La vida cristiana de los siervos de Dios se compone de buscar a Dios, de amarle y de serle fiel. Y el asunto está en poner conscientemente en las manos de Dios aquello que nos pesa: no por costumbre ni de forma automática, sino de manera intencional. Porque todos tenemos preocupaciones, temores, cansancio, culpas, enfermedades y decisiones difíciles. Dios nos da una fe activa -una fe que ora, que camina y que confía al mismo tiempo-, y es la palabra la que nos va llevando de gloria en gloria.
I. Somos un cuerpo y ya deberíamos ser maestros.
A. La vida cristiana se compone de buscar a Dios, amarle y serle fiel.
1. Siempre se ve la religión como algo fastidioso; pero la religión es buscar a Dios, porque el asunto es unir el cuerpo.
2. Cada cual tira para su lado; y los peores son los que se quedan mudos, porque no se sabe si componen o no.
3. Si Cristo viniese a buscarnos en este momento, búsquese usted, a ver si se ha levantado.
4. El empeño siempre ha sido que todos aprendamos la doctrina de las Escrituras; nada puede ser capricho del que enseña.
B. Si son maestros, ya no son niños.
1. Por eso Dios les demanda y les reclama que sean maestros.
2. No solo es que venimos a la iglesia: es que tenemos una función en la tierra.
3. Enseñamos a los hijos, y las abuelas a los nietos, para formarlos.
4. Porque uno deja una herencia cuando parte con el Señor: los hijos son la primera y los nietos la segunda.
5. La vida es corta, y el sabio cuenta sus años; si los contamos, aprendemos a no echar a perder nuestra existencia.
6. Nuestra existencia tiene que ser pesada, no liviana; no es fantasía, son realidades.
C. La iglesia debe ir de gloria en gloria.
1. No podemos ser el que llega por costumbre, sale de inmediato y sigue en lo mismo al salir.
2. Si somos el cuerpo de Cristo, hay un reto, una obligación y un deber de componer lo que nos toca.
3. No juguemos al cristianismo.
4. Los niños tienen que aprender a ser lo que usted es: sus hijos viven lo que usted es, y lo que usted esconde, sus hijos lo gritan.
5. Ya no debemos ser niños; ¿y por qué la mayoría vive como niños, en quejas, en ñoñerías y en el no puedo?
II. Poner conscientemente en las manos de Dios lo que nos pesa.
A. La oración del justo está en el cielo.
1. Se encaja allí, se abre y se cierra; la abre el ángel que Jehová envía para que la lea.
2. Pero si tu caja está vacía, ¿qué va a contestar el cielo para ti?
3. Si vivimos para nuestro egoísmo, para murmurar y para opinar, póngase los zapatos del ministro una hora y su lengua quedará seca.
B. Hay que trabajar con uno mismo.
1. Dos no pueden estar juntos si no están de acuerdo; por eso se divorcia el ser humano, y lo mismo pasa con la iglesia.
2. Estamos más pendientes de los demás que de uno mismo.
3. Tú sabes criticar a los demás, pero nunca te criticas a ti; más bien te das halagos.
4. Si no se rompen unas cadenas hoy, tu mañana no va a ser el mejor: vas a seguir arrastrando.
5. Y la palabra tibio no es agradable delante de los ojos de Jehová.
C. Conscientemente, no por costumbre.
1. Es de manera intencional, con plena conciencia; no de forma automática.
2. ¿Cuántas cosas te pesan? Preocupaciones, temores, cansancio, culpas, enfermedades, decisiones difíciles.
3. Cada uno puede tener dos o tres, o tenerlas todas. Todos tenemos.
4. Por eso en la mañana no me inquieta tener tema con nadie: me interesa ir a orar, porque hay algo que me pesa.
5. Porque si no, la vida se ahoga; se ahoga lo que debes hacer y cómo hacer las cosas bien.
D. A la tierra venimos a un servicio.
1. Ninguno fue enviado a la tierra de adorno; Dios envía al ser humano porque tiene que componer algo de servicio.
2. Como el mecánico: la forma en que tú te mueves es tu carro, y si él no lo atiende, hay algo que se llama ocio.
3. Pero hoy todo es tirarnos para atrás y opinar de todo el mundo.
4. Se nos olvida que lo que no hacemos nos va a llevar a fracasar.
5. Aquí en la tierra uno puede arreglar algo; en el cielo, ¿quién arregla algo?
6. Tienes que componer no lo que se te antoja, sino lo que es tu servicio.
III. Fíate de Jehová de todo tu corazón (Proverbios 3:5).
A. Señor, esto es demasiado para mí; confío en ti.
1. Cada preocupación tiene una razón; y en muchas ocasiones no hay solución para lo que hay que resolver.
2. La decisión es decirle al Señor: yo no puedo con este trajín ni con lo que me opinan otros; te necesito absolutamente a ti.
3. Ahí es cuando uno corre a un nivel espiritual.
4. Porque lo que hay que hacer es dejar tanto la carne y comenzar a desarrollar la vida espiritual.
5. Somos carne, alma y espíritu; hay que vivir las tres, pero lo espiritual hay que desarrollarlo.
6. Piense cuántas bobadas se hablan en el día; y qué rico es hablar de otro. Y el alma se amarga y el Espíritu Santo se aparta.
B. Soltar la ansiedad y descansar el corazón.
1. Ahí comienzas a bajarte de ti.
2. Cuando te dejas más a Dios, para que Dios sea el que te lleve, ya no te levantas de madrugada atormentado.
3. Porque comenzaste a confiar y a descansar todo tu ser, por grande que sea la circunstancia.
4. La ansiedad es todo eso que te fatiga.
5. Y no me vengan con que yo no me preocupo por nada: eso es cuento.
C. Este es el tiempo de cambiar.
1. O si no, no seremos útiles; y el que no es útil no será parte del cuerpo.
2. La iglesia son los guerreros, los que batallan, los que oran por los enfermos.
3. La iglesia no es peco, no peco, peco, no peco. O decidimos o nos destruimos.
4. Yo y mi casa serviremos a Jehová: ¿qué dices tú de tu casa?
IV. La fe activa.
A. Qué es una fe activa.
1. Es la que se hace con acción, con intención y con participación; no de forma pasiva ni automática.
2. Y si es activa, está en función constantemente.
3. Tienes una circunstancia y tienes que estar al frente; pero lo que tienes es un desespero.
4. Hay que poner la fe en función, hasta que dé la necesidad del justo.
5. Si no tienes tu fe activa, no ves milagro; no se convierte quien tú quieres que se convierta; no compones nada.
6. Eso opaca la fe que actúa, la fe que se mueve, la fe que hace milagro y que vence lo que hay que vencer.
B. La queja apaga la fe.
1. ¿Cuántas veces en el día te quejas? Y después te quejas de todo.
2. Y cuando te vas a acostar dices que no tienes ni sueño: es porque vives quejándote y pendiente de todo el mundo.
3. No podemos caminar en esta tierra lentamente; hay que mantener la actividad.
4. Porque la vida es mucha, y mientras más la aprovechas, más eficaz eres.
5. Dios siempre tiene actividad para nuestra vida; y no vas a conocer la fe si no la pones activa.
C. La fe activa ora, obedece y actúa.
1. Ora conscientemente; decide confiar aunque no vea resultados inmediatos.
2. Obedece mientras espera y actúa según la voluntad de Dios.
3. Descansa, pero no se rinde: ese descansar es decir pacientemente esperé en Jehová.
4. No hay algo que nos haga más fracasados que no actuar.
5. Nunca te preocupes por lo que opinen de ti: tú actúa, no le des razón a nadie, no te desesperes.
6. Al que te pregunte por qué haces eso no tienes nada que decirle; porque al tener algo que decir, te sigues enredando.
D. Hacer tu parte confiando en Dios.
1. En estos tiempos es más fácil estar como ido; y tienen que despertar.
2. No podemos seguir viviendo como que sí, como que no, tal vez, o quizás.
3. Viene aquel, te susurra en el oído, y ya lo tomaste como una verdad; y no es una verdad.
4. Tienes que ser activo para el que te llamó, te escogió y te separó desde la eternidad.
5. No fue anteayer que Dios nos escogió: Dios siempre ha pensado en nosotros.
6. No es solo decir Dios se encargará, sino: Señor, hago lo que me corresponde hoy, y lo que no puedo lo dejo en tus manos.
E. Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo.
1. No es lo mismo trabajar nosotros para con Dios que dejárselo todo en las manos de Dios.
2. Por eso, cuando hay situaciones en la iglesia, el pastor trata de atender todo lo que le llega.
3. Nosotros no somos un espectáculo para Dios: somos siervos del Dios del espectáculo.
4. A mí me interesa tener un lomo doblegado más que brillar aquí en la tierra.
5. Cuando queremos demostrar lo que no somos capaces de hacer, es pura vanidad.
V. Y no te apoyes en tu propia prudencia.
A. Confía en Dios sin reservas.
1. Entrégale la dirección, no solo la ayuda.
2. ¿Cuántas veces te levantas sintiendo que vas a morir, con tanta carga que no puedes respirar?
3. Al que no le pasa, será un héroe; vivirá en otro planeta.
4. Cuando dices yo no sé qué voy a hacer, ese es el conflicto; por eso hay que levantarse a la oración.
B. Descansar en Él aun cuando no entiendas el camino.
1. Uno hace toda la gestión de algo, y de momento llega una noticia que lo afecta y lo llena de desespero.
2. Y al momento hay que cambiar, cancelar una cosa y abrir por otro lado, para poder llegar a donde había que llegar.
3. Cuando uno decide vivir para Dios, tus pasos se marcan con los pasos de Dios.
4. Y entonces en la tierra somos útiles; no podemos vivir absolutamente para uno.
5. Cuando los libros se abran veremos qué se lee de ti; y de acuerdo a lo que se lea serán tus recompensas, o serás solamente una persona salva, sin recompensa.
6. Fiarse de Dios es confiar aunque no veas, caminar aunque no entiendas y descansar aunque no puedas controlar.
VI. Reconócelo en todos tus caminos (Proverbios 3:6).
A. Reconoce que Dios camina delante de ti.
1. Tú dices: yo hago en la tierra lo que quiero. No: reconócelo en todos tus caminos.
2. Cuando vas a trabajar, lo menos que piensas es en Él; piensas en la jefa o en el empleado que te falla.
3. Cuenta con Dios, consúltale, incluye a Dios siempre.
4. Cuando la carne te esté provocando tentaciones, piensa: ¿cómo se está sintiendo Dios donde estoy dando esta pisada?
B. Pensamos que fuera de aquí no pasa nada; sí pasa.
1. Muchos pueden desfallecer cuando estaba en tus manos fortalecerlos.
2. Pero pensamos que la vida es nada más que mía.
3. Y nadie se atreve a decirle a otro que su vida no es suya, y esa persona se hunde.
4. Decir yo vivo mi vida y la de nadie más es una falta de amor y una falta de hacer lo que toca hacer.
5. Entonces, ¿quién podrá rescatar al que está por suicidarse? Hacen falta valientes; no hermanos averiguados, sino gente valiente.
6. Cuando reconozcamos a Dios, Él se va a encargar de tu rumbo.
VII. Por fe andamos, no por vista (2 Corintios 5:7).
A. La fe se convierte en tu compañera.
1. La fe es algo dentro de ti, porque es lo que activa en ti la acción.
2. Tuviste una inquietud, oraste, pasaron cosas; y esa fe activa la acción.
3. De momento estás en oración y te acordaste de alguien, y se activa en uno una preocupación.
4. Cuando somos instrumento de Dios, hay una acción en nuestra vida, porque Dios pone el querer como el hacer de su santa voluntad.
5. La fe no es solo creer: es vivir, es decidir, es confiar completamente en Dios.
B. Estamos sentados en lugares celestiales juntamente con Cristo.
1. Tenemos que saber que en nuestras vidas somos de fe y que Dios está con nosotros para escucharnos.
2. Cuando Jesús muere, el Espíritu Santo llega a la tierra para morar en todos los que nos hemos convertido.
3. El Padre en el trono, el Hijo intercede, y el Espíritu Santo está en nosotros haciéndonos gemir.
4. Llevamos la oración, Jesús la presenta al Padre, y ahí está resuelto.
C. No por vista.
1. No significa ignorar lo que se ve: es no dejar que lo visible controle el corazón.
2. Lo que vemos puede cambiar; Dios no cambia.
3. Es como si Dios hoy nos dijera: estoy con ustedes, sean capaces de creerme.
4. Explíquese cómo se hizo este templo: veinticinco años se estuvo pagando, y la gloria de Dios descendió.
5. Cuando llegamos a Aguadilla era una esquinita del pueblo; robaban la batería y se llevaban los libros. Éramos un puñado.
6. El cristiano no basa su vida solo en circunstancias, noticias y emociones, sino en las promesas; porque Dios hizo pacto.
VIII. La fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17).
A. La fe no nace sola ni por emociones.
1. Se forma cuando escuchamos el mensaje de Dios.
2. Oír implica prestar atención y abrir el corazón.
3. Ese es el arte de la predicación: los versículos se entrelazan y se asocian.
4. Esos versículos van afirmándose en tu oído y la palabra se siembra en el corazón.
5. Y la palabra sembrada en el corazón da su fruto, a ciento o a sesenta.
B. No es cualquier palabra: es la palabra de Dios.
1. Aquí no hay temas de salud ni de otras cosas: siempre se cita y se lleva la palabra de Dios.
2. Se revela para tu oído, y tu oído se pone activo.
3. Entonces comienzas a transformar tu mente y tu corazón, y vas entendiendo lo que hay en tu existencia.
4. Porque la palabra es individual; y cuando vengas a ver, te convertiste en un hombre o una mujer espiritual.
5. Mientras más tomas la palabra y la envuelves en ti, más creces en fe; y entonces la vida te es más fácil, porque ya hay confianza.
C. Si la fe se debilita, vuelve a la palabra.
1. ¿Estás debilitado en la fe? Vuelve a leer la Biblia.
2. Si hay dudas, escucha la palabra; si hay temores, aliéntate de la palabra.
3. La fe se fortalece cuando la palabra ocupa un lugar diario en el corazón, porque va sacando lo que te preocupa.
4. Cuando aprendemos a amar, el espacio se ensancha y comenzamos a mirar con compasión, y el corazón pesa.
5. Uno no es absoluto en la tierra: yo no tengo que imponerte nada, yo te doy lo que he visto que es útil.
IX. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios (Isaías 41:10).
A. Yo soy tu Dios.
1. Nosotros decimos: yo no me atrevo, me muero; como que no somos tan buenos.
2. Pero el día será el que Dios sabe que estás preparado.
3. Si te quieres ir con Él, la decisión es de uno, no es de Dios; Dios quisiera, pero Dios no fuerza.
B. No temas, porque yo estoy contigo.
1. Dios no promete ausencia de problemas; nunca lo ha hecho.
2. Promete su presencia constante contigo.
3. No creas que al convertirte se te va a arreglar la vida; al contrario, se te va a complicar más.
4. Siempre tendremos problemas y circunstancias; pero la presencia de Dios está constante.
C. No desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo.
1. ¿Cuántas veces te has desmayado? Es más, podemos decir: yo vivo desmayado.
2. Uno va a la oración desmayado, a suplicarle a Dios misericordia y que haga su milagro.
3. Que no nos deseche y que no nos dé la espalda; porque a veces uno hace cositas por las que Dios se podría ir.
4. Cuando las fuerzas se acaban, Dios recuerda: yo sigo siendo tu Dios, yo te esfuerzo.
5. Las fuerzas no son tuyas: Él es el que nos esfuerza.
D. Dios está siempre pendiente de nosotros.
1. Día, noche, en todo momento y hasta al dormir.
2. Jesús es tierno con nuestras vidas, y está pendiente porque sabe que la sangre que tú tienes es la de Él.
3. Él es responsable de esa sangre, porque no es mía ni tuya: es la que fue vertida en la cruz del Calvario.
4. El ángel anota, el Hijo lo lleva al Padre, y el Padre y el Hijo discuten nuestras vidas.
5. Y Dios es juez; y un juez hace justicia y determina, y esa determinación depende de a quién se examinó.
6. La vida no es un juego: nada se pasa por alto, Dios todo lo mide y conoce la intención.
E. Siempre te ayudaré, siempre te sustentaré.
1. No es ayuda ocasional: es ayuda continua y fiel.
2. Dios sostiene, afirma y protege con poder y con rectitud.
3. Porque Dios es rectitud; Dios es santo, santo, santo, y no hay nada que se le pueda señalar.
4. Si Él nos ha perdonado, nos ha limpiado con su sangre y ha hecho morada para nosotros, ¿podemos nosotros fallarle?
5. Mejor es no haber nacido que blasfemar el nombre de Dios; ese es el único pecado que nunca se perdonará.
6. ¿Dónde está Judas? Judas no tuvo perdón, y era uno de los discípulos. Debemos conocer las Escrituras y ser temerosos de Dios.
X. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza (Hebreos 10:23).
A. La firmeza nos lleva hasta el final.
1. Hay una promesa, porque Dios es fiel hasta el final.
2. Entonces, ¿por qué dudamos? Uno vive dudando en vez de tener fe.
3. Esta es una exhortación activa: seamos capaces de cuidar, de sostener y de afirmar la fe cada día.
4. Ay, hoy amanecí con un dolor que no hay quien me lo quite. ¿Por qué no afirma la fe ese día?
B. Sin fluctuar.
1. No dejar que las circunstancias nos hagan ir y venir en la confianza.
2. Hoy ves el milagro y mañana dices que no sabes; eso es fluctuar.
3. Y la fe no fluctúa: la fe es permanente, porque es una confianza.
4. La profesión de nuestra esperanza no es solo lo que creemos: es lo que confesamos y lo que vivimos.
C. Porque fiel es el que prometió.
1. Nuestra esperanza no depende de nosotros.
2. Todos los días el sol sale; si Dios le dice al sol ya, nos morimos todos.
3. Pero esa misericordia de Dios sale todos los días; si la tierra oscureciera, ¿podría darse la siembra?
4. Nos olvidamos de que hay un tercer cielo con millones de ángeles, y de que en esta tierra hay millones de ángeles.
5. Y los ángeles escriben tu vida todos los días; eso está en los libros, que serán abiertos nombre por nombre.
6. Lo que hiciste ayer y no agradó a Dios está escrito; pediste perdón y Dios te perdona, pero lo que llevabas a ganar ayer no lo tendrás jamás.
XI. Echando toda vuestra ansiedad sobre él (1 Pedro 5:7).
A. Echa toda la ansiedad sobre mí.
1. Nos ahogamos porque queremos, porque Él bien claro nos lo dice.
2. Es como un hijo: cuando viene a ti y habla, lo que habla por la boca le quita esa carga.
3. No porque alivie el pecado, sino porque rompe lo que quiere destruir.
4. Si aprendemos a ser hombres y mujeres de oración, no es nada complicado: casi siempre es la misma oración, el patrón del Padrenuestro.
5. Después que terminas de orar te levantas en tranquilidad y en paz, porque le depositaste a Dios lo que tú no puedes llevar.
B. Echando: no es retener ni cargar a medias.
1. Es soltar completamente: Señor, no puedo con esto, necesito que tú seas el que haga.
2. Nada es demasiado pequeño ni demasiado grande para Dios.
3. Cuando oramos, el rostro que Él ve es el de sus hijos.
4. Cuando un hijo viene a ti con un desespero, uno se come ese desespero y trata de darle la solución con toda la fuerza del amor. Así es nuestro Padre.
5. Echar todo sobre Él: la carga cambia de hombro. No hablo de deberes ni de pagar la luz, sino de las cargas del alma.
C. Porque él tiene cuidado de vosotros.
1. Dios cuida personal y fielmente.
2. Dios nos manda ángeles que nos ministren, pero un ángel no puede tratar contigo personalmente.
3. Solamente Dios trata contigo personalmente, como nadie sabe tratar con tu existencia.
4. No es ir caminando y decir Señor, ya esto yo no puedo: hay que ser hombre o mujer de búsqueda a Dios.
5. Esto no es vivir a flor de piel; por eso no hay mucho bien ni mucho éxito en lo espiritual.
6. Dios no solo escucha nuestras cargas: se hace cargo de ellas. Él es el gran cuidador de nuestra alma; nadie más va a amar tu alma.
XII. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará (Salmo 37:5).
A. Encomienda a Jehová tu camino.
1. Has visto que ha habido muchas piedras y muchas circunstancias y se te ha hecho difícil; pues dale tu camino a Jehová.
2. Si no puedes con los hijos, con el cónyuge o con el trabajo, encomiéndale a Jehová tu caminar.
3. Pon tu vida, tus planes y tus decisiones en las manos de Dios.
B. Y confía en él.
1. ¿Se dio? Pues bien. ¿No se dio? También. Confía en Él.
2. No solo entregar, sino descansar sin ansiedad.
3. En la oración hay cosas que a ti te tocan hacer por deber y hay que cumplirlas.
4. Cuando hablamos de la ansiedad, hablamos de lo que dentro del corazón palpita y se agita.
C. Y él hará.
1. Dios actúa a su tiempo y a su manera.
2. Por eso hay que doblegar el lomo; porque el altivo dice esto es para mañana, y lleva un año en esa cantaleta.
3. A veces estamos pidiendo lo que no nos toca. Seamos mansos.
4. La promesa no es sobre el cómo, sino sobre que Él hará.
5. Cuando entregamos el rumbo a Dios y confiamos, Dios se encarga del resultado.
6. En los libros del cielo no se escapa un punto ni una coma; y es necesario el punto, porque hay cosas que tienen que tener su punto final. Sean sabios.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
