Centurión era el que tenía a su mando cien soldados. Hombre de autoridad. El cual estaba con sus hombres guardando a Jesús. Eran soldados, profesión que ordinariamente "endurece", y cuyos pechos no se ablandan tan fácilmente "por impresiones" (marca o señal que quedan) de miedo o de compasión. Sabemos entonces que no hay ánimo tan altivo ni tan osado que no pueda ser ablandado y humillado por el poder de Cristo.
Eran romanos, gentiles y a pesar de eso, fueron los únicos que quedaron impresionados de esta manera.
Mientras los gentiles se ablandaban, Su pueblo se endurecía.
Eran "perseguidores" de Cristo, que muy poco hacía Le habían ofendido, maltratado, calumniaban, despreciado tal como dice Lucas 23:36: En su sed, le dieron vinagre.
¡Cuán rápidamente puede Dios, por el poder que tiene sobre las conciencias de los hombres, cambiar también el modo de hablar que los hombres tienen!
Dios se encarga de convencerles: visto "el terremoto", que les espantó y cosas que habían acontecido. (51-53).
Estas cosas hicieron impacto en los soldados, cualquiera fuese e hicieron en otros, ellos lo tenían cara a cara, la muerte de Jesús el Hijo de Dios, solamente ellos, todos huyeron.
Las expresiones con que manifestaron dicha convicción:
El "terror" que se apoderó de ellos: temieron en gran manera:
Temieron ser sumidos (hundir) en las tinieblas, tragados por la tierra en el terremoto.
Dios puede aterrorizar fácilmente al más osado de Sus adversarios.
La culpabilidad de la conciencia infunde miedo en el ánimo de los hombres.
b) El "testimonio" que se vieron obligados y forzados a dar.
1. Dijeron: "Verdaderamente, este era Hijo de Dios."
2. Era este el punto crucial, crítico de la disputa y en Él "se ponían ahora de acuerdo y sus enemigos" (Mateo 26:63-64).
Sus discípulos lo creían, pero por ahora no se atrevían a confesarlo.
Los judíos, ahora que Le veían muerto en la cruz, daban el asunto como resuelto, solucionado a favor de ellos.
Pero, el centurión y los soldados pronunciaban ahora esta confesión voluntaria de la fe cristiana.
El mejor de Sus discípulos no había podido decirlo mejor en ningún tiempo y en este momento no tuvo ni la fe ni el coraje suficientes para decir esto mismo: "Verdaderamente, este era el Hijo de Dios."
(Mateo 27: 55-56) La presencia de los pocos amigos que fueron testigos de Su muerte.
Quienes eran: muchas mujeres… las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea.
No Sus apóstoles (solo a Juan encontramos junto a la cruz, Juan 19:26), cuyos corazones habían desfallecidos y no aparecieron por allí.
Después de seguirle desde tan lejos, estas mujeres decidieron no abandonarlo ahora.
Estaban hasta que María fue al sepulcro y hasta el pentecostés y luego cada cual para lo que tenían que hacer.
Tenemos que hacer el trabajo "hasta el fin", y ofrecerle con gusto el resto de nuestras vidas.
(Lucas 23:49) Estaban "lejos".
Sin duda que los sufrimientos de Cristo fueron más duros de soportar al ver "a lo lejos" a "los amigos" que "más" Le amaban.
(Lucas 23-49) Sus conocidos en masculino, lo que indica que había algunos varones, que no eran los 11 discípulos que no habían llegado allí.
Cerca de la cruz a Juan, a la madre de Jesús, a María la mujer de Cleofás y a Magdalena.
Que estaban lejos no era desafecto, timidez, sería lo propio y delicadeza, nuestro Amado estaba en su castigo de la desnudez.
(Mateo 27:55) Estaban "mirando"; puesto que no podían prestarle ningún servicio, le dirigían al menos una mirada de afecto, una mirada llena de pena. "Mi Amado".
Podemos imaginarnos como les dolería "en lo más profundo del corazón" "verle en "tal tormento."
Contemplemos con los ojos de la fe a nuestro Salvador crucificado y que nuestro corazón "se sienta afectado por el gran amor con que nos amó".
La Iglesia es el lugar donde nuestro Jesús tuvo que pasar la cruz, para que Lo viéramos, lo amemos, adoremos, nos limpiemos, porque ya no hay dolor en Su cuerpo, pues debemos darle con regocijo nuestro afecto.
El que se dirige a la iglesia para burlar, juzgar y peor cuando no conoce a Jesús, pues es no amar al que merece ser amado, ya no más tú sino Él en medio nuestro. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
