiente para excluirle, por lo que a ellos tocaba.
A fin de cuentas, había un intenso odio entre los samaritanos y los judíos.
Su espíritu sectario (secta) y fanáticos, su actitud segregacionista (apartar, separar), su orgullo racial les indispuso a "recibir" al Señor de la Gloria.
Jacobo y Juan se encolerizaron (enojar mucho) de tal manera ante esta falta de cortesía que se "ofrecieron a mandar fuego del cielo" para destruir a los ofensores.
Jesús en el acto los reprendió.
Él no había "venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlos".
Este era el año aceptable del Señor y no el día de venganza de nuestro Dios.
Ellos deberían haberse caracterizado por la gracia no por un espíritu vengativo.
Esta "no era la primera" vez en que el Señor Jesús sufría la afrenta de muchos y con todo, nunca había invocado el castigo de Dios sobre ninguno, sino que había recibido la injuria con toda paciencia.
Se estaba imaginando la era del Evangelio, a la cual no le cuadraba el alarde de venganza de la justicia divina.
Jesús reprende: ¿Por qué dormís? Lucas 22:39-46
Al terminar la Cena del Señor, Jesús y los discípulos salieron del aposento alto y se dirigieron al huerto.
Al llegar les advierte: Orad que no entréis en tentación.
Perdieron verle aun de lejos esa hermosa agonía a favor de nuestras vidas y la de ellos.
El Getsemaní fue una anticipación del Calvario.
Allí, "el solo pensamiento del contacto con nuestros pecados" fue causa del agudo sufrimiento del Señor Jesús.
"Su perfecta humanidad se ve en la "agonía" que acompañó a Su oración.
Cuando Jesús volvió "a sus discípulos", éstos estaban durmiendo, pero no por indiferentes, sino de agotamiento debido a la tristeza.
Ahora le llegó la hora de la tentación.
Los apremios (prisa, urgencia) que se levantasen y orasen, porque se estaba acercando la hora de la crisis y se verían tentados a negarle delante de las autoridades.
No estaban fortalecidos para la tentación y por tal razón, "ya estaban débiles".
Lucha tu propia vida, para que puedas vencer hasta el final: acepta la reprensión, absolutamente la tuya.
Que Dios mismo se encargue de los demás. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
