"Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre." La imagen de la que sale todo el mensaje es una noche en un planetario: billones de estrellas, y Dios más allá de todas ellas. De ahí la tesis: el corazón se va exprimiendo con los años y con las circunstancias hasta quedar pequeño y amargado, y lo que hace falta es que Dios lo engrandezca. No de vanagloria -engrandecerse es hacerse grande-, sino para adorar. El estudio recorre el Salmo 69:30, el Salmo 145:1, Mateo 22:37, Proverbios 4:23 y Ezequiel 36:26, donde Dios no remienda: da un corazón nuevo.
I. Por qué el corazón
A. El corazón está centrado en medio del cuerpo y tiene una función que no es solo bombear la sangre: Dios quiere que le amemos con el corazón.
B. Por eso hay que engrandecerlo. No se puede ir oprimiendo con los años, ni con las pruebas, ni con las dificultades.
C. Y no se trata de vanidad: engrandecerse es hacerse grande.
D. Porque de acuerdo a las circunstancias el corazón se va exprimiendo, y uno se va endureciendo y le ve falta a todo el mundo.
E. Siempre hay una razón para pelear, una razón para criticar, una razón para no dejar que el bien more en nuestra vida.
F. Y como el corazón se pone chiquito, lo bueno va desapareciendo, y uno vive amargado buscándole a todo una razón para pelear.
G. Entonces, cuando cantamos los coros, no podemos sentir mucho, porque estamos con rabia.
II. La imagen: las estrellas
A. En un viaje, sentados en un planetario, no vimos a Dios: vimos estrellas, una sobre la otra.
B. Y nosotros, aquí abajo, vemos bien poquito.
C. Los mensajes sobre las iglesias del Apocalipsis habían afectado. Y afectar no es hacer daño: todo lo que afecta es lo que hace en ti algo fuerte.
D. Eran tantas las estrellas que solo cabía pensar: Dios está más allá de todos esos billones. Y nosotros en esta pequeñita tierra, girando, sin salirnos de órbita y sin detenernos.
E. Vamos a aprender a maravillarnos con Dios. Porque si te miras a ti, tú no tienes ninguna maravilla.
III. Cómo crece el corazón
A. Crece cuando lo estás limpiando; cuando todo lo que es Dios te maravilla; cuando pones a Dios siempre al frente.
B. Cuando el corazón crece, el hablar cambia, el pensar cambia, todo cambia; porque en el corazón está la vida.
C. Y para que Dios ocupe ese lugar, tú tienes que morir. ¿Te da mucho coraje? Muere. ¿Te molesta por todo? Tienes que morir.
D. No es que Dios se haga más grande: Dios es. Lo que pasa es que nosotros reconocemos su grandeza; y ahí empieza el crecimiento espiritual.
E. Depende de para qué tienes tu corazón dispuesto: para los hijos, para el matrimonio, para la vanidad, para lo que se presume. Puedes tenerlo donde quieras.
F. Pero si hay un despertar, es decirle a Dios: que mi corazón se haga grande para amarte con toda la fuerza.
G. Y no lo dejes para tan tarde, porque el corazón se endurece.
IV. Los que sí engrandecieron su corazón
A. El versículo es una invitación: no solo adorar, sino aprender juntos la grandeza de este Dios. De ahí la unidad y el tener un mismo corazón.
B. Si todos tenemos un mismo corazón, hemos de tener una sola voz. Pablo y Pedro no hablaban distinto: hablaban de quien habían visto cara a cara.
C. Y los mataron. A Pablo lo tenían para decapitarlo, con el hacha afilándose. ¿Seríamos tan guapitos en esa posición como cuando salimos por esta puerta?
D. Ellos sí lograron engrandecer su corazón: no estaban apegados a la vanidad ni al pretender, sino completamente para amar al Señor.
E. Cuando vieron a Jesús empezaron a engrandecer el corazón, y Jesús fue llenando sus vidas. Muchos fueron mártires; los demás lo perdieron todo y vivían escondidos.
F. Y su corazón seguía engrandeciéndose. Dieron tal medida de corazón, que en el cielo debe de haber un lugar especial para ellos.
V. La adoración es congregacional
A. Esa es la verdad poderosa del salmo: la adoración no es individual, es congregacional. Es darle gloria y honra al que está en el tercer cielo.
B. Esto no es ser religioso: es el reino de Dios, que llegó a nuestras vidas, y por eso somos libres, hay gozo y hay paz.
C. La iglesia no es el lugar donde pretendemos, asumimos, demandamos y reclamamos: es el lugar de la adoración.
D. Dios se agrada cuando su pueblo está unido exaltando su nombre; el lugar se llena de ángeles que suben y bajan.
E. ¿Y quién recibe más cuando Jehová se levanta a escuchar tu adoración? Dios tiene millones de ángeles adorándolo perfectamente; nosotros no lo adoramos igual.
F. Pero a Dios le fascina, porque nosotros lo hacemos con esfuerzo de mortales; a los ángeles les fluye, su ser no es igual al nuestro.
G. ¿Y cuánto te cuesta alabar? Te cuesta levantar las manos. Levantas una, y viene la otra.
H. Agradecer a Dios cambia la perspectiva del mundo: Él crece, y los problemas y las circunstancias se hacen pequeños, porque el grande es Él.
I. "Tengo problemas con mi esposo." ¿Por qué no decir "Dios se metió en mi matrimonio, porque oré, ayuné y busqué a Dios"? Es más fácil desacreditar el poder de Dios.
VI. Lo que se escribe de ti
A. Al pasar los tiempos uno se estanca y llega la frialdad. Crecer en Dios no es lo primero que se quiere; un puesto en la iglesia sí, y eso es pura vanidad.
B. ¿Y quién nos ve? Los ángeles. Cada uno tiene el suyo, y ese es el que escribe.
C. No porque Dios no sepa, sino porque lo escrito se almacena para el día del juicio: son bibliotecas completas.
D. ¿Y qué escriben de ti? Porque de acuerdo a lo que se escribe de ti es lo que logras obtener.
E. El único que hace justicia y juicio es Dios, porque es el creador. El diablo solo estorba: ningún demonio puede tocar a los mortales.
F. Y Dios da muchos años, para ver si alguna vez se nos antoja convertirnos y que, cuando se lea la palabra, nos estremezca.
VII. Invitar, declarar, unir
A. Invitar a otros a adorar, empezando por la familia, para que amen la iglesia.
B. Declarar su grandeza al norte, al sur, al este y al oeste. Porque lo que tú hablas es lo que se supone que vivas.
C. Cuando alguien te presta los oídos, tú lo puedes estremecer. ¿Y por qué no se estremece? Porque no se hace.
D. Y no hace falta tener una teología: hace falta tener un corazón para el Señor.
E. Si sacáramos un poco de la amargura, de la rabia y de la rebeldía, tendríamos el corazón más engrandecido, y empezaríamos a orar por alguien.
F. Porque la boca se abre para muchas cosas: para contender, para envidiar, para murmurar.
G. Busca la unidad en la adoración: no solo emoción, sino un mismo espíritu en esta esquina y en aquella.
H. Si nos creemos superiores, échese abajo y humille la vanidad. ¿Por qué no hablar con el hermano sencillamente, sin demostrarle un nivel que lo sobrepase?
VIII. Alabar con cántico (Salmo 69:30)
A. "Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo exaltaré con alabanza."
B. "Alabaré" es una decisión personal: no depende de las circunstancias. Y con cántico la adoración se expresa, se declara, se canta.
C. "Es que yo no canto bonito." No hay problema: casi nadie canta bonito. Pero el regocijo más grande es llorar en los coros y levantar los brazos.
D. Hay quien de verdad no puede levantar la mano; pues así también se levanta. Todo es un esfuerzo: no hay que ser el más fuerte, hay que ser esforzado.
E. Y hay que dejarse de changuería: preguntamos "¿cómo estás?" de compromiso, y contestan lo que quieren que uno pregunte. No estamos para información.
F. Este salmo es de aflicción: aun en medio del dolor, el salmista decide alabar. Porque en el dolor lo que hacemos es llorar y quejarnos.
G. Eso enseña que la alabanza no nace solo en la victoria, sino también en la prueba.
IX. "Te exaltaré, mi Dios, mi Rey" (Salmo 145:1)
A. "Te exaltaré" es la decisión personal de poner a Dios por encima de todo. ¿Lo hacemos? El día del problema, ¿no estamos atribulados?
B. "Mi Dios" es la relación íntima. "Mi Rey" es el reconocimiento de la autoridad: la autoridad para tu vida es la de Dios.
C. Por eso hay que temer. ¿Al hombre? No. Pero a Dios sí le temo.
D. "Eternamente y para siempre": una alabanza continua, sin límite de tiempo. Porque si algo pasa, o si estás cansado, dejas de bendecir a Dios.
E. ¿Y quién pierde? Dios puede crear más ángeles en cada momento.
F. Este es un salmo de alabanza de David donde no hay petición: solo adoración pura. Un corazón que no busca a Dios por necesidad, sino que lo exalta por quien Él es.
G. Reconocer a Dios como Rey implica rendición total: "yo no puedo, Señor; yo me rindo". Porque soy altiva, porque soy vanidosa, porque me creo que lo sé todo.
H. La vida es vida o muerte, salvación o condenación: aquí no hay términos medios. Y la alabanza no es momentánea: es un estilo de vida.
X. "Amarás al Señor tu Dios" (Mateo 22:37)
A. "Amarás" no es solo emoción: es una decisión y es un compromiso. No es que me gustan unos cultos y otros no.
B. Con todo tu corazón: entrégale tus afectos. Cuando lo adoras, ese afecto sale de ti para Dios.
C. Con toda tu alma: tu vida interior, lo que eres en esencia. Con toda tu mente: tu pensamiento, tus decisiones, tu entendimiento.
D. Lo dijo Jesucristo cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más grande: el resumen de toda la ley es amar a Dios completamente.
E. Y hay que amarlo sobre los hijos, sobre el matrimonio, sobre el padre y la madre, porque el creador es Él: si tú respiras, es porque Él lo ha hecho.
F. ¿Sabes cuándo se termina la vida? Cuando Dios dice: este es tu último segundo. Y no todo el mundo va para el cielo.
G. Venir a la iglesia no es lo que da seguridad: la seguridad es cómo amas a Dios, y no meterte en sitios de peligro.
H. Dios no quiere una parte de nosotros, sino todo. Amar a Dios implica obediencia, no solo sentimiento: no es a medias, no es mundo, no es tibio.
I. Examina si hay áreas de tu vida que no le has rendido a Dios. Búscalo no solo por necesidad, sino por amor; y llena tu mente con su palabra.
XI. "Guarda tu corazón" (Proverbios 4:23)
A. ¿Qué hay que guardar? El corazón. No a aquel ni al otro: el problema tuyo es tu corazón.
B. El peligro es lo que se cosecha ahí, a escondidas: los monstruos viven escondidos, y las intenciones se preparan a escondidas.
C. Y un día salen esos monstruos, ¿y a quién se comen? A uno mismo. Porque desde ahí no le puedes hacer daño a nadie.
D. Cuida tu interior más que cualquier otra cosa, porque todo lo que eres y haces fluye de ahí.
E. Cualquier parte del cuerpo desecha; el corazón no: el corazón acumula. ¿Y para quién? Para uno mismo.
F. "Guarda" es una acción continua e intencional. De ahí mana la vida: decisiones, palabras, actitudes.
G. El versículo no habla del corazón físico, sino del centro del ser, donde pensamos que nadie sabe lo que hay. Pero tú sí lo sabes: ese es el peligro.
H. Por mucho daño o envidia que se le tenga a alguien, esa persona no se destruye: se destruye uno, porque lo que uno quiere para otro se le vuelca encima.
I. No todo lo que llega a tu vida debe entrar a tu corazón. Y si tus hijos no lo saben, es que no se lo has enseñado, y si no se lo enseñas es que tampoco tú lo aplicas.
J. Aprende a filtrar conversaciones, contenidos e influencias; porque lo que no se filtra se empapa en el cuerpo, y después eso grita.
K. Mantén el corazón alineado con Dios, y la única forma es oración, palabra y obediencia.
L. No es lo que entra a tu vida lo que te destruye, sino lo que dejas entrar a tu corazón.
XII. "Os daré corazón nuevo" (Ezequiel 36:26)
A. Dios no remienda. Remendar es poner hilo que se pudre, y todo se destroza justo donde se remendó la pieza.
B. Dios hace nuevo: el día que nos convertimos, Dios hizo el corazón nuevo.
C. "Espíritu nuevo": una nueva vida interior, una nueva forma de pensar, una nueva forma de vivir.
D. "Quitaré el corazón de piedra" -duro, insensible, rebelde- "y os daré un corazón de carne": sensible, obediente, dispuesto a Dios.
E. Se lo promete a un pueblo en exilio: no solo restaurarlos por fuera, sino cambiarlos por dentro.
F. El cambio verdadero viene de Dios, no del esfuerzo humano. "Mañana voy a ser bueno", y al otro día te cortan en la carretera y ahí vas tocando bocina.
G. Dios puede quitar la dureza del corazón, no importa cuán profunda sea. El detalle es que no se quiere.
H. Dios no vino a mejorar tu corazón: vino a darte un corazón. Hace un trasplante: quita el viejo y pone el que trae en sus manos.
I. En los términos medios no está Dios. Y el único que puede cuidar tu vida eres tú: en oración, en búsqueda, y con un espíritu manso.
J. Porque pretendemos el saber, y el saber que pretendemos siempre viene con engaño.
XIII. Aplicación
A. Pídale hoy a Dios que le engrandezca el corazón, y dígalo con esas palabras.
B. Revise qué lo ha ido exprimiendo: la amargura, la rabia, la rebeldía, la razón para pelear.
C. Adore con el pueblo, no solo a solas: la adoración es congregacional.
D. Invite a alguien -empezando por su casa- a adorar, y declare la grandeza de Dios en voz alta.
E. Filtre lo que deja entrar: conversaciones, contenidos e influencias.
F. Y no espere transformarse por esfuerzo propio: Dios no remienda, da un corazón nuevo.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
