Mega Zoé
Estudio #1525Iglesia en las casas

El Alma de Jeremías Estaba Desgarrada

Permanecer firmes en las pruebas y perseverar en la oración sostienen el llamado central de este estudio.

Antiguo TestamentoJeremíasDomingo, 3 de agosto de 20258 min lectura

Hay grandes hombres en la historia que le dejan a nuestra vida unas enseñanzas. Jeremías es un profeta con una exclusividad espléndida; pero más fueron sus lágrimas, su soledad, sus castigos, sus burlas y sus azotes. Estos versículos lo muestran cansado, hastiado y vulnerable, en uno de sus peores momentos, cuando Nabucodonosor ya había devastado Jerusalén. Su alma estaba completamente desgarrada, y lo que se desgarra no se puede coser. Lo que lo enfermaba no era su propio padecimiento, sino la insensibilidad de un pueblo en el que el impío se parecía al religioso y el religioso al impío.

I. ¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! (Jeremías 9:1).

A. Un profeta cansado, gastado y desanimado.

1. Eran los tiempos en que Nabucodonosor ya había invadido Jerusalén y todo Israel, los había devastado y había matado a todos los que le fue posible.

2. Había recibido tanto desprecio, tanta burla y tanto maltrato físico; lo destrozaron y lo torturaron. Ya se le estaba acabando el tiempo de lo que le tocaba hacer.

3. Él pensaría: ¿qué me toca hacer mañana? ¿Saldrá Dios? ¿Tendré algún descanso al alma afligida? ¿Veré alguna puerta abierta? Pero es que no había nada.

4. Si tú tienes un día malo te atribulas, te quejas y lo murmuras, y nos parecemos a víctimas. ¿Víctimas de qué? Los problemas vienen y van, y le dan a todo el mundo el mismo tipo de problemas.

5. No hay nada mejor que todo lo que pasamos, si salimos vencedores: demostramos la fe que tenemos y la recompensa que Dios nos da; porque la única recompensa es la que Dios nos da.

B. Destinado a llorar más que a ver.

1. Por eso se le llama el profeta llorón. Y él no lloraba por él ni por su familia; como profeta no se registra que haya tenido vivienda, casa, hijos ni descendencia.

2. Era un hombre escogido completamente para servir a Dios: no le importaba que lo apedrearan, ni que le pusieran esclavitud en el cuerpo, ni que lo tiraran a la cisterna. Él sabía que había una razón por la cual existió.

3. Ahora yo pregunto: ¿tú sabes cuál es la razón por la que naciste en la tierra? Lo primero que todos tenemos en común es que hay que orar todos los días.

4. Nuestra vida tiene que ir en crecimiento. Si no creces, te quedaste enano; y al quedarte así, no puedes ver lo que está alto.

5. Lloraba más que veía porque el pueblo cada vez se destruía más: no había milagros, no había hombres y mujeres que se levantaran, y Dios se había ido de entre ellos.

6. Nabucodonosor destrozaría la descendencia y destruyó el templo. A él le tocaba más llorar que ver: se acabó todo, la gracia se le fue y el pueblo se destruyó.

II. La insensibilidad que le desgarraba el alma.

A. El impío se parecía al creyente.

1. Él estaba literalmente enfermo de observar. Porque el creyente actuaba como el impío; no era que el impío actuara como el creyente: eso es imposible.

2. Aquí todos somos santos en el momento; pero saliendo por esas puertas, ¿cuál es la actuación con el vecino, con el que casi choca contigo, con el que te criticó?

3. Pasó sus días orando, amando, predicando y advirtiendo, únicamente para hallar la insensibilidad que le desgarraba el alma.

4. Si alguien depende de ti para crecer espiritualmente y tú eres insensible, vas a hacer que esa persona sea insensible. Entonces ya son dos; y si hay descendencia, seguirá la multiplicación.

5. Donde debemos luchar es en ser seres humanos espirituales, no carnales; basta con que el mundo esté lleno de eso.

6. Ser espiritual no cuesta: uno come igual, se viste igual y duerme igual. Pero cuando fluye lo que hay dentro, es todo lo bueno, lo justo, lo amable, lo verdadero y lo que es de buen nombre.

B. Cuando el corazón es una fuente de pecado.

1. Cuando hallamos en nuestro corazón una fuente tal de pecado, bien está que nuestros ojos sean fuentes de lágrimas.

2. Usted se congrega en todos los cultos; pero después sale, y empieza la semana. Si la pasó en mundanalidad, cada vez que me mira me quiere matar.

3. En vez de brincar a la defensa y a la altivez, porque eso lo habla el corazón y el corazón es duro; la Biblia dice que el corazón es perverso.

4. ¿Y qué tenemos mejor? Convertir los ojos en lágrimas. ¿Y qué se le debe hacer a este lomo? Doblegarlo; porque el lomo es altivo, guapetón, malcriado y grosero.

5. El juicio es inevitable, pero llorando: Dios iba a convertir a Jerusalén en morada de chacales, animales despreciables que se comen todo lo que encuentran, y a las ciudades de Judá en desolación.

III. Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella (Lucas 19:41).

A. Es mejor llorar que hablar.

1. Cuando nuestro amado Jesús se acerca a Jerusalén y ve cómo está toda aquella humanidad, lloró sobre ella.

2. En nuestra vida lo mejor que debemos hacer es llorar: sobre el problema, sobre el hijo, sobre aquel, sobre el otro. Porque si vas a hablar, no se te va a escuchar.

3. Pero si tú gimes a Dios, tú no le lloras a las personas: le lloras a Dios, clamas a Dios, le pides y le suplicas. ¿Y quién gana? Tú.

4. Acuérdate de que la Escritura produce fe; y es la fe la certeza de lo que no se ve. Si has hecho de la oración una costumbre, maduras, y la fe está más activa.

5. Jesús se siente triste por la falta de entendimiento de la ciudad sobre su obra como Mesías y por la destrucción que vendría por consecuencia. Al no recibirlo, ¿qué les vendría? Las consecuencias.

B. El albergue en el desierto (Jeremías 9:2).

1. Nabucodonosor le tenía un lugar y una casa para que se fuera; pero a Jeremías le resultaba hastiada y disgustada la vida.

2. Fue un momento de desespero. No lo hizo, que quede claro: no abandonó a sus compatriotas, aunque esa gente deshonraba a Dios.

3. Porque él sabía que, si los dejaba, el que se iba a destruir era él mismo.

4. Y no piensa en dejarlos porque estén en apuro, sino porque están en pecado: se habían dedicado completamente a pecar, y están corrompidos.

5. No solo eran desleales hacia Dios, sino también unos con otros: una banda de traidores. Esa era la multitud que llevaba Jeremías.

IV. Hicieron que su lengua lanzase mentira como un arco (Jeremías 9:3); y tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón (Romanos 9:2).

A. Los dardos de la falsedad.

1. En el hebreo dice literalmente que torcían sus lenguas como sus arcos de falsedad. Así de mala era la lengua de aquel pueblo; y hoy en día esto es bien propio.

2. Así como el arquero tensa el arco para tirar, así disponen ellos las lenguas; y es para matar con los dardos de la falsedad.

3. En una conversación no debe haber dardos de falsedad. La falsedad rompe, se establece, y cuando entra al alma no hay quien la saque.

4. Se fortalecieron en la tierra, pero no para ser fieles. Podrían hacer muy buenos servicios si los emplearan para la verdad; pero no quieren hacerlo.

5. Los que son fieles a la verdad son valientes. Si no eres valiente para el bien, eres valiente para el mal, y ahí tienes tu propia desgracia.

6. Un día hemos de responder, no solo por nuestra enemistad al hacer frente a la verdad, sino también por nuestra cobardía al no defenderla.

B. Cuántas veces quise juntar a tus hijos, y no quisiste (Lucas 13:34-35).

1. Habiendo dicho la verdad acerca de esta dura ciudad, Jesús se conmovió y lloró sobre ella. Esta ciudad que mata a los profetas era el objeto de su tierno amor.

2. Si a ti Dios ha querido juntarte al cuerpo de Cristo y no lo haces, y tienes esta razón y esta otra y aquella, piensa en las lágrimas del Maestro.

3. La dificultad residía en su terca voluntad. Terquedad es no amar la voluntad de Dios y no apartarse de los placeres mundanos; y después, en la iglesia, no poder adorar ni leer la palabra.

4. Estuvieron setenta años en Babilonia por no haberse querido arrepentir cuando les predicaban Jeremías, Ezequiel, Isaías y los profetas menores; ninguno quiso escuchar.

5. Y esa tierra ya no fluía leche y miel. Si usted quiere vivir así, la tierra donde va a posar es seca, no echa fruto, no hay paz ni gozo; y será esclavo de su carnalidad.

6. El versículo 35 se refiere a la segunda venida: un remanente de Israel se arrepentirá y dirá: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

C. Gran tristeza y continuo dolor.

1. Jesús pronunció un lamento sobre la ciudad que había perdido su dorada oportunidad. Si tan solo lo hubiesen recibido como el Mesías, esto habría significado la paz para ellos.

2. Pero no reconocieron que Él era la fuente de paz, y era demasiado tarde; y debido a que lo habían rechazado, sus ojos quedaron ciegos.

3. Cuando Pablo piensa en el glorioso llamamiento de Israel y en su rechazamiento, su corazón se llena de gran tristeza y continuo dolor.

4. El que rechaza al Mesías va a tener esa misma tristeza y ese mismo dolor. Si lo tomas a medias, debe haber en tu vida un dolor por rechazarlo.

5. No les hables a los tuyos de salvación diciendo que van a ser salvos: tú luchas para que lo sean, tú les predicas, tú les dices que hay un infierno. Mejor que se enojen contigo, y un día los harás razonar.

6. ¿Para qué? Para que Dios te vea; porque si Dios te ve, se compadece de ti. Pero ese dolor tiene que ser desgarrador. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz