Si hay algo en lo que no pensamos durante el día es en tener misericordia; uno se levanta afanado, y ese afán es solamente para uno. Pero hacer juicio sí, a todo el mundo. La verdadera fe se demuestra en actos de misericordia, y el creyente no busca condenar, sino restaurar. Condenar es fácil; echar leña al fuego es más cómodo y hasta da más gusto, pero uno se va poniendo duro y amargado. La misericordia es lo que nos hace activos, y es una de las cualidades más hermosas del carácter de Cristo.
I. La fe es la certeza de lo que no se ve.
A. Al convertirnos conocimos la fe.
1. Antes, si se hablaba la palabra fe, no era entendida: una palabra más en el vocabulario.
2. Cuando llegamos al Señor comenzó una actividad en nuestro ser, en nuestra alma y en nuestro espíritu.
3. Hay muchas cosas que solamente se adquieren mediante la fe; la salvación es por fe, no por mérito.
4. La fe se activa cuando asoma la enfermedad, cuando asoma el día malo, cuando asoma lo que por nosotros mismos no podemos hacer.
5. Por eso la fe está unida a nuestro espíritu, a nuestra alma y a nuestro conocimiento, para seguir venciendo.
B. Hay mucho que vivir, y lo asumimos como queramos.
1. Lo que se tiene, lo que se espera, lo que se asoma, lo que se fue, lo que llegó.
2. O nos ponemos rebeldes, peleamos, odiamos a la humanidad y no miramos a nadie.
3. Y eso no resuelve, porque al fin y al cabo el mal que tenemos que vencer nos vence a nosotros.
4. Todo lo que tú esquivas y no enfrentas se complica, y el que se complica eres tú.
5. Si quieres odiar a la humanidad, ódiala; pero ese odio se le regresa a uno, y no en un noventa y nueve por ciento: en el cien.
6. Siembra y cosecha: es la ley de la siembra.
II. La misericordia triunfa sobre el juicio (Santiago 2:13).
A. No pensamos en la misericordia, pero sí en el juicio.
1. Uno se levanta afanado, y ese afán es para uno y a lo sumo para el más cercano.
2. Pero hacer juicio sí, a todo el mundo: al vecino, al otro vecino, al de enfrente.
3. Si vivimos atribulados y molestos, vamos a asumir esa actitud: el juicio, y hacer juicio por todo.
4. Una situación no me hace, dos no, trescientas no; la misericordia es lo que nos hace activos.
5. Podemos ser felices y bienaventurados: lo que estoy conociendo son las misericordias, que son nuevas cada día.
B. La verdadera fe se demuestra en actos de misericordia.
1. Hay que comenzar a ejercitar la fe en actos de misericordia.
2. Echar leña al fuego es más fácil y más cómodo, y hasta da más gusto; pero uno se va poniendo duro y amargado.
3. Hasta que nada te parece bonito y ves una flor y no te importa.
4. Del mismo pasto sale una florecita más pequeña que un punto, y uno dice: tan pequeñita y ahí está. ¿A quién le plació hacerla?
5. Pero como la misericordia la ponemos a un lado, decimos: mira, si es en el pasto donde nacen. Y eso ya es un juicio.
6. ¿Y a quién le estamos haciendo el juicio? Al Creador, al Hacedor de todo.
C. El creyente no busca condenar, sino restaurar.
1. Condenar es fácil; con los hijos es más fácil ponerlos contra la pared y darles media hora de disciplina.
2. De vida tenemos un promedio aquí; por mucho que vivas, un día se va a acabar.
3. Y entonces vas al cielo o a ese otro sitio que se llama infierno, y ahí será por la eternidad.
4. Produce terror pensar en un castigo eterno, en llamas que nunca se acaban, en el deseo de ver a los que amaste en la tierra.
5. De la tierra partimos en el tiempo que Dios nos marca, pero después el alma y el espíritu van a donde tú los enviaste.
III. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mateo 5:7).
A. El carácter de Dios se refleja en el rostro.
1. Si hay algo que a Dios le alegra de nosotros es cuando mostramos compasión.
2. Está supuesto que en tu rostro se refleje el carácter del Señor, y la gente diga: tú tienes algo.
3. Si lo que se refleja es la ira, la contienda y el tira y jala, eso no es el carácter de Cristo.
4. Y a quien eso debe poner triste es a uno mismo, porque tienes conciencia y la conciencia redarguye.
B. Tú das misericordia y la misericordia vuelve multiplicada.
1. Bienaventurado quiere decir feliz.
2. En el día malo, en el problema difícil, en el conflicto, tú vas a ser liberado por las misericordias.
3. Dios nunca nos deja de un tamaño pequeño: nos convertimos siendo niños y vamos creciendo hasta la edad adulta.
4. En la edad adulta es cuando hemos llegado a ser completos: no en la carne, sino muertos a la carne.
C. La misericordia es el carácter de Cristo.
1. Si conocemos el carácter de Jesús vamos a vivir como Jesús, y eso se verá por tus actos y tus vivencias.
2. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento: esa es la razón por la cual Jesús vino a la tierra.
3. La primera misericordia que entendimos fue el día en que nos convertimos, cuando alguien nos dijo que necesitábamos recibir al Señor.
4. El asunto no es entender: ahí comienza el acto de la fe, porque tu corazón se estremece.
5. Por eso la Escritura dice que imitemos a Cristo; y lo que se imita de Cristo es su carácter.
6. Ese carácter se ve en cómo reaccionas y en cómo miras a las personas, en vez de decir: me cae bien, no me cae bien, se cree más que nadie.
D. Compasión del que sufre, y amor en lugar de juicio.
1. Todos debemos estar luchando por tener el carácter de Cristo; no vamos a cumplir ochenta años y que nadie nos quiera.
2. Lo nuestro se nos acentúa más mientras no decidamos seguir a Cristo tal como Él nos demanda.
3. Es más sabroso dar el juicio; lo difícil es dar misericordia.
4. Pensamos que las misericordias son solo de Dios; pero ¿a quién imitamos? A Cristo.
5. Jesús nos enseña bien claro: a paz. Porque cuando no llegamos a la paz vivimos siempre en pelea, siempre como un juez, y eso nos llega a nosotros mismos.
6. ¿Qué hizo Jesús cuando llegó a nuestra vida? No fue a condenarnos: nos restauró, y lo que nunca pensamos que podíamos ser, libres, lo fuimos ese día.
IV. Vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos (Mateo 14:14).
A. Jesús tuvo misericordia del necesitado.
1. Piensa que Jesús está pasando por tu lado y está dispuesto a obrar conforme a la necesidad que tenemos.
2. Nosotros somos necesitados del Señor todos los días; ya hiciste un pacto con Él, y ya tienes su carácter.
3. Su sangre te cubre, te ha limpiado y te perdonó todos los pecados el día en que te convertiste.
B. Perdónanos nuestras deudas.
1. La oración del Padrenuestro es un patrón para todos los días.
2. Jesús nos deja su esencia y nos da su carácter; quien lo toma eres tú, el día en que te convertiste.
3. Pero hay que estar en cuidado contigo mismo, porque todavía tienes tu naturaleza humana.
4. Podrías haberle hecho un bien a alguien y no se lo hiciste; podrías haber amado y no lo hiciste. Eso se convierte en nuestras deudas, y por las deudas se paga precio.
5. No nos convertimos a una fantasía: nos convertimos a tener una vida con Dios y un carácter de Dios.
6. Padre, perdóname, te fallé en esto; y toda oración termina en el nombre de Jesús.
C. Él no vino a condenar.
1. Jesús vio la multitud en desorden y podía haberlos acusado.
2. Y a lo que vino fue a decir: arrepiéntete. No hay palabra más bonita en la tierra.
3. Cuando uno hizo algo mal se lo pide al Padre en el nombre de Jesús, porque Él pagó toda tu maldad, todo el odio y toda la contienda.
4. Vertió su sangre en la cruz para que cuando hables con Él directamente, Él sepa que ya está pagado.
V. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó (Marcos 1:41).
A. Un leproso vino a Jesús.
1. Todo el mundo salía corriendo, porque la lepra se pega fácil; para aquel tiempo no había la protección que hay hoy.
2. Y Jesús no retrocedió: extendió la mano y lo tocó.
3. Si fuéramos capaces de llenar nuestras vidas de compasión, sabríamos cómo luchar.
4. Él tenía poder para haber sanado a todos los de la tierra, pero cumplía conforme a lo que la eternidad le regía para ese tiempo.
VI. El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra (Juan 8:6-11).
A. Enjuiciar es delicioso.
1. Ve, yo tenía la razón, yo lo sabía; y eso se lleva a fiesta. ¿Pero qué bien hicimos? Ni un bien.
2. Este pasaje muestra la misericordia, la justicia y la sabiduría de Jesús frente al pecado y frente a la hipocresía humana de todos los tiempos.
3. La hipocresía es un doble ánimo, y debemos recapacitar en que no nacimos para ser hipócritas.
4. A cada uno lo que le debe importar es su casa; con la familia basta y sobra, y no da tiempo para estar pendiente de otro.
B. Su intención no era buscar justicia, sino tentar a Jesús.
1. No les preocupaba cómo vivía ella: lo que querían era que Jesús la acusara.
2. Y cuando nosotros tomamos esa misma acción, al fin y al cabo estamos tentando a Jesús.
3. El que esté sin pecado no es un permiso para caer: es que si vas a juzgar a alguien, chequéate primero y estúdiate primero.
4. Si hay que amonestar y hablar con alguien, se hace en el secreto.
5. Yo no soy juez, yo soy ministro: es saber llevar la verdad sin amparar ni encubrir, pero sin buscar un juicio.
C. Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
1. Es la voz de la misericordia y la voz de la verdad.
2. Jesús no aprobó el pecado, pero tampoco la condenó, porque sabía que su misión era salvar y no destruir.
3. Vio en ella no solo una falta, sino una oportunidad de restauración.
4. Eso es misericordia: no negar el pecado, sino ofrecer una salida. Para señalar el pecado somos unos ases, pero no sabemos presentar la salida.
5. Y no le dijo sigue igual: le dio una nueva dirección de vida.
6. La misericordia de Cristo no encubre el pecado, sino que libera del pecado; da perdón y también un llamado a la transformación.
VII. No envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo (Juan 3:17).
A. El mundo tendrá su sentencia a su tiempo.
1. Será luego del arrebatamiento y luego de los mil años, cuando serán tierra nueva y cielo nuevo.
2. Mientras tanto la tierra sigue su rumbo: ni tú lo puedes adelantar ni lo puedes atrasar.
3. ¿Y dónde está el poder? En Dios.
B. No es labor nuestra descubrir lo que hay en las casas.
1. Si hay algo que arreglar, eso lo mueve el Espíritu Santo, porque el que guía a la iglesia es el Espíritu Santo.
2. Él proporciona el momento y lo lleva; y entonces viene la labor pastoral, y no es de hoy a mañana.
3. Si uno no vive como Jesús quiere, se lleva arrastrado todo.
C. Ora todos los días por las personas que te preocupan.
1. Y te hablo de orar, no de hacer un devocional.
2. Leer una porción y decir bendice a mi familia es un devocional.
3. La oración es cuando entras en profundidad con Dios, cara a cara: lo que te hace gemir, lo que te hace abatir, lo que sientes que explota.
4. Porque sabes que estás delante de un Dios vivo, soberano, Rey.
VIII. Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia (Salmo 103:8).
A. El carácter lleno de amor de Dios.
1. Su corazón está lleno de misericordia y compasión, siempre dispuesto a perdonar y a darnos nuevas oportunidades.
2. Dios no se apresura a juzgar, sino a amar, perdonar y restaurar.
3. Hay mucho que podría hacerse en juicio; pero la mayoría de las veces el corazón enmudece y el impulso se va.
4. Obligado hay que vivir plasmado en la misericordia; no es uno, es el sentir y las características de Cristo.
B. Mire el amor, el perdón y la restauración de Dios.
1. Cuánto se ha tardado Dios; y no es tardanza: es que Él no restaura marcando nuestros tiempos, sino los suyos.
2. Él restaura en cada uno de acuerdo a como decidas querer tener el carácter de Jesús.
3. Y entonces el Padre, a través del Espíritu Santo, comienza a renovar en nuestra vida para restaurar tantas cosas.
IX. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso (Lucas 6:36).
A. Tratar a los demás como Dios nos trata.
1. Jesús nos enseña a tratar a los demás con el mismo amor y la misma compasión con que Dios nos trata.
2. Ser misericordioso significa perdonar, ayudar, comprender y tener paciencia, aun cuando otros no la merezcan.
3. Así como Dios nos muestra misericordia cada día, nosotros debemos reflejar su corazón en nuestras acciones y en nuestras palabras.
X. ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad… porque se deleita en misericordia? (Miqueas 7:18).
A. Él perdona y olvida cuando nos arrepentimos.
1. No hay nadie como Dios.
2. Pero tiene que haber el acto de arrepentimiento, cuando tú dices: no más.
B. No retuvo para siempre su enojo.
1. ¿Verdad que tú te enojas y te dura un mes? Hay cosas que se rompen; pero el enojo es lo que no debe quedarse.
2. ¿Qué hace el enojo? Amargarlo a uno y tenerlo en molestia constante. No conviene: sáquelo y bótelo.
C. Porque se deleita en misericordia.
1. Su amor no se agota, y su amor siempre busca cómo restaurar, no destruir.
2. Dios se alegra en perdonar; llegaste al Señor con mucho pecado, y cuando Dios te perdonó, Él se alegró.
3. Cuando en oración le pedimos por lo que nos toca pedir, Él se alegra. Pero sácalo, no dejes nada, porque el que se hace daño es uno.
XI. Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor… nos dio vida juntamente con Cristo (Efesios 2:4-5).
A. Es por gracia; es de gratis.
1. Aunque vivíamos lejos de Dios por el pecado, Él nos amó tanto que nos dio nueva vida a través de Jesús.
2. Si Él lo hizo en ti, ¿por qué no vamos a entender que puede hacerlo con más personas?
3. No lo hizo porque lo mereciéramos, sino por su amor y su misericordia infinita.
4. Nuestra salvación es un regalo y no una recompensa, porque todos hemos pecado y todos hemos hecho cosas malas.
XII. Nos salvó… por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tito 3:5).
A. No por obras de justicia.
1. Hoy queremos hacer buenas acciones y mañana nos queremos desquitar con todo el mundo.
2. Él nos limpia por dentro y nos da una nueva vida por medio del Espíritu Santo.
3. La salvación es un regalo que viene del amor de Dios, no algo que nadie pueda ganar.
4. Hay quien quiere demostrar que es más espiritual, que es un angelito; eso ya es vanidad y es estar sometido al orgullo, porque el que está firme, mire que no caiga.
B. El lavamiento de la regeneración.
1. Nacimos de nuevo el día en que Cristo llegó a nuestras vidas.
2. La regeneración vino cuando nos arrepentimos de nuestros delitos y de nuestros pecados.
C. Y la renovación en el Espíritu Santo.
1. Hay áreas que debemos mantener siempre activas, pero nos gastamos y nos debilitamos; la renovación es lo que nos toca a nosotros.
2. Antes eras un dador alegre: veías una necesidad y te ofrecías. Y llega el momento en que dices: gasté más gasolina, me ensuciaron el carro.
3. Antes veías a alguien y te preocupabas: ¿estás bien?, ¿tienes fiebre? Eso hay que renovarlo.
4. El día en que te convertiste hacías el bien, ayudabas, amabas y tenías compasión como algo innato; y llegó un momento en que dices: mira lo que me hicieron.
5. Cuidado, hermano, porque te puede suceder: uno se hace un caparazón y otro, y termina haciendo su vida solo.
6. El juicio no nos edifica: el juicio nos llena el corazón de odio; y cuando uno odia comienza a verle algo a todo el mundo, y ahí tu vida se anuló.
7. Y el lugar más perfecto es decirle a Jesús: yo quiero ser como tú.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
