La gracia es un don de nuestro Padre Celestial otorgado a través de su Hijo Jesucristo. La palabra gracia, según se usa en las Escrituras, se refiere principalmente al poder habilitador (medios para poder hacer algo, autoridad, capacidad) y la sanación espiritual, ofrecidos por medio de la misericordia y del amor de Jesucristo. Don gratuito que Dios nos hace de Su vida infundida (dotar a alguien, cualidad, una idea, sentimiento) por el Espíritu Santo en nuestra alma para curarla del pecado y santificarla. La gracia santificante nos hace agradarle a Dios.
Sanación espiritual ofrecido por medio de la misericordia y del amor de Jesús.
Jesús fue enviado a la cruz y murió para salvarnos de nuestros pecados sin merecerlo.
Lo hizo mediante el don del amor sacrificial (ofrenda, martirio).
"La invitación" llena de gracia, la de acercarse confiadamente al trono de la gracia.
Nuestra confianza, creo, que basado en el conocimiento de que Él murió para salvarnos y que "vive para guardarnos".
Tenemos la certeza (verdad) de una acogida cordial porque Él nos ha invitado a acudir.
El Antiguo Testamento (AT) no podía acercarse a Él.
Solo el sumo sacerdote y además solo un día al año.
Tú puedes acudir ante Su presencia en cualquier momento del día o de la noche y alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Su "misericordia" cubre las cosas que no deberíamos haber hecho y "Su gracia" nos da poder para hacer lo que debemos, pero para lo que no tenemos capacidad.
Para alcanzar misericordia y hallar gracia en los momentos cruciales, tal vez donde no merecemos nada; justo cuando y donde lo necesito.
Eres atacado por una tentación.
En el momento del asalto, miras a Él y ahí está la gracia para ayudar en el momento crucial.
No pospones tu petición hasta la hora de la oración al atardecer.
Allá en la calle, cuando tienes la llama de la tentación delante de ti, vuélvete a Cristo con clamor pidiendo ayuda y la gracia estará ahí en el momento crucial.
(Efesios 2:4-5; 8-9) "Por gracia sois salvos".
Para Dios estas palabras constituyen (formar, componer) una de las más significativas, indican que ha tenido lugar un cambio prodigioso; por Su gran amor; un cambio de la fatalidad y desesperanza del valle de la muerte a los deleites indecibles (incalculables, indescriptibles) del reino del Hijo del amor de Dios.
El autor del cambio es el mismo Dios.
Nadie más, tú ni yo, nadie más hubiese podido hacerlo; nadie más hubiese "querido" hacerlo.
Un rasgo en este Bendito Ser es que es "rico en misericordia".
Seamos agradecidos; nos muestra misericordia no tratándonos de la manera que merecemos ser tratados (Salmos 103:10).
Hoy en día con todos los años que han pasado sigue siendo una mina inagotable de riquezas.
La razón de Su intervención (actuación, promover una mejora, perfeccionamiento) se da en estas palabras: "por Su gran amor con que nos amó".
Su amor es grande porque Él es su fuente.
Es más grande sentirse amado por el Poderoso Soberano del universo, por ejemplo, que por un semejante humano.
El amor de Dios es grande por el precio que Él ha pagado.
El amor envió al Señor Jesús, el único Hijo de Dios a morir por nosotros en la agonía del calvario.
(5) El amor de Dios es grande a causa de la extrema indignidad y condición repulsiva (repugnante) de las personas amadas.
Estando nosotros muertos por nuestros delitos y pecados.
Éramos enemigos de Dios; estábamos destituidos y en degradación.
A pesar de todo ello, Él nos amó.
Como resultado del amor de Dios para con nosotros y como resultado de la obra redentora de Cristo hemos sido: (1) vivificados juntamente con Cristo; (2) resucitados juntamente con Él; (3) sentados con Él.
Tales expresiones describen nuestra posición espiritual como resultado de nuestra unión con Él.
Él actuó como nuestro Representante, no solo por nosotros, sino "como" nosotros.
Cuando Él murió, nosotros también morimos.
Cuando Él fue sepultado, nosotros también fuimos sepultados.
Cuando Él fue crucificado, resucitado y sentado en los lugares celestiales, también lo fuimos nosotros.
Todos los beneficios de Su obra sacrificadora, los gozamos nosotros por nuestro vínculo con Él.
Tener "vida juntamente con Cristo" significa que los convertidos están ahora asociados con Él en novedad (originalidad) (transformación) de vida.
El mismo poder que le dio resurrección de vida a Él nos la ha dado también a nosotros.
La maravilla de todo esto lleva a Pablo a interrumpir el aviso de su pensamiento y a exclamar: "Por gracia sois salvos".
Está abrumado (aturdido) ante el insondable (que no se puede averiguar, saber a fondo) favor que Dios ha mostrado a aquellos que merecían precisamente lo contrario. ¡Esto es "gracia"!
La misericordia significa que no recibimos el castigo que nos merecemos.
La gracia significa que recibimos la salvación que no merecemos.
La recibimos como un don; no como a algo que ganamos.
Y nos viene de Aquel que no tenía obligación de darla.
A.T. Pierson: Es un ejercicio voluntario de amor al que Él no está obligado. Lo que constituye (crear, formar, juntar) "la gloria de la gracia" es que es un ejercicio totalmente libre e independiente del amor de Dios para con míseros (escaso valor, miseria, infeliz) pecadores. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
La gracia, amor de Jesucristo
Hebreos 4:16
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
La gracia es un don del Padre dado por medio de Jesucristo: poder para hacer lo que no podemos y sanación del alma por Su misericordia y Su amor. Jesús murió para salvarnos sin que lo mereciéramos, y por eso tenemos la invitación de acercarnos confiadamente al trono de la gracia. Estos son los puntos para la semana.
- Nuestra confianza para acercarnos se basa en saber que Él murió para salvarnos y vive para guardarnos; tenemos la certeza de una acogida cordial porque Él mismo nos invitó a acudir.
- En el Antiguo Testamento el pueblo no podía acercarse: solo el sumo sacerdote, y un solo día al año. Tú puedes acudir a Su presencia a cualquier hora del día o de la noche.
- Su misericordia cubre las cosas que no debimos haber hecho, y Su gracia nos da poder para hacer lo que debemos pero para lo que no tenemos capacidad.
- Cuando te ataca la tentación, no pospongas tu petición hasta la hora de la oración: allí mismo en la calle, vuélvete a Cristo con clamor, y la gracia estará ahí en el momento crucial.
- «Por gracia sois salvos» anuncia un cambio prodigioso, del valle de la muerte al reino del Hijo, y el autor del cambio es Dios mismo, rico en misericordia, por Su gran amor.
- Su amor es grande por su fuente, por el precio que pagó al enviar a Su Hijo al calvario, y porque nos amó cuando éramos enemigos, muertos en delitos y pecados.
- La misericordia es no recibir el castigo que merecemos; la gracia es recibir la salvación que no merecemos. La recibimos como un don, no como algo ganado, de Aquel que no tenía obligación de darla.
Cuando llegue la próxima tentación, no esperes a la noche: en ese mismo momento vuélvete a Cristo con clamor y pídele Su gracia para el oportuno socorro.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Al Trono a Medianoche
Hebreos 4:16
Para leer en voz alta con los niños
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: podemos acercarnos a Dios sin miedo, y Él nos perdona y nos da fuerzas cuando más lo necesitamos. Antes solo un sacerdote podía entrar ante Dios, un día al año; hoy tú puedes llegar a Su trono de día, de tarde y hasta a medianoche.
- La gracia es un regalo de Dios por medio de Jesús. Jesús murió en la cruz para salvarnos, y nosotros no hicimos nada para merecerlo.
- Dios mismo te invitó a acercarte. Por eso puedes hablarle con confianza, como un hijo que entra al cuarto de su papá, a cualquier hora.
- Cuando alguien te empuja a hacer algo malo, no esperes a la noche para orar. Allí mismo, en la escuela o en la calle, pídele ayuda a Jesús, y Él te ayuda.
- Misericordia es que Dios no nos castiga como merecemos. Gracia es que nos da la salvación, que no merecíamos. Por eso le damos las gracias.
- Antes de conocer a Jesús éramos como enemigos de Dios por nuestros pecados, y aun así Él nos amó. Su amor es el más grande de todos.
- La salvación no se gana portándose bien: es un regalo. Pero quien lo recibe de verdad quiere agradar a Dios con su vida.
¿A qué hora del día puedes hablar con Dios?
Esta semana, cada vez que te den ganas de hacer algo malo, di bajito: «Jesús, ayúdame», y obedece.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
