En nuestras bocas hay quejas, lamento. En nuestras vidas debemos aprender lo que la Palabra dice y ya y punto. Muchas veces es mejor un alarido (grito, clamor) que confunde la fe y la fe no puede hacer nada y queda paralizada (detener, impedir la acción y el movimiento). Nuestras palabras son aquello que no sabemos qué hacer. Puede ser por muchas razones.
(Hebreos 10:5-9) Quien habla es Jesús el Mesías.
Esperaba pacientemente a Jehová.
Quién oirá Su oración y le librará de la muerte.
Ni nuestro bendito Señor recibió siempre respuestas instantáneas a Sus oraciones.
Pero Él reconoció que la demora no significaba la negación de la petición.
Dios contesta la oración cuando es el mejor momento para cumplir Sus propósitos en nuestras vidas.
El Salvador asemeja Su liberación gloriosa de la muerte al ser rescatado "de un pozo horrible y del lodo cenagoso".
¡Quién puede imaginar lo que le significó para el Dador de la vida salir de la tumba victorioso sobre el pecado, sobre Satanás, sobre la muerte y sobre la tumba, vivo para siempre!
Aunque el rescate de Cristo fue único, en un sentido menor todos nosotros experimentamos el poder de Dios salvándonos de los "pozos" y los "fangos" de la vida.
Todos sabemos que la vida está llena de estos pozos profundos.
El creyente andando alejado del Señor también se encuentra en lodo peligroso.
Hay fangos de enfermedad, sufrimiento y tristeza.
A menudo, cuando buscamos dirección, parece que estamos en un sótano oscuro.
Y por supuesto, a veces nos enredamos en el luto, la soledad y el desánimo.
Estas son experiencias inolvidables, momentos cuando oramos, lloramos y gemimos, pero al parecer no hay respuestas.
Necesitamos aprender del ejemplo de nuestro Salvador y esperar pacientemente en Jehová.
Dios en Su buen tiempo y como solo Él sabe hacerlo, se acercará al lado nuestro, nos "sacará del pozo", "pondrá nuestros pies sobre peña" (piedra grande sin labrar, según la produce la naturaleza) y asegurará nuestros pasos.
(Salmos 40:3) Observemos que Dios es la "fuente" de nuestra "alabanza" tanto como su objeto (todo lo que puede ser materia de conocimiento o sensibilidad).
Él pone en nuestra "boca" un cántico nuevo y es un cántico de "alabanza" a nuestro Dios.
Nuestro rescate resulta no solamente en alabanza a Dios, sino también en testimonio a los demás.
"Verán esto muchos y temerán."
Nunca fue tan real como en la resurrección del Señor Jesús.
¡Pensemos en el número casi incontable de peregrinos de la fe que han sido ganados para el Dios vivo a través del milagro de la tumba vacía!
(Salmos 40:4) Pensando en aquellos que han gustado y visto que el Señor es bueno, el Redentor resucitado afirma una de las verdades más grandes y fundamentales de la vida espiritual: "Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza."
La "verdadera felicidad" y la "realización" en la vida viene "únicamente" por medio "de la fe en Dios".
Hemos sido "creados de tal manera" que solo podemos realizar el propósito para nuestra vida cuando reconocemos a Dios como nuestro Señor y Maestro.
(Pascal): "¡Hay un vacío en el corazón humano cuyas dimensiones solamente Dios puede llenar!"
Y Agustín lo expresó así: "¡Nos has hecho, Oh Señor, para Ti mismo; y nuestro corazón no haya descanso hasta que descansa en Ti!"
El hombre bienaventurado no solamente busca a Dios sino también "se aparta de hombres "orgullosos" (altivos, soberbios) y de los seguidores de falsos dioses.
No está engañado por dos de las más grandes decepciones de la vida: la idea de que es "importante el honor de hombres soberbios y el concepto (idea, pensamiento) de que los deseos falsos del materialismo, los placeres, puedan satisfacer el corazón humano.
El hombre dichoso está más preocupado por la "aprobación de Dios que por la de los hombres" y reconoce que "la plenitud de gozo solo se halla en la presencia de Dios", no en la compañía de los que adoran en templos de ídolos. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Pacientemente Esperaré A Jehová
Salmos 40:1-4
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”
En nuestras bocas hay quejas y lamento, y un alarido puede confundir la fe hasta dejarla paralizada. El Salmo 40 nos enseña, con el ejemplo del mismo Mesías, a esperar pacientemente en Jehová. Estos son los puntos para la semana.
- Quien habla en este salmo es Jesús el Mesías. Ni nuestro bendito Señor recibió siempre respuestas instantáneas, pero reconoció que la demora no significa la negación de la petición: Dios contesta cuando es el mejor momento para Sus propósitos.
- El Salvador asemeja Su liberación de la muerte a ser rescatado de un pozo horrible y del lodo cenagoso: salió de la tumba victorioso sobre el pecado, sobre Satanás y sobre la muerte, vivo para siempre.
- En un sentido menor, todos experimentamos a Dios sacándonos de los pozos de la vida: el lodo del creyente que anda alejado del Señor, la enfermedad, la tristeza, el luto, la soledad y el desánimo.
- Hay momentos en que oramos, lloramos y gemimos, y parece que no hay respuesta. Dios, en Su buen tiempo, se acercará, nos sacará del pozo, pondrá nuestros pies sobre peña y asegurará nuestros pasos.
- Dios es la fuente de nuestra alabanza tanto como su objeto: pone en nuestra boca un cántico nuevo. Nuestro rescate es también testimonio: verán esto muchos y temerán, como sucedió con la tumba vacía.
- Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza. La verdadera felicidad viene únicamente por la fe en Dios, porque hay un vacío en el corazón humano que solamente Dios puede llenar.
- El hombre dichoso se aparta de los soberbios y de los falsos dioses; no lo engañan el honor de los hombres ni los placeres, y busca la aprobación de Dios más que la de los hombres.
Cuando te llegue la queja a la boca, cámbiala por una oración y espera pacientemente en Jehová: Su demora no es una negación.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Un Canto Nuevo en la Boca
Salmos 40:1-4
Para leer en voz alta con los niños
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: esperé a Dios con paciencia, Él me oyó, me sacó de un pozo de fango y me paró sobre una roca firme. Imagínate atrapado en un hoyo lleno de lodo, y que una mano fuerte te saca, te pone sobre una piedra grande y te da una canción nueva.
- A veces nos quejamos y gritamos cuando las cosas salen mal. Pero las quejas no ayudan: lo que ayuda es esperar en Dios con paciencia.
- Ni siquiera Jesús recibía siempre la respuesta enseguida. Que Dios se tarde no quiere decir que dijo que no; Él contesta en el mejor momento.
- A Jesús lo pusieron en una tumba, pero Dios lo sacó vivo al tercer día. ¡Ese fue el rescate más grande de todos!
- Tú también puedes caer en un pozo: tristeza, soledad, miedo, o alejarte de Dios. Si oras y parece que no pasa nada, sigue esperando, que Dios te va a sacar.
- Cuando Dios te saca del pozo, te pone un canto nuevo en la boca. Y otros ven lo que Dios hizo contigo y también confían en Él.
- Feliz es el que confía en Dios y no en los orgullosos ni en las mentiras. Hay un hueco en tu corazón que solo Dios puede llenar.
Cuando algo no sale como querías, ¿te quejas o esperas en Dios?
Esta semana, cada vez que te den ganas de quejarte, di una oración corta.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
