Mega Zoé
Estudio #1502Iglesia en las casas

Exaltación de los Santos

Perseverar en la oración y vivir en santidad sostienen el llamado central de este estudio.

Nuevo TestamentoLucasDomingo, 11 de mayo de 20256 min lectura

El conocer al Señor no busca excusa para ser frío, tibio ni mediocre. Daniel anuncia que los entendidos resplandecerán y que los que enseñan la justicia a la multitud brillarán como las estrellas a perpetua eternidad: una bendición para todo el que enseña a otros el camino de la verdad, aunque no sea predicador, porque cada uno enseña a sus hijos, a su cónyuge y al que está cerca. El problema es que vivimos plantados en esta tierra, cuando lo que las Escrituras muestran es la exaltación que espera a los santos. En tus manos está multiplicar lo que Dios te ha dado.

I. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (Daniel 12:3).

A. Es una bendición general para los que enseñan a otros el camino de la verdad y de la virtud.

1. Esa virtud es la disposición habitual y firme de hacer el bien: capacidad, poder, facultad, fuerza, integridad y estabilidad. Incluye comprender el bien y discernir cuándo viene el engaño, porque el engaño se encuentra dondequiera.

2. Nadie queda fuera: el que no es predicador enseña igual a sus hijos, a su esposa, a su esposo y al que está cerca. Es algo que fluye y emana de uno.

3. El mayor porciento de las conversaciones son vanas: no edifican ni al que habla ni al que escucha. Son de discusión, de pretender o de quién sabe más, y en ellas se pierde el tiempo.

4. Hay que darle importancia a lo que la merece, porque lo que no la merece no debe existir. El problema cargado y hablado quita el sueño y quita la sonrisa.

5. El día en que uno se convierte se hace persona santa, y dondequiera que trabaje lo acompaña esa atmósfera de lo santo.

B. El conocimiento de las Escrituras sostiene al creyente en la prueba.

1. El día en que leer las Escrituras se te haga deseo, nunca las soltarás; y el día en que no las leas te sentirás culpable.

2. Cuando venga la lucha, el problema o la tentación, el que está adoctrinado conforme al conocimiento de las Escrituras no verá turbado su camino.

3. Cuidado con quién enseña y con quién opina: hay quienes vandalizan las Escrituras y los oídos de los que escuchan lo que no deben aprender.

II. Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades (Lucas 19:17).

A. El amo alabó al siervo por haber sido fiel en lo poco.

1. Tampoco le dio tanto que no se pudiera hacer. Así hace Dios con nosotros: nos da, y en nuestras manos está multiplicar lo que nos dio.

2. Multiplicar es una vida espiritual, una vida de búsqueda, una vida de amar las Escrituras y de adorar cada día con mejor calidad.

3. A nosotros se nos han dado muchas minas; la pregunta es si las hemos multiplicado. El que aprende y supera lo suyo lleva una adoración espléndida, que provoca levantar las manos y estremece todo el ser.

4. Quien entra al devocional a adorar y a bendecir, dejando lo demás afuera, sale de la iglesia edificado.

B. El primer trabajo de nuestra vida es morir yo.

1. Tenemos que morir para que Cristo crezca; si no se muere a la carne, se es puramente un fracaso, porque nada bueno sale de uno mismo.

2. Al que sigue en la carne no se le puede poner nada en las manos, porque no podrá administrarlo. Mientras se tenga de la carne, nunca se hará un trabajo para el Señor.

3. Ha de importarnos ante todo lo que el Señor diga de nuestro trabajo, no lo que piensen o digan los demás.

4. La magnitud con la que un discípulo gobernará va determinada por la medida de su devoción y de su entrega propia; así como fue la entrega, así será. Cuál de los doce tuvo la entrega más grande, solamente lo sabe Jesús.

III. La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada (1 Corintios 3:12-15).

A. El fuego prueba la obra, no la salvación.

1. Si permanece la obra, se recibirá recompensa; si se quema, se sufrirá pérdida, aunque el mismo sea salvo así como por fuego.

2. El fuego que se pasa no es castigo que Dios manda; el castigo será luego. Se trata de cuánto pesa la obra que uno hizo, o de si se trabajó y se vivió puramente en vano.

3. Es más fácil vivir en vano que ser capaz de amar a Dios sobre todas las cosas. La vida no es liviana: el cielo lo ve todo y todo se escribe.

4. Así como los castigos no serán iguales para todos, tampoco lo serán las recompensas. Aquí se muestra el más alto grado de gloria para los fieles en el cielo.

IV. Os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel (Mateo 19:28).

A. La recompensa por el servicio fiel está ligada al gobierno en el reino de Cristo.

1. La regeneración es renovar y restablecer: el reinado futuro de Jesucristo sobre la tierra, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria. Sucederá luego de los siete años de tribulación, en los mil años del milenio.

2. En el milenio seguirá habiendo mortales en la tierra, y esos mortales no escaparán de los juicios, porque estarán los doce tronos de los discípulos. El muro de la ciudad tiene doce cimientos con los nombres de los doce apóstoles del Cordero (Apocalipsis 21:14).

3. Las Escrituras enseñan que los creyentes reinarán con Cristo sobre la tierra cuando Él venga con poder y gloria, y que les serán encomendadas las cuestiones de juzgar, incluso a los ángeles caídos (1 Corintios 6).

4. Sobre la iglesia de Cristo ningún tribunal tiene jurisdicción: la iglesia de Cristo la defiende Cristo, y si hay algo que arreglar o castigar, es Él quien lo hace.

B. Al vencedor se le promete compartir la gloria del trono de Cristo (Apocalipsis 3:21; 5:10).

1. Los que le siguen en humildad, en los rechazos y en los sufrimientos, le seguirán también en gloria. Son lugares de mucha honra.

2. Más allá de la redención, el Señor ha hecho a los creyentes reyes y sacerdotes: los que se santifican, oran y se apartan del mundo; los que no hablan lo que su mente les place ni sienten lo que el corazón vagabundo les grita.

3. Quien toma esa posición no es visto por Dios como un simple mortal, sino como rey y sacerdote para adorarle, dar testimonio de Él y reinar con Él en la tierra milenial.

4. La tibieza es ser nada, ni aquí ni allá. No pienses tanto en esta tierra para ti; piensa en lo que el cielo piense de ti, porque el cielo nos está mirando y los ángeles escriben hasta los suspiros y hasta la intención.

5. El Jesús a quien servimos es un Jesús vivo, que nunca se cansa y que está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. A ese Jesús amamos, y por Él nos santificamos. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz