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Estudio #1522Iglesia en las casas

No Dejaré Que Nadie Me Impida Ir A Mi Jerusalén; Allí Moriré Y Resucitaré - Mateo

Permanecer firmes en las pruebas y servir con humildad sostienen el llamado central de este estudio.

Nuevo TestamentoMateoMiercoles, 23 de julio de 202510 min lectura

16:21-27 "Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho… Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle… Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres." Cada uno de nosotros tiene su propia Jerusalén, y cada uno sabe a qué debe ir a morir; pero se nos hace duro dejar de ser yo, porque uno dice: yo nací así, crecí así, así soy. El estudio enseña que si el grano de trigo no cae y muere no puede dar fruto, y que a veces creemos haber muerto ya a mucho sin ver todo lo que nos falta. Recorre la venida de Jesús en mansedumbre, contra el Mesías guerrero que los discípulos esperaban; el momento en que Pedro, sin mala intención ninguna, se vuelve eco de la voz de Satanás, porque el enemigo no busca un extraño sino al que nos ama y nos puede hacer titubear; la necesidad del quebrantamiento para romper la dureza y aprender a amar; y el llamado de Lucas 9:23 a negarse a uno mismo y tomar la cruz cada día. Cierra con la advertencia de no dejar que ninguna voz dulce nos suavice el proceso: el daño es para uno, y la carne se descompone, pero el espíritu no.

I. Cada uno tiene su propia Jerusalén.

A. Cada uno de nosotros sabe a lo que debe ir a morir.

1. No nos gusta el padecer, no nos gusta el sufrir, no nos gusta saber que tenemos que morir en algo.

2. Se nos hace duro dejar de ser yo: "yo nací así, crecí así, así soy; ¿por qué ahora tengo que cambiar?"

3. Todos quisiéramos levantarnos felices, que todo sea fácil, ligero y suavecito. Pero no es así.

B. No podemos dejar que nadie nos impida ir a nuestra Jerusalén, porque allí hay que morir y resucitar.

1. Si un grano de trigo no cae en la tierra y muere, no puede dar fruto.

2. Creemos haber alcanzado un nivel y no vemos todo lo que todavía nos falta morir.

3. Hoy estamos al máximo; pasa una semana, pasa un mes, nos bajan las revoluciones y volvemos a caer.

4. Cuando seamos verdaderamente espirituales, entenderemos a dónde nos es necesario ir.

II. Jesús vino a la tierra y fue a Jerusalén.

A. Vino a librarnos, y por eso fue perseguido; así nosotros hemos de morir al viejo hombre.

1. Llegó en las condiciones que menos esperaba Israel: callado, hablando solo cuando tenía que hablar.

2. En los tres años en que le tocaba manifestarse, lo único que empieza a recibir es persecución.

B. Nosotros llegamos a la tierra y nos toca encontrar nuestra Jerusalén.

1. "Nosotros no matamos, no robamos": pero cada corazón sabe lo que es necesario que muera en él.

2. Cada uno sabe lo que hay escondidito que lo perturba y lo pone tibio; y Dios vomita al tibio.

3. A veces ni lo estamos haciendo, pero está en el pensamiento, en la mente o en el corazón.

4. Efesios 4:22 y Colosenses 3:5: despojarse del viejo hombre y hacer morir lo terrenal.

C. La carne es voluntariosa y tiende al pecado.

1. Es más cómodo ser vago que disciplinado, llegar tarde que llegar temprano.

2. Eso es lo que nos impide orar y lo que nos impide leer la Biblia.

3. Si no morimos a la carne, nunca va a salir una vida espiritual: vivimos a medias, tibios.

III. No le huyamos al proceso.

A. A lo carnal hay que decirle un no rotundo, como a lo que uno sabe que no le gusta.

1. No es que hoy me gusta un poquito y mañana me sale el yo porque me pasó otra cosa.

2. Cuando muramos veremos cambio en cómo hablamos y hasta en cómo trabajamos: bien, no a medias.

B. Nos encanta huirle a los procesos.

1. Jesús sabía que iba a Jerusalén a padecer; nosotros evitamos el proceso porque no queremos sufrir.

2. Con los hijos también: el momento de la disciplina es difícil, pero hay que bregarlo.

3. Cuánto más nuestros procesos de lo profundo: lo que nos ata, lo que nos quita la paz y el gozo.

C. Es mejor morir a la carne que morir al Espíritu Santo.

1. Por mucho que hagamos, si no es el sentir del Espíritu Santo, en vano será nuestro trabajo.

2. Si venimos culto tras culto y no hay algo que grite "ha cambiado", el Espíritu está siendo en vano.

3. Qué vergüenza oír: fueron a la iglesia toda la vida y siempre fueron igualitos.

IV. "Quítate de delante de mí, Satanás."

A. Pedro no lo dijo con mala intención: Pedro amaba a Jesús con toda su fuerza.

1. Un hombre duro, de trabajo, no de letras; su corazón latía al tener al Hijo de Dios al frente.

2. Satanás estaba detrás, para traer ese momento de turbación.

3. A Jesús nadie le iba a quitar la convicción; pero era humano, escuchaba, y también se le hacía difícil.

B. Ese es el problema de no ser espirituales: ponemos los ojos en lo humano y no en lo de Dios.

1. En la carne, en la pena; no en la justicia, no en lo que debe ser.

2. Los cercanos, en su propia humanidad, nos dicen cosas que nos tientan a no entrar al proceso.

3. "¿Por qué tú tienes que cambiar? Eso es una bobería", cuando por dentro uno sabe que sí.

4. Hay que ser espiritual para saber cuándo hablar y cuándo no hablar.

V. Esperaban otro Mesías.

A. Esperaban un Mesías guerrero que los libertara de Roma y restaurara el trono de David.

1. Jesús no vino con ropa resplandeciente ni con grandes armas.

2. Vino con algo más grande: el amor, la paz, la bondad, la esperanza, el ser piadoso.

B. A nosotros nos pasa lo mismo cuando nos pasa algo malo.

1. "Si Dios ha salido conmigo, ¿por qué ahora no salió? ¿Por qué no me has respondido?"

2. Hay corazones a los que les da rebeldía, porque no fue como Dios quiso bregar.

3. Por dentro se sienten cosas a las que no les tenemos palabras, y la mente duda y la fe se cae.

4. Hay que seguir creciendo en fe, porque caemos en la fe.

C. Hay que entender la trayectoria de nuestra vida y por qué nos pasan las cosas.

1. Por eso se nos insiste en orar: la mente se centra por lo menos un momento en el día.

2. Es más fácil obviarlo y seguir como si todo estuviera bien, con la tormenta viniendo por detrás.

3. Al obstinarnos en ser carnales nos agrietamos, nos hacemos pedazos por dentro y nos atribulamos.

VI. El quebrantamiento.

A. Para amar como el Señor manda hay que poner empeño; y para romper la dureza hay que ser quebrantados.

1. Si no, se nos sube el orgullo y decimos: yo sé bregar ante cualquier situación.

2. Por eso Dios busca quebrantarnos, y hay que estar dispuestos: no le huyamos.

B. Jesús puso la cabeza en alto y decidió con firmeza ir a Jerusalén.

1. Sabía todo lo que iba a padecer por nosotros en ese camino.

2. Imagínense llevar en un solo cuerpo los pecados de la humanidad entera.

3. La persecución y la muerte no fueron lo grande: lo grande era resucitar glorioso y no quedar derrotado.

C. Para algunos es bueno esconderse y huir; pero tampoco van a tener resurrección.

1. "Mejor sigo así, que todo parece chévere y nadie se ha dado cuenta."

2. A nadie le importa; pero sí le importa a la pastora y sí le importa a Dios.

3. No se puede aparentar en lo espiritual, como secarse las lágrimas y aparentar que no se llora.

4. Nos escondemos detrás de excusas: fue culpa de aquel, de mi esposo, de mis papás.

VII. El enemigo no busca un extraño.

A. Los nuestros nos toman aparte y nos dicen que no tenemos por qué morir.

1. "Tú no estás haciendo las cosas tan mal; estate tranquilo, quédate así."

2. Entonces nos dejamos usar por Satanás, en vez de ser un buen instrumento.

3. Somos bien cobardes para decir las verdades, por el susto de lo que vayan a pensar de uno.

B. El enemigo busca a los más cercanos, porque le es más fácil.

1. Son las personas que uno ama y respeta las que te pueden hacer titubear.

2. Hay que llegar a ser espirituales para no hacer el papel de Pedro ni caer ante los Pedros de al lado.

3. El daño es para uno: soy yo quien quiero estar bien con Dios.

4. No nos podemos dejar esconder por aquellos que nos aman.

C. Jesús no miraba a Pedro, sino a Satanás detrás de Pedro.

1. Pedro era el eco de la voz de quien no quería que Jesús fuera a la cruz.

2. ¿Qué mejor para Satanás si Jesús no moría? Nos hubiese tenido a todos cautivos.

3. Pedro estaba con Jesús, y aun así Satanás se coló: hay que buscar a Dios todos los días.

VIII. Que nadie nos impida lo que tenemos que vivir.

A. El sentimiento nos quiere amarrar.

1. "Yo que busco hacer las cosas bien, y mira lo que me está pasando": nos damos de víctimas.

2. Nos gusta que alguien nos pase la manita y nos diga que no fue para tanto.

3. Esa vocecita apacigua lo que de verdad tenemos que cambiar, y seguimos siendo igual.

B. El plan del diablo de aprovecharse del sentimiento de Pedro fracasó.

1. Nada ni nadie nos debe conquistar sino el Padre: él sabe dónde nos va a llevar.

2. El diablo no viene como el monstruo que es: viene con palabras dulces, con la pena, con el "ay, bendito".

3. Si tropezamos con un hombre, miremos lo que está detrás y digamos: vete de mí, Satanás.

4. Esta lucha no es contra hombre: el diablo no va a buscar a los impíos, viene a sacarnos de aquí.

IX. Toma tu cruz y sígueme (Lucas 9:23).

A. "Niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame."

1. Tomar la cruz es estar dispuesto al oprobio, al padecimiento, quizás al martirio por causa de él.

2. Hoy nadie nos persigue ni nos amenaza con cárcel: para nosotros es morir al pecado, al yo y al mundo.

3. Negarse es entregarse a su control, de modo que el mundo no tenga derecho en nuestra vida.

4. "Yo estoy bien así, así soy y así me aguantan": eso se le dice a los hombres, no a Dios.

B. Hay que ir a Jerusalén, donde Dios no nos dejará solos.

1. El proceso no es para pasarlo solos; y si Dios ve la disposición, es mucho más fácil.

2. Mientras más vivamos para la carne, más se detiene el proceso y más se acumula.

3. La carne se descompone, pero el espíritu no: envejecemos y se nos acaba la fuerza.

4. Y mientras más pasan los años, más nos aferramos al yo: hay que ser bien manso y humilde.

C. El valiente tiene recompensa.

1. En el Espíritu hay consolación; en la carne, desquite, rebeldía y hablar contra Dios.

2. Al defender nuestro mal con excusas, lo que hacemos es hacer quedar mal a Dios.

3. Todo esto que parece tan violento es el amor de Dios: no nos quiere en una llama eterna.

4. Dejemos de cuidarnos tanto y hagamos la voluntad del Señor: vayamos a nuestra Jerusalén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz