Cuando a Nabal se le habían pasado los efectos del vino, cuando vuelve en sí, su esposa le dice de su gran torpeza y cuán cerca de la destrucción se había puesto a sí mismo y a su familia por su rudeza. Él desmayó su corazón (murió su corazón) en él y se quedó como piedra. Se quedó aterrado, más que avergonzado de su necedad. Unos diez días después "bien salir del terror", que le había entrado Jehová, hirió a Nabal y murió.
I. (1 Crónicas 4:9-10) El motivo de su nombre (Jabes = doloroso, hacedor de tristeza). Su madre se lo puso por "haberlo dado a luz con dolor", en nombre. Ese dolor marca la vida de Jabes. El dolor marca a su madre que recordará con gratitud que Dios le había conservado la vida, después de pasar un parto difícil. La razón: para que Jabes aprendiera a "amar y honrar a su madre". Se esfuerza en ser un consuelo para quien le había traído a este mundo "con tanto dolor". La bondad de su carácter… "¡y me libraras del mal para que no me dañe!". Nabal se dañó y entonces Dios lo detuvo, Dios le puso restricciones (límite impuesto, en vez de dar menos). Deja ver a Jabes su carácter especialmente en su piedad de hombre orante. Pronunció la oración que aquí se menciona, cuando se preparaba para las empresas de su vida. Que Dios lo librase de todo daño. Con simpleza recordaba su propio nombre: Jabes = dado a luz con dolor. (Salmos 19:13) Preserva a tu siervo. David no dice limpia, "sino preserva" (protege, cuida, amparar o defender algo con anticipación, con el objetivo de evitar un eventual deterioro), como le pasó a Nabal. Debemos amar las restricciones; ellas nos enseñan que hay límites (borde o frontera; división que marca una separación entre dos territorios). De los pecados de presunción es el apetito desordenado de ser preferido a otros, altivez, el engreimiento. Que no se enseñoree de mí como dijo Jabes; libraras del mal, "para que no me dañe" (1 Crónicas 4:10). "Seré íntegro y estaré limpio de gran rebelión." (1 Salmos 19:13). "Y si Tu mano estuviera conmigo y me libraras del mal, para que no me dañe". "Quedaré íntegro y estaré limpio, quedaré libre de grave delito, la rebelión". (Salmos 141:3) "Pon guarda a mi boca, oh, Jehová". Sabe hermano, la lengua es el instrumento principal en la causa de Dios; pero también es la máquina central del diablo; dásela y no pedirá nada más. No hay maldad que no sea cometida por ella (lengua). El peligro de la transgresión (infringir o desobedecer una norma, una regla) está en el lenguaje sin la convicción de que está en peligro. Es que estamos mucho entre muchedumbre con el prójimo, pero estamos demasiado poco en el aposento alto. (Lucas 11:4) Aprendamos las restricciones (límites) en nuestro hablar, movernos, opinar y luego decir. No nos metas en tentación, más libranos del mal. Él sí permite que experimentemos pruebas y dificultades en la vida y que todo ello está dispuesto para nuestro bien. Deberíamos estar constantemente consciente de nuestra propia propensión (tendencia, instinto) a ir errantes y a caer en pecado. (Juan 17:15) El Señor no rogaba que el Padre quitase a los creyentes del mundo, de un mundo inmediato. Habían de ser dejados aquí para crecer en la gracia de Dios y dar testimonio de Cristo. Pero la oración de Cristo era que fuesen guardados del "maligno". No es escape, sino perseveración (cuidar, defender con anticipación). Jabes: "¡y si Tu mano estuviera conmigo y me librare del mal, para que no me dañe!". Se necesitan las restricciones, la oración para no caer en tentación. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Para que no me dañe
1 Samuel 25:37-39
“Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza.”
Nabal se dañó a sí mismo y Dios tuvo que detenerlo; Jabes, en cambio, oró a tiempo: «¡Y me libraras del mal, para que no me dañe!». Debemos amar las restricciones y orar para no caer en tentación. Estos son los puntos para la semana.
- Cuando a Nabal se le pasaron los efectos del vino y su esposa le contó cuán cerca estuvo de destruirse a sí mismo y a su familia, su corazón desmayó; diez días después Jehová lo hirió y murió.
- Jabes se llamó así porque su madre lo dio a luz con dolor. Ese nombre marcó su vida: aprendió a honrar a su madre y fue un hombre de oración antes de emprender las empresas de su vida.
- Jabes pidió que Dios lo librara del mal para que no le dañara. Nabal se dañó y Dios lo detuvo; mejor es pedirle a Dios que nos guarde antes que esperar a que Él nos frene.
- David no pide solo que Dios lo limpie, sino que lo preserve: que lo cuide con anticipación de los pecados de soberbia, como el apetito desordenado de ser preferido a otros, la altivez y el engreimiento.
- Debemos amar las restricciones, porque nos enseñan que hay límites. «Pon guarda a mi boca»: la lengua es instrumento principal en la causa de Dios, pero también es la máquina central del diablo.
- Estamos mucho entre la muchedumbre y demasiado poco en el aposento alto. Aprendamos límites en nuestro hablar, movernos y opinar, conscientes de nuestra propia tendencia a ir errantes y caer en pecado.
- Jesús no pidió que el Padre quitara a los creyentes del mundo, sino que los guardara del maligno. No es escape, sino preservación: se necesitan las restricciones y la oración para no caer en tentación.
Antes de opinar o responder esta semana, detente un momento y ora como Jabes: «Líbrame del mal, para que no me dañe», y pídele a Dios que ponga guarda a tu boca.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Nabal Se Queda como Piedra
1 Samuel 25:37-39
Para leer en voz alta con los niños
“Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Dios cuidó a David de hacer algo malo, y lo malo que hizo Nabal le cayó encima a Nabal mismo. Nabal era un hombre rudo que bebió mucho vino; cuando supo el peligro en que se había metido, su corazón se quedó como una piedra.
- Nabal no se puso límites: bebió de más y habló con rudeza. Así se hizo daño a sí mismo y puso en peligro a toda su familia. Lo malo trae consecuencias.
- Hubo otro hombre, Jabes, que oró antes de meterse en problemas: «Líbrame del mal, para que no me dañe». Es mejor pedirle ayuda a Dios antes, no después.
- Los límites son como una verja que te cuida: te dicen hasta dónde llegar. Cuando papá, mamá o la Biblia te dicen «no», te están protegiendo.
- La lengua puede servir a Dios, pero también puede hacer mucho daño. Pídele a Dios que ponga un guardia en tu boca antes de contestar feo o burlarte de alguien.
- Jesús no pidió que Dios nos sacara del mundo, sino que nos cuidara del mal. Por eso oramos: «No nos metas en tentación, mas líbranos del mal».
¿Hay algún «no» de papá o mamá que te molesta pero que te cuida?
Esta semana, cada mañana antes de salir, ora como Jabes: «Líbrame del mal».
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
