Mega Zoé
Estudio #1533Iglesia en las casas

Aunque Puedas Ver y Oír

Atender la palabra de dios y permanecer en la verdad sostienen el llamado central de este estudio.

Nuevo TestamentoMateoDomingo, 31 de agosto de 202514 min lectura

Aunque tú puedas oír y ver, está en tus manos cómo tomas lo que oyes y lo que ves. El carácter se va formando de acuerdo a las experiencias, a lo vivido y a lo que nosotros decidimos; y en la mayoría de las ocasiones se nos hace más fácil ser obstinados y creer que tenemos todo el derecho de serlo. Pero se nos olvida que la vida pasa, que los días son eliminados y no regresan, y que la vida, una es. Desde Isaías hasta Pablo, pasando por Jeremías, Ezequiel, Zacarías y Jesús, el mensaje es el mismo: el problema no es que Dios no hable, sino que el pueblo endurece su corazón.

I. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos (Mateo 13:15).

A. Dios crea individual, y cada uno decide cómo administra su vida.

1. Ninguno aquí es igual al otro; usted piensa que se ha encontrado con alguien que se le parece, y ni la gemela.

2. Cuando Dios crea, crea individual; si dos óvulos son enviados al mismo vientre, hay un propósito de Dios y un porqué de Dios.

3. Dios nos forma para que lo amemos, para que seamos capaces de servirle y de serle fieles.

4. Cuando uno nace y va desarrollando su carácter, tú decides cómo ser.

5. Se dice: es que es mi personalidad. Y bajo ese pretexto manipulamos circunstancias que, si fuéramos mansos, entenderíamos cómo formar.

6. Uno hace un patrón de su vida y de ahí plasma cada día su pisada: cómo actuar, cómo decidir y cómo mantener a todo el mundo a distancia.

B. Se nos olvida que la vida pasa.

1. Los días son eliminados, y esos días no van a regresar.

2. Acuérdense: la vida, una es. ¿Cuántas vidas tienes tú?

3. En nuestra forma de vivir y de existir tenemos que saber que o hacemos bien o hacemos mal.

C. Es muy fácil decidir no ver ni oír.

1. Se dice: yo no prendo las noticias porque eso me pone mal. Pues empieza a verlas, para que se ponga mal.

2. Porque ahí estás viendo y escuchando, y entiendes cómo está la tierra, por qué tienes que gemir y por qué hay que orar.

3. La juventud se está perdiendo; ¿cuántos asesinatos de mujeres en estos días? Y no hay quien lo detenga.

4. Para oír y para ver hay que tener una pasión que nos destroce por dentro, porque esa pasión es la que nos provoca a trabajar.

5. Cuando se comienza a ver y a oír, podríamos proteger y cuidar.

6. Alguien llama, tiene una necesidad, yo veo, y la acción es entonces, ahora. Un justo a quien Dios llama para que vea y aprenda a oír es otra cosa.

II. El corazón se engrosa y los oídos se vuelven insensibles.

A. Ya nadie siente nada por nada.

1. Ves algo, están gritando, y no llamas a la policía: no quiero problemas, quiero evitar problemas.

2. Entre tanta justificación que sale de nuestra boca y de nuestro pensamiento, uno le da permiso al corazón para endurecerse.

3. Cuando uno es insensible, es incapaz de apreciar algo: no puede percibir, no puede entender.

4. Ya para el dolor no tienes sentimiento, y se hace fácil guardar rencor.

5. Tener el corazón duro es lo más cómodo: uno ve la necesidad del otro y dice que no le importa, que el otro es un malgastador.

6. Así uno se defiende y así uno va dejando ver detrás de sí que el corazón se echó a perder.

B. Cuando el corazón se echa a perder, la tierra se pone más dura.

1. El ser humano se va poniendo más insensible, sin ningún tipo de compasión.

2. Y esos oídos se hacen insensibles a la voz de Dios: se rehúsan.

III. Jesús habla en parábolas a un pueblo que ya no quería entender.

A. El pueblo delante del cual Jesús hablaba.

1. Jesús ya había dicho que lo hablaría en parábola, y su conversación empezó a salir complicada.

2. Para entender las parábolas había que saber de términos religiosos, y el pueblo común no entendía.

3. Llegó el momento en que Jesús dijo: si entienden es porque están dispuestos; si no entienden, es que no lo quieren.

B. La vida es una piedra que nos muele.

1. Nosotros pensamos que la vida es cómoda y que es para complacer.

2. En ese molino el dolor y la rebeldía se acentúan; las razones, el porqué y las explicaciones se acentúan más.

3. No es que los días pasan y las cosas se hacen más fáciles: al contrario, porque cuando el molino sigue triturando el grano lo sigue haciendo polvo.

4. Entonces uno se pone más inquieto: ¿pero por qué me pasa a mí? ¿Por qué a mí?

C. Para que no vean, ni oigan, ni entiendan, ni se conviertan.

1. Ellos sabían que si veían y oían, comprenderían y se arrepentirían, y Dios los sanaría.

2. Lo que el Señor quería era que el pueblo viniera a arrepentimiento; Dios siempre ha querido que uno vaya al arrepentimiento.

3. Si es por razonamiento, cada uno tiene un razonamiento distinto, y al fin y al cabo no se oye y no se encuentra solución.

4. Pero si tú oyes lo que se dice, vas entendiendo; y cuando comienzas a entender, tus ojos empiezan a ver.

D. Aunque podían oír y ver, no lo vieron a Él.

1. Lo que Jesús hablaba los hacía libres, pero entre los maestros de las Escrituras lo que había era una pelea religiosa.

2. ¿Quién llevó a Jesús a la cruz? No fueron los pecadores, ni los leprosos, ni los enfermos.

3. Por haber rechazado a Jesús, su castigo sería oír sin entender y mirar sin ver en absoluto.

4. El único lugar donde Dios brega es en el corazón, y lo que se endurece en la vida es el corazón.

5. Cuando Él tomó cautiva la cautividad, muchos resucitaron y se movieron por las calles de Israel, y con todo eso no creyeron.

6. Viendo, no creyeron; y escucharon la voz del Maestro y tampoco la escucharon.

E. La indiferencia espiritual fortalece la carne.

1. Ya eres indiferente a lo espiritual y quieres lo carnal, lo del mundo.

2. Todo lo que el mundo te da te lo va a cobrar; todo lo que Cristo da no lo cobra, porque Él ya lo pagó.

3. Uno deja de ser sensible y va cerrando los ojos para no ver, alejándose de lo espiritual.

4. La carne hace fiesta con nosotros y después nos lo cobra.

5. Sin darnos cuenta vamos dejando atrás el amor, la sensibilidad, la compasión, la misericordia y la bondad.

6. Para mover la mano de Dios a favor del que necesita, tendríamos que ver y oír; si dejamos de ver y de oír, no vemos dónde está Dios.

F. No hay falta de capacidad, sino de disposición.

1. Cuando tú estás centrado absolutamente en ti, nunca serás capaz de lavarle los pies a alguien.

2. Y no se trata de lavar los pies literalmente: es hacer por el que tiene la necesidad inmediata, sea extraño o conocido, grande o chiquito.

3. El ver y el oír se ha cerrado en estos tiempos más que nunca, y según vengan los años será peor.

4. No querer ver, oír ni entender es no convertirse, porque convertirse es cuando se cambia de vida.

5. Cuando Cristo llega, nosotros cambiamos la vida; y aquel día del que uno se convierte no mengua: se aumenta y se perfecciona.

IV. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos (Isaías 6:10).

A. Dios llama a Isaías en un tiempo de pecado.

1. Era un gran trabajo para estos hombres; no era cualquier cosa ser profeta.

2. El reino ya se había dividido: a Israel se lo habían llevado y quedaba Judá, donde estaba el templo y estaban los sacerdotes.

3. De ahí se llevan a Daniel y a los que fueron llevados en aquel tiempo.

B. El mensaje iba a ser fuerte y directo, y no lo recibieron.

1. El corazón de ese pueblo estaba engrosado, completamente endurecido.

2. Mataban a los hijos, profanaron y destrozaron el templo, y se llevaban esclavos caminando desde Israel a Babilonia, sin agua: niños, adultos y ancianos por igual.

3. No podíamos decir que no se lo merecían: sí se lo merecían, porque el corazón se endureció.

4. Y cuando el corazón se endurece, Dios se va.

5. Si eso pasó con Isaías, con Ezequiel y con Jeremías, ¿qué queda para hoy en día?

C. La dureza espiritual es un corazón que ya no se conmueve.

1. Es fácil adorar y levantar las manos; pero escuchar la palabra redarguye, porque la palabra es una espada que penetra.

2. Es el corazón que ya no le responde a Dios ante el sufrimiento de los demás.

3. Ese sufrimiento es cuando nos toca hacer guerra, luchar por los hijos, por el cónyuge, por el hermano, y librar a la iglesia de los ataques que le vienen.

4. Porque la iglesia no son las sillas que están puestas: la iglesia es el cuerpo de Cristo, y es atacado fuertemente, en ocasiones cruelmente.

5. Engrosar es haberse engordado en el pecado: ya no se siente por nadie y se vive absolutamente para uno.

6. Cuanto más no quieras ver ni oír, más rechazas; y mientras más rechazas, más se engruesa tu corazón.

D. El problema no es la falta de señales, sino la dureza.

1. La palabra de Dios está en todo: en Isaías, en Jeremías, en Ezequiel, en Zacarías. Los profetas estaban ahí.

2. Pero el rechazo llega al punto en que se anula la profecía y la palabra no se reparte.

3. Antes las hermanas oraban, repartían tratados y visitaban los hogares; hoy no se pueden visitar los hogares, porque los corazones se han engrosado.

4. Si nos damos por algo, es porque nos conviene, no por amor. Porque el amor es lo que tú le das al otro.

V. La palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman (Jeremías 6:10).

A. No la aman.

1. ¿Sabes por qué muchos muchachos están tan carnales? Porque no se les ha enseñado la palabra.

2. Mientras más años uno cumple, más se siguen engrosando los corazones de los jóvenes.

3. Y no harán bien ni al abuelo, ni al padre, ni a la madre, porque eso viene en escalada.

4. Si tú no enseñas a tus hijos, ese es el fracaso que tú dejas en la tierra.

5. Porque como iglesia Dios nos demanda y como iglesia Dios nos reclama.

B. ¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan?

1. Jeremías expresa la frustración de un profeta que habla en nombre de Dios y el pueblo no presta atención.

2. Pareciera que escuchan, pero el asunto no es que escuchen: es cuánto penetra en el corazón.

3. Mientras más uno limpia el corazón, menos engrosado está.

4. Porque el corazón se engrosa de maldad, de odio, de contienda, de envidia, de celo y de coraje; y todo eso nos deforma.

C. Sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar.

1. Están tapados, cerrados, impuros, incapaces de recibir la voz de Dios.

2. No es una incapacidad física, sino espiritual: escuchan el sonido, pero no obedecen ni toman en serio la palabra.

3. ¿Y quién se afecta? Uno. Pero lo que en ti se afecta le va a hacer daño a otro.

4. Si tú escuchas y si tú ves, y te levantas como hombre o mujer espiritual, vas a hacer bien; porque tienes bien, y el bien se reparte.

D. Les es cosa vergonzosa.

1. Llega el tiempo en que la palabra de Dios se hace vergonzosa para muchos y, en vez de honrarla, se burlan de ella.

2. Consideran ridículo o incómodo vivir según lo que Dios manda.

3. En el fondo no tienen afecto ni aprecio por ella, porque el problema es del corazón endurecido.

4. Yo no cuento membresía: yo preparo soldados, y no los de atrás, sino los que están al frente y batallan como los que batallaban con David.

VI. Tienen ojos para ver y no ven, tienen oídos para oír y no oyen, porque son casa rebelde (Ezequiel 12:2).

A. Casa rebelde.

1. Dios llama así al pueblo que Él mismo levantó, y eso es atroz.

2. Ustedes están aquí porque Dios los levantó; ustedes no están aquí de gratis.

3. Cuánto movimiento ha habido en el cielo para que tú nacieras, y cuánto se ha tenido que luchar para poder estar hoy aquí.

4. Es más fácil llevar una casa rebelde y carnal que llevar una iglesia que ame al Señor con toda su fuerza.

B. Desobediencia y resistencia a su palabra.

1. Vivir en resistencia a su palabra nos afecta a todos: el que aquí padece, yo padezco.

2. No es ignorancia: el problema es rebeldía voluntaria.

3. El pueblo presenciaba todas las señales y escuchaba a los profetas, pero no quería reconocer la verdad.

4. Y la verdad es la que nos hace libres; lo que a ti te hace falta para ser libre es la palabra.

C. Tienen ojos para ver y no ven.

1. La capacidad de comprender la tienen, pero cerraban sus ojos espirituales.

2. La capacidad se tiene, pero es fácil cerrar los ojos a lo espiritual.

3. Oídos para oír lo dicen Isaías, Jeremías, Ezequiel y Zacarías, y Jesús lo repite en Mateo 13:15.

4. Tú tienes que oír la voz de Dios todos los días de tu vida: abre la Biblia, léela, y verás que tu vida irá mejor.

5. Generación tras generación el pueblo endurecía su corazón; quien endurece sus oídos y sus ojos espirituales cae en juicio.

VII. No quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír (Zacarías 7:11).

A. No quisieron escuchar.

1. Es más fácil estar mirando para el lado, mirando a la gente, que estar mirando al frente.

2. Este mensaje no lo volverás a escuchar; el efecto está en cuánto tú lo recibas hoy. Hoy es el día.

3. Aquí no se trata de que no pudieran, sino de que eligieron no atender la voz de Dios.

4. No fue una enfermedad, no fue la muerte, no fue ninguna necesidad: lo escogieron. Es un rechazo voluntario.

B. Antes volvieron la espalda.

1. Es una imagen fuerte de rebeldía y de desprecio.

2. El desprecio es lo que no tiene valor, lo indigno, lo indiferente; el desprecio es burla y es rechazo.

3. Dar la espalda significaba no reconocer la autoridad de Dios ni su palabra. Es lo propio de hoy en día.

C. Y taparon sus oídos para no oír.

1. Literalmente se cerraron a la voz de los profetas.

2. No era falta de entendimiento, sino decisión de endurecerse.

VIII. Y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas (2 Timoteo 4:4).

A. Apartarán de la verdad el oído.

1. Cuando un corazón no ama la verdad de Dios, se aparta de ella y se llena de mentiras que parecen atractivas pero engañan.

2. Son personas que deciden no escuchar la palabra de Dios.

3. No es que no puedan oír, sino que no quieren oír; prefieren alejarse de la verdad porque les incomoda.

4. El niño tiene capacidad de aprender: no traigan a sus hijos como si fueran incapaces de escuchar la palabra.

B. Y se volverán a las fábulas.

1. A las fábulas de vieja, a la fantasía.

2. En vez de la verdad del Evangelio buscarán historias inventadas, mitos o enseñanzas falsas que suenan atractivas pero no son de Dios.

3. Es escoger lo que entretiene o lo que agrada, en lugar de lo que confronta.

4. Y el asunto no es que confronte, sino que va a llegar a transformar.

C. El mismo mensaje desde Isaías hasta Pablo.

1. Pasando por Jeremías, Ezequiel, Zacarías y Jesús, el mensaje es el mismo; y hoy el mensaje sigue siendo el mismo.

2. El problema no es que Dios no hable, sino que el pueblo endurece su corazón.

3. Y no se dice esto como fiesta: se dice con agonía y con dolor.

4. Cerrar los oídos a la verdad lleva a caer en la mentira.

5. Dios siempre ofrece sanidad y salvación, pero depende de que el pueblo quiera abrir sus ojos, sus oídos y el corazón, que es lo principal.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz