Mega Zoé
Estudio #1549Iglesia en las casas

Este llanto importa

Perseverar en la oración y permanecer firmes en las pruebas sostienen el llamado central de este estudio.

Antiguo TestamentoSalmosMiercoles, 29 de octubre de 20256 min lectura

El dolor no se puede evitar. Quien cree que puede esquivarlo no ha conocido la Biblia: vive en una fantasía. Y como el dolor es inevitable, el llanto también lo es. La pregunta no es si vamos a llorar, sino qué haremos con ese llanto y dónde estará Dios cuando llegue. Este estudio responde: Dios no mira al quebrantado de lejos; se acerca. "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu". Por eso este llanto importa: porque tiene testigo, tiene memoria y tiene significado delante de Dios.

I. El dolor no se puede evitar, y la queja no es la salida

A. "Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová" (Salmo 34:19). El texto no promete una vida sin aflicción: promete al Libertador dentro de la aflicción.

B. Quien pretende evitar el dolor termina envuelto en "una triste y lamentable miseria de queja": opina mucho, sugiere mucho, fanfarrea mucho, pero no entra en la realidad de la existencia.

C. La diferencia entre el fuerte y el débil no está en las circunstancias sino en las armas: el que ora, ayuna y lee la Palabra está armado; el que descuida eso entra desarmado a cada batalla.

D. La ley de siembra y cosecha gobierna también el corazón: si siembras amor, en ti está la cosecha de amor. Lo que hoy se manifiesta viene de una siembra.

II. Hay un llanto que nace del dolor, y Dios no se aleja de él

A. "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu" (Salmo 34:18). Dios no mira al justo de lejos: se acerca. Y cuando se acerca, aprieta el pecho y las lágrimas salen solas.

B. El llanto tiene un sustituto peligroso: la rebeldía. Cuando uno no llora ni se humilla delante de Dios, la rebelión se va levantando -molestia, coraje, ira, altivez- y donde hay altivez el Señor no está.

C. Otro sustituto es el pedestal: para no llorar, uno empieza a hablar de todos y a acusar a todos. Pero el pedestal es porcelana dorada: basta un viento pequeño para que caiga y quede en polvo.

D. "Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios" (Salmo 51:17). Ese es el único corazón donde el Espíritu Santo puede formar algo.

E. El día que te toque llorar mucho es probable que te quedes solo, porque a la gente no le gusta acompañar en el dolor. Ahí se queda Él.

III. El clamor nace del dolor, no de la fuerza

A. "Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones" (Salmo 107:19). No dice que tenían palabras bonitas: solo clamaron. No dice que estaban enteros: estaban en angustia.

B. Dios responde a la herida, no a la apariencia. En la tierra se monta apariencia -"próspero", "en victoria"- mientras se está con mil dificultades. Él atiende lo que de verdad duele.

C. El día del problema, de la enfermedad del hijo, del matrimonio a punto de romperse, es el día en que nace el clamor. La tentación de ese día es hablar de todos en vez de orar; y si no hay oración, no hay liberación.

D. Dios libra, pero no se le clama con mala crianza ni con grosería. Quien está en acto de rebeldía no debe subir al altar.

E. "Los libró de sus aflicciones": libra al que pasa la aflicción y baja el lomo en ella, no al que se esconde, se defiende o pretende.

IV. Jesús lloró: conoce el llanto desde dentro

A. "Jesús lloró" (Juan 11:35): el verso más corto de la Biblia y uno de los más profundos. No lloró por falta de poder -tenía poder para decir "Lázaro, ven"-, lloró porque no se quedó distante del dolor humano.

B. Lloró por Marta, por María y por los que allí lloraban. El dolor de ellos se le traspasó al corazón. No investigó, no reprendió el llanto: lo compartió.

C. "Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran" (Romanos 12:15). Llorar por el de la propia sangre es automático; la señal del cuerpo de Cristo es llorar por quien no es parte tuya.

D. "Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él" (1 Corintios 12:26). Eso es amar: no es fuerza propia, es unirse al dolor del justo.

E. Por eso, cuando tú lloras no lloras solo. Aunque te parezca que tu fe es poca, tu dolor no es ignorado: fe y lágrimas pueden estar en el mismo rostro.

V. Dios guarda cada lágrima

A. "Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?" (Salmo 56:8). La redoma era el frasco pequeño en que los antiguos recogían las lágrimas en los funerales y en los momentos de gran dolor: allí se guardaba lo precioso.

B. Ninguna lágrima del justo cae al piso: todas caen en las manos de Dios. Él las mira y Él sabe la razón de cada una.

C. No toda lágrima es la misma. No es el capricho del niño que patalea por un antojo: es la lágrima del dolor, y también la lágrima de la adoración, la que se suelta ante el altar.

D. Nada de tu dolor es desperdiciado. Tu llanto tiene testigo, memoria y significado; por eso vale la pena soltarlo delante de Él y no cargarlo solo.

E. Advertencia para este tiempo: una generación criada en el consentimiento no aprende a soltar una lágrima, y el día que tenga que hacerlo por obligación no sabrá cómo.

VI. El llanto es por una noche; la mañana viene

A. "Porque un momento será su furor, mas su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría" (Salmo 30:5). El versículo no niega el llanto: lo reconoce y lo valida.

B. La noche representa el dolor, la angustia, la incertidumbre: el tiempo en que el alma se siente pesada. La mañana representa el cambio: alivio, respiro, restauración, nueva esperanza.

C. El llanto es temporal; el favor dura toda la vida. Dios no está en contra tuya: redarguye por el Espíritu Santo, pero no se cansa de ti, aun conociendo tu fragilidad.

D. "Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré" (Salmo 5:3). Un corazón que llora pero no se rinde: la fe no siempre se siente; a veces solo espera.

E. "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos" (Apocalipsis 21:4). Tus lágrimas tienen final, tu dolor tiene límite, la tristeza no será eterna.

VII. Aplicación

A. No huyas del llanto ni lo disfraces de guapería. La dureza que hoy te ahorra una lágrima mañana te cuesta la cercanía de Dios.

B. Convierte la queja en clamor. Antes de comentar tu dolor con todos, llévalo de rodillas a Aquel que libra de todas las aflicciones.

C. Siéntate al lado del que llora. Sé capaz de llorar por alguien que no es de tu sangre: esa es la marca del cuerpo de Cristo.

D. Busca a Dios de mañana. Presenta tu carga temprano y espera, aunque la fe no se sienta.

E. Recuerda el destino del llanto del justo: está contado, está guardado en su redoma, y un día será enjugado por su propia mano.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz