Mega Zoé
Estudio #1563Iglesia en las casas

Seamos Firmes a Nuestra Creencia

Atender la palabra de dios y servir con humildad sostienen el llamado central de este estudio.

Antiguo TestamentoProverbiosDomingo, 21 de diciembre de 202519 min lectura

Todo camino del hombre es recto en su propia opinión. Lo que nosotros pensemos y lo que hayamos hecho nos parece siempre lo correcto y lo perfecto, porque así nos criaron y así nos han enseñado toda la vida. Pero nosotros no somos jueces válidos de nuestra propia vida ni de nuestro servicio, porque juzgamos por las apariencias externas; y Jehová pesa los pensamientos y los motivos del corazón. Por eso hay que arraigarse a las creencias verdaderas, que son todo lo que dice la palabra, y no a lo que yo creo que debe ser.

I. Todo camino del hombre es recto en su propia opinión (Proverbios 21:2).

A. Dios nos creó a todos diferentes.

1. A cada uno nos pueden decir que nos imaginemos algo, y todos nos lo vamos a imaginar de manera diferente.

2. La vida es bien compleja; cada año que uno cumple va viendo que no es tan superficial como pensamos.

3. Qué compleja es ante una situación: qué pensar, qué no pensar, cómo actuar, cómo no actuar.

4. Y a veces actuamos más por el impulso que por lo que Dios ha hecho en nosotros y por lo que deberíamos haber aprendido de su palabra.

B. ¿Tenemos claro cuáles son nuestras creencias?

1. Amamos a Jesús, lo conocimos, nos convertimos, nos bautizamos; ya tenemos un patrón como creyentes.

2. Somos una iglesia de las más fuertes en cuanto a las creencias: sabemos lo que es bueno y lo que es malo.

3. Pero cuando vemos situaciones de otras personas, se nos hace más fácil comentar cómo deberían haber actuado.

4. Siempre es más fácil mirar hacia el otro que mirar hacia uno mismo: cómo uno reacciona y cómo uno habla.

5. Porque lo nuestro lo vemos natural: así es que yo exploto, así es que yo hablo, así soy yo.

6. Ni siquiera internalizamos cómo respondemos ante una circunstancia o ante una simple conversación.

C. No somos jueces válidos de nuestra propia vida.

1. Nosotros no somos los que podemos decir si estamos bien o si estamos mal; no tenemos esa autoridad sobre nosotros.

2. Y pensamos que sí la tenemos, porque juzgamos por las apariencias externas.

3. No es lo que yo creo que debe ser, ni lo que yo creo que es lo perfecto o lo justo.

4. Hay que arraigarse a las creencias verdaderas, que son todo lo que dice la palabra.

II. Pero Jehová pesa los corazones.

A. Jehová pesa los pensamientos y los motivos del corazón.

1. A veces no sabemos por qué decimos una cosa ni cuál es la intención.

2. Y el asunto es que Jehová siempre está pesando nuestro corazón.

3. Aunque en el fondo a veces sí sabemos por qué lo decimos y sí tenemos conciencia de la intención.

4. Pero pensamos que lo que hacemos está bien y que nuestra manera de hablar es la correcta; y me puedo justificar a mí mismo.

B. Él nos ve en la soledad y delante de la gente.

1. No somos nosotros mismos los que pesamos nuestro corazón.

2. No es el esposo ni la esposa; no es nuestra madre ni nuestro padre. Quien nos pesa el corazón es Dios.

3. De eso tenemos que estar conscientes: de nuestros gestos, de nuestros actos, de cómo hablamos y de cómo respondemos.

4. Dios está viendo nuestras intenciones todo el tiempo en lo que hablamos y en lo que decimos.

5. A veces andamos como si desconociéramos la grandeza de nuestro Señor, y eso es un gran problema.

6. Porque lo que Él quiere es que caminemos firmes a lo que creemos.

III. Nos gusta vivir sin compromiso.

A. Mientras menos tengamos que hacer, mejor.

1. Estoy en la iglesia, pero de lejitos, sin mucho compromiso; mejor no me meto en revolús con nadie.

2. Y preferimos evitar, para no tener problemas.

3. La vida siempre va a traer circunstancias para ver de qué estamos hechos y cómo actuamos.

4. Queremos las cosas a nuestra conveniencia todo el tiempo, porque es lo que yo creo que es lo correcto.

5. ¿Por qué entonces el culto no lo dan a las once, mejor, para dormir un ratito?

6. Es difícil deberse a alguien; queremos una libertad total, que nada nos amarre.

B. Dios ha puesto algo en nuestras manos.

1. Cada uno puede preguntarse: ¿qué ha puesto Dios en mis manos para que yo lo haga?

2. ¿Y lo estoy cuidando, o lo estoy haciendo a mi manera, a mi conveniencia, de la forma más cómoda?

3. Es difícil esta vida, que trae mucho trabajo y mucho ajoro; uno vive ajetreado.

4. Lo único que nos debe dar razón e importancia es que esta vida se acaba.

C. ¿Qué cuenta vamos a dar?

1. Si Dios decide hoy que yo me muera, ¿qué me pude llevar para el cielo, si no fue lo que Él me dio en mis manos?

2. Dios no me va a pedir cuentas de si fui una buena estudiante, ni de si fui exitosa, ni de lo que logré tener en la tierra.

3. Dios simplemente me va a pedir cuenta de lo que puso en mis manos.

4. Pero pensamos que tenemos cien años por delante, y que tal vez algún día lo haga bien y dé mi cien.

5. Que Dios nos dé larga vida, claro que sí; y la vida se disfruta y se vive. Pero conforme a lo que Dios nos puso en la mano.

6. No dejándolo pasar ni cogiéndolo suave porque hoy me conviene o porque tengo mucho trabajo.

IV. ¿A qué estamos anclados?

A. Las preguntas que hay que hacerse.

1. ¿Qué tenemos como firme ancla del alma? ¿A qué estamos anclados de verdad: a este mundo o a Dios?

2. Sobre todas las cosas hay que poner a Dios; y dejamos a Dios en tercero o en cuarto lugar.

3. ¿Escuchamos alguna voz de Dios? ¿Somos fieles a esa voz? ¿Nos da fuerza la palabra de Dios?

4. Estas son las preguntas para poder morir a nuestras convicciones propias: a lo que soy yo y a cómo yo creo que deben ser las cosas.

5. La palabra de Dios nos da fuerza, porque es la única manera de sobreponernos y aplastar lo que la vida nos trae.

B. Muchas veces desconocemos cuándo Dios nos habla.

1. Decimos: ¿pero por qué para tanto?, si yo veo todo bastante normal en casa.

2. Y no escuchamos la voz de Dios cuando llega, porque lo vemos todo normal.

3. A veces nos dicen algo y nos quedamos asombrados: ¿cómo va a ser?, si yo lo veo todo tan normal.

4. Escuchémoslo; seamos mansos y seamos humildes.

5. Porque cuando pasa el tiempo, las cosas explotan y nos explotan en la cara; y ahí nos humillamos y lloramos, pero ya hay consecuencias que no se pueden deshacer.

6. Hay que despertar, hablar, enseñar y corregir; desde cosas sencillas hasta cosas profundas que uno ve y hace como que están normales.

C. Sin oración no hay comunión íntima.

1. El problema de no escuchar la voz de Dios es que no hay firmeza ni relación íntima con Él.

2. La única manera de tener esa vida íntima es orando y leyendo la palabra.

3. Si no oramos, ese yo nuestro se hace cada vez más grande y pesa más lo que pensamos que es lo correcto.

4. Uno se va acostumbrando según va orando; de primer cantazo nadie va a orar una hora.

5. Pero hacer el gesto de ir de rodillas y sacar un momento en el día; y Dios ve el gesto, y todo el ser se conmueve.

6. Si no se hace el ejercicio, no se logra; porque entonces se nos hacen más fuertes nuestras propias creencias que la creencia del Dios poderoso que está escrito aquí.

V. La convicción es cumplir lo prometido aun ante circunstancias adversas.

A. Hicimos un compromiso con Dios.

1. Aquí surgen muchas circunstancias adversas, porque somos bien diferentes y todos pensamos de maneras diferentes.

2. No importa cuál sea la situación, ni que me molesté con este hermano o con el otro.

3. Yo hice un compromiso con Dios y tengo que cumplir lo que Él me pida, y hacerlo bien.

4. No con actitudes, no con malas crianzas, no como que yo soy el que está bien y todos ellos están mal.

5. Soy yo la que me tengo que cuidar y la que tengo que ver cómo actúo y cómo reacciono ante aquel hermano.

6. ¿Qué importa el otro? Importa mi corazón; importa cómo yo devuelvo lo que se me da.

B. Nos gusta dar mal por mal.

1. Como él no me mira, yo tampoco lo voy a mirar; como él me salió malcriado, yo le voy a salir igual.

2. Y decimos: ya tú verás para la próxima cómo le voy a contestar.

3. Si alguien viene con una mala crianza y tú le dices perdóname si te hice sentir mal, se acaban todos los argumentos.

4. Pero tendemos a lo contrario: a que lo justo sería contestarle igual, porque él me trató mal.

5. Esa es la vida; pero esa no es la vida en Jesús.

C. Convicciones firmes y certeras.

1. Nuestra vida debe ser conforme a lo que hemos decidido creer.

2. Le hemos dicho al mundo que tenemos a Jesús en el corazón; pues actuemos como si lo tuviéramos de verdad.

3. Que a mí nada ni ninguna circunstancia me va a mover a actuar como no debería actuar.

4. Yo debo actuar como Jesús actuaría, no como actuaría yo; cómo le contestaría Jesús a alguien que me está hablando.

VI. Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe (Colosenses 1:23).

A. Fundados y firmes en lo que hemos creído.

1. Y Pablo fue hecho ministro de ese evangelio, porque lo dejó todo escrito.

2. Esto es lo que se ha predicado desde que Jesús vino, y aun antes por los grandes profetas.

3. Es increíble: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, todos dicen lo mismo.

4. Y todos estaban en circunstancias diferentes cuando escribían, y eran personas diferentes; y escribieron exactamente lo mismo.

5. Él va a estar con nosotros todos los días si nos arraigamos a estas creencias de verdad.

B. ¿Y si Dios nos dijera hoy que ya no somos su pueblo?

1. Sería de morir. Y sin embargo nos damos el lujo de pensar lo que queremos y de decir qué es bueno y qué es malo.

2. Si Dios dijera: yo les di mis creencias y ustedes no las quisieron tomar, ¿seguiríamos nuestra vida normal?

3. ¿O nos causaría un caos en la vida?

C. ¿Qué les hemos enseñado a nuestros hijos?

1. ¿Les hemos enseñado lo suficiente para que ante una situación así dijeran: espérate, esto no se puede?

2. ¿O hacen las cosas por obediencia, porque mami y papi lo hacen, y ya?

3. La gran bendición que tenemos es solamente por Dios, no por nosotros mismos; porque a Él le ha placido dárnosla.

4. No es que me esfuerzo y con mis propias fuerzas lo logro: a Dios le place dar lo que a Él le place darle a cada cual.

5. Hay muchas cosas que uno no entendía de joven, pero nos las decían; y eso se va grabando y esa creencia se hace más fuerte.

6. Si no se dice, no va a haber creencia; y lo aprenderán en la escuela o de alguien impío, y esa será la creencia que se echen en el corazón.

VII. Por qué se endurece el corazón.

A. No nos gustan las cosas espirituales.

1. Nos gustan las cosas superficiales: el éxito, un nuevo trabajo, un carro nuevo, una casa nueva.

2. Y hay que vivirlas, claro que sí; pero todo eso es demasiado pasajero.

3. La juventud dura muy poco: rapidito te casas, ya eres adulto, ya tienes hijos, y ya pasó.

4. Qué vana es la vida; pero preferimos arraigar esas creencias más que esto que está aquí.

B. Un corazón endurecido no puede oír.

1. Cuando el corazón se endurece, nuestra mente se turba; y una mente turbada no puede entender lo que se le habla.

2. Nos arraigamos tanto a lo que pensamos que deben ser las cosas, que nos vamos arraigando a mi creencia y no a las verdaderas.

3. Y como voy haciendo mi creencia más fuerte, sin darme cuenta lo que hago es endurecer el corazón.

4. Hoy te molesta una cosa y mañana la otra; hoy opinas de una y mañana de la otra.

5. Es bien fácil endurecer el corazón: de una sola cosa que alguien te haya hecho, de aquel encontronazo con aquel hermano.

6. Y nos vamos poniendo duros y malcriados sin darnos cuenta, y contestamos con malas crianzas y con sarcasmo; y esas no son características de Jesús.

C. Nos justificamos echándole la culpa a los demás.

1. Lo sabemos y tenemos la convicción en la mente; pero ante una situación se nos olvida.

2. Y decimos: yo estoy bien, porque aquel fue el que me contestó así.

3. Es súper fácil justificarse uno; pero el problema es que no es culpa de los demás.

4. El problema es que uno es el que le va a dar cuenta a Dios por lo de uno.

5. Si decimos que servimos a Dios, lo primero es escuchar su voz y estar atentos; no endurecer el corazón diciendo que esa palabra no es para mí.

VIII. Estad atentos a mí, pueblo mío (Isaías 51:4).

A. Solo a través de Dios se liberta el corazón.

1. Pero sin darnos cuenta nos endurecemos y nos enojamos, y decimos: yo no me merecía esto, si estoy haciendo todo bien.

2. Dios nos pesa el corazón y ve la intención en lo profundo, aunque hagamos una pantalla delante de la gente.

3. Aunque digamos esa no fue mi intención, eso no era lo que yo quería decir.

4. Podemos engañar a quien sea, pero a Dios no lo podemos engañar.

5. En nosotros debe haber el anhelo de escuchar su voz: parar en silencio y preguntarnos si es su voz o es mi intención la que habla.

IX. Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan (Lucas 11:28).

A. Necesitamos las Escrituras para saber lo que Dios habla.

1. Somos felices si oímos la palabra de Dios y la guardamos en el corazón.

2. No lo nuestro, no mi intención, no mi convicción: la palabra de Dios.

3. Podemos ser felices si leemos la Biblia todos los días; si no, el ejercicio es bien diferente.

4. Los miércoles y los domingos la palabra nos trae un estudio; pero esa palabrita que leemos en casa es una enseñanza diaria, como ir a una escuela todos los días.

X. Amad a vuestros enemigos; sed misericordiosos (Lucas 6:27-36).

A. Suena demasiado difícil hacer lo que dice ahí.

1. Es fácil decir yo creo en eso y yo voy a cumplir eso.

2. Pero ante una circunstancia de la vida, ¿lo haremos? Ante aquel hermano que se levantó en contra de uno, ¿haré eso?

3. Porque es fácil amar a los que aman; eso es fácil.

4. Hay que escuchar la palabra de Dios y hacer de eso una creencia, mi creencia.

5. Vivir arraigado a la creencia de lo que es Dios, no de lo que soy yo; porque si fuera yo, diría: aquel me hizo esto y no se lo merece.

6. Obviamente esto no habla de ningún tipo de abuso; se entiende lo que dice la Biblia.

B. Lo que no se lee no se aprende.

1. Si hoy te tocó leer esa porción, ahí está la enseñanza; pero si no la leí ayer, no aprendí eso.

2. Y si mañana me toca otro capítulo, tampoco aprendí lo que decía; y otro día más en blanco.

3. Y ahí se me va el cómo voy arraigando mi creencia y formando mi vida en Dios.

4. Y cómo va muriendo lo que yo creo y se va sembrando lo que dice aquí en mi corazón.

5. Se nos hace fácil saltarnos el día y decir: hoy no me dio tiempo de leer la Biblia.

6. Si no lo hacemos, no vamos a seguir aprendiendo; y nos engañamos pensando nosotros lo que es justo y lo que no.

XI. El entendimiento de ellos se embotó (2 Corintios 3:14).

A. Lo que le pasó al pueblo de Israel.

1. Se quedaron atrás hasta el día de hoy, aun leyendo y escuchando las profecías de Isaías y lo que David hablaba.

2. No creyeron en Jesús; no quisieron creer.

3. Se quedaron estancados porque endurecieron su corazón y decidieron decir que lo que ellos dicen es lo que está bien.

4. Y ahí tienen el corazón duro, en que el Mesías todavía no ha llegado.

B. Nosotros, que somos de la gracia.

1. Hemos sido injertados; ¿cómo vamos a endurecer nuestro corazón?

2. Somos tan orgullosos y tan prepotentes que nos plantamos ante lo que uno cree.

3. Y no podemos doblegarnos y decir: tengo que morir a mi yo y creer más en esto que dice aquí.

4. ¿Y qué somos nosotros ante Dios? No somos nada; cuántos billones de personas han existido en la tierra.

5. Y qué cosas grandes han logrado; y se murió la persona, y nada: su éxito, sus logros, sus premios.

6. ¿Qué podemos lograr tan grande que no podamos humillarnos y decir: Dios, lo que quiero tener en mi corazón son tus creencias?

XII. Una voz dulce y maravillosa.

A. La palabra llega cuando hay fe y cuando hay paz.

1. Cuando logramos ser lo suficientemente humildes y mansos para escuchar la voz de Dios, es hermoso.

2. ¿Qué logramos siendo fuertes y duros delante de la gente, diciendo a mí tú no me convences?

3. ¿Por qué a la gente le vuelve loco el prójimo? ¿Qué te puede dar el otro? Lo importante es uno con Dios.

4. Es malo cuando no se está preparado para escuchar la voz de Dios: una voz que nos está librando del mal constantemente.

5. Aunque parezcan fuertes las palabras, aunque parezcan una espada que nos atraviesa el corazón.

6. Y uno puede tomar dos actitudes: la de víctima, o la de decir tengo que abrir los ojos y luchar por esto que me está diciendo.

B. La paz os dejo, mi paz os doy (Juan 14:27).

1. Esas son palabras dulces que nos habla nuestro Dios.

2. De momento es una palabra que nos traspasa, pero nos va a dar paz al final del camino.

3. Porque eso es lo que Él busca: detener el mal que va a venir hacia nuestras vidas.

C. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados (Mateo 11:28-29).

1. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

2. Si somos mansos y humildes, Él es el que lleva todas nuestras cargas y nuestras circunstancias.

3. Por eso tenemos que tener el oído dispuesto para escuchar lo que Dios tiene preparado.

4. Con esa buena actitud surge una pasión al escuchar su voz; y se convierte en gran fiesta en el cielo cuando alguien quiere escucharla.

XIII. El peligro de tentar a Dios con nuestra dureza.

A. Cuando no estamos dispuestos al quebranto.

1. Es porque pensamos que estamos bien; y así tentamos a Dios con nuestra dureza.

2. Nos debería dar susto y temor: Dios es una voz dulce y maravillosa, pero Dios es fuego consumidor y es un Dios justo.

3. Y Él pesa nuestro corazón y nuestras intenciones: por qué contestamos así y por qué contestamos asá.

B. El ejemplo de Israel.

1. Estaban constantemente viendo a Dios: comían el maná, una nube les tapaba el sol y una columna de fuego les llevaba el camino.

2. Vieron cómo Dios se reveló en el monte y vieron a Moisés bajar con la luz brillándole en la cara.

3. Pero el corazón es peligroso y es engañoso, y dijeron: Moisés se tarda mucho, hagamos un becerro y adorémoslo.

4. Llega la incredulidad y puede traspasar mucho más allá de nuestras vidas, y se pasa por alto la voz de Dios.

5. El endurecimiento del corazón nos paraliza, y a veces no nos damos cuenta de que lo tenemos duro.

6. Hay que sacar un momento y preguntarse: ¿tengo el corazón duro? ¿Estoy siendo manso y humilde, o me he endurecido bajo las circunstancias?

C. El peligro de dejar de ver quién es Dios.

1. Ha habido hermanos que dejaron que su corazón se endureciera: se molestaron con aquel y con el otro, y se fueron endureciendo.

2. ¿Y dónde están hoy? Cuando se levanten un domingo y digan no tengo a dónde ir, no tienen un sitio al que llegar. Lo botaron, lo perdieron.

3. Y no es que nosotros lo preferimos: es que Dios termina endureciéndonos el corazón.

4. ¿Qué haces un miércoles a las seis de la tarde si te apartaste porque te pusiste duro? ¿Ir al mall? ¿Eso te va a dar paz?

5. ¿Cómo podemos perder lo más grande que podemos tener en la vida? No hay nada más grande que la familia de la fe.

6. El dinero no da felicidad y el trabajo menos; la familia sí da felicidad cuando tenemos a Dios.

XIV. No vaguemos como el pueblo en el desierto.

A. Aquel pueblo no estaba determinado para su Señor.

1. ¿Y qué hizo? Vagar cuarenta años en el desierto, esperando a morirse, porque no pudieron entrar a la tierra prometida.

2. ¿Y así vamos a vivir nuestra vida, teniendo tanto conocimiento y con la enseñanza culto tras culto?

3. Vagando por este mundo los años que nos toque vivir, pensando si esto está bien o mal porque es lo que yo creo.

4. En vez de irnos formando en lo que dicen las Escrituras, para que cuando llegue ese día me vaya con Él.

5. Errantes, sin propósito, sin convicciones, sin ser determinados de verdad.

6. Y entonces ni una cosa ni la otra; por eso Dios dice que al tibio lo vomita, porque ni caliente ni frío.

B. Llevemos nuestro corazón al Señor.

1. Al corazón le gusta ser vagabundo; pero llevémoslo al Señor, para tener el oído atento.

2. Cuando en nuestro corazón acumulamos tanto mal, se enferma; y eso es peligroso.

3. Guardar incredulidad es peligroso y es malo para nuestra vida.

4. Cuidémonos. Si un día nos acercamos a Dios, hay que creerle.

5. Hagamos conciencia de en qué hemos creído de verdad, y de que Dios nos pesa el corazón en cada acto y en cada cosa que decimos.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz